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Revista Electrónica Bilingüe       Nº 10    Diciembre 1996

Titular Ciencia y Tecnoloía
Ciencia y Técnica nacional: aval a un mejor futuro
Jaime Requena

I. TRASCENDENCIA DE LA ACTIVIDAD CIENTIFICA Y TECNOLOGICA

El panorama mundial muestra un fuerte cambio como consecuencia del proceso de generación, difusión y comercialización de nuevas tecnologías, en buena parte llevado a cabo por esfuerzos empresariales y como resultado del avance y aplicación de la ciencia. Esta ola de innovación está afectando a todos los campos de la actividad humana, siendo su denominador común, las llamadas altas tecnologías. Estas son entre otras: microelectrónica, informática, biotecnología y nuevos materiales. Como consecuencia se ésta produciendo una tendencia a nivel mundial de la redistribución de las actividades productivas mediante la cual los países menos industrializados, a pesar de sus abundantes recursos humanos y naturales, empiezan a permanecer como simples usuarios (o receptores) de procesos tecnológicos desarrollados por las naciones industrializadas.

Nuestras naciones conocen la existencia de una brecha en lo científico- tecnológico con las naciones desarrolladas y que ese distanciamiento reduce, proporcionalmente, las posibilidades del uso y la aplicación del conocimiento para el mejoramiento de las condiciones de vida de nuestras conciudadanos. Y es que la calidad de vida, como reflejo del juicioso empleo de las nuevas tecnologías, está sustentada en la aplicación del conocimiento descubierto a través de la ciencia. Por ésta simple razón, la actividad científica en cualquier sociedad debe ser amplia, a través de todas las ramas del saber, para poder ser efectiva a la hora de requerir su aplicación. No obstante, en nuestros países, el liderazgo no parece percatarse que la ciencia de hoy en día puede ser la tecnología del mañana y que ambas actividades, íntimamente concatenadas, son uno de los pilares fundamentales (junto con la salud y la educación) sobre los que se sustenta el desarrollo integral.

¿Por qué existe ésta brecha y por qué la ciencia y la tecnología en nuestros países están tan poco desarrolladas? La respuesta a ésta interrogante es una y solo una. En nuestras sociedades, el liderazgo del poder -las élites políticas, económicas y sociales- han relegado a un segundo plano el uso, real y efectivo, de la ciencia y de la técnica como instrumentos de cambio social.

La comprobación de ésta afirmación es evidente al revisar los niveles de uno de los índices tradicionalmente utilizado como descriptor del grado de desarrollo; los fondos que el país destina a la Investigación científica y al Desarrollo tecnológico (I&D). Un análisis comparativo con aquellos índices que representan los gastos en defensa, educación y salud como porcentajes del Producto Territorial Bruto (PTB), sería muy ilustrativo, especialmente, cuando se hace a nivel de las cuentas nacionales o con las de otros países. En efecto, los países industrializados gastan, en promedio, un 5.6% de su PTB en defensa. Un porcentaje similar se dedica en los países menos desarrollados al mismo rubro. Los gastos en educación son para los países desarrollados del orden de 5.2% mientras que para nosotros llegan al 3.8% del PTB. En salud, los países industrializados emplean 4.8% de su PTB mientras que los países en desarrollo destinan 1.5% del PTB. En relación a los gastos en ciencia y tecnología, los países mas desarrollados invierten 2.5% de su PTB mientras que los menos industrializados dedican menos de 0,3% a éste renglón, exceptuando Argentina, Brasil, Cuba, Venezuela, India y Corea del Sur que invierten de un 0.1% a un 0.2% mas de su PTB en esas labores. En otras palabras, con la excepción de los gastos de defensa, en todos los demás sectores de la vida nacional los países industrializados invierten mas que nosotros. Y aunque las diferencias en los otros rubros no son considerables, en el caso de Ciencia y Tecnología sí lo es, ya que los países industrializados suelen invertir hasta 10 veces más en ello que los países en vías menos desarrollados.

En el caso concreto de Venezuela (y el pasar de los años ha sido el mejor testigo), la fracción de nuestra riqueza que va para las labores de ciencia y tecnología es considerablemente inferior a la que recomienda como mínimo la UNESCO (1%). En efecto, en nuestro país éste indicador se ha mantenido oscilante alrededor del 0.4% del PTB, dependiendo de la metodología que se utilice para su medición o de que tan grande es el interés del Estado en inflar éste parámetro. Es obvio, entonces que el poder político y social de Venezuela le han dado a la ciencia y a la tecnología a lo sumo una consideración secundaria y ello para no lucir como contrarios a la modernidad. Ello, y hay que repetirlo, a pesar de la creciente toma de conciencia del rol de la ciencia y la tecnología como sustento cultural y base de una mayor esperanza en el mejoramiento de la calidad de vida.

