Barra Economia y Petroleo
Revista Electrónica Bilingue       Nº 7     Septiembre 1996
Econimía
¿Debemos seguir en la OPEP?
Humberto Calderón Berti


En Venezuela se viene dando, más o menos con cierta periodicidad, un debate público sobre la conveniencia o no de que nuestro país permanezca como miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Existen tres posiciones diferentes. Dos son, a nuestro juicio, extremas y la otra realista, pragmática y racional. Hay quienes sostienen que habiendo sido Venezuela, junto con Arabia Saudita, Kuwait, Irán e Irak, país fundador de la Organización, sería una herejía plantear nuestra salida de la misma. Una segunda posición, también extrema, considera que es el momento de abandonar por cuanto son pocos los beneficios que al ser miembros de ella obtenemos. La tercera posición, en la cual nos insertamos, la consideramos la más conveniente. Esta parte del criterio que en todo caso se trata de un problema de costo-beneficio, es decir, permanentemente evaluar si nuestra participación en la Organización le trae beneficios al país, o si por el contrario constituye un inconveniente para el manejo de nuestra política petrolera de una manera soberana o es una cortapisa para la expansión futura de la misma.

Vale la pena analizar los pro y contra de cada una de las posiciones.

El argumento de que Venezuela debe por siempre mantenerse atada a la OPEP tiene sin dudas una razón histórica y una alta carga emocional. Nuestro país siempre tendrá que reconocerle al doctor Juan Pablo Pérez Alfonso, ex-ministro de Minas e Hidrocarburos, su visión e iniciativa junto a Abdullah Al-Tariki, ex-ministro de Petróleo del Reino de Arabia Saudita, que permitió crear a la OPEP. Fue el 14 de octubre de 1960 en Baghdad, Irak, donde los países por ellos representados junto con Irak, Irán y Kuwait, resolvieron crear a la OPEP. Eran aquellos tiempos muy difíciles para los países productores exportadores de petróleo. Los precios eran viles. No alcanzaban siquiera 1,50 dólares por barril y su fijación era hecha por las compañías petroleras internacionales que mantenían el control absoluto de los mercados. Los países exportadores se establecieron como objetivo lograr la fijación unilateral de los precios de su petróleo. El mecanismo a través del cual aspiraban lograr tal objetivo era la programación de la producción entre los países miembros y así controlar la oferta para poder establecer un nivel de precios cónsono con sus aspiraciones. Debieron pasar muchos años para que esto fuese posible. El derrocamiento del Rey Idris de Libia, en 1969, le movió el piso a las compañías petroleras. La empresa Occidental, de origen estadounidense, cuyo Presidente Armand Hammes era capaz de entenderse con quien fuera; lo había hecho con Lenín en 1917; se puso de acuerdo con el líder de la revolución libia, el coronel Mohammar Khadafi, quien aceptó un pequeño aumento de tan sólo unos centavos, decisión de mucha significación e importancia en aquellos tiempos. Fue en 1971 cuando realmente algo se pudo hacer en materia de fijación de precios, aunque los niveles eran muy distintos y los ajustes de apenas unos centavos de dólar por barril. El mecanismo ideado fue a través de un precio fiscal. En Venezuela se llamó Valor Fiscal de Exportación (VFE) y era un precio ficticio, fijado por el gobierno, que impedía, aunque fuera parcialmente, las manipulaciones de los mismos ante empresas filiales de las antiguas concesionarias. Las empresas podrían vender a cualquier precio, pero la liquidación del Impuesto Sobre La Renta se efectuaba de acuerdo al VFE que se fijaba para cada tipo de crudo que se comercializaba internacionalmente.

En octubre de 1973, durante las festividades judías del Yom Kippur, los países árabes invaden a Israel y son derrotados. Los países árabes exportadores de petróleo, como retaliación a un supuesto apoyo a Israel por parte de los Estados Unidos, de algunos países europeos y de Japón, establecen un embargo petrolero hacia estos países. El mercado se desequilibra y los precios se disparan de 2,60 dólares por barril hasta alcanzar niveles cercanos a los 10 dólares por barril. Fue la locura. Los países de la OPEP, Venezuela entre ellos, aumentaron substancialmente sus inversiones y gastos. Venezuela había ejecutado durante 1973 --último año de la primera presidencia del doctor Caldera-- un presupuesto de alrededor de 3.000 millones de dólares. Durante 1974 --primer año de la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez-- el presupuesto ejecutado subió a alrededor de 10.000 millones de dólares. Este error fue cometido por casi todos los países de la OPEP agudizando, de manera alarmante, la dependencia de los ingresos petroleros con la consiguiente vulnerabilidad que ello significa desde el punto de vista de las finanzas públicas. Los nuevos precios del petróleo plantearon un cuadro también novedoso y distinto para la OPEP. Se creó la Agencia Internacional de Energía (AIE), que estableció una serie de postulados y objetivos energéticos para los países miembros, tales como:

