El ajuste de precios que el
pasado mes de abril experimentó el mercado interno de las
gasolinas en el país, ha permitido que, aparte de generar
nuevos ingresos para el fisco por la vía del impuesto al
consumo, también se generen ingresos por impuesto sobre
la renta, al considerar que esta actividad ha vuelto a ser rentable
para la industria petrolera, generando un beneficio neto
de apróximadamente 7,5% sobre ventas (Bs. 4/litro),
luego de cubrir costos y pago de impuestos.
La medida tomada, también
abre el camino hacia la utilización en el país de
la gasolina sin plomo, cuya incorporación en el mercado
venezolano ha sido planificada para 1999, a nivel del grupo de
trabajo integrado por representantes de los entes involucrados
en esta decisión, el Ministerio de Fomento (Industria y
Comercio), Ministerio de Transporte y Comunicaciones (MTC), Ministerio
del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (MARNR), Ministerio
de Energía y Minas (MEM), Ministerio de Sanidad y Asistencia
Social (MSAS), FONTUR, y Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA).
El plomo ha sido reconocido
desde hace mucho tiempo como un elemento tóxico, dañino
para la salud. Sin embargo, su toxicidad se ha manifestado generalmente
por usos diferentes al de componente de las gasolinas de alto
octanaje. Tal es el caso de tuberías de agua potable de
plomo, soldaduras de plomo en tuberías de agua, soldadura
de plomo en envases metálicos para alimentos, pinturas
blancas a base de plomo, decoraciones de vajillas, manejo de plomo
en la fabricación de baterías para automóviles,
municiones, juguetes, entre otros.
Durante la década de
los años 60, las autoridades de Estados Unidos reaccionaron
ante los serios problemas de calidad del aire en algunas ciudades
de Estados Unidos, que eran causados por las emisiones tóxicas
de sistemas automotrices, las cuales consistían mayormente
de hidrocarburos no quemados, monóxido de carbono, ozono,
compuestos tóxicos derivados de los hidrocarburos y óxidos
de nitrógeno. Para resolver este problema, y luego de
un arduo proceso de estudio y consulta, las autoridades de ese
país optaron por la adaptación de un pequeño
equipo denominado convertidor catalítico. Este equipo se
insertaría en el tubo de escape del automóvil, con
la esperance de que reduciría sustancialmente el nivel
de compuestos tóxicos emitidos por los vehículos.
Al poner esta solución en marcha, se descubrió
que el tetraetilo de plomo usado para aumentar el octanaje de
la gasolina, desactiva (envenena) el catalizador, haciendo necesaria
la eliminación del plomo en las gasolinas para permitir
el funcionamiento del convetidor catalítico. Con el tiempo,
surge la confusión popular de que el plomo se eliminó
en Estados Unidos porque era dañino para la salud, cuando
en realidad se eliminó para permitir que los catalizadores
seleccionados trabajaran adecuadamente y minimizaran la emisión
de los compuestos, fruto de la combustión que sí
resultaban dañina para la salud.
Además de Estados Unidos,
otros países de Europa Occidental y de Latinoamérica
han adoptado el uso de gasolinas sin plomo. Para 1992, de los
900 millones de m3 de gasolina vendidos a nivel mundial,
el 72% no contenía aditivos de plomo. Si bien el modo
de introducción presenta variaciones entre estos países,
la motivación principal ha estado ligada a la tendencia
mundial de programas de control de calidad del aire, preocupación
por el impacto de las emisiones de plomo sobre la salud pública
y consideraciones de imagen.
Venezuela ha venido reduciendo
gradualmente el contenido de plomo en sus gasolinas -sin desmejorar
su calidad- lo que le ha permitido, con bastante éxito,
controlar el impacto ambiental y las emisiones de plomo. Por
ejemplo, Caracas ha visto reducir el contenido de plomo en gasolina,
de 0,42 gr/litro en 1988 a 0,32 gr/litro en 1993. En Maracaibo,
las gasolinas vendidas han reducido su contenido de plomo de 0,66
gr/lt en 1988 a 0,37 gr/litro en 1993. Por otra parte, el suministro
de tetraetilo de plomo, aditivo requerido para satisfacer los
requerimientos de octanaje del parque automotor, se encarece cada
año, y sus pocos fabricantes a nivel mundial ya están
conscientes del carácter declinante de este producto.
La concentración de
plomo en el aire está regulada en nuestro país,
así como en el resto del mundo, siendo la norma venezolana
comparable con las más estrictas utilizadas en otros países,
como los de la Unión Europea y Estados Unidos. Esta norma
establece que la concentración máxima de plomo en
el aire no debe exceder de 1,5 microgramos por metro cúbico
de aire en 50% de las mediciones tomadas en un lapso de 24 horas,
ni exceder 2,0 microgramos por metro cúbico en 95% de las
mediciones.
