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Cuando caemos en nuestro vacío, y el piso falta bajo los
pies, recuperamos la pregunta esencial, ¿qué somos,
después de todo? Al irrumpir Margot Römer en la decisiva
década de los setenta, tras ella están vigentes
esos tumultuosos años sesenta, que habían planteado
la necesidad de estar comprometidos en lo colectivo y abierto.
Se acumularon signos y hechos mercantes que conmovieron al mundo.
La huella del paso del hombre sobre la luna es la primicia de
una autentica ventana al cosmos, compartida al unísono
por millones de planetarios. Con las "fresas de la amargura"
que pedían amor, no la guerra, se anticipa la protesta.
Del mayo parisino, que exiga a su vez el imperativo de "pedir
lo imposible". La misma misión est detrás de
los movimientos beligerantes que brotaron con violencia en Estados
Unidos y en Venezuela, y en la radicalidad sin precedentes del
movimiento Techo de la Ballena, al abrir en Caracas una exposición
de esculturas de Carlos Contramaestre, hechas con carne tan palpitante
de una res recién sacrificada, todo lo cual ocurría
mientras en New York, Claes Oldenburg causaba asombro con sus
happenings y performances. Alternativas todas para asumir el acto
creador como medio de decir no.
Con Margot Römer un puñado de jóvenes valores
venezolanos emprende un intenso, incontenible proceso complementario:
se niegan a estar fuera de la obra. Desdeñan el orden estético
que en el fondo soporta los grandes movimientos de la década
precedente, amparados por lenguajes aprobados, que servían
de paraguas protector. En 1972, algunos de estos nuevos artistas,
reunidos en una colectiva, plantean (muchas veces con medios alternativos,
como instalaciones y proposiciones conceptuales) lo que era para
cada uno de ellos "Las Sensaciones Perdidas de Hombre",
lo que la existencia ha perdido en el medio urbano contemporáneo.
Römer enfoca "el ruido citadino como ausencia de silencio".
Para ella el ser del artista entra irremediablemente en la obra.
Ha utilizado una ventana real, vaca, para representar "el
aparato respiratorio"; y un ensamblaje de piezas industriales
para constituir "El Aparato Reproductor de la Mujer".
Se involucro en una obra colectiva, "Piel a Piel" (Dorrego,
Mazzei, Zabala, Stone, Socorro y Römer), presentada en la
Bienal de Sao Paulo (1973), donde una monumental y transitable
versión de la epidermis favorece y provoca el contacto
físico directo entre los espectadores-transentes.
Todo está dado. Margot Römer entrega su ser al involucrarlo
como sustancia de la obra. Desde allá cuestiona, indaga,
descubre nexos asombrosos. Como el riesgo de mostramos al desnudo,
física y espiritualmente, y de cubrimos de preguntas o
de hallazgos. Trabaja en telas o directamente en las piezas, toma
sanitarios (pocetas y urinarios) como la otra faz de la intimidad.
Encuentro a lo insólito y desafiante de lo público,
casi anónimo, junto con lo más privado y personal
de la vida de cada da.
Estos inquietantes testigos están cubiertos por franjas
de pintura de tonos intensos y brillantes, casi licuescentes en
su incitante realismo.
Para Marta Traba son "orinales como paisajes" (Bogotá,
1974), y más tarde, en función de su magrna cromtico
explosivo, una autentica "Epifana"; es decir, apoteosis,
manifestacin de lo trascendente. Sublimación. Una de estas
obras cubra los sanitarios con los colores patrios. Otra experiencia
se desata y nos conduce desde allí por varias etapas, otros
desdoblamientos de una misma búsqueda, la bandera.
Cosmogona y ética
La vida como la totalidad irrestricta del individuo conduce
por paradoja, complementaria, a la vida como identidad plural.
A partir de este momento, Römer el planteamiento creador
es también una necesidad ética y existencias. banderas
lucientes, de brillantes colores, surgen como credos, colectivos
y personales. Vienen en cajas, en "Paquetes Heroicos".
Son maneras de situar la ironía crítica en lo que
es un cono vinculado para todos. Un conjunto de símbolos
abstractos, "debidamente" apropiados por millones de
seres, cada día, automáticamente, sin reservas,
pero con un estremecimiento que encierra además de elecciones,
evidentes valores. La bandera es una realidad libre, flotante,
viva con toda esperanza desesperada, que nos busca adentro como
instrumento de lucidez destinado a comunicamos con una totalidad
hasta ahora no concretada, pero siente, triunfante, con el dominio
de los emblemas poderosos.
La bandera sigue en las fases siguientes, que son en verdad desarrollos
de hecho esencial. Una gorda almohada, atada con cintillo tricolor,
es la obra para la etapa siguiente, un proyecto en el cual los
símbolos se convierten en deidades orgánicas, sensuales,
encarnadas en los substratos primordiales. Si pertenecemos a un
territorio, a una herencia biológica, a una memoria geológica,
las banderas y sus símbolos, derramados en estos ámbitos,
son también ahora un legado de valores y de sueños.
Se funden Geología y Signos, Vida y Reconocimiento en la
naturaleza y aceptación del reto de responder por esa manera
de ser con la vastedad de un nexo.
