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Es difícil imaginar lo que ha venido ocurriendo en el Ministerio
de Transporte y Comunicaciones con los radares. Una guerra de
intereses privados se ha movido con tanto éxito que el
Ministro Moisés Orozco Graterol, (a quien se le reconoce
haber puesto a funcionar un ministerio clave en el funcionamiento
del país, después de la tortuosa (in) experiencia
del Ing. Ciro Zaa), acaba de anular la licitación que
le otorgaba el contrato al consorcio hispano-norteamericano Siglo
XXI. La buena pro le había sido concedida al consorcio
por la Comisión de Licitación Pública Internacional,
por sus ofertas y por el respaldo que, en cuanto a calidad técnica,
le había otorgado la Organización Civil de Aviación
Internacional. Tres otros consorcios concurrieron a la licitación:
el West-Cal, el Isamar-Siemens-Thomson y Alenia. La OACI le dio
al Siglo XXI la máxima calificación de 91.94, comparado
con 64.21, 78.19 y 71.71 de las otras competidoras.
El representante legal de Siglo XXI en Venezuela, Francisco Jorda,
declaró al diario EL NACIONAL que se había
enterado de la decisión negativa del MTC a través
de los periódicos. Directa o indirectamente, el consorcio
está respaldado por los gobiernos respectivos. La cuestión
se presta para infinidad de hipótesis y afecta, naturalmente,
el crédito y la confiabilidad de Venezuela. Ignoramos las
razones del MTC para una decisión semejante. Pueden ser
respetables y tener fundamento, pero lo que es urgente es que
el Ministro hable con toda claridad y precisión y ponga
sobre el tapete las razones que lo condujeron a la descalificación
final.
Son en exceso conocidas las prácticas, los duelos y las
guerras que se llevan a cabo entre los competidores. Parecen ser
consustanciales con el mercado, y por esta razón la transparencia
del MTC debe ser incuestionable. El país necesita del sistema
de radares con urgencia, por razones de seguridad y de crédito
internacional. Venezuela puede ver afectada su posición
estratégica y las ventajas que la geografía le ha
dado al situarla al Norte de la América Latina, cerca de
los Estados Unidos y cerca de Europa, lugar de cruces y de enlaces.
Esta guerra de los radares ha dado ya demasiado que hablar. Es
de esperar que no persistan las sombras de Ciro Zaa y que el Ministro
Orozco sea preciso y diligente a la hora de reiniciar el proceso.
Persistirá, entre tanto, la incógnita de cómo
el consorcio Siglo XXI se enteró de su mala suerte a través
de los periódicos. Ojalá la prensa no tenga que
desplegar sus radares para saber qué está ocurriendo
y tengamos que seguir navegando a oscuras.
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