Introducción
La circunstancia tan sugestiva del título
nos obliga a recordar el origen de la palabra ensayo. En
su sentido primitivo presagia la incompletez, el hacer una
prueba, intentar o más bien tentar como lo sugiere
Chesterton -con su acostumbrado tono irónico- en su ensayo
titulado "Sobre el ensayo", donde a la vez compara
este género con una serpiente que es tenativa en
todos los sentidos de la palabra. "El tentador está
siempre tentando su camino", nos dice el ensayista inglés.
Y este engañoso aire de irresponsalibilidad hace que nosotros
también estemos tentados por la serpiente, y debamos aclarar
que de igual modo estamos ensayando aquí un posible
camino de estudiar el ensayo como una de las formas más
importantes de la literatura y sobre todo, del pensamiento venezolano.
Son necesarias algunas consideraciones preliminares
acerca del género, pues aunque muchos tratan de buscarle
alguna definición, alguna frontera o especificación,
pareciera ser el ensayo una una forma de expresión que
no tiene ni límites ni definición precisa. Shipley
es su Diccionario de literatura afirma que "nunca se ha determinado
con exactitud en qué consiste el ensayo". En efecto,
el ensayo es camaleónico, tiende a adoptar la forma que
le convenga. Flexible, subjetivo, de naturaleza interpretativa,
reflexiva y donde existe muy especialemente la participación
del lector, acepta cualquier recurso literario e inclusive cualquier
tema de las múltuples e infinitas vetas del conocimiento
humano. Dice Montaigne hacia 1580, (que por cierto fue quién
por primera vez usó la palabra Essais en
su acepción moderna): "Tomo al azar cualquier tema
que se me presenta. Todos me son igualmente buenos... Penetro
en él, no con amplitud sino con la mayor profundidad
que puedo...".
De ahí que en el ensayo todo depende del enfoque,
no del tema, pues es el autor con su perspicacia, su talento y
estilo quien crea el interés del tema. Por eso es lícito
llamar al ensayo "prosa de ideas", a veces poema en
prosa, pues las idea contenidas deben así transfigurarse
en imágenes, visiones, vivencias para trascender e igualmente
diferenciarse del artículo, tratado, crónica o una
monografía. En tal sentido el ensayo es literatura aun
cuando su tema no sea literario.
Y evidentemente ésta así llamada "reflexión
original", ha sido en Hispanoamérica y en Venezuela
una de las manifestaciones más importantes a la vez que
de creación literaria, del pensamiento y de la cultura
nacional.
EL ENSAYO HISPANOAMERICANO
Es importante, antes de referirnos al ensayo en Venezuela,
hacer un breve recorrido por Hispanoamérica, ya que el
nuestro se inserta en forma armónica y destacadísima
en el resto del continente del sur y además, las figuras
más connotadas que lo fundan, la mayoría son de
origen venezolano: Andrés Bello, Simón Rodríguez,
Francisco de Miranda, Simón Bolívar.
Los más remotos orígenes del género
en Hispanoamérica se trasladan a la época colonial.
Algunas Crónicas de Indias las podemos considerar
como ensayos, sobre todo con las que se puede establecer cierta
relación literaria. Tenemos a Cristóbal Colón
(c. 1451-1506) con sus cartas, diarios de navegación y
relaciones breves, igualmente los Naufragios y comentarios
de Alvar Núñez Cabeza de Vaca (1507-155-9)
y la Historia verdadera de la Nueva
España de Bernal Díaz del Castillo (1496-1585),
soldado de Hernán Cortés. Son especialmente importantes
Los Comentarios reales del
lnca Garcilaso de la Vega (1539-1616) mestizo, hijo de un capitán
extremeño y de una princesa incaica y la Nueva crónica
y buen gobierno del peruano Felipe Guamán Poma
de Ayala (c. 1534- ...) entre otros. Haciendo la advertencia que
estas crónicas se escribieron sin propósito literario
confesado.
