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Revista Electrónica Bilingue       Nº 6     Agosto 1996
Torres Plaz y Arraujo

Arroba Digital Marketing

Calles de Ensueño
Juventud y violencia en Caracas
Patricia Márquez
En Venezuela, los jóvenes llamados "niños de la calle" por los medios de comunicación, por el estado y por las organizaciones privadas y públicas, son principalmente aquellos que duermen en las calles, aquellos que huelen pega, de vestimenta miserable, causando problemas, pidiendo limosnas, jugando en las tiendas de máquinas de juegos de video. Sin embargo, en la ciudad de Caracas, capital del país, con cuatro millones de habitantes, el número de jóvenes creciendo en las calles, dentro de un contexto de violencia diaria, es mucho mayor que aquellos pocos miles clasificados como "niños de la calle". El proceso de socialización de los jóvenes de los barrios, se realiza cada vez más en las calles antes que dentro de una familia o la escuela. Es en el barrio, o en otras calles de la ciudad donde un gran número de muchachos de estos sectores desarrollan sus relaciones y amistades. Es en las calles donde encuentran estrategias para obtener una forma de vida, estos es, encontrado trabajo (chambas) en la economía informal --más del 50%-- no solamente como limpiabotas sino como vendedores de perro calientes, ladrones de stereos, vendedores de libros, artesanos, sicarios y traficantes de droga.
Estos jóvenes categorizados como monos de barrio, malandros y ahora Jordans (Joldans) pueden ser acusados de ser causa del alto índice de violencia que ocurre en la ciudad. El enfoque con el que se percibe a estas personas es como a bárbaros, capaces de robar carros, librar batallas callejeras o matar por un par de zapatos. No se presta tanta atención sin embargo, a la violencia a la que son sometidos estos jóvenes de escasos recursos económicos, diariamente.

Los malandros, o como se les llama ahora, Jordans, crecen en las calles no sólo por razones de miseria. No vienen al barrio solamente debido a su situación familiar. La pobreza por sí sola no explica el complejo proceso de traslado desde los barrios marginales hacia las calles. Pobreza como causa ---niños en las calles debido a la pobreza--- deja poco espacio para la vida imaginaria de estas personas. Pobreza como categoría reificada no explica las relaciones entre gente joven en las calles y la comunidad, el sistema social de rehabilitación, los medios de comunicación y las políticas sociales. No explica como las clases dirigentes justifican o perpetúan esta situación , ni se explica el sentimiento de ambivalencia hacia estos muchachos. La pobreza no recoge la complejidad de cuestiones como son por ejemplo ø porqué el huelepega prefiere jugar en las maquinas de video del boulevard antes de alimentarse una buena comida. øPorqué es que estos jóvenes sin recursos están asesinando para obtener una par de zapatos costosos Nike antes de otro tipo de mercancía? .

Muchos de estos jóvenes son desertores de la escuela y comienzan una vida de malandreo en las calles donde pueden obtener ganancias fáciles. Probablemente, sus vidas son terriblemente cortas, pero ellos prefieren eso a una larga vida de trabajo duro a $100 mensuales. Vienen a las calles en busca de los que creen será una mejor forma de vida --viven a través de la imaginación. Al obtener un arma, zapatos Nike, un walkman, y chaquetas de los Chicago Bulls, los malandros o Jordans sueñan que controlan sus propias vidas.

Mi vida como malandro comenzó aproximadamente hace dos años cuando le decía a mi padre que quería un par de zapatos Nike que cuestan ocho mil bolívares, y él no me los quiso comprar. Mi padre gastaba todo su dinero en caballos y alcohol. Yo estaba molesto y entonces un amigo me preguntó si quería tener dinero. Le dije que si, "quiero compara un par de zapatos y mi padre no me quiere dar el dinero". El tipo comenzó a darme drogas para esconder y me pagaba dos mil bolívares a la semana. Pronto me di cuenta que todo marchaba bien y compré los zapatos que siempre quise y siempre tenía dinero para salir con las chicas.

