Barra Editorial
Revista Electrónica Bilingüe       Nº 8     Octubre 1996
Editorial
Venezuela un país joven y viejo a la vez


Venezuela es un país joven en su historia y en su pirámide demográfica. Sin embargo y valga la contradicción, es un país viejo; viejos son sus dirigentes fundamentales, vieja es la soberbia que los inspira, viejas son las ideas que los dominan, viejos son los rencores que los enfrentan.

Paradójicamente, esta contradicción parece repetirse varias veces en la historia de Venezuela. Jóvenes fueron los héroes de la independencia, se enfrentaron y triunfaron sobre un modelo de gobierno envejecido y sin legitimidad; sin embargo esos mismos jóvenes, con la honrosa excepción del Libertador, se hicieron viejos y se perpetuaron en el poder, adoptando ideas envejecidas, rencores nuevos y entronizaron la soberbia como estilo de gobernar.

Jóvenes fueron los integrantes de la generación del 28. Jóvenes fueron quienes restablecieron la democracia en Venezuela. Jóvenes fueron los autores de la revolución de octubre. Jóvenes fueron los militares que derrocaron al gobierno del Presidente Gallegos.

La dictadura de Pérez Jiménez se envejeció en el poder, y los no ya tan jóvenes de la generación del 28, como los neo-gomecistas, en sus diversas variantes, y los creadores de los nuevos partidos políticos venezolanos, hicieron un pacto solemne para restablecer de manera permanente la democracia en Venezuela. Surgieron entonces algunas ideas nuevas que se incorporaron a una nueva Constitución.

Ese entierro de rencores fue sin embargo transitorio, se fue disipando en la medida en la que el peligro de un retorno a la dictadura se hacía menos probable. Y retornaron, como por arte de magia, la soberbia, las ideas viejas, y los odios no olvidados.

La democracia venezolana ha envejecido prematuramente, sólo tiene 38 años, sin embargo prevalece en el país una sensación generalizada de senescencia. No hay ideas nuevas, prevalecen rencores históricos que dependen del mayor o menos éxito obtenido en la lucha por el control del poder. Los protagonistas han envejecido y lo único que conservan intacto es la habilidad de manipular las riendas del poder y de la opinión pública, para así perpetuarse como los eternos protagonistas de un espectáculo decadente.

Los jóvenes de hoy y los no ya tan jóvenes de ayer han tratado en más de una ocasión de insurgir contra esa parálisis, esa perpetuación de un modelo político que ha adquirido un valor mitológico y al cual parecería difícil modificar de una manera pacífica o evolutiva.

Se requiere de los viejos que dominan el escenario público un espíritu, si no innovador —es difícil pedirle peras al olmo— por lo menos la aplicación de la necesaria temperancia, sabiduría y experiencia de lo vivido, para darle el paso a hombres y mujeres más jóvenes, que puedan abrir sin temor el debate constructivo del cual surjan, en forma pacífica, las ideas y acciones renovadores que el país requiere.

Bitacora Archivo Documentos Correo Venezuela Analitica Suscribirse

Copyright Venezuela Analitica