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El 12 de enero de 1883 emprendió el Presbítero Doctor
José Antonio Ponte, Arzobispo de Caracas y Venezuela, una
visita pastoral del Gran Estado Carabobo. Invitó a formar
parte de su reducido séquito al entonces estudiante José
Tomás Sosa Saa, quien recibió permiso del Rector
de la Ilustre Universidad de Caracas. el invitado se desempeñó
como una suerte de cronista de la visita pastoral, de allí
que el 10 de febrero de 1883 dirigiese al Dr. Guillermo Tell Villegas
una carta que fue publicada ..."con algunas modificaciones"...,
en La Opinión Nacional, en sus ediciones del lo, 2 y 3
de marzo de 1883.
En su carta el joven cronista comentó entusiasmado que
en Guacara ..."hay que admirar el genio de una de sus hijos
que sin haber salido de allí y sin lección alguna,
ha logrado hacer de un erial un paseo en que hay mucho que admirar"...
Ante un resultado que estimó tan loable por las circunstancias
en que se produjo, el cronista hizo el siguiente comentario, muy
revelador:
..."Guacara progresa, y confirma lo que de nuestra patria
dijo el bueno y malogrado Cecilio Acosta: 'Aquí se conocen
las cosas sin libros, se escribe sin modelos y se va adelante
sin vapor: aquí hay una precocidad que adivina, un gusto
que pule, un entendimiento que abarca, y un espíritu que
vuela"'. (Recuerdos del ilustrísimo señor Arzobispo
de Caracas y Venezuela, Doctor José Antonio Ponte. Cartas
romanas, visitas pastorales, algunos discursos. Caracas, Imprenta
de "El Monitor", 1884, página 188).
No creo que pretendiese el más bien banal filósofo
social sostener con su dicho que los libros no fuesen útiles
que los estudios no fuesen necesarios y que el vapor no impulsase
"el progreso". Sin embargo, formuló una torpe
proposición, y más que esto proporcionó una
coartada, apropiada para amparar la abulia individual y social
tras un escudo de jactancioso ignorancia.
Conocer sin libros, como principio no sólo sería
ruina de libreros y desesperanza de autores. Podría ser
también consuelo, si no justificación, de administradores
para quienes las partidas dedicadas a la adquisición de
libros y revistas son, cuando menos, siempre recortables. Muy
conveniente les resultaría el acogerse a este principio
en tiempos en los cuales los venezolanos vivimos una suerte de
Edad Media, en lo concerniente a los inaccesible de los libros.
(El catálogo de obras históricas de. la librería
londinense Blackwell, para esta primavera, propone varios interesantes
títulos a precios que se extienden entre un folleto de
96 páginas, sin ilustraciones, por 4.300 bolívares,
y un libro de 288 páginas, también sin ilustraciones
por 27.500).
Escribir sin modelos podría ser, por extensión,
una norma conveniente para todo el que pretenda compensar la falta
de formación con el solo arrojo. Es decir, para: quien
no haya entendido el procesó básico de, la creatividad
y piense, erróneamente, que ésta no es la culminación
de una prolongada y más que exigente formación.
El vuelo del espíritu, puede ser el de las gallináceas,
el del águila o el del albatros. En el primer caso sería
una corta serie de ridículos saltitos, que remendarían
tristemente el vuelo intelectual de un espíritu disminuido.
En el segundo caso, el tal vuelo serviría sobre todos los
propósitos de rapiña intelectual, practicada a costa
de cualquier idea mal comprendida y peor expresada. Sólo,
en el tercer caso a la serenidad del vuelo le acompañaría
la majestad de su gran alcance, y esto requeriría poseer
un intelecto bien entrenado y mejor nutrido.
En suma, el imprudente filósofo social extendió
una buena receta para consolar una sociedad que rinda admiración
a improvisados engreídos; a autores de una obra "de
inspiración"; a pintores de un cuadro afortunado;
a políticos semianalfabetos, que opinan con desparpajo
sobre las más difíciles cuestiones; a periodistas
patentados pero no menos semianalfabetos; a empresarios sin capacidad
ni entrenamiento empresarial a profesores universitarios que no
se atreven a escribir en el pizarrón, inseguros de su ortografía;
a estudiantes universitarios para quienes leer todo un libro resulta
ser poco menos que una hazaña, etc.
Sin embargo, ¡cuán infeliz se habría sentido
Cecilio Acosta viendo cómo también en la Venezuela
de hoy su peregrina tesis nos amenaza con campear por sus fueros!
publicado en El Nacional lunes 16 de septiembre de 1996
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