Otros ejemplos importantes de prosa colonial son
los escritos barrocos del colombiano Hernando Domínguez
Camargo, también la famosa Respuesta a Sor Filotea de
la Cruz (México, 1691) de Sor Juana Inés de
la Cruz (1648-95), o los escritos también barrocos de Carlos
de Sigüenza y Góngora (1645-1700). En algunos de estos
textos no es difícil percibir ya una clara actitud americanista,
que dominará después todo el siglo XIX y también
la primera mitad del XX.
Las luchas independentistas traen nuevas preocupaciones
ideológicas y políticas, las cuales por supuesto
se convierten en el tema fundamental de la literatura latinoamerericana
a partir de 18l0, y el ensayo por su idiosincracia reflexiva
y concientizadora es el texto más idóneo para expresar
los conflixtos y las preocupaciones de este momento histórico
tan convulso. Se levantan voces que hablan de la tolerancia religiosa,
de los derechos individuales, de la libertad intelectual y la
sociedad igualitaria y republicana.. El espíritu
de la Ilustración se muestra en todo su alcance ya
que circulaban -aún cuando en forma clandestina- libros
de orientación moderna: la Encyclopédie, obras
de Bacon, Descartes, Copérnico, Gassendi, Boyle, Leibniz,
Locke, Condillac, Buffon, Voltaire, Montesquieu, Rousseau, Lavoisier,
Laplace. Pertenece a este momento nuestros precursores, en primer
lugar el Libertador Simón Bolívar (1783-1830) no
sólo por sus proclamas y correspondencia, sino también
por su sentido de lo estético que está reflejado
en algunos textos que le pertenecendon. Muy leídas son
las cartas y escritos de don Francisco de Miranda (1750-1816).
Igualmente Simón Rodríguez, el maestro del Libertador
(1771-1854) lo podemos incorporar dentro de los pioneros del género
junto a Andrés Bello (1781-1865) por sus escritos sumamente
reflexivos. Estos son los precursores de los escritores, pensadores
y más específicamente, ensayistas que buscaban la
emancipación mental. Ya que con la independencia no sólo
se quiso cancelar el gobierno colonial sino que estos hombres
se esforzaron por expresar una nueva ideología. Casi todos
ellos son hombres de pensamiento y de acción, fecundos
y enormemente influyentes.
Le continúa un grupo de escritores que hemos
deseado reunir en un solo bloque porque integran cronológica
e ideológicamente el momento más significativo del
desarrollo de un pensamiento americanista. Entre los primeros
tenemos a Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), Juan Montalvo
(1832-89), quien aparte de escribir sobre la realidad americana,
escribe ensayos al estilo de Bacon con títulos como "De
la nobleza", "De la belleza en el género humano",
"Los héroes" (Simón Bolívar), "Los
banquetes de los filósofos". Igualmente debemos destacar
a Eugenio María Hostos (1839-1903) y Manuel González
Prada (1844-1918). Recordemos también a Manuel Ugarte y
los hermanos García Calderón. Va surgiendo la preocupación
de una expresión típicamente americana: elaboración
de un pensamiento, que sin desligarse de los contenidos universales,
reflejan un modo de ser, de reaccionar frente a las cosas, arraigo
de ideas.
Hay que entender pues ese inicial auge del ensayo
como un fenómeno asociado a la realidad social-histórica
de un continente que quería cobrar total autonomía
tanto polìtica como cultural frente a España. Esto
explica que el ensayo moderno surge en América antes que
en la Península: aparece sobre todo como una necesidad
y un instrumento de la búsqueda de la identidad y expresión
original de las nuevas naciones. Este aspecto ha quedado como
una constante permanente en el ensayo y el pensamiento de los
escritores hispanoamericanos más destacados. Como lo afirma
José Miguel Oviedo (Breve historia del ensayo hispanoamericano,
p.22), "hay una clara línea que va del Facundo
(1845) de Domingo Faustino Sarmiento al Martín Fierro
(1872) de José Hernández y de éste a Don
Segundo Sombra (1926) de Ricardo Güiraldes",
y continúa diciendo que "el influjo de El laberinto
de la soledad (1950) de Octavio Paz sobre la novela mejicana
es también evidente, así como el magisterio de reyes
sobre algunos poetas contemporáneos de su país.
