Permítanme hacer explícito lo que Usted lector debe
saber para que este gato no pase como liebre. No solo soy porte
de una generación que accedió a la vida pública
con el primer triunfo electoral de CAP, sino que he sido con
mayor o menor rango colaborador, partidario y amigo del "hombre
que camina"...
Pérez, a quien los intelectuales consideran el arquetipo
de dirigente de los partidos políticos del 60 y 70, lo
cual no es un halago ha sido par convicción o circunstancias,
el primer dirigente de la escena política que maduró
un proyecto de recambio al Plan de Barranquilla y a su propia
Gran Venezuela.
Había visto a CAP desde mi infancia en Costa Rica, pero
fue solo hasta mi adolescencia cuando pude empezar a conocerlo.
A bordo del "coloso" de VIASA que iba a New York a buscar
el cadáver de Raúl Leoni le observé sumergirse
en un grueso documento, mientras el resto de lo comitiva disfrutaba
de las amenidades de un viaje gratis en primera clase.
A 30.000 pies de altura Pérez aprovechaba, el tiempo en
contraste con el resto de los pasajeros. Fue curiosidad lo que
entonces me indujo o cruzar con él alguna palabra. Su respuesta
cambió para siempre mi valoración del personaje:
"Ramón me preguntó ¿tu tienes una idea
del desastre que es la petroquímica venezolana ?".
Fue entonces cuando intuí dos cosas que han sido fundamentales
en mi educación política: lo primero, que Pérez
se estaba preparando para dirigir un país y no para ser
otro payaso del circo democrático. La segunda que un político
moderno es más un hombre de estado que un zelote ideológico.
Lo paradójico es que Pérez no sea capaz de transmitir
una imagen cónsona con su propia realidad. Muchos de sus
ministros no votaron por él, y entraron al gobierno creyendo
que pondrían en prosa el discurso de un Monsieur Jordán
carismático.
Pronto descubrirían que bajo la chaqueta a cuadros, había
un estadista ducho en el estudio de los problemas nacionales.
No pocos de los que han votado por él en sus dos campañas
electorales lo hicieron por razones equivocadas.
Como consecuencia del sainete izquierdoso del primer gobierno
de Rafael Caldera, muchos conservadores venezolanos apoyaron a
Pérez convencidos que el Ministro del Interior de los 60
re-engancharía al país al carro de la Guerra fría.
Lo política exterior y doméstica, de CAP en su primer
gobierno fue una sorpresa mayúscula para esos desprevenidos
adherentes.
CAP es el mejor ejemplo del impacto de la modernidad en un continente
tan atrasado corno América Latina. El resume la búsqueda
de un futuro sin ruptura talón de aquiles de todo socialdemócrata
Mientras sus compañeros de partido son populistas, liberales
o simplemente nacionalistas, Pérez es un sociademócrata.
Sus errores son producto del de equilibrar la, modernidad con
la agenda inmediata de sus enemigos.
En su primer gobierno, obcecado con reinventar a Venezuela, echarle
pantalones largos a la infraestructura para diferenciar al país
de un gentío con bandera, era obvio que más útil
hubiera sido privilegiar a Eugenio Mendoza que a la "burguesía
emergente" que desde Cordiplan se pensaba iba a transformar
al capitalismo venezolano en asociación con el petroestado.
Hoy, visto lo infértil y rapaz de los nuevos ricos, provoca
levantarle estatuas a los Zuloaga, Mendoza o Vollmer que en aquel
país tan modesto de los años 40 formaron la base
industrial nacional. Es sintomático que ninguno de los
presidentes que recibieron la catarata de ingresos petroleros
(Caldera, Herrera, Lusinchi, y Caldera) pueda exhibir ahijados
industriales como Polar, Elecar, Vencemos, Protinal o Sivensa.
Los de Pérez son todas públicas Venalum, Alcasa,
Sidor etc de las que sólo quedan ruinas a rescatar con
la privatización.
Cuando el Presidente del FIV traspase lo propiedad de las empresas
privatizados, estará de hecho sancionanando el fracaso
de la substitución de importaciones y del estado empresario.
Ese es el fin del sueño romuliano de un "Rurh en Guayana"
o la perecista "alcancía para vencer la monoexportación".
Pérez el moderno, es al mismo tiempo Pérez el solitario.
