La última encuesta sobre presidenciables demuestra que
los colombianos están otra vez pensando que Noemí
Sanín puede ser una opción para salir de la crisis.
La última encuesta sobre presidenciables demuestra que
los colombianos están otra vez pensando que Noemí
Sanín puede ser una opción para salir de la crisis.
Hace dos años parecía absolutamente imposible que
Noemí Sanín pudiera perder las elecciones presidenciales
de 1998. El nivel de popularidad al que había llegado era
el más alto en la historia contemporánea de Colombia.
A finales de 1994 la imagen positiva de la recién inaugurada
embajadora en Londres llegaba al 85 por ciento. Ni Luis Carlos
Galán llegó jamás a acercarse a estos índices
de favorabilidad. Noemí era tan popular que triplicaba
a cualquier rival que se le enfrentara en un mano a mano electoral.
Aunque era obvio que de ese nivel estratosférico tenía
que bajar, su ventaja era tan grande que parecía imposible
que alguien la alcanzara. Si las encuestas eran acertadas, todo
indicaba que para que perdiera la Presidencia de la República
tenía que suceder una catástrofe.
Esa catástrofe ocurrió cuando renunció a
su cargo de embajadora en Gran Bretaña. Su carta de despedida
enjuiciando los hechos sucedidos en la elección presidencial
fue mal recibida. A diferencia de lo que ella se imaginaba que
iba a suceder, su renuncia no fue interpretada como una expresión
de principios sino como un acto de oportunismo. De la adulación
a la cual estaba acostumbrada, Noemí pasó a ser
víctima de la controversia y la crítica. A partir
de ese momento todo fue cuesta abajo.
Las posibilidades presidenciales de Noemí parecían
basarse en que representaba el símbolo de reconciliación
nacional que necesitaba el país en medio de la crisis.
Era una conservadora mimada por los liberales y particularmente
por el gobierno de Ernesto Samper, el cual le tenía mucho
afecto. En la medida en que la Nación se radicalizaba,
una persona equidistante de todas las facciones tenía todas
las de ganar. Pero Noemí decidió alinearse con el
argumento de que razones de principio le impedían seguir
en su cómodo cargo diplomático. Desde ese instante
quedó matriculada en el grupo de los conspiradores contra
el gobierno.
Pasar del pedestal a la trinchera le hizo mucho daño. Más
aún siendo mujer. Una cosa es Enrique Gómez, Enrique
Parejo o Hernán Echavarría tratando de tumbar al
gobierno y otra cosa es la figura angelical de quien hasta hace
poco era, como dice la ranchera, "monedita de oro" que le cae
bien a todos. La caída de su prestigio fue vertical. Del
82 por ciento de favorabilidad que, según Gallup, tenía
en marzo de 1995, Noemí pasó a 41 por ciento en
marzo de este año, es decir, a la mitad.
A su bajonazo en las encuestas se sumaba que las cosas no le estaban
saliendo muy bien. Su participación en un seminario de
la revista Dinero al lado de Andrés Pastrana y Juan Manuel
Santos fue deslucida. Su discurso fue el mejor, pero su lectura
fue considerada impersonal frente a impactantes y efectistas improvisaciones
de sus rivales. Tampoco fue una salida afortunada su respaldo
al paro empresarial propuesto por el industrial vallecaucano Germán
Holguín. Apoyar una medida tan radical en ese momento pareció
prematuro.
Por todo lo anterior, muchos comenzaron a llegar a la conclusión
de que Noemí Sanín no era viable para la Presidencia
de la República. Su carisma era innegable, pero en tiempos
difíciles el carisma no es suficiente. En la peor crisis
de los últimos 50 años no se veía el espacio
político para una mujer "adorada". Como si esto fuera poco,
la ex canciller no contaba con un escenario para mantenerse vigente
ante la opinión pública. Mientras Serpa, Valdivieso
y Lleras aparecían todos los días en los noticieros
de televisión por cuenta de sus cargos, Noemí se
desvanecía de la memoria de los colombianos.
Todo eso cambió la semana pasada. En una encuesta de CM&
y El Espectador, la candidata "desvanecida" apareció súbitamente
vivita y coleando. Según la encuesta, realizada por el
Centro Nacional de Consultoría, enfrentada en mano a mano
con sus más serios rivales, a Noemí Sanín
sólo la superaría el fiscal Alfonso Valdivieso,
quien muchos creen no va a ser candidato para que no se le atribuyan
motivaciones políticas a sus actuaciones en el proceso
8.000. De ser esto realidad, la puntera en la carrera presidencial
en la actualidad sería Noemí Sanín. Ella
es la única que derrota a Horacio Serpa 48 por ciento contra
35 por ciento. Si se enfrentaran todos los posibles candidatos
en una sola vuelta, Noemí y Serpa se disputarían
hombro a hombro el primer lugar con un 17 por ciento cada uno,
seguidos por Alfonso Valdivieso con 15 por ciento y Andrés
Pastrana con 13 por ciento.
De las cifras anteriores, el dato más importante es su
victoria frente a Serpa. La elección presidencial de 1998
se está perfilando como la confrontación de dos
bloques. Por un lado, un movimiento populista encabezado por Horacio
Serpa con el apoyo oficial. Y por el otro una coalición
de fuerzas cuya única meta es evitar la llegada de Serpa
al poder. Esta última agrupación tiene simpatías
por candidatos como Humberto de la Calle, Carlos Lleras, Juan
Manuel Santos o Noemí Sanín. Sin embargo la decisión
de a quién apoyar dependerá de las posibilidades
del triunfo. El resultado de la encuesta de la semana pasada coloca
a Noemí Sanín en el epicentro de todas estas decisiones.
Los encuestadores coinciden en que, después de caer vertiginosamente,
Noemí Sanín se estabilizó y está repuntando.
Del 41 por ciento de favorabilidad en marzo, en junio ya había
pasado al 45 por ciento. Esta es una muestra de solidez para una
persona que ha estado marginada de la opinión pública
por un año.
Lo que las últimas encuestas demuestran es que la política
en la actualidad es más cíclica que nunca. Hace
apenas seis meses punteaba Antanas Mockus. Hace dos meses la camiseta
amarilla se la puso Horacio Serpa. Hoy, el cuarto de hora le corresponde
a Noemí Sanín. Sin embargo todavía falta
mucho camino por recorrer y según afirma Jorge Londoño,
gerente de la firma Invamer-Gallup, "no hay duda de que contra
Noemí se discrimina por el hecho de ser mujer". Es
por eso que algunos no ven el camino de la ex canciller hacia
la Casa de Nariño completamente despejado. Son muchos los
prejuicios que existen en un país machista frente a la
posibilidad de que una mujer llegue a la Presidencia y más
aún en medio de una crisis como la actual. Sin embargo,
el hecho de que en medio de las actuales circunstancias Noemí
Sanín surja nuevamente como una opción parece indicar
que estas actitudes están cambiando. Lo que es seguro es
que con motivo de su "resurrección" Noemí vuelve
a estar en juego con las mismas o más posibilidades que
cualquiera de sus rivales. Ya no es la Noemí perfecta y
pura que todos los colombianos idolatraban en 1994. Ahora es la
luchadora que ha aguantado palo y ha conocido el barro. Posición
menos glamorosa pero más realista frente a las batallas
que tendrá que librar el colombiano que reemplace a Ernesto
Samper.
Artículo de Semana de Colombia (19 - 26 de agosto)