En esta narrativa, Felix, un joven de diez y siete años que conocí en el centro de detención juvenil Carolina, escribe su experiencia de como inició su vida de malandro. Su recuento apunta hacia los recursos que los jóvenes encuentran para obtener riqueza material, además de lograr un significado a sus vidas y a aceptar los riesgos que ello conlleva. Ilustra como las identidades de esos jóvenes desplazados de Caracas son negociadas en un contexto de escasez y violencia.

La representaciones de su propio yo se forman y se negocian a través de un capital simbólico y de los bienes de consumo asequibles a los individuos jóvenes, o aquellos que son capaces de obtener. Los Jordans, o nuevos malandros, desarrollan un estilo asociado con zapatos Nike, cortes de pelo a lo NBA. Como un "bricoleur", los jordans reunen elementos de cultura material que son masificados, comerciales y personalista. Las conexiones pueden parecer extrañas cuando se observa que cultura del basketbol norteamericano, de propiedad japonesa, domina la cultura de los venezolanos de clase baja.

Estos jóvenes creciendo en las calles de la ciudad poseen estilos particulares de ser que han sido creados en un contexto de diversos realismos, como los que el antropólogo Arjun Appadurai denomina un orden cultural global, un mundo con muchas clases de realismo, algunos mágicos, algunos socialistas, otroas capitalistas y algunos todavía sin nombre. Muchos realismos que han sido masificados por los medios de comunicación y procesados mediante la imaginación. Más personas en todo el mundo observan su propio mundo a través del prisma de las vidas posibles que ofrecen los medios de comunicación y las mercancías.
En los últimos treinta años de la historia democrática de Venezuela han estado presentes períodos de gran riqueza económica por causa de los incrementos de precios del petróleo en los años setenta; y tiempos de crisis que emergieron de la caída de estos precios así como la mala administración de los recursos en los años ochenta y noventa. En la "Venezuela Saudita " de los años setenta diferentes grupos de personas surgieron de manera indiscriminada y de modo súbito hacia posiciones de poder político y económico. En la crisis socio-económica que está afectando a Venezuela desde la última década, las estructuras de clases se están movilizando y hoy no están claros los estándares que definen a su clase media, de la que incluso se está suponiendo su rápida desaparición .
Esta fluidez de las relaciones de clase es un todo un nuevo juego en Caracas. Grupos jóvenes de esta ciudad son ejemplo de diferentes clases de conciencia socialincrustada en la estructura del país.
En Venezuela es muy difícil separar los diferentes estilos de juventud como sub conjunto de la categoría "cultura" ordenadamente delimitada como clase, edad y diferencias raciales. Personas de origen similar, económico, color de piel, viviendo en la misma vecindad pueden percibirse entre ellos como personas totalmente diferentes. Se identifican con grupos de distintos estilos. La cultura hegemónica en este punto no se circunscribe necesariamente dentro de una caja de clase media, pero sí como a una cultura global e internacionalmente cuestionada.
El desarrollo del estilo crea un espacio para la oposición y la resistencia solo cuando reconoce la elaboración simbólica de contradicciones, de transacciones entre fuerzas que no pueden ser conciliadas en la realidad. Los estilos de juventud en Caracas no son expresiones de una "subcultura" o simplemente rituales de resistencia sino como un lenguaje de las contradicciones de la sociedad. Ellos son acerca de la trascendencia imaginaria dentro de un mayor contexto de la ciudad violenta. Un joven de un barrio observa como la corrupción de los funcionarios (white collar) es aceptada y a veces, hasta aplaudida,un funcionario preso puede salir de la carcel como candidato presidencial, o retorna a su anterior y poderoso cargo. Estos jóvenes creen que las mujeres desean a un hombre que tenga un vehículo, al menos una motocicleta. El muchacho se observa a si mismo como un cosmopolita, se siente bien usando sus jeans Pepe. Busca la forma de obtener lo que se ha convertido en importante parael sin que necesariamente piense que debe luchar en contra del orden estructural de las cosas.
El estilo de la juventud de Caracas existe, en parte en el mundo de la fantasía. Se vive a través de la imaginación y es menos reductiva en términos de clase. Para los jóvenes de Caracas el estilo crea un poderoso habito ya que hay diferentes sueños sobre lo que es la cultura dominante (existen muchos realismos para participar en la cultura dominante). La superioridad es cuestionada porque existen diferentes sueños sobre lo que es superior. Para los Jordans que conocí, la superioridad se relaciona con los ritmos de la música de salsa, los zapatos Nike y su admiración por las estrellas del basquetbol.
La posibilidad de fama y riqueza lograda a través de un deporte, basquet o hasta beisbol, o cantando salsa no parece serles tan lejana. Ellos tomaron prestado ese éxito.
A la temprana edad de diez y nueve, Jerry Rivera, un cantante de salsa de Puerto Rico, goza hoy de fama internacional. Tiene dinero, fama y hasta una esposa y un bebé. Sus canciones de salsa son acerca del amor y sobre una imaginaria vida de éxito rápido. Las canciones son percibidas por estos jóvenes en lo que ellos creen que es reflejo de sus propias situaciones y experiencias y provee una manera de interpretarlas.

