Barra de Navegacion
Revista Electrónica Bilingue       Nº 6     Agosto 1996
Torres Plaz y Arraujo

Arroba Digital Marketing

El Dorado (Parte I)
Andrés Germán Otero
Hace como 15 años, cuando Venezuela supuestamente era otra, tuvo lugar una de las experiencias más interesantes de mi vida. No se por iniciativa de quién, creo que de mi tío Pancho, se decidió realizar un paseo en lancha por el Orinoco, partiendo desde Cabruta, un pequeño puerto fluvial del Estado Guárico localizado en la margen Norte del caudaloso río, con destino al mágico cerro La Urbana localizado en el Edo. Bolívar, como a tres días de navegación río arriba. Los participantes en esta aventura fueron los hombres de mi familia materna: Mi tío Pancho, Ingeniero Geofísico, aventurero por excelencia, tanto de profesión como de hobbie, liderizaba al grupo. Mi tío Tato, Productor de Radio, cuyas aventuras favoritas eran con el sexo opuesto, completaba la sección patronal. Luego estaba yo, adolescente rebelde de profesión, pero con cierta emoción infantil producida por la potencial aventura y finalmente mi primo Armandito, hijo de Pancho, unos años menor que yo y al que conocía poco por vivir en Maracaibo.
El viaje comenzó en la camioneta de Pancho, la cual ya tenía como 200 mil kilómetros encima. Nos reunimos en casa de mi abuelo Ito, montamos el corotero y partimos tempranito hacia Cabruta. El viaje en carro, aunque no tuvo ningún contratiempo mayor, es digno de mención ya que por primera vez estabamos los cuatro juntos con nosotros mismos, sin estar rodeados del mujerero reinante en nuestra familia. No recuerdo con detalles todo lo que conversamos, pero se que por supuesto se terminó conversando de sexo. Llegamos a Cabruta como al mediod&iacu
te;a de un día soleado y caliente, en búsqueda de un sitio más o menos decente en donde quedarnos. Cual no fue nuestra sorpresa, que luego de preguntar a algunos lugareños, todos nos refirieron al ya famosísimo Cabruta Hilton. Luego de recorrer como dos cochineras y tres barriales, nos encontramos con el gran letrero azul que decía en amarillo: Cabruta Hilton, el mejor hotel del Orinoco. Una vez adentro, el contraste con el sucio exterior convirtió a esta modesta casa con 6 cuartos y varias matas de mango para colgarse, en una isla de limpieza y sosiego. Debido al calor optamos por colgar los chinchorros afuera y paramos el carro en el patio de atrás de la casa, en donde el dueño de hotel garantizaba su seguridad. El dueño, creo que se llamaba Carlos, era producto del mestizaje y destellaba una inteligencia aguda, aunque con un léxico limitado ya que al parecer su palabra favorita era -coño-. Almorzamos unas costillas de res preparadas por la mujer de Carlos y nos comenzamos a dormir la siesta, cuando de repente un ruido ensordecedor alborotó al pueblo completo. Inmediatamente salimos a la calle por la puerta principal y pudimos ver como un helicóptero Bell de dos turbinas aterrizaba justo enfrente del Hotel. Las aspas se detuvieron y de la aeronave bajaron tres individuos con cara de extranjeros y vistiendo sendos trajes de lana negra que los hacían contrastar con el calor, el barro y los cochinos. Espero que sus zapatos no hayan sido Gucci, ya que a medida que caminaban iban pisando cosas innombrales que les llegaban hasta el tobillo.

El más gordo de los tres tipos gritaba, - Carlos Villapando, necesitar hablar con Carlos Villapando, alguien conocer?; - Para que soy bueno?- respondió nuestro casero, - yo ser Carlos Villapando- dijo burlándose del gordo. Otro señor muy alto, así como de 2 metros también gritó en un español entrecortado - Usted ha ignorada todos nuestras notificación, no es posible, Hilton Corporation no aguanto más persona no autorizado utilizando nombre en hotel- y con todavía más énfasis el tercer hombre, un calvito, acotó - yo ser abogada (pitas de la multitud ya congregada en el sitio) de Hilton Corporation y notificarle que nosotros a un costo de miles de dólares, introducir demanda en corte internacionales y demandar a Usted por 7 millones 224 mil dólares de Estados Unidos por uso indebido de nombre Hilton-, nuestro amigo Carlos no dijo nada, entró al hotel, salió con un pote de pintura amarilla y procedió a pintar una letra "C" antes de la palabra "Hilton" de su anuncio, obteniendo como resultado que el cartelón dijera: Cabruta Chilton, el mejor hotel de Orinoco. Al minuto su mujer salió con una escopeta morocha calibre doce y disparando al aire dijo a los extranjeros - y ahora musius, váyanse pal carajo-. Está de más decir que los señores salieron corriendo para no volver, aunque seguro tienen una buena historia para contar a sus amigos sobre sus aventuras en Suramérica.
El resto de ese día lo pasamos completando todos los equipos necesarios para nuestro viaje. El baquiano José llegó con la falca como a las 5 de la tarde y procedió a cargar todos nuestros equipos incluyendo unos mojones transmisores de impulsos de radio, que necesitaban ser colocados en sitios estratégicos para complementar un trabajo de investigación que estaba haciendo la compañía de mi abuelo. Ahora ya sé por que la lancha nos salió gratis, pero eso no importa porque el la próxima entrega les echaré el cuento del viaje por río en la búsqueda de los tesoros precolombinos del cerro mágico de la Urbana, conocida por los locales como "El Dorado".
Bitacora Archivo Documentos Correo Venezuela Analitica Suscribirse

Copyright Venezuela Analitica