Los psiquiatras queremos, (y pensamos que este es nuestro derecho)
meternos en todo. No es extraño leer en las paginas de
la prensa ó ver en los programas de televisión a
colegas hablar de los temas más bizarros y variados. Con
esta licencia me voy a permitir reflexionar sobre los procesos
sociales dentro de la teoría de la psicología analítica.
Para comenzar pienso que son útiles algunas definiciones:
la psicología analítica es también conocida
como psicología de los complejos, psicología arquetipal
o psicología Junguiana, siendo este su nombre más
común; fue introducida en el campo del estudio del alma
humana por Carlos Gustavo Jung. Este fue un psiquiatra, psicólogo
y pensador suizo, alumno y contemporáneo de Sigmund Freud,
de quién se separa después de intensos años
de colaboración. Consideraba Jung que la estructura psicoanalítica
dejaba fuera de comprensión una serie de pulsiones y motivaciones
en el devenir del Hombre.
Por citar algunas de las divergencias diré que para Freud
la energía que guía la conducta humana (Líbido)
es de origen sexual (erótico) o tanático (destructivo)
Para Jung la energía es más variada e indefinida,
plantea otras necesidades tales como: de trascendencia (reflexivas
ó religiosas), de poder (Adler), de hacer cosas, de búsqueda
de la plenitud de su existencia, de cumplir con el paradigma existencial,
etc.
Freud descubre el Inconsciente y establece que este es un contenido
oculto y dinámico de la psique, el cual determina nuestra
conducta. Para él esta forma de los contenidos psíquicos
está condicionado por la historia personal, es decir que
en el encuentro entre el mundo de los instintos y el medio ambiente,
los seres humanos vamos aceptando o reprimiendo aquellas vivencias,
emociones y deseos. Cuando ellos amenacen nuestra estabilidad
y sobrevivencia los represamos en ese departamento psíquico.
Para Freud el alfa y omega de dinámica psíquica
estaba fundamentada en las relaciones del niño con sus
padres, para explicarla recurre a la mitología Griega y,
en la tragedia de Edipo, encuentra el modelo imaginario que da
forma a sus ideas.
Jung, tomando como referencia las teoría de su maestro
y amigo, se cuestiona la exclusividad del mito; en sus reflexiones,
se pregunta ¿por qué basar la conducta humana en una
sola historia siendo tan siendo tan rico el Panteón mítico?
¿No se estará siguiendo un patrón monoteísta
en contra del politeísmo intrínseco del actuar de
los seres humanos?
Las anteriores reflexiones lo llevan a estudiar mitología,
y a establecer que los humanos nos comportamos muy distintamente.
Esta divergencia parece estar fundamentada en patrones de aprehender
y vivenciar. Los patrones se repiten en todas las sociedades y
que son ellos los que nos han permitido sobrevivir. A estos formas
de estar y vivir llamó Jung, Arquetipos.
Los Arquetipos son eternos, son equiparables a las Ideas Platónicas,
ellos se revestirán con los ropajes de la cultura, la educación,
la herencia, etc.
Los Arquetipos se deberían encontrar en un lugar aún
no descubierto del alma. Jung definirá a este estrato,
"Inconsciente Colectivo."
El Inconsciente Colectivo que se expresa en imágenes y
cuya realidad podemos corroborar por la universalidad de los mitos,
leyendas, expresiones del folklore y por la emergencia espontanea
en sueños y fantasías, de símbolos que pertenecen
al todo de la humanidad.
Por último, y ya podemos entrar en la materia de este trabajo,
para Freud la conducta humana tenía un "Por qué,"
esta determinada. Hacíamos esto ó aquello sin saber,
debido a qué tenemos vivencias y deseos que no aceptamos
en nosotros mismos, las reprimimos y, desde el inconsciente, pugnan
por su expresión.
Para Jung, ampliando el concepto, además de existir este
"Por qué" existe un "Para qué."
Los seres vivos estamos aquí para cumplir con un paradigma
existencial, con una entelequia. Este desarrollo esta guiado por
la ecuación arquetípica que cada uno de nosotros,
en forma universal y personal debe cumplir. Así la forma
de vivir de cada uno, si bien guiada por patrones universales,
será individual, y tremendamente variada. Tan variada como
las imágenes que nos aportan las distintas mitologías.
No hay que olvidar que la mitología es psicología
expresada en imágenes. Las mitologías fueron los
intentos más profundos y primarios del ser humano por entenderse.
El proceso mediante el cual cada uno de nosotros viene a ser lo
que intrínsecamente y potencialmente es, desde su nacimiento
hasta la muerte, fue llamado por Jung, "Proceso de Individuación."