Los estilos de la juventud en Caracas están definidos en relacion a rituales particulares de consumo y hacia mercancías mediante su propia lógica única. El consumo para los jordans es una acción de orden físico que involucra transacciones en parte violentas en sí mismas. Los jordans corren muchos riesgos para obtener el dinero o las cosas que desean. Los riesgos van muchas veces mucho más allá de lo imaginable. Muchos están dispuestos a morir or un par de zapatos. La aceptación de eventos trágicos que giran alrededor de mercancías y bienes de consumo es cada vez más común en Caracas. Las muertes causadas por robar un par de zapatos gradualmente se ha convertido en noticia matutina, es ojeto de conversaciones en el metro y en fiestas. Lo que es horroroso es el sentimiento general de desesperación, que ya se hace rutinario, al contemplar que cualquiera pueda ser asesinado en cualquier momento por un par de zapatos. Un paso más dentro del surrealismo, y aún más sorprendente , es el hecho de que muchos de estos jóvenes rehusan entregar sus zapatos y mueren por ello. Acaso esto es heroismo?, o acto necio?, o acaso es producto de que el valor de la vida sea tan insignificante?.

Y las tragedias continúan amenazando a las familias, como a la madre que con inmenso sacrificio obtiene el dinero para los zapatos de su hijo y es asesinado por estos. Por ejemplo, Wilkinson Guevara, diez y seis años fue asesinado en enero de 1994,luego de haber sido asantado dos semanas antes. Dice el diario:
El 24 de Diciembre, el joven que luego sería asesinado habria recibido una advertencia de un grupo que había tratado de robarle otros zapatos. En esa ocasión, sólo lo golpearon con la culata del revolver. Este miércoles, sin embargo, cuando el joven corrió , el grupo disparó la bala que causó su muerte horas después ( El Naiconal, Enero 7, 1994-D1).

La madre, quién le había dado parte de los quince mil bolívares ( salario mínimo en aquel tiempo) de modo que se pudiera comprar otro par para año nuevo, estaba furiosa por el hecho de que el niño pudiera haber sido salvado si no hubiese perdido tanta sangre porque en los hospitales rehusaban atenderlo.

