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Revista Electrónica Bilingüe       Nº 8     Octubre 1996
Esta Semana
Medias verdades
Rafael Alfonzo H.


FRECUENTEMENTE, vemos declaraciones oficiales donde se trata de mostrar la eficiencia del Gobierno según el índice de desempleo existente. Se pretende usar cifras brutas sin analizar con profundidad su significado. Vemos por ejemplo, que no se mide el exceso de burocracia ni los efectos de contratar personal no requerido, para contrastarlo con las cifras que se muestran de empleos.

Es curiosa la forma en que se pueden manejar las cifras estadísticas, y casi que podríamos decir que algunos economistas son expertos en hacerlas coincidir con algo que en realidad es una media verdad. Un ejemplo clásico es el de las cifras de desempleo. Muestran montos que se calculan en base a empleos totales, y en segundo lugar, no tienen información confiable de la actividad informal que refleje si están empleados.

Decir que Venezuela tiene 12% de desempleo, es una media verdad. Por un lado, tenemos más de 1.000.000 de empleados públicos cuyo trabajo no se necesita, y por otro lado, están siendo tomados como empleos del país. Si tenemos 5.000.000 de empleos, entonces un 20% de desempleo debería sumarse a la cifra anterior.

A este 32% de desempleo (12% oficial mas 20% no requerido), se debe restar los empleos no reportados pero efectivos de la economía informal. Esta sería la cifra comparable con los países que no tienen exceso de empleos públicos y tienen estadística confiable en cuanto a los negocios informales. La proporción de empleos informales está relacionada directamente con la cantidad de controles que existen. También, cuando existen altos déficit fiscales y las variables macroeconómicas están desbalanceadas, el número es mayor.

La actual Ley del Trabajo, el régimen de prestaciones sociales vigente, la alta tasa impositiva, los impuestos municipales, el régimen de cambios diferenciales, controles de precio, el impuesto a las ventas al mayor, el seguro social obligatorio, la Ley de Política Habitacional, etc., han contribuido a establecer una economía informal que cada día es mayor en Venezuela.

La razón es obvia, el costo de ser formal los hace poco competitivos localmente y con la alta corrupción existente, es más barato operar informalmente que haciéndolo legalmente. Más, si tomamos en cuenta las frecuentes modificaciones que establecen penalidades y que difícilmente las empresas pequeñas pueden ejercer. Esto trae todo tipo de problemas, siendo el más notorio la desprotección al propio trabajador. Esto, a pesar de que se pretende legislar a su favor.

Varias instituciones internacionales están buscando las correlaciones de diferentes variables y su relación con un mejor estándar de vida. La gran conclusión del Frazer Institute y del Heritage Foundation, es que el nivel de libertad reinante es proporcional al estándar de los ciudadanos, y que a mayor libertad mayor es el nivel de ingresos per cápita de las naciones en estudio (más de 100).

En la medida en que los diferentes parámetros que se usan para calibrar la libertad mejoran, los niveles de informalidad, marginalidad y subdesarrollo disminuyen.

Es importante que los ciudadanos aprendamos a interpretar las cifras que se nos ofrecen, siempre tomando en cuenta los índices de libertad y no tan sólo cifras sueltas que sólo muestran medias verdades. Mantener un control de estas variables de libertad podría ser el comienzo de una Venezuela más productiva y que sobre todo, proporcione un mejor nivel de bienestar a sus ciudadanos.

Para mejorar el empleo real de personas que ejercen un trabajo requerido y productivo, se debe simplificar la actual Ley del Trabajo y el régimen de prestaciones sociales, tener una estructura fiscal cónsona con los ingresos que recibe el Estado y sobre todo, el desmantelamiento de todo tipo de control discrecional. El mensaje sería claro: sólo habría beneficios para quienes trabajen y el Estado sería para garantizar que exista salud, educación y seguridad personal y jurídica. El Estado repartidor sería sustituido por el Estado exigidor de responsabilidades ciudadanas. Se mantendrían limosneros, a quienes se les brinda un sueldo originado en un trabajo no requerido, y que sólo se justifica en un régimen populista que tan sólo quiere su permanencia política en lugar del verdadero desarrollo de su pueblo.

Bastantes ejemplos tenemos en nuestro continente y en especial en Venezuela, que nos permiten identificar las realidades del nivel del bienestar social y sus causas. No nos dejemos sorprender por verdades a medias y exijamos la libertad, que es el único camino que nos garantizará el progreso nacional.


El Universal, martes 15 de octubre, 1996.
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