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No basta con decir que Adrián Pujol es uno de los grandes paisajistas
venezolanos. Es preciso ir un poco más allá, como quien hace una
excursión por ese paisaje y lo penetra y lo disfruta, lo ve desde
lejos, de cerca, lo toca, y en algunas ocasiones puede
sentir, incluso, ciertas fragancias de la selva. Cada pintor tiene una
manera de ver el paisaje, puede ser una manera de suma
objetividad, el paisaje como es, el Avila como es, o puede ser la recreación
de ese paisaje, el paisaje como punto de partida de un paisaje imaginario que
se transforma: la metamorfosis de los elementos, el juego de
la creación, el paisaje no sólo como espejo del paisaje.
Adrián Pujol vive el paisaje, convive con él. Sus grandes lienzos
no aceptan caballetes, porque no hay caballetes de tales dimensiones, ni
tampoco es su estilo: el pintor extiende sus grandes telas sobre la tierra y
sus telas se alimentan o se contagian de las arenas y de las materias
del suelo. El pintor trabaja a campo abierto, bajo el sol que fuere, el sol de
la isla de Margarita o el de los Llanos venezolanos. Soles que
queman. Verlo puede ser un espectáculo. Quienes tienen el privilegio de
acompañarlo disfrutan de la magia de la creación, pero también del modo de
su trabajo, poco común, personalísimo, de Pujol.
No es el pintor de un solo paisaje, como el Cabré del Avila, o el Reverón
fantástico de los paisaje marinos. Pujol es versátil y su obra se enriquece
de manera permanente con las geografías más imprevistas. Las series más
recientes de su pintura muestran su visión de la isla de Margarita, los tepuyes
fantasmagóricos de Guayana, la vastedad de los Llanos occidentales, la tierra
muerta de sed, y más allá de Venezuela, la serie del Central Park, en Nueva
York, la luz velada del otoño. Entre las obra más admirables de Pujol pueden
mencionarse dos que dedica a pintores de su predilección: al venezolano
Armando Reverón y al alemán Ferdinand Bellermann. Como ama a esos
pintores y a sus obras, Pujol las recreó y las incorporó a dos de sus lienzos.
En los orígenes de la pintura paisajistica en Venezuela está, justamente,
Bellermann, quien llegó al país en 1842, visitó diversos lugares, especialmente
de las regiones centrales y también por las tierras del estado Sucre y la
Guayana. Bellermann dejó una colección significativa de su paso por el
paisaje venezolano. Son las huellas de Bellermann las que sigue Adrián
Pujol, cuando va de un lugar a otro y deja su testimonio del paisaje
trasformado. Hay otros nombres famosos en la historia de la pintura
paisajística venezolana: en 1852 llegaron a Caracas el danés Fritz
George Melbye y el francés Camille Pissarro. Ambos pintaron intensamente y
dejaron colecciones muy ricas de dibujos y pinturas. A pesar de la significación
de estos visitantes, y de la probable influencia que pidieron ejercer, la
pintura más notable del siglo XIX, la realizada por Martín Tovar y Tovar, Arturo
Michelena y Cristóbal Rojas, prefiere la figura humana o la escena heroica al
paisaje.
En 1912 un grupo de disidentes funda el Círculo de Bellas Artes, y entre ellos
están Manuel Cabré, el más connotado paisajista del Avila y de Caracas, Rafael
Monasterios (también paisajista) y Armando Reverón, el más singular de
todos. Dos nombres enriquecen este momento del arte en Venezuela: el rumano
Samys Mützner y el ruso Nicolás Ferdinandov, quienes les descubren a los
venezolanos maneras diferentes de ver el paisaje y de ver la luz. Reverón se
singularizó esencialmente por su tratamiento de la luz. Dentro de esos
antecedentes se inscribe el arte de Adrián Pujol. Si a veces se tiene la
sensación de que el paisajismo es una de las tendencias predominantes
en la pintura venezolana de los últimos veinte o treinta años, quizás no sea
más que eso, una percepción no bien fundada. Abstraccionismo y
expresionismo, y también el cinetismo de los 60, parecieron predominar. Entre
quienes asumieron el paisaje y le confirieron nuevas dimensiones, nueva
manera de verlo y de tratarlo, enriquecidas sin duda por las otras tendencias
y estilos, está Adrián Pujol.
| 1948 | Nace en Palma de Mallorca, España
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1967 | Estudios de Dibujo y Modelado en la Escuela de Artes Aplicadas de Palma.
Pintura y Dibujo en Arte-Estudio con J. Torrens Lladó
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| 1970-73 | Escuela Superior de Bellas Artes de San Jorge, Barcelona.
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| 1974 | Viaja a Venezuela donde reside hasta el día de hoy
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| 1977-80 | Centro de Enseñanza Gráfica de Caracas.
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| 1977 | Pinturas al Temple, Sala Anexa de la Galería Mendoza Caracas.
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| 1979 | Pinturas en Garcés y Velázquez Bogota, Colombia.
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| 1980 | "Carpología y Lonografía" pinturas en la Sala Mendoza, Caracas,
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| 1981 | Obra Gráfica, Sala Ipostel Extensión Oeste Museo de Arte Cotemporáneo, Caracas.
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| 1983 | "Extraterritorialidades" Pinturas en la Sala Mendoza, CCS.
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| 1985-86 | Pinta en Choroní-El Avila-Litoral Central
"Anacoretas y Misántropos II Bienal de la Habana,Cuba
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| 1985-95 | Pinta por distíntos lugares de Venezuela y Estados Unidos
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| 1994 | "Central Park Revisited" Galeria Cecilia Torres NewYork.
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Fotografías por Daniela Chappard y Ana Luisa Figueredo
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Limones de Turgua en playa Vallecito
1993-90x100 cm. óleo sobre tela
La Sabana de Uruyén
1992-100x292 cm. acrílico sobre tela
Vista nocturna
1992-85x126 cm. acrílico sobre tela
Memorial trees Central Park
1993-131x194 cm. acrílico sobre tela
Puente a la planta-Choroní
1990-90x142 cm. acrílico sobre tela
Casa Bonita-La Romana
1993-139x212 cm. acrílico sobre tela
Belvedere Castle Central Park
1993-131x219 cm. acrílico sobre tela
Puente de Guarenal
1990-150x140 cm. acrílico sobre tela
Retrato del Artista
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