Ättä de Piedra:
La casa como territorio de asentamiento y recinto de la naturaleza
Corina Briceño hace a la selva "habitar" la casa
y su obra comunica una búsqueda transcendente de comunicación
entre un entorno donde la naturaleza y cultura se funden con el
propio Yo. Tal proceso de comunicación/comunión
convierte a la casa de la selva en un espacio de simbólica
dimensión interior, donde selva y origen se transmutan
en una vía de piedras ancestrales e intervenciones de hombre
que hace de ellas pez, flor, comunicación y planta. "ättä"
de piedra, es una instalación que, a la búsqueda
de conexiones simbólicas, une interesantes soluciones en
pintura y técnicas gráficas.
María Luz Cárdenas
Directora de Departamento de Investigación y Curaduría
de Museo de Arte Contemporáneo Sofía lmber.MACSI.
Casa de piedra
Casa de piedra está basada en la ättä, vivienda
principal, utilizada por los Yekuana desde tiempos remotos.
La observación de estas casas por los diferntes sitios
por donde he estado, me ha llevado a reflexionar sobre ella, de
su historia, de sus mitos, de la magia de sus habitantes y de
sus costumbres, del entorno, de la selva que se ve a través
de la montaña y sus misterios, de los ríos que la
rodean.
Esa vivienda , que por milenios ha pertenecido a comunidades originarias,
ha resguardado sus tradiciones y mitos, se ve hoy amenazada por
una transculturización que ocurre de una civilización
técnicamente "superior" y por el hombre mismo
en su afán de abarcar e invadir más.
La casa que presento es de la selva original, intervenida por
su gente, y para llegar a ella se recorre una vía de piedras
llenas de itos, de magia y de historia.
En un paisaje sugerido, entre extrañas caligrafias y signos,
Corina Briceño nos deja ver y al tiempo nos oculta sus
apuntes de una naturaleza desmesurada como es la Orinoquia y Amazonia
venezolanas. Sus hombres, nacidos d la tierra como los árboles
, en medio de profundas transformaciones culturales, parecieran
avanzar hacia un destino incierto por entre la encrucijada final
del siglo. Sin embargo, ellos saben secretamente que la historia
es como una rueda, como el camino que marca el sol sobre la tierra
y que el tiempo va y vuelve sin resolver la paradoja del mundo
que al moverse no se mueve.
Corina Briceño ha aprendido de estas gentes a ver en cada
semilla, planta o piedra signos que son invisibles a los ojos
profanos. En sus cuadros están marcadas las claves para
entender la continuidad y el cambio que entretejen las vueltas
del tiempo, ues los indios se mueven como el viento en la dirección
correcta; para ellos, mañana no es otro día, es
el mismo que ha crecido y regresado.
Lilia Delgado
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Huachamakari y Signos
Acrílico sobre lino
155 x 238 cms
1996

Ättä de Piedra
Acrílico sobre lino
Pintado en sitio
intervenido por su gente 1996

Hombre Ancestral
Colografía
223 x 139 cms
1996

Retrato del Artista por Ana María Yánez
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