|
En Venezuela se viene dando, más o menos con cierta periodicidad,
un debate público sobre la conveniencia o no de que nuestro
país permanezca como miembro de la Organización
de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
Existen tres posiciones diferentes. Dos son, a nuestro juicio,
extremas y la otra realista, pragmática y racional. Hay
quienes sostienen que habiendo sido Venezuela, junto con Arabia
Saudita, Kuwait, Irán e Irak, país fundador de la
Organización, sería una herejía plantear
nuestra salida de la misma. Una segunda posición, también
extrema, considera que es el momento de abandonar por cuanto son
pocos los beneficios que al ser miembros de ella obtenemos. La
tercera posición, en la cual nos insertamos, la consideramos
la más conveniente. Esta parte del criterio que en todo
caso se trata de un problema de costo-beneficio, es decir, permanentemente
evaluar si nuestra participación en la Organización
le trae beneficios al país, o si por el contrario constituye
un inconveniente para el manejo de nuestra política petrolera
de una manera soberana o es una cortapisa para la expansión
futura de la misma.
Vale la pena analizar los pro y contra de cada una de las posiciones.
El argumento de que Venezuela debe por siempre mantenerse atada
a la OPEP tiene sin dudas una razón histórica
y una alta carga emocional. Nuestro país siempre tendrá
que reconocerle al doctor Juan Pablo Pérez Alfonso, ex-ministro
de Minas e Hidrocarburos, su visión e iniciativa junto
a Abdullah Al-Tariki, ex-ministro de Petróleo del Reino
de Arabia Saudita, que permitió crear a la OPEP.
Fue el 14 de octubre de 1960 en Baghdad, Irak, donde los países
por ellos representados junto con Irak, Irán y Kuwait,
resolvieron crear a la OPEP. Eran aquellos tiempos muy
difíciles para los países productores exportadores
de petróleo. Los precios eran viles. No alcanzaban siquiera
1,50 dólares por barril y su fijación era hecha
por las compañías petroleras internacionales que
mantenían el control absoluto de los mercados. Los países
exportadores se establecieron como objetivo lograr la fijación
unilateral de los precios de su petróleo. El mecanismo
a través del cual aspiraban lograr tal objetivo era la
programación de la producción entre los países
miembros y así controlar la oferta para poder establecer
un nivel de precios cónsono con sus aspiraciones. Debieron
pasar muchos años para que esto fuese posible. El derrocamiento
del Rey Idris de Libia, en 1969, le movió el piso a las
compañías petroleras. La empresa Occidental, de
origen estadounidense, cuyo Presidente Armand Hammes era capaz
de entenderse con quien fuera; lo había hecho con Lenín
en 1917; se puso de acuerdo con el líder de la revolución
libia, el coronel Mohammar Khadafi, quien aceptó un pequeño
aumento de tan sólo unos centavos, decisión de mucha
significación e importancia en aquellos tiempos. Fue en
1971 cuando realmente algo se pudo hacer en materia de fijación
de precios, aunque los niveles eran muy distintos y los ajustes
de apenas unos centavos de dólar por barril. El mecanismo
ideado fue a través de un precio fiscal. En Venezuela se
llamó Valor Fiscal de Exportación (VFE) y
era un precio ficticio, fijado por el gobierno, que impedía,
aunque fuera parcialmente, las manipulaciones de los mismos ante
empresas filiales de las antiguas concesionarias. Las empresas
podrían vender a cualquier precio, pero la liquidación
del Impuesto Sobre La Renta se efectuaba de acuerdo al VFE
que se fijaba para cada tipo de crudo que se comercializaba internacionalmente.
En octubre de 1973, durante las festividades judías del
Yom Kippur, los países árabes invaden a Israel y
son derrotados. Los países árabes exportadores de
petróleo, como retaliación a un supuesto apoyo a
Israel por parte de los Estados Unidos, de algunos países
europeos y de Japón, establecen un embargo petrolero hacia
estos países. El mercado se desequilibra y los precios
se disparan de 2,60 dólares por barril hasta alcanzar niveles
cercanos a los 10 dólares por barril. Fue la locura. Los
países de la OPEP, Venezuela entre ellos, aumentaron
substancialmente sus inversiones y gastos. Venezuela había
ejecutado durante 1973 --último año de la primera
presidencia del doctor Caldera-- un presupuesto de alrededor de
3.000 millones de dólares. Durante 1974 --primer año
de la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez--
el presupuesto ejecutado subió a alrededor de 10.000 millones
de dólares. Este error fue cometido por casi todos los
países de la OPEP agudizando, de manera alarmante,
la dependencia de los ingresos petroleros con la consiguiente
vulnerabilidad que ello significa desde el punto de vista de las
finanzas públicas. Los nuevos precios del petróleo
plantearon un cuadro también novedoso y distinto para la
OPEP. Se creó la Agencia Internacional de Energía
(AIE), que estableció una serie de postulados y
objetivos energéticos para los países miembros,
tales como:
- Establecer políticas de conservación energética
para hacer más eficiente y menos dispendioso su uso. Esto
ha traído como consecuencia una transformación radical
en el sector industrial, en el transporte automotor y en el área
de los servicios en general. Las industrias son cada día
más eficientes, los vehículos de transporte son
cada vez más livianos y consumen menos combustible por
cada kilometro recorrido.
