Como todo dogma, en algún momento, en alguna parte y por
alguien con autoridad, el dogma del financiamiento de la ciencia
y especialmente la ciencia básica tenia que ser seriamente
cuestionado y sometido a las mas diversas criticas. Por ello no
hay que alarmarse al leer en el numero 2036 de la revista británica
"New Scientist" del 29 de junio de 1996, un artículo
titulado, "You've all got it wrong" por el bioquímico
de la Universidad de Cambridge y economista aficionado, Terence
Kealey.
Las premisas de Kealey establecen claramente: "Los gobiernos
no deben financiar la ciencia. Todos creen que ese es su deber,
pero están equivocados. El dinero de los gobiernos dedicado
a financiar la ciencia lo que consigue es desplazar el financiamiento
privado, y el financiamiento privado lo hace mejor."
Cuando Sir Francis Bacon en 1605 en su libro "Advancement
of Learning" argumentó -con un éxito indudable,
pues creó un verdadero dogma que se extiende hasta nuestros
días-, que los gobiernos debían financiar la ciencia
porque nadie mas lo haría, invento el llamado "modelo
lineal" que establece:
| Ciencia básica financiada el Gobierno
| --> | Tecnología industrial
| --> | Crecimiento económico
|
Según Kealey el "modelo lineal" debe convertirse
en un 'tenedor con muchos dientes (o flechas)', que podríamos
representar de la siguiente manera:
Ciencia básica < -- -- >Tecnología industrial
< -- -- > Crecimiento económico
Tecnología preexistente
Obsérvese que entre la ciencia básica y el desarrollo
industrial existe una flecha de doble dirección, ya que
la ciencia básica depende también de los avances
de la tecnología. Pero lo más notable de este cambio
es el hecho de que la tecnología industrial depende masivamente
de la tecnología preexistente.
La hipótesis de Bacon ha tenido unas consecuencias notables
en todos los países desarrollados, que han visto crecer
sus industrias con el vigilante, ansioso y a menudo generoso apoyo
de sus respectivos gobiernos. La revisión que plantea Kealey
se aplica al futuro, sobre todo tomando en cuenta el nivel y la
cuantificación de la investigación científica
hoy en día, o sea lo que se conoce como "investigación
y desarrollo" ("research and development" en inglés,
ampliamente conocido como R&D), por la gran industria (sobre
todo las compañías multinacionales).
Nadie cuestiona la premisa de que el desarrollo tecnológico
conduce al crecimiento económico. Como bien afirma Kealey,
"el crecimiento económico es desarrollo tecnológico".
Esa parte del "modelo lineal" es pues aceptada por todos
los investigadores contemporáneos. Esta bien demostrado,
entre otros por el Premio Nobel en economía Robert Solow,
que la duplicación en productividad por hora de trabajo
en los Estados Unidos (entre 1909 y 1949) fue principalmente debida
(siete octavos del total) a los cambios tecnológicos. De
acuerdo con Solow solamente un octavo del crecimiento económico
observado fue debido a la inyección de capital.
El cuestionamiento del modelo lineal en su totalidad, lleva ya
algún tiempo y ha sido examinado con todo rigor por académicos
como Frederic Jevons en 1972 en su libro "Wealth from Knowledge",
o por Edwin Mansfield, quienes pusieron en evidencia que "la
tecnología hace crecer a la tecnología", y
que el 90 por ciento de la nueva tecnología surge a consecuencia
de los desarrollos industriales de una tecnología preexistente,
y no de la ciencia que se origina en el medio académico.
Quien lea atentamente el articulo y el libro de Terence Kealey
, no puede dejar de pensar que su argumentación es sólida
y merece ser debatida lo más ampliamente posible. Efectivamente
en países que ya se han desarrollado, es posible que el
rol de sus gobiernos tenga cada día menos importancia en
el futuro de su desarrollo científico. Es posible que los
fondos gubernamentales desplacen a los privados, cuya utilización
seria optimada por la manera como se otorga, se controla y se
utilizan los nuevos descubrimientos científicos. El cuestionamiento
del papel del gobierno no puede estar mas generalizado, y es consecuencia
de su anterior voracidad expansionista, llevada a extremos que
debían provocar esa ulterior reacción. Estamos atravesando
un periodo revisionista, que se extiende a todos los sectores,
y que pretende reparar los abusos del pasado levantando nuevos
dogmas. El equilibrio y la moderación en este tipo de decisiones,
aun lejos de alcanzarse, deberían ser nuestras mejores
guías de acuerdo con las realidades de cada país.
El grado de desarrollo industrial de los países, debe ser
el parámetro determinante, para dosificar adecuadamente
la medicina, que no es otra que es el grado de involucración
de cada gobierno en el financiamiento de la ciencia local. El
"profesionalismo" del investigador científico
en universidades y laboratorios de investigación subvencionados
por el Estado en nuestro medio, ha dado lugar a un subproducto
inevitable en la aparición y crecimiento de un gremialismo
creciente, que debido a su "juventud" se hace mas vocal
y agresivo, que en otros medios donde ya existe una tradición
al respecto, y consecuentemente los investigadores de carrera
no se sienten amenazados por los vaivenes del comportamiento económico
del país.
Pero al leer estos trabajos uno se pregunta, si en países
como los nuestros -todavía en vías de desarrollo-
el planteamiento filosófico de Bacon, no seguirá
siendo válido, ya que si los gobiernos no financian la
investigación básica o pura, ¿quien lo ha de
hacer?
Para un país como Venezuela, donde el papel y las responsabilidades
del Estado tienen que ser necesariamente redimensionadas a la
luz de la gran crisis económica que hemos vivido recientemente,
es necesario establecer prioridades en aquellas áreas en
que existe un interés económico para el país
nacional en la investigación fundamental y aplicada, como
sin duda son aquellos sectores donde existen ventajas comparativas
para nuestro desarrollo industrial, entre otros, la industria
petrolera, la metalúrgica (hierro, acero, aluminio, oro),
la agricultura, la pesca, la agro-industria, el turismo, etc.
Nunca es fácil adoptar una nueva política restrictiva
y establecer un cierto orden dentro de un sistema disperso que
ha carecido de directivas gubernamentales precisas para 'calificar'
y obtener las subvenciones del caso, pero si algo podemos aprender
de los países avanzados es precisamente las ventajas de
abrir un debate al respecto, que generalmente se inicia al nombrar
una comisión altamente calificada, con un tiempo limitado
y preciso para estudiar las implicaciones del asunto y hacer recomendaciones
al gobierno, las que se hacen publicas mediante la publicación
de un "libro blanco", que es entonces sometido a un amplio debate
publico, para luego ser adoptadas total o parcialmente, o bien
ser alteradas cuando así sea necesario, oídas como
han sido las opiniones de los sectores interesados y de personas
e instituciones calificadas.
Se trata de un asunto de tanta importancia que ese debate deber
ser propiciado para que las decisiones que hayan de ser tomadas,
sean aquellas verdaderamente bien informadas por gente preparada
y consciente, que estén convencidos de que sobre sus intereses
prevalecen los del país y estén dispuestos no solo
a admitirlo, sino a colaborar activamente en lograrlo.