Cuando se escriben estas líneas el país se cimbra bajo la percepción, entronizada desde mediados de la década de los ochenta, de que en medio de una grave crisis, ciencia y técnica, son un lujo y que los esfuerzos nacionales han de dirigirse hacia otras esferas, mas productivas en lo inmediato. El resultado no es otro sino una duda en las efectividad de los creadores de conocimiento y el consiguiente deterioro de las capacidades de nuestro sistema científico tecnológico. En efecto, las crisis económicas de los años 84 y 94, nos han postrado en un estado de desanimo y frustración que pone en peligro la inmensa inversión que los gobiernos democráticos han hecho para promover ciencia y técnica en nuestro medio. Y es que el sistema de investigación científica y desarrollo tecnológico, como toda actividad humana que se base en el largo plazo, no puede estar sujeto a cambios bruscos de política, violentas reducciones presupuestarias o controles innecesarios que limitan el flujo de sus insumos básicos. Ciencia y técnica necesitan de un crecimiento continuo y sostenido en sus rubros de infraestructura y recursos humanos, aunque sea para mantener igual la brecha que nos separa con los países mas desarrollados. Y eso para no hablar de disminuir esa brecha, cuando el esfuerzo que el país requeriría hacer para lograrlo tendría que ser, simplemente, titánico.

II. ANTECEDENTES RECIENTES

El 14 de abril de 1967 en Punta del Este, República de Uruguay, los Jefes de Estado de los países del continente, hicieron una declaración conjunta reconociendo que "el progreso de los conocimientos científicos y tecnológicos, están transformando la estructura económica y social de muchos países. La ciencia y la tecnología ofrecen infinitas posibilidades como medios al servicio del bienestar al que aspiran los pueblos. Entre tanto, en los países latinoamericanos éste acervo del mundo moderno y su potencial, están muy lejos de alcanzar el desarrollo y el nivel requerido. La ciencia y la tecnología son verdaderos instrumentos de progreso para América Latina, y exigen un impulso sin precedentes en la hora actual."

Desde entonces en Venezuela se han venido implantando una serie de iniciativas que han impulsado las actividades científicas y tecnológicas y, por su intermedio, al desarrollo económico y social del país. Es así, que en el sector público se han creado instituciones como el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT), la Dirección General Sectorial de Tecnología del Ministerio de Fomento, el Fondo de Financiamiento para la Innovación Tecnológica (FINTEC), las Fundaciones para el Desarrollo Científico y Tecnológico Estatales, los Centros Regionales de CONICIT, CONDIBIECA, CECOTUP y FUNDEI, entre otras. Todas ellas, organizadas con el fin de fortalecer la infraestructura científico -técnica nacional y utilizar ese potencial en la solución de los grandes problemas de nuestra sociedad.

A estos esfuerzos se sumaron los de la creación en el sector publico de entes mayoritariamente académicos o con vocación hacia la esfera tecnológica-industrial, dentro y fuera de las Universidades: Instituciones o Centros de Investigación y Desarrollo como el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), el Centro de Investigación del Estado para la Experimentación Agroindustrial (CIEPE), el Centro de Investigación y Desarrollo de Petróleos de Venezuela (INTEVEP), la Fundación Instituto Internacional de Estudios Avanzados (IDEA) y la Fundación Instituto de Ingeniería (FII), el CITO, CICASI, Centro de Investigación de Boca de Río, INVESTI, Centro Tecnológico del IVIC, INVEDI de la Universidad Simón Bolívar (USB), los Comités y unidades de tecnología en empresas básicas de Guayana como son el Comité Sectorial de Gestión Tecnológica de la CVG o el Centro de Investigación SIDOR y los nacientes Parques Tecnológicos de Sartenejas y Barquisimeto; todos con excelente equipamiento, alta capacidad técnica y con una vocación de servicio comercial, sí la misión institucional así lo requiere. Estas iniciativas junto las unidades de desarrollo tecnológico en empresas del sector privado como son los de CORIMON, POLAR, SIVENSA, Grupo Químico, VENOCO, entre otros, y de organizaciones civiles como es la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia (ASOVAC), han permitido crear y ayudar a crecer a otras instituciones, formando investigadores, profesionales, administradores y gerentes.

