|
Luego de seis meses de incesante prédica el discurso le
sale redondito. Sólo debe verificar calidad y cantidad
de su auditórium para escoger de su menú de opciones
cualquiera de las versiones intercambiables de la Agenda Venezuela,
que anda desgranando por los más disímiles escenarios.
Este que nos toca en suerte es margariteño, con el gobernador
a la cabeza y en la sede del Colegio de Periodistas. Metáforas
médico-quirúrgicas para situar los tumores de la
crisis, imágenes del béisbol para explicar la economía,
un verbo torrentoso que mantiene a las gentes clavadas en sus
asientos durante dos horas. Luego una hora más de preguntas
y respuestas. Al final el orador, empapado en sudor, recibe aplausos.
A pesar de su deliberado pesimismo. Y es que Teodoro se regodea
en nuestros desastres, describe sin misericordia los ciclos de
bonanza-pobreza, los males crónicos de nuestros hábitos
y lo difícil que resultará salir del atolladero.v
está claro, mientras más grandes las dificultades,
más grande será la victoria y menos amargo un eventual
desengaño.
Por eso no para y cada día, al final de la tarde, se monta
en un carro y termina la noche con los industriales de Cagua para
regresar a Caracas en la madrugada. O puede que salte al interior
acolchado de un Lear Jet, que no es de Pdvsa, sino del Ministerio
de Relaciones Interiores, para llevar las malas nuevas, predicar
el sufrimiento y asomar alguna esperanza al final del calvario.
El tono descarnado sorprende primero y conquista después.
Así, reconoce que lo único verificable de la Agenda
Venezuela es la baja de la tasa mensual de inflación, aunque
advierte que no en la magnitud esperada y con una "jorobita"
para octubre por el alza de electricidad y teléfonos. La
golosina que reparte al final son las expectativas sobre la inmensa
capacidad de recuperación del país, la llegada de
la inversión extranjera y la apertura petrolera, que repercutirán
en un crecimiento del cuatro por ciento para 1997 y una inflación
que no debe ir más allá de 25 puntos.
De ahí en adelante todo será agua de rosas. Crecimiento
por encima del seis por ciento y una inflación, para 1998
-año mágico- de menos de diez puntos. Pero Teodoro
no se apura. No quiere ni pensar en candidaturas. El sabe que
todavía "estamos mal".
-No todo se perdió, pero sin duda nos daña. También
es una demostración de que la seguridad jurídica
no puede estar dirigida únicamente a los inversionistas
extranjeros sino al venezolano común y corriente. Lo de
La Planta es un drama terrible, sobre todo por nosotros mismos.
A mí me importa menos la opinión del extranjero
que la de nuestro propio país y todo aquello que nos muestra
en situación de incivilidad. Ahora, afuera es indudable
que debe haber producido un daño. Después de contactos
tan exitosos en Madrid la información sobre la muerte de
un español, quemado en una cárcel de Caracas, debe
producir un daño. Son contingencias de la vida, cosas fortuitas.
-Si se sigue con atención lo ocurrido en los últimos
meses se debe reconocer que Meier ha hecho un esfuerzo importante.
Desde que él es ministro de Justicia este es el único
caso de motín grave en una cárcel venezolana, no
atribuible, según lo que se sabe, a las causas tradicionales,
sino a actos de salvajismo perpetrados por vigilantes de la cárcel.
-Por guardias nacionales, por unos guardias nacionales, porque
no podemos generalizar, involucrando a todo el cuerpo. Unos guardias
que actuaron de manera absolutamente salvaje, si es que se demuestra
su participación. Pero debe reconocerse que el Gobierno
ha venido haciendo un esfuerzo por superar la situación
y las cárceles se habían tranquilizado.
La corrupción del Poder Judicial
-Muchos de los problemas de las cárceles derivan del hacinamiento,
de cárceles que corresponden al siglo pasado, como en la
novela de Antonio Arráiz, "Puros Hombres". Si
bien no se trata de hacerlas gratas, tampoco las podemos convertir
en meros instrumentos de castigo. Y nosotros tenemos un horror.
