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El 18 de septiembre culmina el proceso político más
absurdo de los últimos tiempos. Ni los más avezados
juristas entenderán este juicio ni sus incidencias. Quedó
demostrado en este proceso que en Venezuela la justicia no es
confiable; CAP fue condenado y absuelto; declarado corrupto por
el "consejo de los notables" y absuelto de cargos de
enriquecimiento personal por la Corte; execrado por su partido
y acogido por sus bases; juzgado por administrar una partida que
nunca administró, resultando absuelto su administrador;
privado de su libertad de movimiento, pero libre de correr por
el mundo a través de la cibernética.
Se dijo ante todos que se enjuiciaba a un Presidente por actos
de corrupción, pero en definitiva se le condena por haber
ayudado, con una misión policial, a Nicaragua, detalle
de cooperación interamericana que. sirvió de pedestal
a hombres públicos de incuestionable honestidad como Arstides
Calvani.
El caso que ahora definitivamente se cierra con la ejecución
cabal de una injusta sentencia no tiene precedentes; no los tiene
porque nunca la torcedura del Derecho llegó al extremo
de su más "estricto cumplimento", según
el, "Summum ius, summa iniuria", justificando tal desafuero
con el más absurdo alegato de un Estado totalitario, desconocedor
del Derecho y consagrador de la arbitrariedad sin límites.
La razón de Estado. La ley, ante esta experiencia, queda
en el subsuelo. Se desconoció el derecho a la defensa en
el antejuicio, se destituyó a un Presidente por sospechas
y sin formal juicio político ante el Senado; jamás
se resolvió sobre la nulidad del acto que declaró
la vacante absoluta; el Fiscal, acusador y enemigo implacable
del acusado, se tuvo como parte de buena fe; los testigos a favor
del reo fueron desechados; los alegatos de la defensa ni siquiera
fueron reseñados; se hizo responsable por administrar fondos
que no los administró; se anunció previamente la
decisión de los méritos, el auto de detención
y la sentencia condenatoria y nadie
nadie
protestó,
salvo los acusados y la defensa.
El caso de los 250 millones de bolívares de la partida
secreta del Ministerio de Relaciones Interiores, cantidad equivalente
hoy al costo de tres apartamentos de la clase media, quedar para
la reseña de los casos insólitos en el Derecho.
(*) Abogado
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