Hay una viva interrelación entre los géneros que
se cultivan en Hispanoamérica, y en esa red de estímulos
y ecos es de justicia reconocer el papel seminal que cumple el
ensayo..."
Al tiempo surge un pensamiento que reacciona frente
a los bárbaros del norte. Se empieza a tomar partido por
lo latinoamericano. Martí abogó por una expresión
literaria hispanoamericana libre y verdadera, pero a la vez se
mostró atento a las aportaciones de otras culturas. Independencia
a conciencia. Rubén Darío acertó a resumir
un clamor continental que fue muy importante para la formación
de una conciencia latinoamericana, igualmente José Enrique
Rodó en su Ariel (1900).
Este pensamiento se entreteje con el positivismo
(surgido también hacia fines del siglo XIX) y su adopción
en Latinoamérica, favorecida por el éxito de las
teorías de la ciencia se desplegó en todos los campos
del conocimiento: la filosofía, la educación, la
psicología y hasta las manifestaciones artísticas
y literarias, y sobre todo las históricas. Paralelamente
con el positivismo, el modernismo cobra vigencia literaria y posibilita
el trabajo del escritor venezolano Manuel Díaz Rodríguez
(1871-1927), quien con sus signos llenos de sugestiones publica
Camino de perfección (1908), modelo que la
prosa modernista del momento. Recordemos que luego, el también
venezolano Rufino Blanco-Fombona (1874-1944) escribirá
su diario Camino de imperfección, en un juego
de los destinos que se bifurcan pero que paradójicamente
confluyen en un interés común, la preocupación
por América. Igual carácter americanista tendrán
los ensayos del dominicano Pedro Henríquez Ureña,
el maestro mejicano Alfonso Reyes y nuestro Mariano Picón
Salas.
Acerca del ensayo contemporáneo hispanoamericano,
mientras la poesía se fue renovando, la literatura en prosa
adquirió las formas más variadas. Las que predominaron
fueron las del ensayo y la ficción (novela y cuento). Y
este ensayo continuó en algunos escritores en torno del
problema de comprender a América que estaba unida a la
protesta contra la agresividad de la política norteamericana
que ya se había dado a comienzos de siglo con la mayoría
de los ensayistas mencionados, lo cual creó un clamor continental
y no debe ignorarse su importancia para la formación de
una conciencia latinoamericana. Pero igualmente el ensayo se abrió
hacia lo político nacional, y el nuevo rumbo se marcó
sobre todo por lo estético lo literario, y en algunos casos
por lo universal.
Algunos nombres: Jorge Luis Borges (1899-1986),
José Lezama Lima (1910-1976), Alejo Carpentier
(1904-1980), Miguel Ángel Asturias (1899-1974), Julio Cortázar
(1914-1984), Octavio Paz (1914). La lista es grande, pero demuestra
la vitalidad de un género atento tanto a las preocupaciones
estéticas como a las sociales, políticas y culturales
de cada hora.
EL ENSAYO EN VENEZUELA
La generación de la independencia, tal como
lo habíamos mencionado, que lee los textos de Bacon, de
Descartes, Montesquie, Voltaire y de otros produce en Venezuela
desde 1830 al igual que en el resto del continente una literatura
de combate. Abarca, desde el punto de vista literario, toda la
época de auge y fin del romanticismo y disolución
del clasicismo. Alcanza un destino estelar con nombres -como vimos-
que van desde Simón Rodríguez y Simón Bolívar
("vastas resonancias de maestro profeta y discípulo
genial", como los llama respectivamente Lezama Lima), hasta
el clásico pero moderno Andrés Bello. No debemos
dejar de mencionar en este período a los destacados Arístides
Rojas, Fermín Toro, Juan Vicente González, José
María Baralt y Cecilio Acosta. Es el tiempo de los gobiernos
de José Antonio Páez, los hemanos Monagas, la guerra
federal y Antonio Guzmán Blanco. Llega también a
la presidencia un hombre distinto, distinguido y universitario,
el Dr. José María Vargas, primer rector de nuestra
Universidad Central de Venezuela.