Ese hacinamiento tiene mucho que ver con un Poder Judicial moroso.
En la raíz de todo esto está el Poder Judicial venezolano,
deteriorado y corrompido en extensas áreas. Allí
hay que poner el impulso para iniciar la reforma.
-Se confió inicialmente en la posibilidad de una reforma
constitucional, más o menos rápida, en la que el
presidente había incluío una alta comisión
de justicia de la cual derivarían una serie de cambios
posibles en el Poder Judicial. Sin embargo, se quedó pasmada
en el Congreso y por eso el impulso para llevar adelante las reformas
no ha sido suficientemente rápido. Afortunadamente hoy
existe un estado de ánimo en el país, una suerte
de conciencia nacional, de que hemos llegado a un punto en que
el Poder Judicial no puede seguir tal como está. Iniciativas
como la de Carlos Tablante, Conapri o Eduardo Fernández,
la decisión del Presidente para mover el asunto, el trabajo
de la doctora Gisela Parra, con financiamiento y asesoría
del Banco Mundial, son indicativos de ese estado de ánimo.
-Por eso hablé de Gisela Parra, porque en el Consejo de
la Judicatura persisten los vicios tradicionales del Poder Judicial
y se ha convertido en parte del problema. Allí se ha partidizado
y dedocratizado la justicia en Venezuela.
-El ministro de la Defensa anunció la apertura de una averiguación
y los miembros de la Guardia Nacional, a quienes se señala
como responsables, se encuentran detenidos y sometidos a la justicia
militar.
-Los presuntos delincuentes son militares.
Puedo confiar en la idoneidad de los jueces frente a un hecho
de esta naturaleza, donde no se podría pensar en razones
políticas capaces de sesgar el juicio. En todo caso no
debo descalificar a la justicia militar a priori ante un hecho
horrible que merece la pena máxima.
Los despidos deseados
-Efectivamente. Si nos limitamos a un ajuste macroeconómico,
dentro de dos años estamos metidos en los mismos desequilibrios.
Una de de las claves para mantener la inflación baja durante
mucho tiempo es reducir el déficit fiscal y para lograr
esto es preciso rehacer el estado venezolano, reestructurarlo
y redimensionarlo, porque es demasiado grande, costoso e ineficiente.
Si nosotros queremos reorientar el gasto público para combatir
la pobreza y asignar más recursos a educación, salud
y servicios públicos, necesitamos una profunda reforma
del Estado, incluyendo la reforma fiscal. Un Estado de este tamaño
es disfuncional para los propósitos de la nación.
-No, porque ese proceso está avanzando. La comisión
presidencial para monitorear y dirigir el proceso de reestructuración
funciona todos los martes desde hace cinco meses. Hemos examinado
los programas de ocho ministerios y varios han comenzado ya sus
procesos de reestructuración. Importante ha sido que todo
esto se ha hecho con los trabajadores y no en su contra. Los dirigentes
sindicales participan en las comisiones, porque estamos ante un
proceso político y no de carácter tecnocrático.
-La madurez en el movimiento sindical les permite comprender que
el Estado, tal y como funciona hoy, los perjudica a ellos y a
todo el país, porque son sus hijos quienes reciben una
mala educación y ellos mismos quienes sufren las deficiencias
de los servicios médicos. El discurso de los sindicalistas
no es contrario a la reestructuración, aunque advierten
que no deben ser ellos quienes paguen los platos rotos. Piden
que se les asegure el pronto pago de las prestaciones y yo les
concedo razón, porque hoy en día pasan diez y ocho
meses desde que se despide a un empleado hasta el momento en que
cobra las prestaciones. Y eso eso en teoría, porque en
la práctica pasa mucho más tiempo. La OCP trabaja
en un procedimiento para reducir ese lapso a dos meses. Habrá
alternativas como edad y tiempo de trabajo para quienes quieren
jubilarse. Desestatificación de muchas funciones públicas
y creación de pequeñas empresas de trabajadores
que puedan contratar con el Estado. Reciclaje, reentrenamiento
para otras funciones y así, de los cinco mil empleados
que hay en la sede central del Ministerio de Educación,
un gran porcentaje volverá a su función primigenia,
es decir, a las aulas, a ser maestros nuevamente.