A pesar de las muchedumbres que lo acompañan en sus giras
o la leyenda negra y dorada que alimenta la rumorología
nacional, CAP y su ambivalencia sufren de aguda incomprensión.
¿Cómo explicar que Gumersindo Rodríguez fuera:
Zar Económico o Gustavo Roosen Ministro de Educación,
es concebible una dupleta más disímil que Andrés
Sosa Pietri en PDVSA y Celestino Armas en Energía y Minas?.
Las síntesis de CAP son ambiciosas y contradictorias.
¿No era predecible el fracaso del financiamiento estatal
a la agricultura e industria cuando la mano que prestaba en los
Fondos, el BIV o Corpoindustria la deshacía el Ministerio
de Agricultura y Fomento con la otra ?.
Los escollos de la Gran Venezuela en aluminio y acero eran correctas,
pero imposibles de realizar si la tasa de cambio penalizaba la
exportación. Los costos fijos se tragaron las ganancias
que podía generar el minúsculo mercado interno.
La dimensión cultural y política de Pérez
es más importante que su significado económico.
Es en esos campos, que CAP se convierte en el personaje más
relevante del último cuarto de siglo venezolano.
Es el primer hombre público que llega al Estado venezolano
sin facturas por cobrar a reales o supuestos enemigos. Bajo sus
dos presidencias, y en el extendido liderazgo de su vida política
siempre ha sido un aliado natural de la innovación, capaz
de convocar los más disímiles personajes. Ningún
otro político venezolano de su generación se hubiera
acercado ni por elemental curiosidad al teclado de una computadora
o accesado a el Internet.
La Fundación Gran Mariscal de Ayacucho una idea suya
y su invitación a la inteligencia venezolana a dejar el
rol ce observador y crítico para sumarse a las tareas de
estado son ejemplos de esa conducta.
La generación ayacucho es la primera y más
importante de las rupturas que el país hace del más
reservado de los privilegios: La inteligencia. El impacto de esos
jóvenes en cada rincón de la vida quizás
sea, la verdadera causa de la actual crisis política, consecuencia
directa de la aspiración modernizadora de CAP.
La integración en su primer y segundo gobierno con abundantes
muestras miristas, copeyanos y masistas en la administración
pública al margen de mayorías políticas y
parlamentarias, no sólo desesperaban a los adecos sino
que testimonian la ruptura cultural protagonizada por Pérez.
El problema ahora es qué hacer con este personaje tan populista
en sus gestos y tan rmoderno en sus ideas. ¿Cómo reintegrar
a CAP a la política venezolana?. No será que nosotros
como el mismo Pérez somos un pueblo parecido al dios Janos?
El problema trasciende lo personal y va al centro de la crisis
política. La ausencia de una necesaria dosis de intolerancia,
la amnesia de la opinión pública y la calidad de
la clase dirigente, llevaron al sisterna a profesar una falsa
unidad incompatible con lo viabilidad del país.
El síndrome del MIR en Acción Democrática
exilió cualquier intento de
debate ideológico no sólo a lo interno sino a lo
externo de AD. Como AD es el único doliente real de la
democracia venezolana, la estabilidad del sistema pasa por la
viabilidad misma del partido.
Pero mal puede un partido tan alejado de los ideas, como renuente
a discutirlas, mantener sintonía distinta de la euforia
electoral. Si en 1960 esa adhesión era suficiente para
que el país legitimara a élites gobernantes en 1990
es a todas luces insuficiente.
Poco a poco el partido se convirtió en un fin en si mismo,
donde sus más altos dirigentes podían aspirar, de
vez en cuando ejercer el Ministerio del Interior como único
cargo para el cual estaban capacitados, porque el MRI se ha convertido
en un prestigioso cascarón vacío. Entrincherados
en el parlamento, se hicieron cada; vez más irrelevantes
y el partido atraía menos agentes dinámicos que
renovaran la heredad recibida
El modelo rentista por excelencia en Venezuela es un partido que
recibió la hegemonía cultural, intelectual, política
y académica del país para consumirla en una praxis
adocenada y retórica.
Lo caída del liberalismo adeco, a pesar de su fuerza electoral
no es ninguna buena noticia para las fuerzas de lo modernidad.