En otra metáfora, podemos decir que individuación
es aquel proceso mediante el cual cada uno de los seres vivos
logra desarrollar y vivir su propio mito.
No se piense románticamente que es este un proceso fácil.
Para cumplirlo hay que sacrificar y renunciar. Es este, sin embargo,
un camino inevitable. Cuando lo traicionamos nuestra alma sufre
y si este sufrimiento se prolonga, no es reflexionado é
integrado, terminamos por enfermarnos. En otras palabras cuando
le damos la espalda a nuestra mismidad nos dañamos, algo
en nosotros queda lesionado. Tienen estas heridas sentido reestructurativo
a pesar de todo. Ellas son intentos del alma por corregir el rumbo.
De no cumplirse su intención morimos la peor de las muertes,
la del alma.
El Proceso de Individuación de una metáfora de la
vida, de mi vida como individuo y de mi vida como ser social.
Al ser concebido, en el primer huevo, en la primera célula,
todo el potencial diferenciante del indivuduo se encuentra engramado
en lo genes. Toda la experinecia de humanidad está condensada
en ese micromundo. De otra forma no podríamos explicarnos
como, de esta unicidad indiferenciada, nacen tejidos y estructuras
tan especializadas y diversas.
Una vez nacidos vamos a ser transformados por nuestras experiencias
educativas y vivenciales. Cuando un niño nace está
indefenso, requiere de la madre para sobrevivir. Se genera una
urdimbre entre la madre y el niño, esta debe ser rota por
la vida y la mismidad. Peor aún, al romperse este vínculo
nos quedamos solos. Todos le tememos a la soledad, es un estado
contra-natura, ya que todos buscamos la felicidad ó, al
menos, no sufrir. En este momento, si la madre ofrece sus brazos
protectores, corremos de vuelta a ella. Nuestra vida se trunca
y nuestra entelequia se paraliza.
Otro riesgo es sumergirnos en la inmensidad de nuestro aislamiento.
Creamos entonces un mundo individualístico y egoísta
donde solo caben yo y mis fantasmas.
La tercera forma, la de la individuación, es construir
mi mismidad y, aceptado y trascendiendo mi soledad, encontrarme
con otras mismidades. Este encuentro debe ser erótico y
mutual.
Lo que es cierto para mi como individuo parece ser cierto para
mi como sociedad.
De la sociedad tribal a la mutualidad y el Proceso de Individuación.
Las sociedades originales, siguiendo la línea del pensamiento
anterior, surgen de la masa confusa de los tiempos.
"Al principio creó Dios el cielo y a tierra. La
tierra era confusión y caos, y las tinieblas cubrían
la faz del abismo, más el espíritu de Dios se movía
sobre las aguas" (Génesis 1: 1,2,)
Me parece oportuno aclarar que estoy hablando de psicología
individual y social. Que estoy robándole a La Biblia sus
metáforas para amplificar mi tesis. Digo esto para no generar
confusión en el lector, que pudiera pensarme como místico
ó como proselitista. La misma metáfora se encuentra
en "La Santería," en la mitología Griega,
en las religiones Orientales, etc.
Ante el caos y el temor, los seres humanos tendemos a unirnos
en clanes, en grupos sociales donde podamos, desde nuestra inferioridad,
defendernos de un mundo hostil y confuso. Esta necesidad esta
fundamentada en la sobrevivencia, en un instinto que va, en el
tiempo, a condicionar nuestra pulsión a crear grupos, a
reunirnos en gremios van desde los Rotarios hasta las pandillas
callejeras, pasando por AA., NA., Grupos de Soporte para Diabéticos,
Sociedades Psicoanalíticas, Grupos Junguianos, etc.
Se generan las sociedades tribales. Estas le aportan al individuo
su sentido de pertenencia, identidad y seguridad. Estas tribus
se constituyen en "Egos" colectivos donde la persona
se siente protegida y a salvo. Cualquier individuo que comience
a cuestionarse y a cuestionar es peligroso para la tribu. Este
debe pasar al exilio, ser reprimido ó ser transformado
mediante una serie de ritos iniciáticos.
De cualquier forma lo importante en este momento es tener en cuenta
la evolución de las sociedades y del individuo dentro de
ellas.
En un primer estadio todo es confusión y temor.
En un segundo momento la identidad es tribal. El individuo debe
negarse a sí mismo en función del bien común.