-Si tuviéramos que despedir 500 mil personas de un solo
golpe no habría dinero.
-No. Los pasivos laborales calculados por la OCP son 515 mil millones
de bolívares, que es una cifra manejable. Con los fondos
existentes es posible hacerle frente al proceso de redimensionamiento
del Estado. El problema no es botar gente, sino reestructurar
y eso obliga a desincorporaciones inevitables. Ahora, si eso se
hace en concertación con los trabajadores, no habrá
trauma.
Se pierde pero se gana
-El pago de la deuda no es para quedar bien con el FMI. El
40 por ciento del presupuesto venezolano está comprometido
en el servicio de la deuda hasta 1999. Aliviar el pedazo de presupuesto
que hoy destinamos al Gobierno es la manera de rescatar recursos
para dedicarlos a pagar la deuda social. Si disminuimos lo que
debemos pagar anualmente por servicio de la deuda, podemos aumentar
los gastos en salud, educación y servicios públicos.
Se le quiere caer a palos a la piñata petrolera para hacer
lo mismo que en 1991 o 1979.
-No es verdad. Sobre la base del precio del barril de petróleo
que se utiliza para calcular el prespuesto tenemos una regla.
Treinta centavos hacia arriba y treinta centavos hacia abajo producen
las siguientes consecuencias: si el precio baja treinta centavos
en relación al precio utilizado para calcular el precio
del barril de petróleo, debemos reducir el gasto. Si baja
más de treinta centavos, debemos pedir prestado. Si sube
hasta treinta centavos ese dinero lo podemos usar como ingreso
y gasto ordinario. De ahí es donde dice Luis Raúl
(Matos) que debemos destinar una parte a compromisos sociales.
Para todo lo que está por arriba de esos treinta centavos
hay un fondo especial en el Banco Central destinado al pago de
la deuda pública.
-No sectores sino una persona muy importante y cuya opinión
respeto mucho, que es Gustavo Márquez, presidente del partido,
aunque en esta oportunidad estoy en desacuerdo con él.
No le atribuyo, por supuesto, ninguna intención malsana,
sino la pura convicción de que este no es el momento de
vender. Yo pienso que se debe actuar ya, porque la credibilidad
del programa económico depende de algunas cosas que hemos
dicho vamos a hacer. Si en este momento se nos ocurre parar la
venta porque el precio no es muy bueno, todo el programa se va
al diablo. El problema del precio no es de magnitud, porque el
precio base es fijado por el mercado. Por eso y porque las acciones
saldrán en las bolsas más importantes del mundo,
no puede hablarse de guiso.
-Eso puede ocurrir, aunque no necesariamente, porque el precio
del 1991 está sesgado por la alta prima que pagó
el consorcio ganador, un 40 por ciento sobre el precio base. Si
le quitamos esa acción tendremos un acción de dos
dólares y un pico.
-No sería perder, sino dejar de ganar. Si sale Cantv, lo
del aluminio irá sobre rieles y también Sidor. Será
una excelente señal para el mundo económico.
Mi sueldo es ridículo
-Las devaluaciones frecuentes hacen que los sueldos en bolívares
luzcan muy altos. Si los mides en dólares el sueldo del
presidente de Pdvsa está por debajo de sus similares de
otras empresas. Pdvsa es la primera petrolera del mundo por el
volumen de sus negocios, una trasnacional venezolana que le produce
al país, sólo este año, unos 18 mil millones
de dólares. Los jefes de Pdvsa deben tener sueldos acordes
con su inmensa responsabilidad. Este país se embarca a
veces en polémicas tan mezquinas que uno siente pena ajena.
