El Estado venezolano siempre ha tenido una concepción errónea
sobre el papel de la ciencia en la sociedad de nuestro país,
al igual que en todos los otros países latinoamericanos.
Siempre se pensó que la ciencia es algo así como
la cultura, en el sentido que toda nación civilizada debe
tener algo de ciencia, pero sin ir más allá, es
decir, sin hacerla parte de la sociedad en general, o de la economía
del país en particular. Los científicos tambien
se equivocan en su actitud de aislamiento ante la propia sociedad
que les financia sus actividades de investigación a través
de los mecanismos previstos por el Estado y el sector privado.
Igual sucede con la tecnología, la cual, hasta hace poco,
no aparecía en la agenda de la sociedad venezolana.
Estas disociaciones entre Estado y ciencia, investigadores y sociedad,
tecnología e industria, se manifiestan a través
de toda la historia contemporánea de Venezuela, especialmente
en la segunda mitad de este siglo1. Las creaciones
sucesivas del Ivnic, Ivic, la Facultad de Ciencias de la U.C.V.,
el Conicit, Instituto de Biomedicina, Idea, y el Instituto de
Ingeniería, obedecieron, en casi todos los casos, a iniciativas
individuales de un investigador en particular, de mucho prestigio,
y que tenía el favor de un Gobierno que se vería
así mismo como patrocinador de algo "importante"
como la ciencia, igual que podrían haber sido la música
o las artes plásticas. Los nombres de Humberto Fernández
Morán, Marcel Roche, Franciso De Venanzi, Raimundo Villegas,
y Jacinto Convit, entre otros, estarán indisociablemente
unidos a la mayoría de esas instituciones. Igual sucede
con Oswaldo Cruz en Brasil, Luis Leloir en Argentina o más
recientemente, Manuel Patarroyo en Colombia. No hubo, pues, una
visión del Estado sobre el desarrollo de la ciencia, cuyo
máximo ejemplo está en el célebre informe
de Vannevar Bush2 en Estados Unidos; o una iniciativa
privada colectiva como en la Alemania3 de comienzos
del siglo para usar la ciencia como motor del desarrollo económico.
En los países industrializados, tampoco es que el Estado
haya sido un gran visionario sobre el papel de la ciencia en la
sociedad, sino que por lo general estos países han tenido
un organismo de interlocución que les asesora sobre las
ventajas de la ciencia como vehículo de bienestar para
sus ciudadanos, o de dominación ante sus adversarios y
potenciales enemigos. En otros casos, esos interlocutores advierten
al Estado (especialmente al gobierno y al parlamento) sobre las
consecuencias nefastas de un débil apoyo a la ciencia,
como está ocurriendo hoy día en Inglaterra, Alemania,
y en los Estados Unidos. Esos interlocutores, que son, casi siempre,
las academias de ciencias sirven de verdaderos organismos de inteligencia
científica o tecnológica, y no de círculos
gerontológicos pasivos con poca o ninguna capacidad de
respuesta social. Es, precisamente, a las academias a quienes
han sustituído en forma individual, las personalidades
de nuestro país que hicieron posible que poco a poco hubiera
un conjunto de instituciones científicas en Venezuela.
Los investigadores nacionales, al igual que sus contrapartes latinoamericanos,
se han encerrado en sus respectivos laboratorios y su mundo se
ha limitado al campo determinado en que trabajan, con todas las
dificultades propias de los países periféricos a
los centros de excelencia. Para colmo de males, el tipo de investigaciones
que realizamos la mayoría de los latinoamericanos, nos
ha puesto en una situación altamente desigual con los colegas
de países de mayor desarrollo, pues trabajamos en temas
"calientes" o de gran popularidad, en donde, con escasas
excepciones, se hace necesario pertenecer a un círculo
exclusivo para publicar en revistas de impacto y tener citas en
la literatura especializada. No es casual, entonces, que toda
la América Latina contribuya con apenas el 1,8% del total
de las publicaciones mundiales y alcance solo una fracción
del índice de citas aceptado como estandar internacional
del mundo desarrollado4. La excepción
notable a esta regla, han sido aquellos científicos que
basaron sus investigaciones en líneas o abordajes experimentales
absolutamente originales, y que por su condición de pioneros
pudieron competir en campos prácticamente vírgenes5.
