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Descentralización y Democracia
Carlos Blanco
En los primeros días de agosto tuvo lugar en Caracas la
"Conferencia Regional sobre Cooperación Política
en materia de Descentralización en América Latina".
De este evento surgió con claridad el hecho de que la descentralización
es una corriente muy potente y está cambiando el rostro
del Estado y de la sociedad civil en todos los países de
la región. A pesar de que los encuentros con predominio
de funcionarios gubernamentales tienden a carecer de fuerza crítica,
por aquello de defender lo que hago yo, hace mi partido y mi presidente,
lo cierto es que la descentralización se ha comeltido en
la fuerza que está modelando las nuevas relaciones entre
las instituciones públicas y los ciudadanos, aun en contra
de los deseos de los propios gobiernos.
Se pudo apreciar con nitidez que este proceso no tiene ni un único
origen ni un único destino. Hay dinámicas que enfatizan
con mucha
fuerza la dimensión municipal y otras que lo hacen con
la dimensión estatal, provincial o departamental. las hay
promovidas fundamentalmente desde el Estado y también existen
las que son impulsadas desde abajo, desde las organizaciones civiles.
Tienen presencia las que poseen un énfasis administrativo
y concurren las que ostentan un perfil político. Hay unas
que están marchando con sentido progresivo y hay las que
están retrocediendo.
Cierto que no puede pretender encorsetar todas estas experiencias
en un solo patrón. Tampoco es conveniente hacerlo o siquiera
intentarlo. Pero hay características generates que están
impulsando esta dinámica regional:
1. El Estado nacional ya no puede seguir siendo, como en el antiguo
modelo populista, el alfa y el omega del desenvolvimiento de la
vida pública de una sociedad; no puede hacerlo, no hay
recursos para soportarlo.
2. los ciudadanos no se conforman con migajas de participación:
quieren ser protagonistas y hay dirigentes que así lo comprenden
y lo procuran.
3. las instituciones nacionales para la participación,
como es el caso de los partidos políticos, ya no pueden
guarecer en su seno las necesidades de intervención ciudadana,
ni los mecanismos clientelares satisfacen las demandas colectivas.
4. La "frontera política" se está expandiendo
con la descentralización: surgen nuevos actores y liderazgos
políticos.
5. La "frontera económica interna" se está
abriendo como nunca. Gobernadores, alcaldes, dirigentes provincianos
y locales, andan a la caza de inversiones para los territorios
que gobiernan.
6. Se abre la oportunidad para que regiones deshabitadas, dejadas
hace mucho tiempo de la mano de Dios por la incuria de gobiernos
centralistas, puedan ser ocupadas y el sentido de nación
tenga otra dimensión para los ciudadanos.
Las anteriores son algunas de las características de este
proceso que le está torciendo el pescuezo al viejo liderazgo
latinoamericano pero, sobre todo, a las viejas concepciones que
lo han sostenido. Sin embargo, las resistencias son feroces. El
centralismo resurge por entre los pliegues del sistema político
y se acusa a la descentralización de promover la desintegración
de las naciones (como si no estuvieran suficientemente contrahechas),
que la descentralización agrava el déficit fiscal
(como si la crisis no hubiese sido un conspicuo producto del centralismo),
que la descentralización anula la autoridad central (como
si ésta no estuviera diluida en su oceánica incompetencia
tradicional). Desde luego que la descentralización no supone
la eliminación del centro, del Estado nacional, lo que
ocurre es que no puede seguir siendo un centro despótico
y autoritario.
El evento fue promovido por el Programa de las Naciones Unidas
para el Desarrollo (PNUD) y el gobierno y el gobierno venezolano.
Allí participaron destacadas personalidades de la región,
básicamente gobernadores y alcaldes. Fue una ocasión
para constatar que América Latina ha entrado en otra ruta
que marcará su rostro y su historia, aunque muchos dirigentes
tradicionales ni siquiera se hayan enterado.
445 votos mexicanos
El lo. de agosto la Cámara de Diputados de México
aprobó, en forma unánime, la reforma electoral.
Este evento difílcilmente puede ser desconocido en sus
implicaciones para el futuro de la democracia mexicana. El PRI,
el PRD, el PAN y el PT se comprometieron a una agenda de cambios
trascendentales: elección libre, universal, directa y secreta
del gobernador de la capital, territorio que tiene más
habitantes que varios países en el mundo; predominio de
los recursos públicos sobre los privados en el financiamiento
de las campañas y partidos (70% proporcional y 30% igualitario);
eliminación de la representación del Ejecutivo en
el Consejo General del IFE, Instituto Federal Electoral; nombramiento
del Presidente del IFE por el Congreso; cambios en la justicia
electoral; en la integración de las cámaras legislativas,
entre otras reformas fundamentales. México ha iniciado
una nueva historia institucional. Falta ver si los conflictos
que lo rodean permiten el éxito de Zedillo en esta tarea.
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