III. LA INSTITUCIONALIZACION DE LA ACTIVIDAD EN EL PAIS

Un análisis de la situación actual del Sector Ciencia y Tecnología demuestra que a pesar de esfuerzos trascendentes, aún prevalece poca coordinación entre los entes del sector productivo de bienes y servicios, y los organismos gubernamentales que planifican, fomentan, generan y utilizan ciencia y tecnología. Esta realidad se traduce en una dispersión de esfuerzos y recursos.

Los logros mas importantes del proceso de institucionalización, hasta el presente, han sido: En primer lugar, la profesionalización de la actividad de investigación en ciencia (y tecnología) y la formación de una generación de investigadores y tecnólogos de reconocida capacidad profesional, tanto a nivel nacional como internacional, gracias a la acción del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), las Facultades de Ciencias de las Universidades Nacionales y del INTEVEP, filial de Petróleos de Venezuela S.A.; la Ley del CONICIT, la cual le da a éste organismo la rectoría de un Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología; las Políticas de desarrollo industrial adelantadas por el Ministerio de Fomento; y las Rondas de Negociación Tecnológica, que han permitido sentarse en una misma mesa a investigadores e industriales. Se han realizado además, progresos en materia de esfuerzos institucionales, especialmente a nivel corporativo (PDVSA, CVG, CADAFE y CANTV), a objeto de aprovechar la capacidad nacional de investigación y desarrollo, ingeniería y consultoría. Finalmente, se han logrado importantes avances en materia de normalización y control de calidad; modernización del sistema de propiedad industrial y; de investigación y mejoramiento de la productividad y en particular en promoción de la industria de bienes y servicios de capital. De igual forma se han conformado nueva firmas de ingeniería que han comenzado a cubrir el mercado de ingeniería de consultoría, proyectos y de montaje.

No obstante, quien sabe si el hecho mas significativo dentro de este proceso ha sido el crédito otorgado hace unos años por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a la nación, por intermedio del CONICIT. El simple hecho de obtener el crédito, del orden de 100 millones de dólares americanos, mostró la confianza de la comunidad internacional en nuestro sistema científico y tecnológico. El objeto del crédito es el fortalecimiento de la infraestructura científica del país y su modernización con miras a proveer el aparato educativo y productivo con una base cierta de soporte de las actividades propias. Hoy cuando el crédito esta por expirar, viene la prueba de fuego y es saber sí el dinero fue bien invertido y podemos optar a un nuevo crédito que permita consolidar lo alcanzado. Empero, para ello se impone realizar un balance objetivo de su gestión y una planificación muy cuidadosa de las necesidades que se deben cubrir con mas endeudamientos.

IV. LOS RECURSOS HUMANOS: La perdida de talento

A pesar de los grandes esfuerzos realizados por el país para formar, al mejor nivel, importantes contingentes de recursos humanos que pudiesen contribuir con el desarrollo endógeno (principalmente a través de la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho (FUNDAYACUCHO)), no se ha podido contener la tendencia a perder lo mas capacitado de ese talento. En efecto, las grandes diferencias en condiciones laborales y facilidades para desempeñar el trabajo creativo ha venido estimulando la perdida de nuestro talento. Esto ha puesto en peligro las posibilidades de desarrollo en áreas tan críticas para Venezuela como son por ejemplo la electrónica, telecomunicaciones, la informática y la biotecnología. El principal problema que genera ésta situación es que la nación emplea preciosos recursos (tiempo y dinero) para no aprovecharlos a cabalidad.

Es conocido que muchos de nuestros mejores talentos, formados en estos campos, han sido captados por Centros de Investigación y Universidades de otras latitudes. Ellas han sido atraídos principalmente por una formidable infraestructura de trabajo que al permitir multiplicar su rendimiento intelectual y personal y que los lleva a alcanzar grados de desarrollo profesional, muy superiores a lo que podrían obtener dentro de nuestro medio. Si a eso se le suma un reconocimiento social libre de mezquindades y una mejor remuneración, se arriban a las causas primarias de la llamada 'fuga de cerebros'.