- Substituir el petróleo, particularmente el proveniente
de los países de la OPEP, por otras fuentes de energía
tales como el carbón y la energía nuclear, esta
última venida a menos en el transcurso de los últimos
años por los riesgos y las presiones de los grupos ambientalistas.
- Adelantar campañas exploratorias, incentivadas por
los nuevos niveles de precios, para lograr la incorporación
de nuevos países al mercado petrolero internacional. Los
resultados de esta política están a la vista. Han
aparecido nuevos países petroleros en el escenario internacional:
Egipto, Malasia, Angola, Brunei, Colombia, etc. En todos ellos
existía petróleo pero los bajos precios del mercado
no estimulaban correr el riesgo exploratorio. Cuando los precios
aumentaron valió la pena correr el riesgo y tuvieron éxito.
- Desarrollar el petróleo caro que ya había sido
descubierto, pero que los precios bajos no hacían económica
su explotación. En esta categoría se insertan Inglaterra
y Noruega, cuya producción del Mar del Norte ha pasado
de 3.000 barriles por día en 1973, a más de 5 millones
por día en los actuales momentos.
- Al aumentar los precios en 1973-74 de una forma tan rápida
y violenta, el crecimiento económico de los consumidores
se resintió. El monto de las facturas petroleras se cuadruplicó
y ello desaceleró el crecimiento económico, la demanda
petrolera disminuyó y el petróleo perdió
competividad frente a otras fuentes de energía, particularmente
el carbón y la energía nuclear.
Durante algunos años, entre 1975 y 1978, los precios del
petróleo permanecieron estables en términos absolutos
y bajaron en valores reales. La situación de los precios
tendía a complicarse para los países de la OPEP.
Los niveles de gastos en los cuales se habían situado sus
finanzas publicas eran demasiado altos. Algunos habían
incurrido, como el caso de Venezuela, en un abultado y oneroso
endeudamiento.
A comienzos de 1979 se produce el derrocamiento del Shah de Irán.
La triunfante Revolución Islámica de Ayatollah Khomeini
reduce drásticamente los niveles de producción de
Irán y saca del mercado más de tres millones de
barriles por día. Los precios se disparan y en menos de
un año el crudo marcador, Arabe Liviano, pasa de 12,70
dólares por barril a más de 26 dólares por
barril. Este nuevo aumento trajo en el mercado petrolero internacional
consecuencias similares a las de 1973. Aumentó la conservación
energética; se estimuló la substitución de
petróleo por carbón y energía nuclear, y
nuevos países aparecieron en el firmamento petrolero, haciendo
la competencia más encarnizada que en años anteriores
y la economía mundial se afectó disminuyendo el
consumo petrolero.
Durante 1979 la producción del petróleo de los países
OPEP se situaba en 31 millones de barriles por día,
mientras que la de los países no OPEP se situaba
igualmente en 31 millones de barriles por día. Fiel a lo
que fueron sus postulados iniciales de defender los precios del
petróleo, los países comienzan a disminuir su producción,
al inicio de manera individual y luego concertada, para de esa
manera defender la estructura de precios. Como Ministro de Energía
y Minas durante el gobierno del presidente Luis Herrera Campins,
entre 1979-1983, participé en el desarrollo de esa estrategia.
La producción de la OPEP fue bajando gradualmente en la
forma siguiente:
| AÑO | PRODUCCION OPEP
(MM B/D)
|
| 1979 | 31,0
|
| 1980 | 27,0
|
| 1981 | 22,5
|
| 1982 | 18,0
|
| 1983 | 17,0
|
| 1984 | 16,0
|
| 1985 | 15,5
|
Considero que fue un error haber aplicado el postulado de defensa
de los precios cuando lo que debíamos haber aplicado era
el concepto de defensa del ingreso, que es la combinación
de precios por el volumen de exportación. En descargo de
quienes éramos los Ministros representantes en la OPEP
es de señalar que todos habíamos sido formados en
el concepto de defensa de los precios del petróleo. Esto
no quiere decir que el postulado no tenía validez en 1960.