El escenario, en efecto sirve para la transfiguración
histórica y muestra el desafío de una literatura
que se sumerge en el humus de la guerra, donde en esa transición
(desde el punto de vista cultural) del barroco al romanticismo
de fines del siglo XVIII y principios del XIX se sorprende con
rasgos ya de raigambre muy americana, que sin romper la tradición
hispánica, abre un nuevo camino a la reflexión y
expresión de los problemas más candentes del momento.
Es importante aclarar que estos personajes aún no están
conscientes de la categoría de ensayo, y expresan sus ideas
en un texto que algunos llaman "proto-ensayo", y que
en alguna medida se emprenta todavía con el tratado, el
artículo, la epístola y la oratoria. Pero a la vez
se van a convertir en los primeros enlances entre la reflexión
y la historia literaria de Venezuela.
Y dentro de ese proceso que arranca del siglo pasado,
el género del ensayo se va a consolidar "como forma
de expresión de un grupo homogéneo y literariamente
organizado" (José Ramón Medina, 50 años
de literatura venezolana, p.186) con los escritores que
integraron la primera generación positivista: José
Gil Fortoul, Lisandro Alvarado, César Zumeta. Luis Razetti,
Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Manuel Arcaya, Samuel Darío
Maldonado, por citar a los más destacados.
Todos ellos diversificaron su interés investigativo
por temas típicamente positivistas: la historia natural,
la biología, la antropología, la sociología,
economía, política, filosofía y el derecho
y la historia. Y como lo señala José Ramón
Medina, el positivismo, esa nueva ciencia que penetra con evidente
retardo en los estudios universitarios de Venezuela, significa
un saludable impacto para la cultura general venezolana. Sobre
todo la historia, la sociología, la filosofía y
la crítica literaria (aún no deslindada del ensayo,
confusión que aún hoy se da en algunos escritores)
entran en el mundo del ensayo dentro de una nueva concepción
que utiliza un método de investigación novedoso
entre los intelectuales venezolanos. Este método también
va a repercutir sobre el campo literario con el modernismo. La
novela y el cuento se van a mover entre el campo de la experimentación
tesista (que pretende demostrar algo, lo que llamaríamos
novela-tesis) pero que a la vez crea un discurso preciosista de
giros y aires no tan pausados que irrumpen en todos los campos
de la literatura. Pero sobre todo va a ser el ensayo la expresión
donde, tanto el positivismo como el modernismo encontrarán
su justo y verdadero cauce de búsqueda conceptual de identidad
nacional.
El ensayo de esta época une su destino a dos
aspectos de gran interés y que darán forma a la
expresión ensayítica de principios del siglo XX:
por un lado la influencia que va a tener en los escritores venezolanos
la generación del 98 español, sobre todo a través
de los ensayistas Ortega y Gasset, Unamuno y Azorín, y
por el otro el planteamiento de América como problema.
Con respecto a este segunto aspecto, la indagación inquietante
de la cultura, la historia y finalmente identidad propia es una
búsqueda que oscila entre la esperanza y un desventurado
pesimismo. El pesimismo nos viene de lo que llama el poeta cubano
Lezama Lima el complejo de inferioridad, "creer que su expresión
(expresión americana) no es forma alcanzada, sino problematismo,
cosa a resolver", ("Mitos y cansancio clásico",
en La expresión americana, p.27). Se va estructurando
un cuadro nacional que se imbrica con los nombres de Rodó,
Mariátegui, Vasconcelos, Alfonso Reyes y Pedro Henrìquez
Ureña entre otros.
Así tenemos, entre los primeros a José
Gil Fortoul (1862-1941), quien aborda la investigación
sociológica para hacer una interpretación positivista
de la historia venezolana. Testimonio reflejado sobre todo en
su libro El hombre y la historia. Es importante
destacar que Gil Fortoul también hizo una importante labor
como historiador de la literatura venezolana en forma ensayística.