Existe otra faceta de este fenómeno poco conocida pero no por ella menos preocupante. Se trata de la 'movilización descalificada' de talentos de un sector como el académico o el científico-tecnológico hacia otros sectores de la vida nacional. En ésta modalidad, generalmente escogida como preámbulo a la clásica 'fuga de cerebro', el talento cambia de trabajo ya que, o bien no puede desarrollar, a plenitud, la capacidad que adquirió durante la etapa de formación superior o, simplemente, por motivos salariales. Esta modalidad adquiere relevancia cuando el nuevo trabajo implica un cambio de actividad profesional o la realización de labores que exigen un menor grado de competencia que las que se poseen. Esta variante se ha producido en el pasado y continúa produciéndose en forma acelerada. Sus causas no son muy diferentes a las de la fuga de talento al exterior y de ahí su relación. La diferencia estriba en la motivación de la persona que, en el caso en cuestión, no es tan grande, por la razones o limitaciones que sean, como para abandonar al terruño. Entre las causas especificas de esta variante, hay que mencionar la virtual inmovilidad laboral que se observa en el país para los niveles de personal altamente calificados: este es el caso de las Universidades Nacionales en donde solo se puede acceder a los altos rangos una vez cumplido con el requisito de los 'años de servicios'. También hay que señalar las diferencias salariales por la remuneración de trabajos comparables y observada entre los diversos organismos, públicos y privados.

El fenómeno en discusión, la perdida de talento, adquiere toda su perniciosidad, para sus dos modalidades o variantes, si durante la 'movilización descalificada' dentro de nuestras fronteras o la 'fuga de talento' hacia el exterior, la institución que pierde el talento no es capaz, por las razones que sea, de reemplazar al talento perdido con otro de igual competencia o potencialidad.

Afortunadamente, se está tomando conciencia del problema y aplicando algunos correctivos. En la esfera académica, propiamente dicha, a través del Sistema de Promoción del Investigador del CONICIT (PPI) y, en otras esferas, a través de iniciativas como el Programa TALVEN XXI desarrollado por nuestra delegación diplomática ante la UNESCO y su análogo gubernamental de reciente creación por parte del CONICIT y FUNDAYACUCHO, el Programa Pérez Bonalde, cuyos objetivos no son otros sino tratar de mantener en contacto los centros de investigación y académicos nacionales con nuestros nacionales fugados al exterior.

V. NUESTRA PRODUCTIVIDAD

En 1983 y de acuerdo al censo oficial, Venezuela tenía 4568 personas involucradas directamente en la investigación científica y tecnológica. Sin embargo, solamente 2,493 de ellas fueron consideradas como investigadores activos por el CONICIT. Esto representa un factor de 54.6%. Del total de 'investigadores activos', 70.8% eran de sexo masculino.

A pesar de ese status 'oficial', 858 de los investigadores activos nunca habían publicado nada durante su vida profesional. El porcentaje de 'investigadores activos improductivos', es el 34.5%. Este número es, coincidencialmente, muy cercano al valor reportado al final de la década de los '60s (39.4 % de Gasparini, 1969), y aquel obtenido al principio de 1970 por Arnao de Uzcátegui et al. (36.5%, 1973), pero un poco mas alto que aquel encontrado por Roche y Freites (1982) al final de la década de los '70s (25.0%). Por su parte y para una sección muy selecta de la comunidad biomédica del país, Avila Bello (1983) estableció en un estudio piloto de 51 proyectos aprobados por el CONICIT, en el período 1970-1976, que el 89% de los investigadores en esos proyectos habían al menos publicado un articuló para el momento de introducir el proyecto ante el CONICIT.

De los 2493 investigadores clasificados como activos por el CONICIT, dos tercios de ellos, es decir, 1635 (65.5%) han al menos publicado un articuló dando un total acumulado de 10,884 publicaciones hasta 1983. Estas cifras arrojan una productividad promedio para el científico Venezolano de 6.66 artículos por investigador. 66.2% de los hombres y 63.9% de las mujeres en este grupo han publicado algo durante su vida profesional. No obstante, las investigadoras parecieran ser, en promedio, menos productivas que los investigadores: 3.74 vs 7.64 publicaciones por persona.

La presencia entre los investigadores e investigadoras de Venezuela de un porcentaje muy significativo de no -publicadores se debe, en primer lugar a "la insuficiente dedicación de quienes ocupan posición de investigador a esa actividad" (Gasparini, 1969); en segundo lugar destaca la poca importancia que nuestra cultura académica le asigna a la publicación, de hecho "no hay presión para publicar, ni recompensas ni sanciones al hacerlo o no hacerlo" (Roche y Freites, 1982: 283) y, finalmente, los obstáculos para llevar a cabo investigación científica y tecnológica son substanciales y numerosos en una sociedad como la nuestra (control de cambio; bajos niveles de financiamiento; dificultades para obtener insumos básicos, equipos y servicios; escasez de información bibliográfica y recursos informáticos). Ante estos inconvenientes, "muchos sucumben y caen en una resignada esterilidad" (Roche y Freites, 1982).

