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Teodoro Petkoff regresó de una importante misión
a Europa llevada a cabo con el propósito de difundir los
programas de reajuste de la economía venezolana. Más
allá de los resultados de la misión lo que distrajo
el regreso del ministro de planificación fueron las reseñas
de su viaje y los hoteles de cinco estrellas y de a 4.000 dólares
la noche, y en las vecindades de Madona, que un periódico
publicó durante su viaje. Previsivo, el ministro trajo
las facturas de los modestos hoteles donde se alojó, viajero,
como dijo "de clase turística y con descuento".
El episodio podría ser nimio si no se estuviera convirtiendo
en una constante que degrada tanto al periodismo como a la función
pública. Petkoff, impulsivo, polémico y resuelto,
promete descubrir quien es el fantasma que firmó con el
nombre de Luis Antonio Paredes.
En conclusión, Petkoff no durmió con Madona. A lo
mejor, Madona lo lamenta: quizás no se enteró que
el ministro con más glamour del Dr. Caldera andaba tan
cerca de su habitación. Interesa, en todo caso, que el
episodio no se quede en promesas, ni en meas culpas... Es preciso
darle a la información la jerarquía que requiere,
más en un país como éste donde la información
confiable es tan necesaria.
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