Nos ha llamado extremadamente la atención
la fijación por parte del Gobierno Nacional, a través
del MEM y PDVSA, de nuevos precios de los derivados del petróleo
o refinados, y los del gas natural se anuncian para un futuro
cercano.
Como el Gobierno no ha divulgado, ni este ni los
anteriores, política energética alguna, uno
se inclinaría a pensar que hay que ser bien atrevido, en
nuestro modesto juicio, para ponerse a fijar precios de los combustibles
en Venezuela en estos tiempos.
Porque, como se conoce, fijar precios implica
establecer las preferencias de los consumidores, esto es,
la estructura del consumo, o sea, cuáles de las energías
primarias (fuel oil, gas natural, hidroelectricidad, gasoil, etc.)
son las que deben y van a consumirse mayormente en el mercado
interno.
Para establecer tales precios se deberán observar
algunos criterios, siguiendo lo que se llama una POLITICA ENERGETICA,
la cual, justamente, no se conoce en el país, por lo cual
la novedad (o el "atrevimiento") de los precios mencionados.
Seguramente se han aceptado fielmente las recetas importadas,
que es seguir la conseja de "vender internamente al costo
de oportunidad los recursos transables (exportables), o sea los
líquidos, y al costo marginal de largo plazo los
no transables, o sea el gas natural". Estos criterios son
cuestionables, por algunos de los aspectos que aquí esbozaremos,
y lo que viene a ser el tema de esta nota.
Varios casos ejemplificarán la problemática.
el problema del diesel-oil
Empecemos con el gasoil, mayormente usado en transporte
de carga terrestre y marítima, y generación eléctrica.
Los precios relativos de los combustibles determinarán
su desplazamiento (sustitución) entre los diversos sectores,
llegando al extremo de la eliminación de su uso. Normalmente
el alza de precios puede modular la sustitución gradual
o ajuste del modo de consumo (de acuerdo con la introducción
de motores adecuados) -- pero una modificación violenta
de precios puede conducir a la quiebra de empresas y a la eliminación
de tecnologías previamente seleccionadas para funcionar
con precios distintos. Es la teoría del schock, suponemos.
Pero el asunto no es tan sencillo. No se trata solo
de precios de combustibles, para modificar los patrones de irracionalidad
existentes (alto consumo de combustible por vehículo al
año). Ello depende también de la organización
del sector de transportistas (cooperativas que obligan al "regreso
vacío" en el caso de la carga, o de los taxistas del
aeropuerto ) y de las normas de gestión de las empresas
(choferes con pago de porcentaje del ingreso sin entrar en nómina,
en el caso de los autobuses), todo lo cual afecta el sistema de
consumo de combustible, aparte de las condiciones de seguridad.
Es el vínculo con la política de transporte terrestre.
Está también conectado al diseño
o política de las vias de comunicación, tipología
de los vehículos y el problema del "exceso de carga"
-- cuando el usuario sobrecarga los camiones en desmedro de la
duración de las carreteras.
Es el vínculo con
la política vial. Tampoco se trata solo de precios
sin conexión con la política de diseño de
motores de combustión, diseño de carrocerías,
lo que tiene relación con los patrones de refinación
de las gasolinas. El vínculo con la política
automotor, y con la política de protección ambiental,
porque las cifras de contaminación por plomo y Nox en algunas
ciudades son preocupantes.
el caso del gas natural
Este ha sido el caso del gasoil y la gasolina, aparentemente
sustituídos por metano comprimido (gas natural para vehículos).
Esta solución no está clara ni técnica ni
económicamente para nosotros, pues no hemos visto los estudios
ni los estudiosos, pero confiamos en San Alberto Magno que todo
esté bien analizado.
La competencia entre gas natural vs. Fuel Oil vs.
Hidroelectricidad es otra disyuntiva no menos conflictiva que
nuestros planificadores decidirán de un solo plumazo, al
fijar los nuevos precios. Especialmente al determinar los precios
del gas natural, que podría hacer competir la autogeneración
eléctrica de las grandes industrias con la generación
hidráulica en el Bajo y Alto Caroní.
Se plantea, en términos técnicos, el
uso de criterios como el del "costo marginal de largo plazo"
como base para fijar los precios de los distintos combustibles,
y para seleccionar los esquemas y proyectos que implican la menor
utilización de los recursos energéticos del país.
La idea es vender al costo del futuro hoy, para que la gente consuma
de una vez lo que será más barato de producir, y
se modifique la estructura del consumo. La idea no es mala, pero
debe aplicarse con coherencias en todos los sectores, pues de
otra manera es un desorden inservible.
Esto respecto de todas las energías, pues
ya andan algunos por allí mencionando la eventualidad de
otras energías primarias, como el carbón o la orimulsión
para la generación eléctrica, siempre con la idea
de sustituir los livianos o el mismo gas natural, pero, repetimos,
todo estudio de factibilidad será una consecuencia del
los precios, que es lo que ahora se está implantando
nos sabemos sobre qué bases...
Al nivel de los pequeños consumos, en las
energías domésticas y rurales, se habrá de
decidir la suerte entre el GLP (gas líquido de bombona),
el kerosén, el KWH social, el carbón de leña...
Otrosí
Nos causa cierta sorna que se haya mantenido, en
un mundo solidario con la economía de mercado y el neoliberalismo,
la unificación en los precios de las gasolinas, desde la
salida de la refinería hasta el Alto Orinoco, o hasta el
borde de la frontera más lejana, o inaccesible como las
montañas andinas, la Isla de Margarita. Como se sabe, este
subsidio al transporte de la energía causa gastos innecesarios
a la economía, al localizar consumos de un modo totalmente
ineficiente, e incluso al facilitar tecnologías en localidades
absolutamente absurdas.
Mientras tanto, la situación de precios de
la energía en razón de la geografía se admite
en el sector eléctrico en algunos casos (las empresas de
sirven las grandes ciudades tiene cada una su tarifa local: Caracas,
Maracaibo, Barquisimeto, Valencia, Pto. Cabello, Ciudad Bolívar,
excepto las restantes, que pertenecen a una sola empresa y por
ello tienen un mismo precio nacional, y así las más
urbanizadas subsidian las mas campesinas...
La política de precios admite otra anomalía
cuando se insiste en el uso de una metodología relativamente
discutible, la del costo marginal, en oposición a la práctica
comercial normal o tradicional de la rentabilidad sobre la inversión
acumulada en el negocio, en cuanto la teoría marginalista
podría conducir a tarifas excesivamente bajas o altas para
auspiciar o reprimir determinados consumos que serán muy
abundantes o muy escasos en el porvenir.
El schock de la Agenda
Es decir que el "choque" en los precios
puede conducir a dos cosas: i) a modular el consumo por intermedio
en los cambios en la gestión administrativa, por medio
de cambios en los modos o conductas de las operaciones, del personal
contratado, etc., o bien ii), por un cierre total de las operaciones,
cuando éstas se planificaron para una estructuras de costos
totalmente distintas y simplemente en las actuales condiciones
no son mas viables.
Probablemente esto último ha ocasionado un
"frenazo" ("será por aquí será
por allá", como el cuento de la hormiguita de Aquiles
Nazoa) en los precios del gasoil en las pesquerías y en
la agricultura...
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