Los casos más notorios y recientes, son el de Manuel Patarroyo
en Colombia con su vacuna sintética para la malaria, única
en su tipo; y el de Julio Urbina en Venezuela con un nuevo tipo
de tratamiento contra la Enfermedad de Chagas6.
El aislamiento científico de la realidad nacional es tal,
que muchos de nuestros investigadores solo se percatan de ello
en casos de crisis severas como las que ahora sufre Venezuela.
Casi todos comienzan quejandose de la escasez de fondos para la
investigación, los subsidios o "grants", luego
siguen las revistas, los viajes para conferencias, hasta que se
dan cuenta que en realidad está haciendo falta de todo,
sueldos, comidas, viviendas, y hasta la propia seguridad personal.
Este endocentrismo lo puede ver uno en cualquiera de las conferencias
que ha habido recientemente para analizar la crisis del Ivic,
Conicit, o de las bibliotecas nacionales. Cuando les toca hablar
a los investigadores, hasta los más destacados solo preguntan
por el restablecimiento de los subsidios individuales para la
investigación, o cuales revistas de su preferencia podran
recibirse prontamente en sus respectivas bibliotecas institucionales7.
Fué, precisamente, este tema el que abordó de manera
"elíptica", el actual ministro de Planificación
de Venezuela, en su discurso para dar clausura al acto de celebración
de los XXIX años del Conicit.. El Ministro, trató
de explicar el porqué del poco apoyo del Estado a la ciencia
venezolana, y en resumen dijo más o menos lo siguiente8:
"El mundo de los noventa es distinto a todos los anteriores.
Si se recupera la economía nacional, tendremos que competir
en un mercado internacional, no protegido por un paternalismo
arancelario, de precios, y de subsidios. ¿Como hacer, entonces,
para que no nos masacren?", se preguntó, bueno, he
aquí la respuesta final de la elipsis planteada al principio
de su discurso, "la creatividad y la innovación, la
ciencia y la tecnología venezolana son parte de la salida.".
Concluyó, Petkoff, que en los países donde ha florecido
la ciencia -aparte de la guerra- siempre aquella formó
parte del desarrollo económico, así que en el futuro
cercano, "la empresa privada deberá tener un rol preponderante
en el desarrollo científico y tecnológico venezolano."
En su , el Ministro de Cordiplan lo que realmente hizo fué
una advertencia ante la actitud de los científicos y el
rol que la ciencia debe jugar en el futuro de Venezuela: o ambos
se insertan en la sociedad o seguiremos en el atascadero económico
y social que estamos viviendo ahora. ¿Cual debe ser ese papel,
y como ejecutar esa inserción social de la que adolescemos
todos los latinoamericanos? Bueno, a pesar de la complejidad del
tema en realidad no hay que inventar mucho, pues ejemplos hay,
de países más desarrollados y no tanto, del Norte
y de aquí del Sur tambien. Para empezar, es necesario plantear
una discusión intensa y profunda sobre este tema entre
los científicos venezolanos, dentro y fuera del país,
para luego extenderla al foro político especialmente al
parlamentario.
En esa discusión caben, por lo menos, dos aspectos fundamentales.
Uno, como hacer una ciencia competitiva, robusta, y que se disemine
como elemento de educación a nuestra población y,
dos, como conectarla con la industria y la aplicación por
ésta de tecnologías que son intensivas en conocimiento
e importantes para el bienestar social y el desarrollo económico.
Estos dos componentes, académicos y prácticos, no
se pueden abordar considerando a la ciencia como un sector aparte,
sino que permean prácticamente a todos los estratos de
la sociedad venezolana. El Conicit actual enfoca esta temática
mediante la creación de agendas, o programas dirigidos
hacia la solución de grandes problemas, como por ejemplo
la explotación del petróleo, el cacao, y la violencia
social, entre otros. Lo que han hecho hasta ahora es delinear
prácticamente todos los factores que intervienen en cada
gran tema. En el caso del cacao, por citar un rubro históricamente
importante para Venezuela, se enumeran como áreas prioritarias
desde los aspectos de suelos, los agronómicos, genéticos,
cultivos, ambientales, hasta el producto final que constituye
la materia prima agroindustrial. Este esquema, bastante racional,
ignora, sin embargo, que para abordar científicamente tan
vasta agenda es necesario crear en forma paralela la infraestructura
fisica que le de soporte y viabilidad. Esa infraestructura no
solamente depende de la creación de las unidades de investigación
aplicada que se ocupen de los aspectos arriba mencionados sino
tambien otra, de tipo más básico o académico,
que permita el acceso a la frontera científica y tecnológica.