Estrellas y magmas ecológicos
Las estrellas se desprenden, crecen desmesuradamente desde
aquel a hadón. Conquistan la consistencia de las moles
geológicas, abrazan territorio los tepuyes que también
somos. Inseparables de su origen, cubren la dimensión de
las tierras más antiguas del planeta, el más grande
santuario de vida que todavía guardamos. Todavía.
Las estrellas están aquí para hacer nos vivir ese
"todavía". Magnifican los de miles de especies,
hablan por las aguas y las tierras. Asumen esperanzas y mas que
se suscitan cada vez que desaparecen bosques y las tierras son
habitadas por los nuevos piratas para desentrañar oro de
las vísceras. La visión distante del firmamento,
la estrella metáfora, es ahora estrella tierra firme, herida,
actual vez, en alto grado, signo de lo que queremos ser y preservar.
"La Estrella es la Estrella" (Museo de Bellas Artes,
Caracas, 1988) y 'Del Cid la Tierra" (Sala Mendoza, Caracas,
1991), trasladan las estrellas, símbolos que dentro de
una bandera, a una situación enteramente diferente. Adquiere
primer término corporeidad, luego organicidad, y finalmente
la fuerza recrear nuestro Paraíso por Perder. La misma
función demiurgo que el hoy comparte con Dios.
El gran despliegue nos ha llevado a un nuevo imperativo de plantear
mogonías, que además de rescatar y preservar patrimonios
naturales, terminan por enfrentamos a los valores éticos
que son igualmente constitutivos de nuestro universo cotidiano,
sus alternativas, crisis, contiendas y valores.
La última década del siglo nos deja inmersos en
la crisis, como parte de sin posibilidad de elusión, sin
opción de salida. Está en duda la estructura Planos
Despojados, Trilogía. 19 hizo posible los héroes
forjadores de nuestros pases como realidades repúblicas
y sociedades basadas en los derechos del Hombre y los principios
ticos que el siglo pasado habían abierto una nueva era
para la historia de la humanidad
Aquel ideal se superpone ahora, sobre las convulsionadas sociedades
actuales, abrumadas por una concepción de los pueblos que
antepone el fin económico per se, a cualquier noción
del bien humano, social o tico. Es como dejar en suspenso todo
aquello en que fuimos sustentados.
He aquí que la bandera responde de nuevo. Por Margot Römer.
Por nosotros. Por todos. Vuelve como Bandera Total. Testigo implacable.
Otra faz de lo que somos.
bandera total para un balance
Ahora son banderas planas, resistentes. justo lo necesario
para el desarrollo de cinco series, series imprescindibles para
un Balance General que nos somete en esta sala Margot Römer,
a manera de interpelación. A cada cual responder.
A la bandera pasión, que antes vimos movida por impulsos
complejos, izamos ahora otra, sobria en extremo. Renuente a toda
sugerencia de volumen, virtualidades de cualquier especie. Centrada
sólo en lo esencial. En el plano. Con colores mate, apagados,
secos podrá decirse. Cuando las estrellas aparecen vienen
resumidas en escueto diseño. Y no aparecen todas, solo
una, algunas.
Una primera serie es Caracas 1994. Blande la bandera como
un cargo de conciencia irrefutable. Es un discurso parco, que
permanece tenso, inamovible. Es como un muro que sirve de blanco
para rigurosos disparos de una violencia sin rostro, pero oscura,
precisa, como los orificios exactos.
Todas las obras de las series se formulan en rectángulos.
A veces en dipticos. Hasta en un tríptico, que es como
coda final. La segunda señal inicia el movimiento dialéctico
que se compone y descompone en los lienzos. Es la serie Venezuela
Positivo-Negativo, con seis obras. Venezuela bandera se desdobla,
admite los opuestos que la conforman y la bandera los introduce
como un diálogo tan posible, a condición de aceptar
el requisito dialéctico, de asumir horrores y esperanzas
por igual. La va que propone la artista es simple, pero sumamente
clara y convincente. El diseño de las obras adopta la oposición
de los positivos y negativos que utiliza la fotografía.
As la tela alterna, contrapone, se vuelve campo activo, otra forma
de energía.
La conmoción económica acosa y hasta llega a invadir
la bandera. El billete de cien bolívares se hace espectro
transparente dentro de la bandera. Son los Emblemas Vacíos
de la tercera serie. Leos y tintas litográficas. Sobre
las barras y las estrellas, los conflictos internos. El sistema
económico rige, al parecer, por encima de todo. Diálogo
doble, símbolos y economía, negativo y positivo.
El emblema vacío, el valor perdido.
Recordemos los forjadores que estos billetes de cien y todos los
demás consagran. Son parte de esta nueva fusión,
como un panteón para nuevos dioses, que representan no
poderes divinos, sino valores que constituyen el marco donde el
hombre acomoda su dignidad y su vocación creadora. En la
cuarta serie, Activo Circulante, otros personajes que hoy
enfrentan nuevas causas abren el sentido personal de las luchas.
Son interpelados que responden. La artista los escucha.
La evolución ha sido constante a través de las obras,
consideradas consecutivamente en las series. En la quinta, Planos
Despojados, se abren claros representados por el lienzo desnudo
y por anuncios de simplificación. Los elementos proponen.
Un orden es posible. Construir prevalece. Es un acto de fe. Tiene
la belleza de la acción, y es va para liberar nuevos días.
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