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![]() La sociedad informática necesita un código de conducta para preservar su libertad Emilio Figueredo
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Cada día más personas entran de una u otra manera
a la red electrónica internet. Al iniciarse en ese interminable
laberinto descubren la multiplicidad de vías que esta le
ofrece para satisfacer todo género de curiosidad que pueda
tener, desde la mas simple como puede ser la de estar al día
con la información de los principales eventos internacionales,
hasta la mas oculta de satisfacer visualmente su voyeurismo sexual.
Hasta ahora cualquiera de esas iniciativas puede hacerse de manera relativamente poco costosa, por lo menos así es en los Estados Unidos, el principal actor en este nuevo ludismo global. Pero el debate sobre esta desenfrenada libertada de acceso que prolifera como cualquier colonia de bacteria ha hecho que aparezcan cada vez con más fuerza los detractores de la libertad , disfrazados de defensores de los valores éticos de la humanidad. Estos adalides de la moralidad colectiva proponen leyes que censuren y restrinjan el acceso a la red a aquellas personas o actividades que se aparten del denominador común de una moral única y universalmente aceptable. Es evidente que la red no puede, ni debe constituirse en un santuario para la promoción y ejecución de delitos que atenten contra la integridad física y moral de las personas , pero la sanción contra esta transgresión no debe estar en la censura previa sino en la justa aplicación de las leyes nacionales e internacionales que correspondan al delito cometido. Y, posiblemente tendrá que promoverse una conferencia mundial para establecer un código internacional de conducta que reglamente y sancione los usos de este nuevo medio que atenten contra la seguridad colectiva de la humanidad. De lo contrario esta función reguladora y sancionadora será ejercida por la o las naciones mas poderosas que podrán por esta vía imponer al resto de la humanidad su concepción particular del mundo. Es obvio que este no es un tema fácil de abordar, los intereses en juego son numerosos y el disfraz de defensa de la moralidad publica muchas veces sirve para disimular el mero interés mercantil de tener una protección frente a una competencia difícil de enmarcar y por lo tanto de regular. Un caso especifico es la preocupación de las empresas telefónicas frente a la proliferación de mecanismo en red que permiten que las llamadas a larga distancia puedan ser sustituidas por conversaciones en red y por lo tanto locales. También reaccionan los editores de medios impresos frente a la relativa y poco costosa alternativa de expresión que son los llamados "ezines" o medios de transmisión de noticias e información por la vía electrónica. Y así podríamos continuar enumerando las áreas en las que este nuevo y amplio espacio para la libertad de las comunicaciones entra en conflicto con actividades del mundo pre electrónico. ¿La libertad de la red será una ilusión de corta duración? No creo que nadie tenga hoy en día una respuesta única a esta interrogante. Las fuerzas que se enfrentan en esta batalla son poderosas y no está dicho quien será en fin de cuentas el vencedor. Lo que si parece evidente es que el perdedor será el que no disponga de los recursos económicos necesarios para mantener libre su opción por navegar en los sitios que su curiosidad lo estimule. E-mail: efiguere@link7.lat.net |
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