Estas tragedias por causa de zapatos sin embargo, revelan profundos problemas dentro de la comunidad. Disputas por territorio, problemas sobre mujeres, enemistad personal...son mediadas a través de mercancías. Cosas como zapatos Nike o una chaqueta de los Chicago Bulls se han convertido en una manera de diálogo, en una forma de intercambio violento donde nuevas definiciones de honor y valor de la vida están emergiendo. Personas que crecieron como vecinos están ahora luchando a muerte entre ellos por un par de zapatos.
Elvis en el Centro Carolina describió en su diario cómo la violencia de las relaciones son mediatizadas a través de los zapatos:
El 16 de abril de este año, debido a una discusión con muchachos de mi barrio, tuve que cometer el mayor error de mi vida. Ese error fue matar a uno de los muchachos que pertenecían a la banda que me molestaba y a mi compadre John .
Bueno, todo comenzó cuando cada vez que ellos me veían se acercaban y trataban de robarme y humillarme frente a cuanquier persona que estuviese por allí. Allí fue cuando decidí que quería vengarme y comencé a ahorrar para comprarme un arma para defenderme. No pasaron muchos días cuando me encontraron con mi compa Jhon y su hermano, y dijeron:
Quítate la chaqueta y los zapatos.
Y mi compadre preguntó, øporqué vas a robar a mi compadre?..
Ellos respondieron: - No te metas Jhon porque esto no tiene nada que ver contigo
Yo dije: í Miren, no les voy a dar nada porque no me gusta cuando alguien trata de robarme í y entonces uno de los tipos me puso una 38 en el estómago y dijo:
- Quítate la chaqueta y los zapatos porque te voy a disparar.
Me molesté realmente y les dije: Bueno, si lo vas a hacer hazlo de una vez porque no te daré mis cosas.
El tipo acercó la 38 aún más y dijo:quieres ver como te disparo?
-Sólo hazlo.
Reflexionó por un momento y luego me disparó y comncé a caer igual que él mientras decía: Vamos muchachos éste tiene suerte. - Yo aún no he muerto.
De los jóvenes que conocí en las calles y en los centros de detención, muy pocos estaban dispuestos a hacer entrega de su estilo, a pesar del peligro que eso significa.
En Venezuela, un país donde la cultura de consumo transnacional surgió junto con la riqueza petrolera, la movilidad social frecuentemente se construye en términos de capital simbólico. El Poder y el status se encarnan en estilos particulares. Hoy, para aquellos con habitus de riqueza, ello incluye mercancías como teléfonos celulares y carros costosos. Para los jóvenes de los barrios, el tener poder, o "ser alguien", significa tener un arma, una motocicleta, y ropa de marca. Un malandro o Jordan, puede vivir en un rancho pero no se siente proletariado, o clase trabajadora, o pobre, o marginal cuando desarrolla un estilo particular con esas mercancías. El estilo es una forma de vida que trasciende la mera moda o una declaración. Provee a la juventud de identidad y de sentido de pertenencia mientras que simultáneamente los marca como delincuentes o delincuentes potenciales.
A pesar de todos esto, existe un rechazo general en cuanto a percibir a estos jóvenes en las calles como parte de una fábrica social compleja cuyas vidas ocurren más allá de los límites geográficos de un boulevard, Caracas, Venezuela. La vida de estos muchachos con sus sueños de Nintendo y zapatos Nike tienen experiencia en el contexto de procesos globales más amplios. Su imaginación y tácticas son formadas dentro de fuerzas locales y globales ---golpes de la policía, tiendas de video, productos de los Chicago Bulls, canciones de salsa o pega-- que generan nuevas formas de pensar acerca de la juventud en relación con el consumo. El cuerpo, disciplina y el castigo. Estas personas existen dentro de marcos más amplios de poder que están a la vez incrustados y son internacionales, y que responden a presiones y condiciones que van más allá del mundo de instituciones formales y estructuras económicas.
Tenemos que abrir espacios para escuchar a los niños y adolescentes sin trivializar y bajar sus voces. Hay necesidad urgente de adoptar nuevos modelos para mejor comprensión de los que significa crecer bajo estas condiciones
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