En 1992, el censo oficial establecía que 7112 personas estaban empleadas en el sector ciencia y tecnología (CONICIT 1993). Si se aplica un factor de corrección a los datos del censo de 1992 y similar al encontrado en el censo anterior, el país debía contar con unos 3880 'investigadores activos'. Asumiendo que dos tercios de ellos deberían tener en su haber una publicación durante su vida profesional, Venezuela tendría, en teoría, unos 2587 publicadores para 1992. Este número representa un crecimiento del 58.2 % sobre un período de 9 años o, aproximadamente, 6.5% interanual.

Estos índices, sin embargo, deben ser utilizados con sumo cuidado ya que en 1992 el país registro unos 949 investigadores dentro de su Programa de Promoción del Investigador o PPI. Esta es una iniciativa de orden salarial, lanzada por el gobierno nacional en 1990, para estimular a los investigadores nacionales y prevenir la fuga de talento. El requisito fundamental para acceder al Programa no es otro sino el contar con alguna publicación y mantenerse activo en el país en el trabajo propio, con un ritmo estable de publicación. Esta discrepancia entre el número teórico de 'publicadores' de acuerdo al censo o beneficiados por el PPI (2587 vs 949) puede deberse a la aparente ocaso de la comunidad científica nacional, una situación percibida en algunos estudios sociológicos (Roche y Freites, 1992) pero, por supuesto, vigorosamente negada por las fuentes 'oficiales'.

La Tabla I muestra que 35.3 % de nuestros científicos y tecnólogos trabajaban en el área de las ciencias Exactas y Naturales (Matemáticas, Biología, Física y Química); 20.4 % en las Ciencias Agrícolas y Pecuarias; 17.5 % en Ciencias del Hombre y Sociales; 15.4 % eran Ingenieros y Arquitectos y; finalmente, 10.8 % estaban dedicadas a las Ciencias Médicas y sus tecnologías relacionadas. El mayor volumen de trabajos publicados por ésta comunidad estaban concentrados en los campos de la Ciencias Exactas y Naturales y el menos en las Ingenierías y Arquitectura. El porcentaje mayor de publicadores se encontró entre los Médicos (78.5%) y el menor entre los Ingenieros (41.4%). Estos representan los dos polos de productividad nacional: 10,43 vs 3.62 publicaciones por investigador.

Si la productividad es evaluada en base al tiempo transcurrido desde que el (o la) investigador(a) obtuvo su grado universitario, los datos censales pueden ser descritos mediante un complejo modelo con dos variantes. La primera, comprende aquellos investigadores con menos de 29 años de servicio al sistema mientras que la segunda variante, comprende aquellos con mas de 30 años de servicio.

Para los investigadores con 29 años o menos de haber egresado de la Universidad, la distribución de autores y publicaciones como función de los años de graduados es bastante similar a una normal. El modo de la distribución de los autores y de las publicaciones se localiza, para los primeros, alrededor de los 10 años de graduados, donde se encuentra el 15,6% de los investigadores que han publicado 8,6% de trabajos. El modo en la distribución de las publicaciones se localiza en los 16 años, con 15,5% de los trabajos escritos por 15,4% de los autores. Este grupo muestra un índice de productividad constante, siendo éste de 0.52 publicaciones por año y por autor; es de resaltar que éste número se acerca al valor reportado por Roche y Freites (1982) para dos instituciones del área metropolitana de Caracas como son la Universidad Central de Venezuela (0,6 articuló/año) y la Universidad Simón Bolívar (0,5 articuló/año). Estas cifras, según Roche y Freites, 1982, (véase Tabla IV), son mas bajas por un factor de cuatro veces que las observadas en países como USA, Reino Unido, Alemania y la India. Es conveniente resaltar que la productividad de los investigadores con 30 o mas años de graduados, es hasta 8 veces superior que la de sus pares. Este comportamiento obedece, en parte, al hecho que en éste grupo se encuentran 6 de los 8 autores mas prolíficos que tiene la comunidad científica del país, y sobre los hombros de estos investigadores recae 8,2% del total de papeles publicados hasta 1983 en el país.