Esto nos lleva de nuevo a los dos componentes enunciados, el académico
y el aplicado. ¿Como conciliar un desarrollo balanceado de
ambos, y como lograr la cooperación de los otros sectores
sociales para lograrlo?. Podríamos aproximarnos a una solución
si aceptáramos que Venezuela, en el futuro, aplicara lo
que hacen muchas empresas tecnológicas y países
avanzados. Esto es, que el gasto de investigación básica
no sea superior a un 15% a 20% tal como aparece en los indicadores
de los países de la OECD9, y que en ese
renglon, primordialmente se financien investigaciones que tengan
una oportunidad razonable de ser competitivas por su originalidad,
calidad, y oportunidad de formar recursos humanos altamente capacitados
en las ciencias fundamentales. A estos investigadores básicos,
habría que apoyarlos fuertemente para que puedan realizar
su potencial y convertirse en líderes en sus respectivas
especialidades. Ese apoyo, nuevamente, no puede venir solamente
de un Conicit, por ejemplo, sino de un plan conjunto con universidades
e institutos para que se premie y cultive la investigación
de calidad.
El grueso del apoyo gubernamental debe ser empleado, en una primera
etapa, en el reforzamiento y reconstrucción de la infraestructura
de investigación que permita continuar con la básica,
e iniciar un esfuerzo vigoroso para que pueda existir la aplicada.
No se puede, en estos momentos, pedirle a la empresa privada que
asuma el desarrollo tecnológico si no hay esa base científica
construída por el Estado. Igualmente, de ese foro de discusión
científica que debemos hacer los investigadores venezolanos
entre nosotros mismos y con los políticos del parlamento,
deben salir las ideas para nuevas leyes que provean incentivos
a la industria para que ésta realice sus propias investigaciones.
El sector productivo privado podría, entonces, aprovechar
la infraestructura que establezca el Estado en forma de centros
de apoyo, laboratorios universitarios, y una red de servicios
de información y suministros de investigación, para
producir sus propias respuestas tecnológicas que aumenten
su competitividad. El Congreso Nacional, produciría tambien
las leyes de propiedad intelectual y de impuestos sobre la renta
que hicieran apetecible la innovación tecnológica
en Venezuela. Ante esta perspectiva de progreso, seguramente que
el Gobierno nacional de turno, se motivaría para crear
otros estímulos como las descargas arancelarias para importación
de bienes de capital, y para la exportación de productos
de base tecnológica que propaguen e impulsen una espiral
positiva hacia una economía más sana.
El camino hacia el progreso basado en la ciencia y la tecnología
es, indudablemente, espinoso y largo, pero factible si uno deja
de esperar respuestas providenciales de gobiernos visionarios
que jamás llegan. La solución, como tantas veces
se ha dicho, está en nosotros y deberíamos, ahora
mismo, iniciar esa discusión constructiva que pueda ayudar
al Conicit y a nuestras universidades, a encontrar el camino de
insertar la ciencia y la tecnología en Venezuela.
(1)Roche, M. Perfil de la ciencia en Venezuela, Fundación
Polar, 1995
(2)Busch, V. Science-The Endless Frontier: A Report to the President.
(3)Rhodes, R. The Making of the Atomic Bomb. Simon & Schuster,
New York, 1986
(4)Science, 10 de febrero de 1995.
(5)Ibid
(6)Urbina, J. et al. Science, 273, 969-971, 1996.
(7)Rangel Aldao, R. La Información tecnológica como
prioridad nacional. Economía Hoy, 30.11.94
(8)Rangel Aldao, R. El Ministro en la fiesta del Conicit, El Universal,
13 de agosto de 1996
(9)Main science indicators. OECD, Paris, 1995