Las mediciones realizadas
por el MARNR en 1994 revelaron que los valores de plomo en el
aire no exceden la norma, con excepción de algunas ocasiones
en que esto ocurre en Caracas, tal es el caso del sector de El
Silencio. Estas evaluaciones de calidad del aire se efectúan
permanentemente, así como las mediciones de plomo en la
sangre, a cargo del Ministerio de Sanidad. La norma americana
de la Environmental Protection Agency (EPA) establece que la concentración
de plomo en la sangre no debiera ser superior a los 15 microgramos/decilitro
en los adultos y de 10 microgramos/decilitro en los niños.
Habría que señalar
que en cuanto a los otros componentes de las gasolinas, que al
quemarse podrían ser causa de contaminación del
aire, las mezclas comerciales de gasolinas venezolanas se comparan
favorablemente con las de otros paises. Sólo las olefinas,
en nuestro caso, tienen cifras superiores a las norteamericanas,
de acuerdo a la norma reciente del Clean Air Act de 1990, que
introdujo las gasolinas reformuladas. A este respecto, las cuantiosas
inversiones hechas en Venezuela en adaptación de las refinerías,
permiten la exportación del producto modificado.
El uso de la gasolina sin
plomo en vehículos, tiene como condición indispensable
que éstos deben estar equipados con el convertidor catalítico,
que como ya se dijo reduce a niveles tolerables la toxicidad de
los gases emitidos, producto de la combustión de la
gasolina. Los primeros convertidores catalíticos aparecieron
en Estados Unidos en 1975 y, junto con ellos, la gasolina sin
plomo, la cual fue definitivamente eliminada en enero de 1996
luego de un proceso que duró 20 años, tiempo durante
el cual convivieron los dos tipos de gasolina. En 1981, todos
los carros nuevos en Estados Unidos cumplieron por primera vez
con la norma de tener convertidor catalítico, esta vez
más sofisticado, con catalizadores más activos,
añadiéndole sensores para optimizar el ingreso de
oxígeno a la combustión.
Puede afirmarse, por lo tanto,
que debe ser la política automotriz, dictada por el Ejecutivo
Nacional, la encargada de actuar como el punto de partida para
la incorporación de la gasolina sin plomo, correspondiéndoles
a los refinadores el papel de satisfacer adecuadamente las nuevas
exigencias de los usuarios, a quienes sirve.
Se mencionó que será
hacia 1999 cuando a todo lo ancho de la geografía venezolana
se tenga acceso a la gasolina sin plomo. Si bien el plazo de tres
años parece largo, habría que recordar el gran
esfuerzo que, a varios niveles, hay que hacer para que una medida
de este tipo se establezca en todo el país de manera ordenada.
Entre las tareas que hay que
realizar estaría, en primer lugar, el establecimiento de
las políticas que permitan que la gasolina sin plomo se
introduzca de manera gradual, manteniéndose paralelamente
el suministro de gasolina con plomo para automóviles sin
convertidor catalítico hasta el fin de su vida útil,
en un lapso de tiempo razonable, siguiendo la experiencia de otros
países.
Una vez tomada la decisión,
se debe proceder al acondicionamiento de tanques, conexiones y
surtidores en las 1.600 estaciones de servicio del país,
de manera que el día de la introducción de la gasolina
sin plomo puedan ofrecer ese producto así como al menos
dos grados de las gasolinas tradicionales con plomo. Igual importancia
hay que asignarle a las modificaciones que será necesario
hacer en los tanqueros que prestan el servicio de cabotaje, los
camiones cisterna que efectúan el servicio de transporte
terrestre y las adaptaciones en las plantas de distribución
de la que éstos se surten. A cargo del MTC y MARNR estará
el establecimiento de las normas y disposiciones que regirán
la materia, y las sanciones por incumplimiento. Entre ellas cobra
importancia, algo que rara vez se ha logrado en nuestro país,
como es la revisión periódica del parque automotor,
de manera que éste cumpla con las normas establecidas,
especialmente en cuanto a la buena combustión de los hidrocarburos
utilizados.
No está de más
repetir que la introducción de la gasolina sin plomo en
Venezuela debe ser parte de un esfuerzo mancomunado, donde participen
tanto el gobierno nacional, que dicta la política a seguir,
como las industrias automotriz y petrolera, fabricantes de los
vehículos y del combustible que emplean; así como
el consumidor quien, al fin y al cabo, es el usuario de los servicios
y por lo tanto es el que debe recibir un producto de alta calidad.
Julio, 1996
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