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FRECUENTEMENTE, vemos declaraciones oficiales donde se trata de
mostrar la eficiencia del Gobierno según el índice
de desempleo existente. Se pretende usar cifras brutas sin analizar
con profundidad su significado. Vemos por ejemplo, que no se mide
el exceso de burocracia ni los efectos de contratar personal no
requerido, para contrastarlo con las cifras que se muestran de
empleos.
Es curiosa la forma en que se pueden manejar las cifras estadísticas,
y casi que podríamos decir que algunos economistas son
expertos en hacerlas coincidir con algo que en realidad es una
media verdad. Un ejemplo clásico es el de las cifras de
desempleo. Muestran montos que se calculan en base a empleos totales,
y en segundo lugar, no tienen información confiable de
la actividad informal que refleje si están empleados.
Decir que Venezuela tiene 12% de desempleo, es una media verdad.
Por un lado, tenemos más de 1.000.000 de empleados públicos
cuyo trabajo no se necesita, y por otro lado, están siendo
tomados como empleos del país. Si tenemos 5.000.000 de
empleos, entonces un 20% de desempleo debería sumarse a
la cifra anterior.
A este 32% de desempleo (12% oficial mas 20% no requerido), se
debe restar los empleos no reportados pero efectivos de la economía
informal. Esta sería la cifra comparable con los países
que no tienen exceso de empleos públicos y tienen estadística
confiable en cuanto a los negocios informales. La proporción
de empleos informales está relacionada directamente con
la cantidad de controles que existen. También, cuando existen
altos déficit fiscales y las variables macroeconómicas
están desbalanceadas, el número es mayor.
La actual Ley del Trabajo, el régimen de prestaciones sociales
vigente, la alta tasa impositiva, los impuestos municipales, el
régimen de cambios diferenciales, controles de precio,
el impuesto a las ventas al mayor, el seguro social obligatorio,
la Ley de Política Habitacional, etc., han contribuido
a establecer una economía informal que cada día
es mayor en Venezuela.
La razón es obvia, el costo de ser formal los hace poco
competitivos localmente y con la alta corrupción existente,
es más barato operar informalmente que haciéndolo
legalmente. Más, si tomamos en cuenta las frecuentes modificaciones
que establecen penalidades y que difícilmente las empresas
pequeñas pueden ejercer. Esto trae todo tipo de problemas,
siendo el más notorio la desprotección al propio
trabajador. Esto, a pesar de que se pretende legislar a su favor.
Varias instituciones internacionales están buscando las
correlaciones de diferentes variables y su relación con
un mejor estándar de vida. La gran conclusión del
Frazer Institute y del Heritage Foundation, es que el nivel de
libertad reinante es proporcional al estándar de los ciudadanos,
y que a mayor libertad mayor es el nivel de ingresos per cápita
de las naciones en estudio (más de 100).
En la medida en que los diferentes parámetros que se usan
para calibrar la libertad mejoran, los niveles de informalidad,
marginalidad y subdesarrollo disminuyen.
Es importante que los ciudadanos aprendamos a interpretar las
cifras que se nos ofrecen, siempre tomando en cuenta los índices
de libertad y no tan sólo cifras sueltas que sólo
muestran medias verdades. Mantener un control de estas variables
de libertad podría ser el comienzo de una Venezuela más
productiva y que sobre todo, proporcione un mejor nivel de bienestar
a sus ciudadanos.
Para mejorar el empleo real de personas que ejercen un trabajo
requerido y productivo, se debe simplificar la actual Ley del
Trabajo y el régimen de prestaciones sociales, tener una
estructura fiscal cónsona con los ingresos que recibe el
Estado y sobre todo, el desmantelamiento de todo tipo de control
discrecional. El mensaje sería claro: sólo habría
beneficios para quienes trabajen y el Estado sería para
garantizar que exista salud, educación y seguridad personal
y jurídica. El Estado repartidor sería sustituido
por el Estado exigidor de responsabilidades ciudadanas. Se mantendrían
limosneros, a quienes se les brinda un sueldo originado en un
trabajo no requerido, y que sólo se justifica en un régimen
populista que tan sólo quiere su permanencia política
en lugar del verdadero desarrollo de su pueblo.
Bastantes ejemplos tenemos en nuestro continente y en especial
en Venezuela, que nos permiten identificar las realidades del
nivel del bienestar social y sus causas. No nos dejemos sorprender
por verdades a medias y exijamos la libertad, que es el único
camino que nos garantizará el progreso nacional.
El Universal, martes 15 de octubre, 1996.
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