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Revista Electrónica Bilingue       Nº 7     Septiembre 1996
Esta Semana
El Huevo o la gallina
Carlos Blanco


El tema de la drogadicción y el narcotráfico ha logrado convertirse, para pena del mundo actual, en uno de los elementos emblemáticos que el siglo XX le entrega como herencia al siglo venidero. La discusión sobre las causas para su incremento exponencial suele ser interminable, pero nadie duda que en su base está la presencia de un negocio riesgoso y productivo como pocos. Es el cuento de Midas, sólo que partiendo de humildes vegetales cultivados por campesinos sin destino, hojas que a poco de andar se transforman en interminables millones de dólares que crean emporios e imperios. Más tarde, como la historia enseña en demasía, la acumulación ilegal de dinero se transforma por obra de un acto jurídico, la herencia, en la próspera base de fortunas que se tienen como respetables para la siguiente generación. Nada es más amnésico que el dinero en relación a su origen más recóndito.

Lo que no llega a dilucidarse es quién tiene la culpa. Estados Unidos acusa del problema a las naciones latinoamericanas, especialmente a sus gobiernos, en las cuales se producen las drogas que penetran su territorio y devastan contingentes poblacionales crecientes. Colombia, Bolivia, Perú y los países "productores" señalan que es el mercado el que jalona la producción: si no hubiese un mercado de tales dimensiones no habría estímulo para la producción.

El debate sobre si la economía de la droga está dominado por la oferta o por la demanda suele ser del género de los inconclusos. Se pueden encontrar argumentos de pesos equivalentes para ambas posiciones, pero lo que es seguro es que los polos de oferta y demanda son alternativamente causa y efecto del otro. Lo que el economista neoclásico Juan Bautista Say afirmaba del fenómeno productivo en general ("toda oferta crea su propia demanda") puede haber estado en el nacimiento del fenómeno del comercio de las drogas, históricamente considerado. Pero eso ya no cuenta; ahora la producción estimula a la demanda y la demanda estimula a la producción, por lo tanto el combate inevitablemente tiene que hacerse en las dos puntas.

Lo que ocurre es que el tema del combate al narcotráfico y al consumo de drogas rebasó las consideraciones técnicas para adquirir los perfiles de una lucha del poder y por el poder. La CIA perdió legitimidad con la caída del mundo socialista; pero la DEA parece tener todas las credenciales del mundo para intervenir en los países de la región, porque se tiene como buena y aceptable la misión explícita que ostenta. Mientras tanto, en los países latinoamericanos que padecen en mayor medida el problema, la defensa patriótica frente a la DEA no logra ocultar la penetración hasta lo indecible del dinero corrupto en las más altas esferas de las élites de poder.

El general Barry Mc Caffrey, "zar" en la lucha contra las drogas en el gobierno norteamericano, acaba de decir que en su país en 1985 el consumo de drogas creció en más del 13 %, pero que comenzó a bajar hasta 1992 por las políticas para desestimular dicho consumo. Sin embargo, dice Mc Caffrey, desde esa fecha ha subido nuevamente y en 1995 el consumo subió el 10.9%; sobre todo en la población juvenil que va desde los 12 a los 17 años. Dice este autorizado funcionario que en Estados Unidos se ha abandonado la lucha contra el consumo, que la labor preventiva ha decaído y que la base de esta dinámica es la ausencia de comunicación entre los hijos y los padres. Señala que en este país hay 1.6 millones de personas en prisión por causa de la droga.

Esta visión de Mc Caffrey tiene la virtud de que puede permitir el colocar la discusión en otro terreno. Se trata de apuntar hacia las responsabilidades indudables que tienen los gobiernos de Estados Unidos y de Colombia, Perú, Bolivia y otros en este hemisferio en la articulación de una estrategia compartida de combate contra este insólito negocio. En la medida en que sea usado el tema de la droga para perseguir objetivos de política exterior, Estados Unidos errará el tiro; en la medida en que sea usado por gobiernos latinoamericanos para aparecer como víctimas de procesos que supuestamente los rebasan en sus propios países, se harán cómplices de la expansión de la economía de la oferta.

Tomarle la palabra a Mc Caffrey, no para jugar al "yo lo dije", puede ser útil para salir del nuevo tercermundismo al que se quiere confinar a algunos países de la región. Pepe Carrasco

Hace diez años fue otro septiembre fatídico. Un grupo atentó contra Pinochet y de seguidas se desató una feroz represión. Fueron a la casa de Pepe Carrasco, periodista, hombre cordial, del talante de los que son amigos, y se lo llevaron. Apareció con trece balazos en el cuerpo. Se indagó. Se supo que fue un funcionario de seguridad del gobierno. Pero se prohibió, desde entonces, que la prensa informara sobre el proceso. En este mes el Colegio de Periodistas de Chile indicó que si no se levanta la prohibición de todas maneras los periodistas informarán. La memoria de Pepe Carrasco lo exige.

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