La Sociedad le provee todo lo necesario para su bienestar. Esta
etapa del desarrollo está descrita en los cuentos de hadas,
los mitos, las leyendas y las historias del folklore, así
como en las manifestaciones artísticas y/o creativas. vemos
allí como se vive en un estado de inconsciencia paradisíaca.
Este estado es roto por un desbalance, por un conflicto o por
una necesidad.
Estas sociedades edénicas son imagos maternas. De la Gran
Madre Tierra, de quién todos venimos y a la cual queremos,
y tememos, regresar.
Cuando el individuo comienza a verse a si mismo como diferente.
Cuando comienza a reflexionarse, que quiere decir inclinarse en
si mismo y verse tal como él es. Se inicia el tercer proceso,
en él nos volvemos individualistas--si es que no decidimos
traicionarnos y nos regresamos--nos hacemos egoístas y
nos aislamos. Creamos un territorio que defendemos con pies, uñas,
dientes, con lo que sea. Cualquier extraño es sospechoso,
incluso nuestros padres, hermanos, hijos y amigos. Yo soy yo,
puedo y debo hacer lo que mi yoicidad me dicte.
Lo anterior ha sido llevado a extremos tales, que encontramos
personas que se permiten tener una moral propia. A ellos no les
importa transgredir cualquier límite con el fin de satisfacer
sus deseos y sus instintos. Seres humanos que, cuando parecen
tener alguna sensibilidad social, ella está fundamentada
en la visión que ellos tienen de la realidad. Baste con
observar a los líderes religiosos, políticos ó
de cualquier grupo. Si arañamos ligeramente la superficie
de su discurso, nos percatarnos de que sus "altos ideales"
están al servicio de su visión egoísta y
personal.
Es este, sin embargo, un proceso necesario de desidentificación
por el cual todos podemos, y debemos, pasar. Este momento debe
coincidir con la adolescencia, cuando se prolonga más allá
de ella, hablamos de la cristalización de un proceso.
También la sociedades pasan por esta etapa. Basta con ver
el panorama internacional. En él hay países que
se consideran desarrollados, hiper-desarrollados, subdesarrollados
o en vías de desarrollo. Los primeros, en su concepción
individualista, pretenden hacer vivir al resto del mundo de acuerdo
a sus patrones. Lo triste es que hay países que, en su
minusvalía y sentimientos de profunda depresión,
se tragan el cuento y se mimetizan, con lo cual traicionan sus
procesos.
En las naciones Latino-Americanas, estamos presenciando el inicio
del desarrollo hacia la individualización. La descentralización,
la liberación del gobierno central, la emergencia espontanea,
y aún caótica, de micro-empresas de individuos.
Así como el temor de las clases dirigentes tradicionales
a estos cambios, nos recuerdan nuestra adolescencia, cuando queríamos
pensar por nosotros mismos y nuestros padres, si no eran adecuados,
nos lo prohibían con el solo pretexto de que ellos son
mayores. No hay que olvidar que una de las características
de la vejez es la negativa a cambiar y a aprender cosas nuevas,
el aferrarse a las estructuras antiguas.
También nos recuerda a la adolescencia la cantidad de errores
y ensayos que desplegamos. Por medio de la experimentación,
por el fracaso y el éxito, vamos incorporando aprendizajes.
Esta sabiduría propia de la edad madura debe acompañarse
de el entusiasmo de la juventud.
Por lo tanto, el individualismo, es una etapa necesaria en el
desarrollo. No debe tampoco cristalizarse transformándose
en egoísmo, aislamiento, tiranía y abuso. Debe trascenderse
a la siguiente etapa, la de la "Mutualidad."
Mutualidad puede definirse como aquel momento en el cual el individuo
es uno en relación erótica y responsable con sus
semejantes, con la sociedad en la cual le toca vivir y con su
ambiente.
El individuo en esta etapa es crítico, cuestiona y piensa
por si mismo, entendiendo que otros pueden divergir de sus opiniones
sin que por ello el tenga que dejar las propias. Puede convivir
responsablemente con "El Otro", con él
se puede encontrar, dialogar, diferir, pelear, etc.
Esta sociedad mutual no la podemos concebir como un ideal Hippie,
divorciada de las pasiones, de las mezquindades y de las inferioridades
de la vida misma.
Es por medio de reconocernos en nuestra maldad, de nuestra limitaciones.
Es en nuestra "Prima materia" pestilente,
donde podemos conocernos, aceptarnos y convivir.
Creo que los ejemplos son redundantes y dejo a la imaginación
crítica del lector la libertad de llenar los vacíos,
de descubrir los errores y de señalar las deficiencias
de este trabajo.
*Médico-Psiquiatra de orientación Junguiana