...si los gerentes y trabajadores públicos no toman la
iniciativa para "arreglar el sistema", es posible que
[ciertas] transformaciones arrasadoras les serán impuestas
por una ciudadanía cada vez más hostil y frustrada
por lo que percibe como la falta de capacidad de respuesta y eficacia
del gobierno. El resultado bien podría ser una serie de
cambios en el gobierno impulsados más por la política
del rechazo que por un deseo de lograr la excelencia ..."1
Huelga decir que, ahora más que nunca, el gobierno venezolano
debe responder al reto de la reforma del sector público:
sus males seculares -- calidad deficiente, procedimientos engorrosos
y empleados hostiles -- se ven agravados hoy por la crisis presupuestaria,
el cuasi colapso de muchos servicios, y, a la vez, un público
cada vez más exigente y dispuesto a reclamar, todo lo cual
contribuye a la crisis de legitimidad del sistema. Aunque, impulsada
también por el reto de la competividad, la reforma de la
administración pública está en la agenda
de virtualmente todos los gobiernos en el mundo, nadie discutiría
la envergadura y la urgencia del problema en Venezuela.
En este contexto de búsqueda de soluciones, la "desestatificación"
(o outsourcing), es decir, la contratación con empresas
privadas de la prestación de determinados servicios o del
cumplimiento de funciones para el sector público, está
atrayendo la atención cada vez más entusiasta de
los medios de comunicación y de las autoridades. Aunque
en Venezuela, como en muchos otros países, tanto el gobierno
nacional como los municipios han utilizado (y abusado de) la contratación
con el sector privado desde hace décadas, la desestatificación
cobra interés no sólo porque se trata de una tendencia
mundial, sino también porque abarca actividades anteriormente
reservadas a la administración pública -- tales
como el cobro de los impuestos sobre la renta o la investigación
preliminar de los candidatos para determinados empleos públicos
en los Estados Unidos2 -- y porque está asumiendo
formas novedosas. Así, por ejemplo, los accionistas y empleados
de US Investigative Services, Inc., la empresa contratada por
la Oficina de Gerencia de Personal del gobierno norteamericano
para realizar las investigaciones, son los antiguos empleados
de esa misma dependencia del Estado; se prevé que el nuevo
sistema podrá arrojar un ahorro de hasta $25 millones para
el erario público en el próximo quinquenio.
Los venezolanos no serán suizos y ni siquiera norteamericanos,
pero están comenzando a desarrollar iniciativas análogas
y todavía más sorprendentes dado el pesimismo característico
de la coyuntura nacional. Entre ellas descuellan los casos de
los hospitales públicos que, como el Hospital de Niños
y el Algodonal, han contratado los servicios de aseo, lavandería
y nutrición con microempresas constituidas por sus antiguos
empleados. Pese a las dudas por parte de éstos y la oposición
inicial de los sindicatos, los resultados en productividad y otros
costos de operación son asombrosos. Bajo el nuevo sistema,
72 personas pueden realizar el trabajo que anteriormente hacían
208; se ha logrado reducir las erogaciones por concepto de insumos
a tal punto que, por ejemplo, el detergente antiguamente necesario
para lavar 10 kg. de ropa ahora alcanza para 90 kg.
No es extraño, por ende, que haya tanto entusiasmo con
la desestatificación. Sin embargo, el reconocimiento de
tales logros no debe conducir a la conclusión que esta
opción es la tabla de salvación, primero, porque
habría que ver (investigar, analizar, discutir) cuáles
funciones y actividades del sector público son susceptibles
a la contratación con particulares y cuáles deben
ser reservadas para el Estado debido a su naturaleza, a las condiciones
locales imperantes o sus costos humanos y sociales; también
porque cualquier tabla única de salvación está
destinada a fracasar si se le carga más peso de lo que
es capaz de aguantar y finalmente porque, por suerte, existe la
posibilidad de inventar otras alternativas.
Algunas de las innovaciones más interesantes a nivel mundial
han sido el producto de la participación de los trabajadores
del sector público en el rediseño de sus instituciones,
procedimientos y tareas a fin de aumentar la calidad de sus servicios
y productos, la productividad del trabajo y la eficiencia en términos
de costos. Del involucramiento de los empleados y obreros, a menudo
de los que tienen contacto con el público y conocen sus
quejas, han surgido reformas para agilizar los trámites,
para aumentar la capacidad de respuesta de la dependencia y, en
general, para aumentar la satisfacción ciudadana con el
funcionamiento de los servicios públicos. Pero la participación
y la concomitante delegación significativa de responsabilidades
también ha resultado en aumentos de productividad e importantes
ahorros para el Estado. Así, en un caso, la creación
de cuadrillas fitosanitarias autodirigidas eliminó la necesidad
de emplear supervisores y permitió una planificación
más racional de su tiempo, a la vez que permitía
dar respuesta inmediata a las solicitudes de los vecinos.
