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Revista Electrónica Bilingue       Nº 7     Septiembre 1996

Ideas para un nuevo tipo de partido
Diego Bautista Urbaneja
Torres Plaz y Arraujo

Arroba Digital Marketing
No las tiene todas consigo, el partido político. Si bien todo el mundo reconoce, ritualmente, que "son pilares fundamentales de la democracia", son cada vez menos los que hablan de ellos con verdadera estima y cada vez más los que se preguntan y los que exploran las posiblidades teóricas y prácticas de organizar de otro modo la actividad política y la competencia por el poder. Al parecer, se trata de un fenómeno universal. Pero quien esto escribe controla mejor los términos de referencia que ese tema tiene en el caso venezolano, que le servirá de telón de fondo y de punto de referencia para las consideraciones que siguen

Son estas un primer esbozo, una aproximación inicial a un tema que espero poder seguir desarrollando en próximas entregas. Aproximación inicial muy calcada, por cierto, de las propuestas organizativas que han inspirado el diseño estatutario de la nueva organización política con cuyo desarrollo estoy personalmente comprometido, Factor Democrático .

El partido como concepto vigente.
Para desarrollar nuestras ideas de cómo puede ser el partido político de los tiempos que vienen y, sobre todo, de la Venezuela que viene, damos a la palabra un significado muy amplio y genérico. Aquel que se puede decir que ha conservado a lo largo de la extensa historia que y tiene tras de si esa palabra. Entendemos por partido político una organización que agrupa hombres con ideas comunes sobre cómo debe ser una sociedad y que quieren acceder al poder del Estado para hacer realidad esa idea de las cosas, es una organización que tiene como otro de sus fines competir por el ejercicio directo de ese poder político.

Entendido así, el partido político es una realidad institucional que aun no ha agotado el campo de su validez. No es posible decir que no lo hará algún día, para dar paso a otros ejes de competencia y distribución del poder. Pero por ahora, la obsoleciencia aparente que la aqueja, expresa, por una parte, la obsolecencia de las formas organizativas que adoptó en una etapa de su evolución y de los esquemas ideológicos que organizaron su visión de la sociedad, y por otra parte, expresa el enviciamiento de las prácticas reales y el deterioro de los niveles éticos que aquella obsolecencia fundamental trajo consigo.

Siendo real esa obsolecencia organizativa e ideológica, no hay que hablar de nuevos partidos, sino de nuevos tipos de partido, radicalmente diferentes al tipo de partido que hemos tenido en Venezuela en los últimos treinta años.

La puesta al día de la idea los partidos políticos, la redefinición de que deben ser objeto su concepto, para dar lugar a nuevos partidos capaces de canalizar las energías políticas de la sociedad emergente, ha de estar referida entonces a esas dos líneas de referencia: la ideológica y la organizativa.

Por un ideario flexible
Por el lado ideológico, se plantea la necesidad de una gran flexibilidad. No parece posible organizar una ideología política en torno a un exclusivo enfoque explicativo de la vida social, ni siquiera en torno a una adaptación pragmática de él a las realidades domésticas. Pasaron, por ahora, los tiempos de las grandes ideologías. Se trata entonces, más que de expresar una ideología, una precisa visión de cómo funciona la vida social, de proponer un ideario . Es decir un conjunto de metas que, en lo económico, lo social, lo político y lo cultural, expresen los que son los vectores dinámicos de la sociedad concreta de que se trate, en nuestro caso la venezolana. Estas metas, a su vez, admiten diferentes grados de flexibilidad y abstracción en su formulación. Puede decirse, por ejemplo, que se quiere una sociedad económicamente productiva y, un escalón más abajo, que se quiere marchar hacia una economía de mercado, como mejor forma de alcanzar la meta más general.

Segundo, amolden esos vectores a los que en el momento dado se admiten ser las formas más fructíferas que deben asumir, de acuerdo al estado del conocimiento en el campo en cuestión, por su parte siempre en ebullición.

Tercero, esto mismo sometido al meta-principio de la permanente apertura al debate y a la crítica, según vaya siendo el avance del conocimiento, y jugando en esto con la variedad de escalones e instrumentos a través de los cuales se formula el ideario. Los avatares de la teoría económica pueden desbancar de su preeminencia actual, determinado instrumento de política económica, que habría sido adoptado como parte del ideario, en sus niveles más instrumentales. En ese caso, eso habría que revisarlo y debería ser revisable en nombre de las metas de mayor nivel, sin perderse por ello la coherencia en el nivel de las ideas.

Tres reformulaciones organizativas.
La reformulación organizativa de la idea del partido pasa por tres ejes de cambio: la relación del individuo con la organización, la relación de la organización político-partidista con el resto de las organizaciones sociales y la descentralización.

En cuanto a lo primero, se trata de diseñar una organización partidista donde el individuo mantenga sus derechos ciudadanos ante la organización. Sus derechos de pensar, de expresarse públicamente, de tener garantizada su defensa ante eventuales procedimientos disciplinarios, de estar permanentemente informado de lo que acontece y de lo que se piensa en el resto del partido. Reemplazo de las ideas de la línea de partido, del tribunal disciplinario, de los flujos verticales o piramidales de información, por los de posibilidad de la disidencia pública, del arbitraje, de las conexiones internas en red, como parámetros hacia los que se tiende.

También es necesario reformular las relaciones del nuevo tipo de partido con el resto de la sociedad, en especial contra aquellas manifestaciones asociativas que se engloban bajo el concepto un tanto vaporoso de sociedad civil, compuesta por el universo de organizaciones que agrupan a individuos para la consecución de algún fin, interés, actividad, excluido los de obtener el poder político. En un nuevo del principio que allí debe regir, la idea es que el partido no se conciba según una relación de control y superioridad sobre las otras organizaciones sociales, sino como una pieza - la pieza política - dentro de una corriente de renovación que es expresa de otras muchas formas en otras esferas de la vida social, precisamente a través de organizaciones como muchas de las que constituyen la sociedad civil. La relación con respecto a ellas ha de ser entonces de igualdad; respeto a la autonomía del otro en lo que se refiere a la consecución de sus objetivos propios; confianza mutua en que todos están buscando el mismo tipo de sociedad a través de formas diversas de acción; coordinación, en el entendido de que forman parte de un equipo.

Por último, el nuevo tipo de partido político debe estar engranado con la onda de descentralización en marcha. Esto se expresa por ahora con el de federalismo, tal vez demasiado tributario de una conceptualización política clásica, pero que aun no ha encontrado un sustituto exitoso. La idea es la de tejer una red de organizaciones estadales y municipales con alto grado de autonomía, unidas por unideano en común de nivel nacional, del cual son intérpretes y aplicadores al respectivo nivel regional. La autonomia se refiere a la selección de liderazgos, a las propuestas programáticas de nivel estadal y municipal, a las estrategias financieras, en el entendido de que están enmarcadas por unos principios y reglas plasmados en el ideario público de la organización - Hacia Otra Venezuela. en el caso de Factor Democrático- y en los estatutos. Además de la comunión de ideas y principios, el tejido y el funcionamento de esta red tiene que estar asentado, para no deshilacharse, en una comunicación permanente y rápida de los nudos entre sí, sobre la base de una infraestructura informática adecuada para ello. Tratándose de una innovación de primer orden de tecnologia político-partidista conocida, la experimentación, el tanteo, el ensayo y el error, son en esto indispensables para dar con el punto de equilibrio de los valores autonomia, descentralización, eficacia, y unidad.

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