Más bien se trata de producir una reorganización
del sueldo del servidor público, tan mal pagado que cuando
se crea el Seniat, para asegurarnos la idoneidad de sus funcionarios,
se les asignaron buenos salarios. Así, el jefe del Seniat
gana dos veces más que el Presidente de la República.
Y tres veces más que su jefe, el ministro de Hacienda.
El sueldo de los ministros, de 360 mil bolívares es ridículo.
Una distorsión que debe ser remediada.
-Molestia, como cualquier miembro de una comunidad organizada
al ver a sus compañeros en un pleito. Entiendo también
que una discusión de esa naturaleza envuelve a la lucha
por superar problemas que no pueden dejar de afectarnos como comunidad
que forma parte del país. Por desagradable que resulte,
si hay problemas de esa naturaleza mejor es que sean ventilados.
-Eso revela que somos venezolanos tan comunes como los demás
y que no somos invulnerables a la infección de prácticas
indeseables. Lo importante es que esas acusaciones no queden en
el aire y sean demostradas.
No pienso en la candidatura
-Todo lo contrario. Estoy pensando en no serlo.
-Vamos a dejar que pase el tiempo, porque para mí los acontecimientos
pueden desarrollarse de manera bastante positiva para el Gobierno
a partir del año próximo. Esperemos para ver de
qué manera las fuerzas políticas que respaldan al
gobierno enfrentan la cuestión electoral.
-Estoy negado. Y digo como Bush: "read my lips". No
voy a ser candidato, léanme los labios.
-Es que no quiero ni pensar en eso. No quiero que el trabajo al
cual estoy dedicado, el esfuerzo que hago, pueda ser perturbado
por inquietudes de tipo electoral. Cuando empiezas a comportarte,
cálculo electoral mediante, entonces tu conducta y discurso
cambian. Comienzas a hablar menos claro, a cuidarte por aquí
y por allá, a sacar cuentas electorales. Prefiero tener
las manos ibres para hablar de los problemas del país con
la crudeza conque lo hago, sin pensar en las consecuencias que
podría tener para mí, personalmente. Por eso le
reclamo a los medios de comunicación cuando siento que
la manera de tratar un problema no se corresponde con el sentido
de la responsabilidad y de la ética que deben guardar.
Entre sábanas
-Un problema de muy poca monta, estrictamente personal, que
él transformó en un problema público y por
supuesto no quisiera abundar sobre eso. Simplemente comentaría
que hay un tipo de periodismo, ese de meterse entre las sábanas
de los demás, a ver si se eyacula precozmente o no y con
quien se acuesta o no, que a müi no me parece periodismo,
ni me parece ético, sino una obscenidad. Quien hace ese
periodismo debe tener varias caras de tipo sicológico que
explican tales conductas. Ni en Venezuela, ni en los países
latinos, en general, existe esa concepción periodística,
de carácter anglosajón. Es en los Estados Unidos
donde les interesa quién se acuesta con quién. Entre
nosotros el respeto a la vida privada es prácticamente
sagrado. Ese periodismo de la revista de Fihman es indecente,
ni siquiera se cuida de aclarar o corregir.
-Así es.
-Lo que le respondí: es una infamia, una mentira, es incierto,
pero, por supuesto, le añadí lo que opino de él
como profesional y como hombre. No me referí a la prensa.
-No hombre, qué golpes le iba a ofrecer si estábamos
hablando por teléfono.
-La vida privada es un ámbito que merece respeto. Pero
cuando la vida privada del hombre público perturba su acción
pública, entonces deja de ser privada. Ese ya es otro asunto.
-Hasta ahora no. Tengo perfectamente separada mi vida pública
de mi vida privada.
El Universal, domingo 27 de octubre, 1996
|