Las experiencias con la participación de los trabajadores
tienden a confirmar el supuesto que, contrario a los estereotipos,
el sector público cuenta con empleados y obreros con experiencia
y formación posiblemente superiores al promedio de la fuerza
de trabajo nacional, cuyos conocimientos y capacidades han sido
subutilizados. Tienden a verificar en el sector público
la regla de 85-15 que W. Edwards Deming, el "gurú"
de la gerencia de calidad total, predicó con éxito
en el sector privado: que sólo 15% de los problemas de
productividad son atribuibles a los trabajadores; los 85% restantes
dependen del sistema el cual es la responsabilidad de la gerencia.
De hecho, las experiencias exitosas se apoyan en un cambio de
las concepciones de gerencia y de las relaciones obrero-patronales.
Por una parte, se trata de aplicar los principios básicos
de la gerencia de calidad total al sector público que,
como el sector privado, debe tener el propósito constante
de mejorar sus productos y servicios a fin de satisfacer a sus
clientes que, en este caso, son los ciudadanos.3 Si
se acepta el supuesto que todos pueden hacer aportes cruciales
para el funcionamiento de la organización, es preciso involucrar
a los empleados y trabajadores en todos los esfuerzos de mejora
y respetar sus opiniones e intereses. Semejante supuesto necesariamente
conlleva la modificación de las concepciones de gerencia,
diseño y procedimientos organizacionales, dejando finalmente
de lado la "gerencia científica" tayloriana que
ha sido particularmente arraigada en las instituciones burocráticas,
para pasar a organigramas, procedimientos y comunicaciones más
horizontales y flexibles. Conduce, así mismo, a una redefinición
de las relaciones individuales y colectivas entre la gerencia
y los trabajadores, yendo desde la formación de ambas partes
para la negociación integrativa y el diseño de procedimientos
alternativos para la resolución de conflictos hasta las
asociaciones explícitas entre gerencia y sindicatos a fin
de mejorar la calidad, la productividad y la eficiencia y, a la
vez, velar por el bienestar e inclusive la seguridad laboral de
sus afiliados.
Sea por convencimiento, sea por el desprestigio y asedio que experimentan
los trabajadores del sector público, sea por las presiones
que ejercen los recortes presupuestarios y las amenazas de desestatificación
y despidos, tales concepciones se están difundiendo y están
produciendo resultados dignos de ser tomados en cuenta. En efecto,
más allá de las mejoras ya nombradas, están
capacitando al sector público para competir con el sector
privado: en las investigaciones realizadas en los Estados Unidos
por el Grupo de Trabajo encargado de estudiar "la excelencia
en los gobiernos estatales y locales a través de la cooperación
obrero-patronal" y por la Federación Cívica
de Chicago se encuentran cada vez más casos de licitaciones
que fueron ganadas por los empleados públicos que competían
en buena lid con empresas privadas.4 No solamente están
evitando la desestatificación, ofreciendo más por
menos que sus competidores, sino que inclusive han logrado "re-estatificar"
algunas funciones que venían siendo contratadas con el
sector privado, mostrando que la cooperación entre gerentes
públicos y sindicatos puede dar lugar a insourcing.
En vista de estos hallazgos, el grupo de trabajo concluyó
que "la incidencia y sencillez de la contratación
externa no es tan importante, ni está experimentando tanto
auge como se le atribuye en el debate popular. Dada una asociación
cooperativa en el lugar de trabajo, para la mayoría de
los servicios básicos, las reformas que surgen a raíz
de la participación de los empleados usualmente producen
resultados iguales o superiores en términos de calidad
y costos que la contratación externa."
Uno de los múltiples casos reseñados en este informe
es particularmente llamativo. Se trata el de un alcalde que había
basado su campaña en la desestatificación pero que
luego desarrolló una estrategia de participación,
cooperación y licitación, con excelentes resultados
en términos de calidad y costo, a pesar de que no sólo
ofrecía compensación a los empleados por los ahorros
realizados sino también la garantía de que los aumentos
en productividad y las pérdidas de las licitaciones no
resultarían en despidos. Al explicar su viraje después
de asumir su cargo, relata que pronto se dio cuenta de que todo
monopolio, público o privado, perjudica la calidad de los
servicios pero que, además, había quedado cada vez
más impresionado por la capacidad, que anteriormente subestimaba,
que tenían los empleados públicos para desempeñarse
mejor si el sistema se lo permitía.
