No las tiene todas consigo, el partido político. Si bien
todo el mundo reconoce, ritualmente, que "son pilares fundamentales
de la democracia", son cada vez menos los que hablan de ellos
con verdadera estima y cada vez más los que se preguntan
y los que exploran las posiblidades teóricas y prácticas
de organizar de otro modo la actividad política y la competencia
por el poder. Al parecer, se trata de un fenómeno universal.
Pero quien esto escribe controla mejor los términos de
referencia que ese tema tiene en el caso venezolano, que le servirá
de telón de fondo y de punto de referencia para las consideraciones
que siguen
Son estas un primer esbozo, una aproximación inicial a
un tema que espero poder seguir desarrollando en próximas
entregas. Aproximación inicial muy calcada, por cierto,
de las propuestas organizativas que han inspirado el diseño
estatutario de la nueva organización política con
cuyo desarrollo estoy personalmente comprometido, Factor Democrático
.
El partido como concepto vigente.
Para desarrollar nuestras ideas de cómo puede ser el
partido político de los tiempos que vienen y, sobre todo,
de la Venezuela que viene, damos a la palabra un significado muy
amplio y genérico. Aquel que se puede decir que ha conservado
a lo largo de la extensa historia que y tiene tras de si esa palabra.
Entendemos por partido político una organización
que agrupa hombres con ideas comunes sobre cómo debe ser
una sociedad y que quieren acceder al poder del Estado para hacer
realidad esa idea de las cosas, es una organización que
tiene como otro de sus fines competir por el ejercicio directo
de ese poder político.
Entendido así, el partido político es una realidad
institucional que aun no ha agotado el campo de su validez. No
es posible decir que no lo hará algún día,
para dar paso a otros ejes de competencia y distribución
del poder. Pero por ahora, la obsoleciencia aparente que la aqueja,
expresa, por una parte, la obsolecencia de las formas organizativas
que adoptó en una etapa de su evolución y de los
esquemas ideológicos que organizaron su visión de
la sociedad, y por otra parte, expresa el enviciamiento de las
prácticas reales y el deterioro de los niveles éticos
que aquella obsolecencia fundamental trajo consigo.
Siendo real esa obsolecencia organizativa e ideológica,
no hay que hablar de nuevos partidos, sino de nuevos tipos de
partido, radicalmente diferentes al tipo de partido que hemos
tenido en Venezuela en los últimos treinta años.
La puesta al día de la idea los partidos políticos,
la redefinición de que deben ser objeto su concepto, para
dar lugar a nuevos partidos capaces de canalizar las energías
políticas de la sociedad emergente, ha de estar referida
entonces a esas dos líneas de referencia: la ideológica
y la organizativa.
Por un ideario flexible
Por el lado ideológico, se plantea la necesidad de
una gran flexibilidad. No parece posible organizar una ideología
política en torno a un exclusivo enfoque explicativo de
la vida social, ni siquiera en torno a una adaptación pragmática
de él a las realidades domésticas. Pasaron, por
ahora, los tiempos de las grandes ideologías. Se trata
entonces, más que de expresar una ideología, una
precisa visión de cómo funciona la vida social,
de proponer un ideario . Es decir un conjunto de metas que, en
lo económico, lo social, lo político y lo cultural,
expresen los que son los vectores dinámicos de la sociedad
concreta de que se trate, en nuestro caso la venezolana. Estas
metas, a su vez, admiten diferentes grados de flexibilidad y abstracción
en su formulación. Puede decirse, por ejemplo, que se quiere
una sociedad económicamente productiva y, un escalón
más abajo, que se quiere marchar hacia una economía
de mercado, como mejor forma de alcanzar la meta más general.
Segundo, amolden esos vectores a los que en el momento dado se
admiten ser las formas más fructíferas que deben
asumir, de acuerdo al estado del conocimiento en el campo en cuestión,
por su parte siempre en ebullición.
Tercero, esto mismo sometido al meta-principio de la permanente
apertura al debate y a la crítica, según vaya siendo
el avance del conocimiento, y jugando en esto con la variedad
de escalones e instrumentos a través de los cuales se formula
el ideario. Los avatares de la teoría económica
pueden desbancar de su preeminencia actual, determinado instrumento
de política económica, que habría sido adoptado
como parte del ideario, en sus niveles más instrumentales.
En ese caso, eso habría que revisarlo y debería
ser revisable en nombre de las metas de mayor nivel, sin perderse
por ello la coherencia en el nivel de las ideas.
Tres reformulaciones organizativas.
La reformulación organizativa de la idea del partido
pasa por tres ejes de cambio: la relación del individuo
con la organización, la relación de la organización
político-partidista con el resto de las organizaciones
sociales y la descentralización.
En cuanto a lo primero, se trata de diseñar una organización
partidista donde el individuo mantenga sus derechos ciudadanos
ante la organización. Sus derechos de pensar, de expresarse
públicamente, de tener garantizada su defensa ante eventuales
procedimientos disciplinarios, de estar permanentemente informado
de lo que acontece y de lo que se piensa en el resto del partido.
Reemplazo de las ideas de la línea de partido, del tribunal
disciplinario, de los flujos verticales o piramidales de información,
por los de posibilidad de la disidencia pública, del arbitraje,
de las conexiones internas en red, como parámetros hacia
los que se tiende.
También es necesario reformular las relaciones del nuevo
tipo de partido con el resto de la sociedad, en especial contra
aquellas manifestaciones asociativas que se engloban bajo el concepto
un tanto vaporoso de sociedad civil, compuesta por el universo
de organizaciones que agrupan a individuos para la consecución
de algún fin, interés, actividad, excluido los de
obtener el poder político. En un nuevo del principio que
allí debe regir, la idea es que el partido no se conciba
según una relación de control y superioridad sobre
las otras organizaciones sociales, sino como una pieza - la pieza
política - dentro de una corriente de renovación
que es expresa de otras muchas formas en otras esferas de la vida
social, precisamente a través de organizaciones como muchas
de las que constituyen la sociedad civil. La relación con
respecto a ellas ha de ser entonces de igualdad; respeto a la
autonomía del otro en lo que se refiere a la consecución
de sus objetivos propios; confianza mutua en que todos están
buscando el mismo tipo de sociedad a través de formas diversas
de acción; coordinación, en el entendido de que
forman parte de un equipo.
Por último, el nuevo tipo de partido político debe
estar engranado con la onda de descentralización en marcha.
Esto se expresa por ahora con el de federalismo, tal vez demasiado
tributario de una conceptualización política clásica,
pero que aun no ha encontrado un sustituto exitoso. La idea es
la de tejer una red de organizaciones estadales y municipales
con alto grado de autonomía, unidas por unideano en común
de nivel nacional, del cual son intérpretes y aplicadores
al respectivo nivel regional. La autonomia se refiere a la selección
de liderazgos, a las propuestas programáticas de nivel
estadal y municipal, a las estrategias financieras, en el entendido
de que están enmarcadas por unos principios y reglas plasmados
en el ideario público de la organización - Hacia
Otra Venezuela. en el caso de Factor Democrático-
y en los estatutos. Además de la comunión de ideas
y principios, el tejido y el funcionamento de esta red tiene que
estar asentado, para no deshilacharse, en una comunicación
permanente y rápida de los nudos entre sí, sobre
la base de una infraestructura informática adecuada para
ello. Tratándose de una innovación de primer orden
de tecnologia político-partidista conocida, la experimentación,
el tanteo, el ensayo y el error, son en esto indispensables para
dar con el punto de equilibrio de los valores autonomia, descentralización,
eficacia, y unidad.