Compañero de generación es Lisandro Alvarado, desconcertante
por su gran capacidad de abarcar varios terrenos del conocimiento
al mismo tiempo.Es el polígrafo de su generación
y estuvo atraído por los más dispersos temas y motivos
pero a la vez fundamentado en una sólida cultura. Expresó
sus ideas en los más variados ensayos, entre los que destacan
Los delitos politicos en la Historia de Venezuela y Neurosis
del hombres célebres.
A Don Rufino Blanco-Fombona ya lo citamos anteriormente,
debemos sin embargo agregar que su escritura ensayística
fue de gran importancia en el período, no sólo por
su capacidad de análisis sino porque en forma profunda
trató tanto los temas de la historia como los de la literatura
venezolana con especial dedicación, por añadidura
no olvidemos que fue el teórico del movimiento modernista
con su trabajo El modernismo y los poetas modernistas.
Pero sobre todo Blanco-Fombona fue un americanista integral. Amigo
de Unamuno, dedicó gran parte de su vida a reestablecer
las relaciones entre España y Venezuela como un camino
para la identidad nacional. Fue además un entusiasta bolivariano:
por todos es conocida su labor de difusión internacional
de los valores de nuesrto Libertador. Entre sus textos ensayísticos
más importantes tenemosEl espejo de tres fases
y La espada de Samuray.
Siguiendo el cuadro de esta época tenemos
a César Zumeta (1860-1955) quien sobresale en el cultivo
de una prosa cuidada, lógica, que busca discutir y precisar
los valores filosóficos y estéticos que en su época
influyen sobre la literatura venezolana. Otro que busca deslindar
las ideas estéticas y filosóficas de su generación
es Luis López Méndez (1861-1891), dueño de
un estilo envidiable, aun en sus pequeños artículos
periodísticos, tal como se revela en los trabajos de su
libro Mosaico de Política y Literatura..
Prefiere el ensayo crítico o el examen estético.
Polémicos en la indagación sociológica
y audaces en la definición histórica del país
van a ser los ensayos de Laureano Vallenilla Lanz (1870-1936)
y Pedro Manuel Arcaya (1874-1958), en quienes el rigor científico
preconizado por el positivismo parece a veces teñido por
la pasión o el interés político.
También tenemos a Pedro Emilio Coll (1872-1947),
Santiago Key Ayala (1874-1959) y Jesús Semprúm (1882-1931).
Todos ellos poetas y narradores que unen el preciosismo verbal
con la expresión ensayística del período.
Dos revistas sirven de vehículos de expresión de
estos ensayistas, como en general de toda la obra de índole
modernista: El Cojo Ilustrado y Cosmópolis.
Pasemos ahora a la llamada generación del
18, que cubre históricamente un perìodo bastante
largo. Se van dando cambios en el género aún cuando
éstos no son estructurales. La preocupación del
destino de "nuestra América" sigue presente en
los escritores de esta nueva generación, pero con un agregado
más nacionalista (en el buen sentido de la palabra). "Les
duele Venezuela", como lo dijo alguno de ellos y sienten
la necesidad de explicar y analizar la crisis socio-política
de Venezuela dentro de un contexto latinoamericano. Pero a la
vez, entre especulaciones de índole hisórica, política
y social se entretejen algunos temas nuevos literarios y culturales
que son el producto del estremecimiento estético de estos
creadores.
En primer lugar mencionaremos a Julio Planchart (1885-1948)
y Luis Correa (1888-1942). El primero colaboró en la revista
La Alborada con esclarecedores trabajos y muchos
de sus ensayos versan sobre los escritores de esa generación.
Sus Estudios críticos se inclinan por los
temas y problemas de orden literario y estético. Luis Correa
con su libro Terra Patrum destaca por su labor de
difusión de la tradición literaria venezolana. Enrique
Bernardo Núñez (1895-1964) quien además de
destacarse como novelista, sorprende por la penetración
de sus ensayos históricos y biográficos. Tenemos
de él los siguientes títulos: Don Pablos en América,
El hombre de la Levita Gris, Juan Francisco de León o la
Rebelión contra la Compañía Guipuzcoana,
Miranda o el Tema de la libertad, Viaje al país de las
máquinas, La ciudad de los techos rojos, Bajo el Samán
y Una ojeada al mapa de Venezuela. Igual tendencia histórico-biográfica
se observa en Augusto Mijares (1897-1979) con sus textos La
interpretación pesimista de la sociología hispanoamericana
y Hombres e ideas en América. Su última
obra El Libertador, es considerada como un aporte
fundamental a la biografía e interpretación de nuestro
héroe.