En aquellos tiempos era válido pero no lo era, necesariamente
en 1979. Aquello era un concepto político y el precio era
un precio político. Hemos debido adoptar un precio competitivo
frente al petróleo proveniente de los países NO-OPEP
y frente a otras fuentes de energía. El resultado de la
aplicación de la estrategia de reducir la producción,
estableciendo un techo para todos los países de la OPEP
y cuotas individuales por países, le dio a los productores
NO-OPEP el espacio en el mercado para expandir su propia
producción. Lo que los países de la OPEP
reducían era ocupado por los NO-OPEP que aumentaron
cada vez más sus propios niveles.
La crisis se presentó en toda su magnitud en 1986. Ese
año la OPEP producía 15,5 millones de barriles
por día. De ellos, el consumo en el mercado interno de
sus países miembros comprometían alrededor de 3
millones de barriles por día, dejando para la exportación
alrededor de 12 millones de barriles por día. Un volumen
de esa magnitud en un mercado de 48 millones de barriles por día,
que era el de 1986, no le permitía a la OPEP ser
una fuente determinante y decisiva en el mercado petrolero internacional
como para defender la estructura de los precios. Lo que había
sido su fortaleza se convirtió en su debilidad. Los precios
se derrumbaron por debajo de 10 dólares por barril. Fue
la debacle. Se desarrolló una encarnizada competencia entre
la OPEP y los NO-OPEP. La competencia también
alcanzó a los países de la OPEP entre sí.
Fue en ciertos momentos una guerra de todos contra todos. Los
ingresos cayeron de una manera brutal. Todos los países
de la OPEP habían obtenido ingresos de más
de 280 mil millones de dólares en 1980. En 1986 el ingreso
para todos ellos fue de 78 mil millones de dólares. Venezuela,
que había tenido unos ingresos petroleros en 1980 cercano
a los 20 mil millones de dólares, vió encogerse
los mismos a 7.500 millones de dólares en 1986. El efecto
sobre las finanzas de los países OPEP fue tan grande
que hubo necesidad darle un golpe de timón a la estrategia.
El cambio fue significativo. La OPEP se decidió
a recuperar lo que había perdido del mercado y participar
del crecimiento del mismo. Para lograr el objetivo la estrategia
fue colocar volúmenes crecientes en el mercado a precios
competitivos, pero manteniendo una cierta disciplina mediante
el establecimiento de techos de producción y cuotas individuales
por países, ajustables hacía arriba de manera gradual.
Hasta ahora la estrategia ha dado buenos resultados. La OPEP
ha aumentado su producción de 15,5 millones de barriles
por día en 1985, a alrededor de 25 millones de barriles
por día en 1996. Para lograr esto, el petróleo de
la OPEP ha debido mantenerse competitivo frente al West
Texas Intermediate en el mercado norteamericano, al Brent en el
mercado europeo y al Dubai en el Lejano Oriente. Aun así
los precios han mejorado. Ello no hubiera sido posible sin que
la OPEP tuviese una política de precios, aunque
la demanda hubiese mejorado, como en efecto ha ocurrido.
El mercado ha ido creciendo entre 1-2% anual en el transcurso
de los últimos años. La OPEP ha decidido
y ha logrado, participar en ese crecimiento de una forma ordenada.
Algunos pensarán que hay países en la Organización
que violan las cuotas de producción y están en lo
cierto. Esto siempre ha ocurrido desde el inicio mismo del sistema
de cuotas en los años ochenta. Pero aun así, las
violaciones son, en términos relativos, de poca monta y
no han dislocado el mercado. Este es un punto fundamental a favor
de la OPEP. Si no existiera la Organización y cada
país se fuera a la libre produciendo a capacidad máxima,
no hay duda que los precios colapsarían afectando a todos
los productores de petróleo. La OPEP actúa
como un agente regulador del mercado.
Por otra parte, ha sido un logro de la Organización el
venir desarrollando con éxito una estrategia que ha permitido
ir aumentando la producción a unos precios remunerativos
para su petróleo. Los intereses de nuestro país
se insertan convenientemente en esta estrategia.
De acuerdo con los mejores pronósticos, el mercado deberá
crecer alrededor de 2% por año durante los próximos
años. Esto quiere decir que la demanda mundial deberá
situarse entre 75-85 millones de barriles por día para
mediados de la próxima década. De ser esto cierto,
la OPEP podrá participar entre 35-45 millones de
barriles por día de ese volumen.
De mantenerse para esos tiempos el sistema de cuotas, y Venezuela
mantener su actual proporción de aproximadamente 10% del
techo, el nivel de nuestro país seria entre 3,5-4,5 millones
de barriles por día lo cual le permitiría suficiente
espacio para acomodar la producción que se espera obtener
con todos los frentes de la apertura petrolera, es decir, la reactivación
de campos inactivos, las asociaciones estratégicas de la
Faja Petrolífera del Orinoco y los volúmenes provenientes
de las áreas recientemente negociadas bajo el esquema de
ganancias compartidas.
