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Tocqueville opinaba que se quería una nueva ciencia política
para un mundo nuevo y estudió las instituciones políticas
de los Estados Unidos de América como una base para mejorar
las de Europa. Entendía que los cambios económicos
y políticos estaban produciendo un ámbito distinto
y confiaba encontrar en los Estados Unidos de América una
respuesta adecuada para el viejo continente.
Ahora estamos en una encrucijada parecida: nos enfrentamos a un
mundo nuevo y a una nueva economía, transformados principalmente
por la ciencia y la tecnología, y posiblemente tengamos
que volver a buscar en los Estados Unidos de América un
paradigma del desarrollo, ya que la nueva economía está
creando interrogantes hasta ahora desconocidas en el campo social
y sobre todo en el laboral.
Después del colapso del comunismo y ante la evidencia de
que el socialismo no ha tenido éxito, se está buscando
otro camino. Según Reginald Dale, el presidente de Francia
- Jacques Chirac - está probando una versión modificada
del ortodoxo capitalismo anglosajón y del paternalista
capitalismo continental francoalemán, para manejar la crisis
de desempleo. busca una salida fácil que le permita reducir
el desempleo sin tomar medidas impopulares, como enfrentar a los
sindicatos o reducir el Estado paternalista. Indefectiblemente
tendrán que llegar a esto para lograr su objetivo, aunque
implique desordenes sociales, como se vivieron recientemente en
Francia. También en Asia están experimentando con
algunas variantes del capitalismo. Por algo dice Peter Davis,
editor de The Economist, que capitalismo es sólo el nombre
que se da a los sistemas económicos en los cuales la gente
tiene la posibilidad de poseer propiedades y en los cuales las
fuerzas del mercado juegan un rol importante.
Pero parece que no es fácil seleccionar lo mejor de los
distintos caminos y crear una sola opción que no presente
desventajas, porque las virtudes y los defectos de los sistemas
están indisolublemente entrelazados. No es sencillo combinar
al mismo tiempo altos salarios, jugosos beneficios sociales, elevada
calidad de vida, libertad económica y social, y empresas
competitivas con bajo desempleo.
Aunque falla en algunos aspectos, la economía de los Estados
Unidos de América es al que más se acerca a este
ideal. la gran mayoría de los indicadores económicos
señalan que la economía de los E. U. A. está
progresando en forma positiva en su sexto año de expansión
desde los finales de la recesión de 1990-91. Atrás
quedaron los temores a la amenaza japonesa y alemana.
Una de las razones principales ha sido la reacción enérgica
del empresariado americano; las utilidades de las empresas han
sido muy buenas. Una vez más los empresarios americanos
reaccionaron con rapidez e inteligencia, encontrando muchas vías
para disminuir costos y ser más competitivos en un mundo
de moderado crecimiento económico.
Entre otras iniciativas gerenciales, la estrategia de valor, los
recursos medulares, el mercado agresivo, las alianzas y fusiones,
la calidad total, la reingeniería y el empuje para reducir
costos, han ayudado a ganar la batalla de la competitividad y
a mantener baja la inflación. Así, para lograr éxito
en la nueva economía, muchas empresas han podido obtener,
con las ganancias normales de sus operaciones y la emisión
de acciones en la bolsa, los fondos necesarios para nuevas inversiones
e innovaciones, sin tener que acudir a préstamos onerosos.
En muchos casos la reducción de costos han significado
el despido de numerosos empleados, algunos de los cuales no han
conseguido trabajo al mismo nivel del que perdieron. Sin embargo,
la economía ha creado cerca de 11 millones de empleos más
de lo que existían en el momento de la última caída
de la economía. La nómina ha aumentado en 200% desde
1960, y para las empresas y sus accionistas el rendimiento ha
sido relevante. En los tres primeros meses de 1996, las utilidades
llegaron a $642.8 millardos, 8,7% del PTB, y las acciones en la
bolsa de valores se mantienen a un alto nivel.
Si queremos tener crecimiento con empleo, tenemos un buen ejemplo
en la economía de los E. U. A., que, entre otras cosas,
ha sabido eliminar obstáculos al mercado de trabajo, reducir
el papel del Estado regulador e intervencionista, promover el
mercado de capitales y la actuación de la banca de inversión,
apoyar las exportaciones, y fomentar la productividad y la inversión
en un ambiente de libertad y seguridad. En pocas palabras, se
abrió campo al empresario, se desarrolló y fortaleció
una economía empresarial.
En la gran mayoría de los países se nota la tendencia
de ir acercándose cada día más hacia el sistema
estadounidense, con algunas variantes típicas de la cultura
e idiosincrasia de cada uno. En definitiva y a grandes rasgos,
son obvios los beneficios de este sistema para los trabajadores
que van a tener empleo, para el empresario que va a tener oportunidades,
y para los políticos que van a poder lograr su objetivo
de una gestión útil, provechosa y popular.
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