Otro ensayista que dedicó la mayor parte de
su vida a estudiar los aspectos más sobresalientes de nuestros
orígenes, evolución, destino y transformación
como nacionalidad, fue Mario Briceño Iragorry (1897-1958).
Sus biografías responden a ese mismo espíritu que
buscó siempre asentar en la tradición y en la gesta
histórica del pueblo venezolano su más firme expediente
para el progreso, tal como lo afirma José Ramón
Medina. La crítica literaria ha tenido igualmente en Rafael
Angarita Arvelo (1898-1971) un consecuente y esforzado estudioso.
Su historia y crítica de la novela en Venezuela
es una contribución al juicio y valoración de ese
género en Venezuela.
Entre los últimos de ese período, por
ubicación cronológica, también ha de mencionarse
a José Nucete Sardi (1897-1972), quien ha cumplido en el
campo de la historiografía nacional una importante labor
con temas de literatura y arte, de igual modo en el constante
y atractivo género de la biografía. Algunas de sus
obras ensayísticas más destacadas son: El
escritor y civilizador Simón Bolívar, Cuadernos
de Indagación e impolítica, Notas sobre la pintura
y la escultura en Venezuela y Huellas en América.
Arturo Uslar Pietri, quien recientemente cumplió
noventa años, cuenta con amplia audiencia dentro y fuera
del país. También novelista de primer orden, en
el campo del ensayo es muy importante su producción y abarca
tanto lo literario como lo histórico, lo político
y lo económico, lo cual lo revela plenamente como una de
las personalidades más destacadas de la cultura actual.
Tenemos así: Letras y Hombres de Venezuela, De una
a otra Venezuela, Apuntes para retratos, La ciudad de nadie y
Las Nubes.
Insertamos aguí el nombre de Luis Beltrán
Guerrero (1914), quien mantiene siempre vivo la pluma para escribir
sus impresiones y reflexiones americanistas, estéticas,
vivenciales, poéticas literarias recogidas en la infinita
serie de Candideces, que aún hoy día
se continúan.
Este cuadro cubre los primeros cincuenta años
del siglo XX, que cerramos -convencionalmente- con la importantísima
figura de Mariano Picón Salas (1901- 1965). Sin dejar de
incursionar brillantemente en otros géneros, como el de
la biografía o la novela, Picón Salas es sobre todo
considerado como ensayista. Penetrante en la mejor línea
de la cultura contemporánea, es, sin discusión,
nuestro máximo ensayista del período. Como lo señala
Ricardo Latcham al prólogo de sus Ensayos escogidos,
"pocas mentes continentales encierran una potencia esclarecedora
como la de Picón Salas...", y sigue "En sus novelas
y ensayos, en sus crónicas y esquemas interpretativos de
la realidad social e histórica, se confunden la seducción
del estilo primoroso y la austeridad del pensamiento...su genialidad
prolifica en lo eminentemente ensayístico y su ensayismo
es producto de una heroica vocación" (p.XXI). Tenemos
que mencionar sus ensayos contenidos en Comprensión
de Venezuela y Los últimos días
de Cipriano Castro. Tanta cultura y tanta madurez ha dejado
su semilla, la obra de Picón Salas ha sido revalorizada
en forma amplia y profunda por las nuevas generaciones de jóvenes
ensayistas que descubren y reconocen en él al padre del
ensayo actual. Uno de los últimos y más completos
trabajos es el de Simón Alberto Consalvi titulado Profecía
de la palabra, vida y obra de Mariano Picón Salas.
