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LOS tribunales se paralizaron de nuevo. La justicia se detuvo.
¿Se puede pedir a los inversionistas que ingresen sus capitales
a Venezuela? ¿Acaso hay la base mínima jurídica
para que ello ocurra? ¿Qué pasa con los derechos constitucionales
de quienes son llamados a invertir en Venezuela? ¿Qué
pasa con los derechos constitucionales del ciudadano común?
¿Por qué no se le da al Poder Judicial la necesaria
autonomía presupuestaria?
Desde hace varios años la administración de justicia
se paraliza aproximadamente por la misma época. Se trata
de una huelga de empleados y demás funcionarios al servicio
de los tribunales, quienes reclaman con justeza la cancelación
de deudas que tiene el Consejo de la Judicatura y del cumplimiento
de obligaciones contraídas de forma solemne. El problema
es que ni la burocracia oficial, entiéndase Poder Ejecutivo,
Consejo de la Judicatura y hasta el propio Congreso, han podido
dar respuesta oportuna a las necesidades del Poder Judicial, ni
los integrantes de este último han sabido canalizar asertivamente
las acciones reivindicativas a las cuales son acreedores.
Para el inversionista y el ciudadano común el asunto es
peor ya que una parálisis de la administración de
justicia es una situación que supera la simple suspensión
de garantías constitucionales. En efecto, al haber suspensión
de garantías por lo menos quedan los tribunales, en los
cuales, aun con los problemas que los aquejan, todavía
existe en ellos una serie de jueces y funcionarios bien intencionados,
capacitados y honestos que hacen que las cosas funcionen y cuya
labor es la única explicación por la cual el sistema
judicial no ha colapsado totalmente. Por eso, aun cuando no haya
garantías constitucionales, porque el Poder Ejecutivo las
suspenda, siempre habrá un refugio en un sector sano del
Poder Judicial que, gracias a Dios, todavía existe.
En cambio, cuando se suspenden las actividades tribunalicias el
asunto se complica. Por cuanto esos jueces y funcionarios que
permiten que haya un equilibrio, aun cuando sea precario, ya no
laboran. Por esa razón, al no haber trámites de
ningún asunto judicial la repercusión para inversionistas
y ciudadanos es mucho mayor.
En conclusión, si hubiera la base mínima jurídica,
ingresarían a Venezuela muchísimos más capitales
que los que toman el riesgo de venir. Para ello, se requiere un
calendario judicial cierto y predecible. La solución al
problema económico del Poder Judicial es reconocerle su
autonomía presupuestaria y la creación del Situado
Judicial. Sólo de esa forma se equipararían a los
otros poderes y no habría excusas para su parálisis.
El Universal, jueves 24 de octubre, 1996.
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