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Cuando escribo estas líneas el triunfo de Arnoldo Alemán,
de la Alianza Liberal, es un hecho. A pesar de que existen reclamos
de los partidos en relación a los resultados, que pudieran
modificar los porcentajes, no cabe duda de que los escrutinios
favorecen ampliamente al candidato liberal.
Sin duda que Alemán evoca ventajas para los electores nicaraguenses
que, en forma masiva, acudieron a las elecciones. Seguramente
transmite más confianza que su adversario Daniel Ortega
y representa una opción que se aprecia como más
confiable para el retorno de inversiones y la cooperación
internacional. Pero, cabe preguntarse, ¿por qué el
Frente Sandinista volvió a perder después de ingentes
esfuerzos por cambiar/recuperar su imagen? ¿Por qué
quienes condujeron la lucha revolucionaria que terminó
con la era de los Somoza no gozan del apoyo de los ciudadanos
a los cuales contribuyeron a liberar, aun después de superada
la guerra con la "contra"? ¿Por qué la solución
aparentemente más comprometida con los pobres y su destino
no logra el apoyo entusiasta de la población del país
más pobre de América Latina después de Haití?
Las respuestas a las preguntas anteriormente formuladas tienen
que esperar a datos más precisos e investigaciones más
demoradas; sin embargo algunas hipótesis se pueden avanzar.
El sandinismo, ciertamente, representa la revolución que
terminó con los Somoza y logró la democracia, pero,
a pesar de los esfuerzos de cambiar de tono, probablemente siga
representando una revolución que hoy no le dice nada a
un pueblo necesitado de crecimiento y desarrollo.
Tengo la presunción de que los esfuerzos de los movimientos
políticos por cambiar y ponerse a la altura con la época
son saludables, pero cuando ese cambio se intenta en épocas
electorales puede sonar a oportunismo y a maquillaje circunstancial.
Porque pertinente es decir que en el seno del sandinismo la defensa
de los antiguos estilo y concepción alrededor del socialismo
sigue viva. No es improbable que ahora al Comandante Ortega se
le reclame haber abjurado de las banderas revolucionarias y haber
abrazado el estilo de los "jingles" y pompones, guayaberas
y sonrisas, típicos de las elecciones "massmediáticas"
al uso.
No sería extraña la paradoja de que se le reclame
a Ortega por cambiar de imagen cuando pudiera verificarse que,
precisamente, perdió por no haber podido hacerlo a cabalidad.
Se quedaron a medio camino: dejaron el fusil y cuando estaban
agachándose para recoger la rosa dentro del nuevo "look",
les tomaron la foto en una posición sumamente inconfortable.
No sin recordar que en Nicaragua se reclama con acrimonia que
muchos de los jefes sandinistas representan existencialmente una
mayor desigualdad en la distribución del ingreso con respecto
a la mayoría de la población que la burguesía
tradicional, antigua y actual.
Hay otro aspecto que considero especialmente relevante: la relación
entre la pobreza y las propuestas electorales. La teoría
revolucionaria indicaba que las fuerzas de la transformación
crecerían como resultado del natural explotador del capitalismo
que, de esa manera, produciría su propio sepulturero social.
Ya sabemos lo que ha pasado en este terreno. Pero no estaba descartado
que las situaciones de miseria social tratarían de encontrar
en las fuerzas más radicales una opción terminante,
si bien democrática, para su situación. La respuesta
no parece ir en esa dirección. El fortalecimiento de opciones
de centro o centro-derecha sugiere que los electores no andan
en ninguna operación socialmente vindicativa sino en una
modesta búsqueda de alguna salida personal, tranquila,
confiable y más o menos a la mano. No digo que esto sea
deseable o bueno; semeja ser lo que ocurre.
La derrota del sandinismo por segunda vez es más importante,
si se me permite, que la victoria de Alemán. Significa
-al menos por ahora- el fracaso en el viraje de la revolución
hacia las rutinas menos espectaculares de la democracia. Si hubiera
elecciones en Cuba, ¿le pasaría esto o, más
bien, algo distinto al partido del Comandante Fidel Castro?
Las otras elecciones
Las de Estados Unidos. Interesan como fenómeno comunicacional
espectacular. Si Dole no ataca a Clinton, éste avanza en
las encuestas. Si Dole ataca sañudamente a Clinton, éste
avanza más todavía en las encuestas. Dicen que la
gente se dio cuenta de que la economía norteamericana está
creciendo, que la cosa está bien y que no hay motivos de
queja. Una buena razón para votar por alguien. Pero sin
duda la imagen de un personaje que parece de esta generación
frente a un personaje que describe sus méritos sobre la
base de lo que hizo hace cincuenta años también
cuenta. Clinton "adoptó" el programa republicano
para dejar a su rival sin argumentos; es casi seguro que vuelva
al programa demócrata después de su victoria. Cosas
de las elecciones.
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