Explicar la prolongación en el tiempo actual
se ha necesaria, aún cuando sea solamente para señalar
ciertas tendencias y algunos nombres De ahí la levedad
de una aproximación, la cual hacemos con más
preguntas e interrogaciones que con respuestas. Y es que sería
una osadía presentar afirmaciones de un momento en el cual
aún se están gestanto las obras. Lo inmediato, lo
actual no nos permite tener una perspetiva interpretativa o de
conjunto que solamente se adquiere con un distanciamiento espacio-temporal.
Así pues, si el género del ensayo es
el vehículo por excelencia -en Latinoamérica y en
Venezuela- para expresar preocupaciones de orden político-social,
¿el ensayo actual expresa tal preocupación o tiende
más bien hacia lo personal?, ¿forma parte de la conciencia
nacional o se está divorciando de ella?, ¿hay continuidad
o cambios estructurales actualmente en el género?...
Sobre todo podemos hablar de cierta continuidad de
va de los años 70 hasta la actualidad (hubo un pequeño
paréntesis entre los 50 y 60). Sorprendemos igualmente
al ensayista de hoy preocupado -como antes y como siempre- de
la vida nacional. Nunca ha habido divorcio en nuestros países
entre el artista y la vida. Vida y arte articulados en la médula
de cultura. Se han podido notar algunos cambios: de un pensamiento
americanista de fines del siglo XIX a principios del XX a uno
más nacional de mediados de siglo, y finalmente al actual
que va de lo personal para dirigirse inexorablemente a lo político-nacional.
Conocerse para conocer, como en una extraordinaria espiral se
da un proceso de adentro hacia afuera. Son -como siempre-tiempos
de concientización, es la hora de los balances, ahí
la proliferación de creadores que se dedican al ensayo
y a la investigación literaria.
La lista se hace necesaria, pero con el peligro de
cualquier selección. Empezamos con Juan Liscano, preocupado
por la cultura, la identidad nacional y la espiritualidad, que
expresa sobre todo en su libro ensayístico de 1977 Espiritualidad
y literatura: una relación tormentosa. Guillermo
Sucre y Rafael Cadenas, profesores de Universidad Central de Venezuela
destacan por su importante labor de ensayistas. Del primero es
reconocido su libro La máscara, la transparencia
(1975) y del segundo, poeta sobre todo, sus obras Literatura
y vida (1972), Realidad y literatura (1979)
y el más reciente de 1983 titulado Anotaciones.
En todos ellos, muy poéticos, el artista es también
el hombre que siente al país dentro de sí mismo.
El sensible José Balza, es uno de los más reconocidos
de las nuevas generaciones de creadores venezolanos, con gran
sentido del enfoque estético debemos mencionar Lectura
transitoria (sobre Rafael Cadenas),, El fiero (y
dulce instinto terrestre) y los Ensayos invisibles
que muestra a través de un texto poético-ensayístico
sus preferencias por la música, el bolero, Alfredo Sadel...
En el tema de la historia, que es una constante en
la ensayística nacional de todos los tiempos, destaca Manuel
Caballero desde una perspectiva política de actualidad.
Filósofos y ensayistas son Juan Nuño y Ludovico
Silva. No debemos dejar de mencionar a Armando Rojas Guardia,
Francisco Rivera, Oscar Rodríguez Ortiz, Miguel Angel Campos,
Domingo Miliani, Eugenio Montejo...
Al concluir con estos nombres el recorrido hecho,
ha sido para mostrar el esplendor del ensayo y su importancia
en nuestra inquietante historia cultural, que necesariamente se
expresa a través de este género literario. Además
responde a la necesidad de germinar una expresión auténticamente
propia, original. Tierra americana donde nace una extraordinaria
flor ensayística a través de escritores que son
los legitimadores de nuestro pensamiento más original.
Pensamiento que busca afanosamente la corroboración de
nuestra identidad e independencia cultural.
Advertencia: Para mayores detalles sobre el tema,
ya que el recorrido no permite abarcar más, se pueden comunicar
con Cesia Ziona Hirshbein en el Instituto de Estudios Hispanoamericanos,
teléfonos 6930806, fax: 6930502, 016240146