  1. Establecer políticas de conservación energética para hacer más eficiente y menos dispendioso su uso. Esto ha traído como consecuencia una transformación radical en el sector industrial, en el transporte automotor y en el área de los servicios en general. Las industrias son cada día más eficientes, los vehículos de transporte son cada vez más livianos y consumen menos combustible por cada kilometro recorrido.
  2. Substituir el petróleo, particularmente el proveniente de los países de la OPEP, por otras fuentes de energía tales como el carbón y la energía nuclear, esta última venida a menos en el transcurso de los últimos años por los riesgos y las presiones de los grupos ambientalistas.
  3. Adelantar campañas exploratorias, incentivadas por los nuevos niveles de precios, para lograr la incorporación de nuevos países al mercado petrolero internacional. Los resultados de esta política están a la vista. Han aparecido nuevos países petroleros en el escenario internacional: Egipto, Malasia, Angola, Brunei, Colombia, etc. En todos ellos existía petróleo pero los bajos precios del mercado no estimulaban correr el riesgo exploratorio. Cuando los precios aumentaron valió la pena correr el riesgo y tuvieron éxito.
  4. Desarrollar el petróleo caro que ya había sido descubierto, pero que los precios bajos no hacían económica su explotación. En esta categoría se insertan Inglaterra y Noruega, cuya producción del Mar del Norte ha pasado de 3.000 barriles por día en 1973, a más de 5 millones por día en los actuales momentos.
  5. Al aumentar los precios en 1973-74 de una forma tan rápida y violenta, el crecimiento económico de los consumidores se resintió. El monto de las facturas petroleras se cuadruplicó y ello desaceleró el crecimiento económico, la demanda petrolera disminuyó y el petróleo perdió competividad frente a otras fuentes de energía, particularmente el carbón y la energía nuclear.

Durante algunos años, entre 1975 y 1978, los precios del petróleo permanecieron estables en términos absolutos y bajaron en valores reales. La situación de los precios tendía a complicarse para los países de la OPEP. Los niveles de gastos en los cuales se habían situado sus finanzas publicas eran demasiado altos. Algunos habían incurrido, como el caso de Venezuela, en un abultado y oneroso endeudamiento.

A comienzos de 1979 se produce el derrocamiento del Shah de Irán. La triunfante Revolución Islámica de Ayatollah Khomeini reduce drásticamente los niveles de producción de Irán y saca del mercado más de tres millones de barriles por día. Los precios se disparan y en menos de un año el crudo marcador, Arabe Liviano, pasa de 12,70 dólares por barril a más de 26 dólares por barril. Este nuevo aumento trajo en el mercado petrolero internacional consecuencias similares a las de 1973. Aumentó la conservación energética; se estimuló la substitución de petróleo por carbón y energía nuclear, y nuevos países aparecieron en el firmamento petrolero, haciendo la competencia más encarnizada que en años anteriores y la economía mundial se afectó disminuyendo el consumo petrolero.

Durante 1979 la producción del petróleo de los países OPEP se situaba en 31 millones de barriles por día, mientras que la de los países no OPEP se situaba igualmente en 31 millones de barriles por día. Fiel a lo que fueron sus postulados iniciales de defender los precios del petróleo, los países comienzan a disminuir su producción, al inicio de manera individual y luego concertada, para de esa manera defender la estructura de precios. Como Ministro de Energía y Minas durante el gobierno del presidente Luis Herrera Campins, entre 1979-1983, participé en el desarrollo de esa estrategia. La producción de la OPEP fue bajando gradualmente en la forma siguiente:

AÑO
PRODUCCION OPEP
(MM B/D
)
1979
31,0
1980
27,0
1981
22,5
1982
18,0
1983
17,0
1984
16,0
1985
15,5

Considero que fue un error haber aplicado el postulado de defensa de los precios cuando lo que debíamos haber aplicado era el concepto de defensa del ingreso, que es la combinación de precios por el volumen de exportación. En descargo de quienes éramos los Ministros representantes en la OPEP es de señalar que todos habíamos sido formados en el concepto de defensa de los precios del petróleo. Esto no quiere decir que el postulado no tenía validez en 1960. En aquellos tiempos era válido pero no lo era, necesariamente en 1979. Aquello era un concepto político y el precio era un precio político. Hemos debido adoptar un precio competitivo frente al petróleo proveniente de los países NO-OPEP y frente a otras fuentes de energía. El resultado de la aplicación de la estrategia de reducir la producción, estableciendo un techo para todos los países de la OPEP y cuotas individuales por países, le dio a los productores NO-OPEP el espacio en el mercado para expandir su propia producción. Lo que los países de la OPEP reducían era ocupado por los NO-OPEP que aumentaron cada vez más sus propios niveles.

