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Revista Electrónica Bilingue       Nº 7     Septiembre 1996
Esta Semana
Los radares, otra vez


Es difícil imaginar lo que ha venido ocurriendo en el Ministerio de Transporte y Comunicaciones con los radares. Una guerra de intereses privados se ha movido con tanto éxito que el Ministro Moisés Orozco Graterol, (a quien se le reconoce haber puesto a funcionar un ministerio clave en el funcionamiento del país, después de la tortuosa (in) experiencia del Ing. Ciro Zaa), acaba de anular la licitación que le otorgaba el contrato al consorcio hispano-norteamericano Siglo XXI. La buena pro le había sido concedida al consorcio por la Comisión de Licitación Pública Internacional, por sus ofertas y por el respaldo que, en cuanto a calidad técnica, le había otorgado la Organización Civil de Aviación Internacional. Tres otros consorcios concurrieron a la licitación: el West-Cal, el Isamar-Siemens-Thomson y Alenia. La OACI le dio al Siglo XXI la máxima calificación de 91.94, comparado con 64.21, 78.19 y 71.71 de las otras competidoras.

El representante legal de Siglo XXI en Venezuela, Francisco Jorda, declaró al diario EL NACIONAL que se había enterado de la decisión negativa del MTC a través de los periódicos. Directa o indirectamente, el consorcio está respaldado por los gobiernos respectivos. La cuestión se presta para infinidad de hipótesis y afecta, naturalmente, el crédito y la confiabilidad de Venezuela. Ignoramos las razones del MTC para una decisión semejante. Pueden ser respetables y tener fundamento, pero lo que es urgente es que el Ministro hable con toda claridad y precisión y ponga sobre el tapete las razones que lo condujeron a la descalificación final.

Son en exceso conocidas las prácticas, los duelos y las guerras que se llevan a cabo entre los competidores. Parecen ser consustanciales con el mercado, y por esta razón la transparencia del MTC debe ser incuestionable. El país necesita del sistema de radares con urgencia, por razones de seguridad y de crédito internacional. Venezuela puede ver afectada su posición estratégica y las ventajas que la geografía le ha dado al situarla al Norte de la América Latina, cerca de los Estados Unidos y cerca de Europa, lugar de cruces y de enlaces. Esta guerra de los radares ha dado ya demasiado que hablar. Es de esperar que no persistan las sombras de Ciro Zaa y que el Ministro Orozco sea preciso y diligente a la hora de reiniciar el proceso. Persistirá, entre tanto, la incógnita de cómo el consorcio Siglo XXI se enteró de su mala suerte a través de los periódicos. Ojalá la prensa no tenga que desplegar sus radares para saber qué está ocurriendo y tengamos que seguir navegando a oscuras.

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