El centro del problema es que necesitamos mecanismos efectivos
de resolución de conflictos entre los cuales deben estar
los alternativos, no formales o reglados . No sólo porque
el Poder Judicial está muy cuestionado, sino porque , además
del Poder Judicial, aun cuando tuviésemos el mejor del
mundo, no es el único mecanismo para resolver conflictos
humanos, sociales y políticos de derechos, intereses y
aspiraciones.
En efecto, parejo con la vía formal y ritualizada del Poder
Judicial y sus instrumentos procesales y sustantivos, han existido
en toda la historia de la humanidad diferentes caminos para resolver
controversias. De hecho, la competitividad de los EUA ha sido
recuperada, por la incorporación y desarrollo de formas
alternativas a la litigiosidad, adicionalmente a la mejora y permanente
evolución de su sistema judicial. En otras palabras, un
país será más o menos competitivo, en la
medida que ciudadanos, grupos, corporaciones y otros elementos
interactuantes encuentren vías efectivas de arreglo de
sus disputas, bien sea mediante juicios o a través de fórmulas
no convencionales.
El problema en Venezuela es que los caminos informales tradicionalmente
usados que acompañan a los mecanismos formales, han llegado
a su máximo nivel de impopularidad, que no de ineficacia,
como son la corrupción y toda sus variedades, el amiguísimo,
el compañerismo, el tráfico de influencias, el partidismo,
el nepotismo y pare de contar. Por ese plantean formas más
civilizadas de composición de problemas. Es una exigencia
de la cordura y de la globalización. No hay opción.
Si queremos ingresar en el llamado Primer Mundo, tenemos que hablar
su idioma y superar el parroquialismo de la seccional del partido
o el compadrazgo.
Pero, aun el mejor de los casos, el incremento de formas alternativas
de resolución de conflictos no puede sustituir a los mecanismos
ritualizados de canalizar las controversias. Por ello, no sólo
debe estimularse aquellos sistemas de mediación y arbitraje
, como es la llamada Justicia de Paz, sino también la reforma
de los procesos (penal y civil) y otras leyes sustantivas de gran
importancia, como son los Códigos fundamentales. A saber:
Civil, Penal y de Comercio. El esfuerzo que se haga en ese sentido,
puede ser más importante que una reforma constitucional:
estaría signado por un nuevo marco normativo, acorde con
los valores fundamentales de la Constitución de 1961, con
el cual aun estamos en mora.
Uno de esos aspectos, que considero de primordial trascendencia,
es la posibilidad inmediata de cambiar el proceso penal, para
ir desde un sistema mixto fundamentalmente inquisitivo, hacia
el enfoque acusatorio, garantista , público, oral y transparente.
Ya es hora que ingresemos a lo contemporáneo y superemos
la rémora colonial de un sistema penal que no admite la
presunción de inocencia y mantiene el secreto sumarial
como el summun del proceso.
En este sentido, la élite dirigente (políticos,
intelectuales, profesionales, empresarios, gerentes y otros) se
encuentran ante un dilema: o participa en la reforma de las instituciones
fundamentales del estado para que sirvan a la sociedad o será
arrollada por iniciativas tan emocionales como las de emergencia
judicial o la Alta Comisión de Justicia, que quieren decir
un Golpe de Estado contra el Poder Judicial y que podría
ocasionar un cambio de jueces de unos partidos por jueces de otros
grupos de presión y partidos políticos que han venido
surgiendo en un juego de "quítate tu p'a poneme yo"
.
Lo que no nos hemos atrevido a afrontar es el principio de independencia
de los jueces, de forma tal que no fueren penetrados por poderes
externos, especialmente de partido. Ni que hablar del problema
del salario (un Magistrado de la Corte Suprema de Justicia gana
menos de US$ 1000.00),lo que lo coloca a los jueces en franca
vulnerabilidad.
Entonces, ¿qué jueces queremos? : tendremos los que
merecemos. Eso depende de lo que ofrezcamos y exijamos.
Finalmente , parejo con el incremento y fomento de nuevas formas
no jurídicas de resolución de conflictos, es imprescindible
fortalecer las vías formales , como una manera de re-vitalizar,
re-legitimar y re-nacer como país.
El Derecho todavía no es deleznable. Aun cuando no niego
sus deficiencias, sigue siendo la vÌa más realista
de lograr convenciones y normas que pueden servir a todos . Lo
que se necesita es que todos entendamos esto y estemos más
vigilantes de cómo se hacen las leyes, cómo se garantizan
y como se ejecutan. Y en ello va el ciudadano. En la medida que
éste sea mejor , necesitará menos de las leyes y
de los jueces.