La crisis se presentó en toda su magnitud en 1986. Ese año la OPEP producía 15,5 millones de barriles por día. De ellos, el consumo en el mercado interno de sus países miembros comprometían alrededor de 3 millones de barriles por día, dejando para la exportación alrededor de 12 millones de barriles por día. Un volumen de esa magnitud en un mercado de 48 millones de barriles por día, que era el de 1986, no le permitía a la OPEP ser una fuente determinante y decisiva en el mercado petrolero internacional como para defender la estructura de los precios. Lo que había sido su fortaleza se convirtió en su debilidad. Los precios se derrumbaron por debajo de 10 dólares por barril. Fue la debacle. Se desarrolló una encarnizada competencia entre la OPEP y los NO-OPEP. La competencia también alcanzó a los países de la OPEP entre sí. Fue en ciertos momentos una guerra de todos contra todos. Los ingresos cayeron de una manera brutal. Todos los países de la OPEP habían obtenido ingresos de más de 280 mil millones de dólares en 1980. En 1986 el ingreso para todos ellos fue de 78 mil millones de dólares. Venezuela, que había tenido unos ingresos petroleros en 1980 cercano a los 20 mil millones de dólares, vió encogerse los mismos a 7.500 millones de dólares en 1986. El efecto sobre las finanzas de los países OPEP fue tan grande que hubo necesidad darle un golpe de timón a la estrategia. El cambio fue significativo. La OPEP se decidió a recuperar lo que había perdido del mercado y participar del crecimiento del mismo. Para lograr el objetivo la estrategia fue colocar volúmenes crecientes en el mercado a precios competitivos, pero manteniendo una cierta disciplina mediante el establecimiento de techos de producción y cuotas individuales por países, ajustables hacía arriba de manera gradual.

Hasta ahora la estrategia ha dado buenos resultados. La OPEP ha aumentado su producción de 15,5 millones de barriles por día en 1985, a alrededor de 25 millones de barriles por día en 1996. Para lograr esto, el petróleo de la OPEP ha debido mantenerse competitivo frente al West Texas Intermediate en el mercado norteamericano, al Brent en el mercado europeo y al Dubai en el Lejano Oriente. Aun así los precios han mejorado. Ello no hubiera sido posible sin que la OPEP tuviese una política de precios, aunque la demanda hubiese mejorado, como en efecto ha ocurrido.

El mercado ha ido creciendo entre 1-2% anual en el transcurso de los últimos años. La OPEP ha decidido y ha logrado, participar en ese crecimiento de una forma ordenada. Algunos pensarán que hay países en la Organización que violan las cuotas de producción y están en lo cierto. Esto siempre ha ocurrido desde el inicio mismo del sistema de cuotas en los años ochenta. Pero aun así, las violaciones son, en términos relativos, de poca monta y no han dislocado el mercado. Este es un punto fundamental a favor de la OPEP. Si no existiera la Organización y cada país se fuera a la libre produciendo a capacidad máxima, no hay duda que los precios colapsarían afectando a todos los productores de petróleo. La OPEP actúa como un agente regulador del mercado.

Por otra parte, ha sido un logro de la Organización el venir desarrollando con éxito una estrategia que ha permitido ir aumentando la producción a unos precios remunerativos para su petróleo. Los intereses de nuestro país se insertan convenientemente en esta estrategia.

De acuerdo con los mejores pronósticos, el mercado deberá crecer alrededor de 2% por año durante los próximos años. Esto quiere decir que la demanda mundial deberá situarse entre 75-85 millones de barriles por día para mediados de la próxima década. De ser esto cierto, la OPEP podrá participar entre 35-45 millones de barriles por día de ese volumen.

De mantenerse para esos tiempos el sistema de cuotas, y Venezuela mantener su actual proporción de aproximadamente 10% del techo, el nivel de nuestro país seria entre 3,5-4,5 millones de barriles por día lo cual le permitiría suficiente espacio para acomodar la producción que se espera obtener con todos los frentes de la apertura petrolera, es decir, la reactivación de campos inactivos, las asociaciones estratégicas de la Faja Petrolífera del Orinoco y los volúmenes provenientes de las áreas recientemente negociadas bajo el esquema de ganancias compartidas.