Mucho de lo que hoy pasa por moderno y mucho de lo que es inmisericorde
enemigo de Acción Democrática (entre ellos algunos
aliados de Pérez), no es otra cosa que el maquillaje histórico
de las fuerzas del Gomecismo y Medinismo resentido que no aspira
borrar a AD del mapa político, lo que quiere es retroceder
la historia de las conquistas modernas logradas por el partido
del pueblo.
Ninguna fuerza transformadora puede asentarse en contra de los
derechos políticos y sociales, la solidaridad o humanismo
intrínseco en el sueño de 1945 sin entrar en contradicción
con la sociedad venezolana en su conjunto.
Entre Pérez y AD hay un proceso de incomprensión
mutua que sólo complace a sus enemigos comunes. En nuestra
cultura, tan proclive al blanco y negro, lo que predominan son
los grises, los tonalidades, los matices. Hay una generación
adeca cuyos exponentes más evidentes pero no los únicos
son los gobernadores de Monagas y Trujillo que no tienen nada
que envidiarle a Moisés Naim y mucho que enseñarle.
No son gentes llegadas a AD en calidad de préstamo, ni
técnicos que por asimilación en los gobiernos adecos
se han sumado al partido. Son dirigentes políticos que
han cumplido callada y eficientemente todas las etapas de liderazgo,
desde, las secretarias juveniles hasta las de organización
sin descuidar ni olvidar una sólida formación personal.
A diferencia de muchos trasnochados del IESA, tienen un hondo
conocimiento de los vicios, virtudes y necesidades del estado
y las regiones sin caer en el populismo republiquetero de Tablante
y Salas Romer. Esa generación, desconocida en los medios
de comunicación nacionales, tiene muy poco respeto por
la mayoría de logreros sin luces que dominan la dirección
nacional Entre ellos y Pérez no hay mucha diferencia de
enfoque sobre el futuro del país y la urgencia de renovar
al sistema.
El problema es que a los ojos de esa dirigencia, hay cuestionamientos
tan válidos a mucho de lo que rodea a Pérez como
los que CAP dispara contra el CEN de AD.
La política, es hoy más necesaria, que nunca, si
la democracia aspira, mantenerse. No se trata de vaticinar su
caída, se trata de evitar que ella se convierta en un estorbo
a las aspiraciones legítimas del ciudadano.
Ni Pérez ni AD han emitido palabra sobre temas tan espinosos
como la educación, salud y justicia, donde el problema
de fondo; trescientos o cuatrocientos mil funcionarios conspirando
contra los derechos elementales de una sociedad decente y prerrequisito
para que el país tenga un mínimo chance de competir
en el difícil ambiente en que América Latina tendrá
que desenvolverse en el siglo que viene.
El dinamismo del mundo se ha volteado a la cuenca del pacífico
y ya no hay guerra fría que subsidie sociedades estancadas.
O tenemos uno mano de obra educada, disciplinada y sacrificada
o sus nietos, ya que no serán ellos los beneficiarios,
no tendrán otra posibilidad que ser marginales.
Problemas como inflación, prestaciones, privatización
o captación de inversiones son fáciles de resolver
si las condiciones políticas y sociales creadas por la
dirigencia política tienen la claridad de comprensión
de los intereses nacionales, como en su oportunidad demostraron
los fundadores de AD.
Esta sociedad de francotiradores donde cada quien tiene su enemigo
favorito y medios en plan de perdonavidas o politiqueros montando
cortes canguros a sueldo, atenta contra la gobernabilidad. Las
sociedades no se suicidan ni siquiera en aras de la libertad.
Pérez puede proporcionarle a un sector muy importante de
AD, las verdaderas columnas del tinglado, la emotividad para convocar
o un enorme esfuerzo de construcción de país y el
conocimiento íntimo de los poderes fácticos nacionales
y extranjeros que esa generación carece. Pero esa generación
le dará a Pérez una cohesión histórica
de resguardo a planes de modernización que ni son tales,
ni son éticamente neutros como pretenden venderse.
Mucho sargento difrazado de general de bando y bando conspirará
contra un entendimiento, pero si en algún momento se necesitan
y los necesita unidos el país es hoy, a menos que apaguemos
la luz y nos resignemos o un Sábado Sensacional montado
en Miraflores con Irene Sáez de Presidente y todos los
logreros del país usándola o disparándole
a mansalva.