Existe otro aspecto que es necesario tomar en cuenta. Se trata
de la propia situación de los niveles de reservas de los
países miembros. En tal sentido y de acuerdo a la magnitud
de las reservas de petróleo, existen dos grupos con intereses
estratégicos a largo plazo enteramente diferentes.
El primer grupo integrado por Arabia Saudita, con 250 mil millones
de barriles; Irán, Irak, Kuwait y los Emiratos Arabes Unidos,
con reserva de alrededor de 90 mil millones de barriles cada uno;
y Venezuela con 66 mil millones de barriles de petróleo
de reservas de petróleo convencional más 270 mil
millones de reserva recuperables de petróleo extra-pesado
de la Faja Petrolífera del Orinoco.
El segundo grupo estaría integrado por el resto de los
países miembros de la OPEP, aunque entre ellos los
niveles de reserva son bastante disímiles, todos están
por debajo de los 20 mil millones de barriles.
En el primer grupo debería existir coincidencia plena en
cuanto a la estrategia a largo plazo. A todos les conviene extender
al máximo posible el horizonte de utilización del
petróleo como fuente energética, fundamentalmente
en razón de las abultadas reservas que poseen. De allí
que la estrategia debe basarse en garantía y confiabilidad
de suministro, colocación de volúmenes crecientes
de petróleo en el mercado y precios remuneradores pero
esencialmente competitivos, frente a otros productores y frente
a fuentes alternas de energía. Lamentablemente esto que
luce sencillo, no lo es en la práctica. Los intereses políticos
distintos y las conflictividades entre los países del área
del Golfo hace que existan circunstancias de naturaleza inmediata
que constituyen un obstáculo real para un entendimiento
que resultaría realmente provechoso para todos.
Aún reconociendo estas circunstancias, que lucen inconveniente
a nuestros intereses, habría qué analizar que beneficios
nos traería abandonar la Organización en estos momentos.
Lo primero que habría que preguntarse es qué tipo
de inconvenientes, en el desarrollo de nuestros planes y en la
política de producción, tenemos como miembros de
la OPEP. Venezuela ha venido produciendo a niveles importantes
sin que la OPEP haya sido un obstáculo para ello.
Si la demanda continúa creciendo, nuestro país podría
ir aumentando la producción proveniente de los planes de
expansión. Si, llegado el caso, el potencial de producción
alcanza niveles importantes y las políticas de la OPEP
nos impiden producir de acuerdo a nuestros intereses, habría
que analizar entonces si nos conviene o no continuar como miembro
de la Organización. En todo caso no parece conveniente
a nuestros intereses, ni tampoco prudente, estar debatiendo estos
asuntos de manera permanente, o en forma cíclica como ha
venido ocurriendo en años recientes. No debemos olvidar
que por naturaleza democrática de nuestro sistema, Venezuela
es el único país de la OPEP donde estos asuntos
se ventilan abiertamente. Eso no es malo "per se", pero
debemos comprender y aceptar que existen razones de conveniencia
de Estado que desaconsejan discutir temas, tal como los niveles
de producción, de una manera abierta cuando las circunstancias
no lo permiten.
En los actuales momentos estamos convencidos que una retirada
de Venezuela de la OPEP seria inconveniente a nuestros
intereses. El caso de nuestro país no es el de un productor
marginal de poca importancia en los mercados internacionales.
Se trata del país que posee las reservas de petróleo
más importantes del hemisferio occidental y quizás
las mayores que existen fuera del área del Golfo Pérsico.
Una retirada de Venezuela sería un serio golpe para la
OPEP, para los países petroleros en general y para
nuestro propio país. Sobrevendría el desorden y
la anarquía en el mercado y los precios sin duda que colapsarían
afectando seriamente los ingresos tan necesarios en estos tiempos
de mengua.
Hemos aprendido a convivir en la OPEP con países
de historia, costumbre, religión e intereses políticos
distintos a los nuestros. El balance de esa convivencia ha sido
positivo y conveniente a nuestros intereses.
De lo que se trata entonces es de ser prácticos y racionales
y colocar en la balanza los pro y los contra que significan para
Venezuela ser miembro de la OPEP. Es decir, en resumidas
cuentas, un análisis de costo-beneficio. Si los beneficios
son mayores que los inconvenientes debemos permanecer en la OPEP.
Llegado el momento en que sean mayores los inconvenientes, entonces
si deberíamos pensar seriamente en abandonar la Organización.
Habría que esperar para ver, analizar y decidir.
|