Existe otro aspecto que es necesario tomar en cuenta. Se trata de la propia situación de los niveles de reservas de los países miembros. En tal sentido y de acuerdo a la magnitud de las reservas de petróleo, existen dos grupos con intereses estratégicos a largo plazo enteramente diferentes.

El primer grupo integrado por Arabia Saudita, con 250 mil millones de barriles; Irán, Irak, Kuwait y los Emiratos Arabes Unidos, con reserva de alrededor de 90 mil millones de barriles cada uno; y Venezuela con 66 mil millones de barriles de petróleo de reservas de petróleo convencional más 270 mil millones de reserva recuperables de petróleo extra-pesado de la Faja Petrolífera del Orinoco.

El segundo grupo estaría integrado por el resto de los países miembros de la OPEP, aunque entre ellos los niveles de reserva son bastante disímiles, todos están por debajo de los 20 mil millones de barriles.

En el primer grupo debería existir coincidencia plena en cuanto a la estrategia a largo plazo. A todos les conviene extender al máximo posible el horizonte de utilización del petróleo como fuente energética, fundamentalmente en razón de las abultadas reservas que poseen. De allí que la estrategia debe basarse en garantía y confiabilidad de suministro, colocación de volúmenes crecientes de petróleo en el mercado y precios remuneradores pero esencialmente competitivos, frente a otros productores y frente a fuentes alternas de energía. Lamentablemente esto que luce sencillo, no lo es en la práctica. Los intereses políticos distintos y las conflictividades entre los países del área del Golfo hace que existan circunstancias de naturaleza inmediata que constituyen un obstáculo real para un entendimiento que resultaría realmente provechoso para todos.

Aún reconociendo estas circunstancias, que lucen inconveniente a nuestros intereses, habría qué analizar que beneficios nos traería abandonar la Organización en estos momentos. Lo primero que habría que preguntarse es qué tipo de inconvenientes, en el desarrollo de nuestros planes y en la política de producción, tenemos como miembros de la OPEP. Venezuela ha venido produciendo a niveles importantes sin que la OPEP haya sido un obstáculo para ello. Si la demanda continúa creciendo, nuestro país podría ir aumentando la producción proveniente de los planes de expansión. Si, llegado el caso, el potencial de producción alcanza niveles importantes y las políticas de la OPEP nos impiden producir de acuerdo a nuestros intereses, habría que analizar entonces si nos conviene o no continuar como miembro de la Organización. En todo caso no parece conveniente a nuestros intereses, ni tampoco prudente, estar debatiendo estos asuntos de manera permanente, o en forma cíclica como ha venido ocurriendo en años recientes. No debemos olvidar que por naturaleza democrática de nuestro sistema, Venezuela es el único país de la OPEP donde estos asuntos se ventilan abiertamente. Eso no es malo "per se", pero debemos comprender y aceptar que existen razones de conveniencia de Estado que desaconsejan discutir temas, tal como los niveles de producción, de una manera abierta cuando las circunstancias no lo permiten.

En los actuales momentos estamos convencidos que una retirada de Venezuela de la OPEP seria inconveniente a nuestros intereses. El caso de nuestro país no es el de un productor marginal de poca importancia en los mercados internacionales. Se trata del país que posee las reservas de petróleo más importantes del hemisferio occidental y quizás las mayores que existen fuera del área del Golfo Pérsico. Una retirada de Venezuela sería un serio golpe para la OPEP, para los países petroleros en general y para nuestro propio país. Sobrevendría el desorden y la anarquía en el mercado y los precios sin duda que colapsarían afectando seriamente los ingresos tan necesarios en estos tiempos de mengua.

Hemos aprendido a convivir en la OPEP con países de historia, costumbre, religión e intereses políticos distintos a los nuestros. El balance de esa convivencia ha sido positivo y conveniente a nuestros intereses.

De lo que se trata entonces es de ser prácticos y racionales y colocar en la balanza los pro y los contra que significan para Venezuela ser miembro de la OPEP. Es decir, en resumidas cuentas, un análisis de costo-beneficio. Si los beneficios son mayores que los inconvenientes debemos permanecer en la OPEP. Llegado el momento en que sean mayores los inconvenientes, entonces si deberíamos pensar seriamente en abandonar la Organización. Habría que esperar para ver, analizar y decidir.

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