Hace algunos años en un seminario del Instituto de Estudios
Políticos, el Padre Luis Ugalde también declaró
que él estaba a favor de la privatización -- siempre
y cuando por privatización se entendiera el asumir y tratar
lo público como si fuera privado, es decir, con la misma
preocupación que se tiene por lo propio. La participación
de los trabajadores, más que las exhortaciones y los slogans,
parece ser la vía para lograr ese tipo de privatización
en el sector público, amen de contribuir a su desarrollo
como individuos y como ciudadanos.5
Con esto no pretendo subestimar las dificultades que plantean
la participación y la colaboración para los gerentes
públicos, para los empleados y obreros y para los sindicatos,
todos los cuales deben enfrentar los retos relacionados con el
aprendizaje, el poder e inclusive la propia identidad. Tampoco
pretendo insinuar que ésta sí es la tabla de salvación:
los problemas del sector público venezolano son muchos
y su abordaje requiere la experimentación con múltiples
enfoques. Lo que sí pretendo sugerir es que, además
de la desestatificación, la ejecución delegada en
las ONG, la privatización y la reestructuración
desde arriba, la vía de la participación y la colaboración
amerita la seria consideración por parte los reformadores,
los gerentes públicos y los trabajadores. Desde esta perspectiva,
la Aunque la instrumentación de programas comprehensivos
de participación en los lugares de trabajo puede ser una
tarea larga y ardua, crisis de las instituciones del gobierno
central y las nuevas competencias de los gobiernos regionales
y municipales ofrecen excelentes laboratorios para la experimentación
y la innovación.
Coda: La simplificación administrativa
La simplificación administrativa anunciada para las próximas
semanas podría brindar una excelente oportunidad para incorporar
a los empleados públicos y aprovechar los conocimientos
e ideas que indudablemente tienen sobre las trabas administrativas
y las maneras como se podrían corregir. Aunque la instrumentación
de programas de participación puede ser una tarea ardua,
bien valdría la pena. Existen, por lo demás, experiencias
exitosas menos exigentes, como, por ejemplo la apertura de lapsos
de "torbellinos de ideas" durante los cuales se solicitan
las sugerencias de los trabajadores, inclusive incentivándolos
con premios.
La simplificación administrativa también brinda
la oportunidad para involucrar a los ciudadanos que en definitiva
son los usuarios y víctimas de los engorrosos procedimientos
administrativos. Además de encuestas de opinión
pública, buzones de sugerencias y grupos focales, hay ensayos
como el peruano donde se abrieron canales para que los particulares
y las organizaciones de la sociedad civil elaboraran propuestas
de normas simplificadoras y participaran "en la revisión
de las normas administrativas elaboradas por las entidades públicas,
para evitar que en el futuro se produzcan nuevas regulaciones
excesivas."6
Independientemente de cuales sean los procedimientos que se elijan
o inventen para llevar a cabo la simplificación administrativa
en Venezuela, dada la importancia que ésta tiene para los
empleados públicos y los ciudadanos, su participación
en el proceso parece indispensable.
- Task Force on Excellence in State and Local Government through
Labor-Management Cooperation, Working Together for Public Service,
http://www.ilr.cornell.edu/library/ e_archive/LaborExcellence/.
- Véase Margaret Milner Richardson, "Effective Partnering
for the Future", Forum, 30, Spring/Summer 1996, 21 y "OPM
Privatizes Investigators", The Public Innovator, 51, April
25, 1996, 3.
- Tal como lo propusieron y documentaron David Osborne y Ted
Gaebler en La Reinvención del Gobierno: la influencia del
espíritu empresarial en el sector público, Barcelona:
Ediciones Paidos, 1994 (Reinventing Government: How the Entrepreneurial
Spirit is Transforming the Public Sector, Reading, Md.:Addison-Wesley,
1992), el best-seller que ha ejercido una enorme influencia en
las propuestas de reforma del sector público, sobre todo
en los Estados Unidos, y ha provocado un rico debate entre los
estudiosos de la administración pública.
- Véase la nota 1 y The Chicago Civic Federation, From
Privatización to Innovation, citado en The Public Innovaator,
53, May 30, 1996.
- Un enfoque que privilegia este aspecto de la democracia en
los lugares de trabajo se encuentra en Mark Warren, "Can
Participatory Democracy Produce Better Selves? Psychological Dimensions
of Habermas' Discursive Model of Democracy", Political Psychology,
14, 2, June 1993, 209-234. Fernando Gueiherme Tenório,
"¿Contiene dialicidad la calidad? Un análisis
crítico de la calidad total", Reforma y Democracia,
6, Julio 1996, 185-206, ofrece una visión más escéptica.
- Nuria Cunill, Participación Ciudadana, Caracas: Centro
Latinoamericano de Administración para el Desarrollo, 1991,
83.