TABLA I

PRODUCTIVIDAD DE ACUERDO CON EL CAMPO DE ACTIVIDAD

Investigadores Publicaciones

Campo de la CienciaPublicadores (A) Base (B)(%)Productividad

(B/A)

Medicina Agrícola Pecuaria y270 2122211(20.3) 10.43
509318 1547(14.2)4.9
Naturales y Exactas880 6625045(46.3) 7.62
Ingeniería y Arquitectura384 159577(5.3) 3.62
Sociales y Humanidades437 2801476(13.5) 5.3
Otras134 28(0.3)7.0
TOTAL24931635 10884(100%)6.65

Finalmente, el estudio sobre el cual se basa éste análisis de nuestra productividad (Lemoine et al, 1988) determino que el número de investigadores que publican es mayor entre quienes cuentan con un doctorado en su formación académica.

V. LA COOPERACION INTERNACIONAL

La ciencia como concreción de la acción intelectual superior es por principio y naturaleza una actividad sin fronteras. Es por ello que es necesario utilizar más eficientemente a los recursos internacionales existentes, a través de agresivas políticas que permita a la comunidad nacional beneficiarse de las bondades y facilidades de los pares académicos foráneos.

Una de las iniciativas mas interesantes en éste campo la constituye el novel Programa "Bolívar" de cooperación regional. Una idea de la República con el auxilio financiero de los entes multilaterales y cuyo objeto es fomentar, en la región, la cooperación entre industriales e investigadores de desarrollo sin que medien las fronteras. Este programa, ya en marcha, ha puesto en contacto, por ejemplo, a industriales venezolanos con investigadores colombianos, quienes juntos se aprestan a resolver problemas de interés común.

Desafortunadamente, una de las facetas mas lamentables de la crisis nacional se ha visto emerger en el área de la cooperación científica. Esta actividad, que había adquirido un inmenso auge desde el Centro Internacional de Cooperación Científica "Simón Bolívar" de la Fundación Instituto Internacional de Estudios Avanzados (IDEA) de Caracas se ha venido a menos. En efecto, en una reciente reformulación del IDEA, en sus nuevos Estatutos se suprimió el calificativo de 'Internacional' de su nombre y se elimino esa actividad dentro de su misión especifica. El IDEA fue creado por la República, a principios de la década de 1980, con ese objetivo en mente y venia desarrollando su vocación de cooperación internacional a través del CICSB, que era un Centro Regional de la UNESCO creado en homenaje al Bicentenario del Natalicio de El Libertador. Otras instituciones de cooperación científica han visto, también, sus actividades de cooperación disminuidas al mínimo; este es el caso del Centro Latino Americano de Biología y el Centro de Ecología Tropical, ambos con sede en el IVIC.

VII. LA INFORMATICA

Los sistemas de información científica y técnica debe ser organizados con el fin específico de propiciar la actualización, intercambio y difusión de las fuentes bibliográficas y de información propiamente dichas, a fin de mantener a los usuarios con elevados niveles de acceso al conocimiento y la utilización de resultados provenientes de instituciones sectoriales, tanto a nivel nacional e internacional. A los efectos de lograr está compleja meta, es indispensable adecuar los mecanismos existentes, optimizando las virtudes de los sistemas modernos de la informática, las redes de computadoras, las conexiones ínter-bibliotecas y los mas avanzados sistemas de transmisión de datos. Este ha sido el espíritu que abriga al Sistema Automatizado de Información Científica y Tecnológica (SAICYT) y rebautizado como una Red Académica o REACCIUM por el CONICIT.

VIII. UNA VISION DEL FUTURO

Hoy cabe, en nuestro país, preguntarnos cual ha sido el efecto de todos los esfuerzos llevados a cabo en ciencia y tecnología; de cuán eficiente ha sido el manejo de los recursos asignados y si, en definitiva, se han alcanzado lo objetivos propuestos. La respuesta a éstas interrogantes parece ser solo una: al carecer de un apoyo político real, sin una voluntad de Estado para asignar a la actividad científico y técnica su rol protagónico dentro de la sociedad moderna (la cual hace décadas se identifico como necesaria), la ciencia y la tecnología no se han convertido en verdaderas fuerza de cambio social en nuestro país. Por todo ello, ante la mas grave crisis que vive nuestra sociedad, se hace necesario validar la importancia de la ciencia y la tecnología, otorgándole el apoyo político (y por ende financiero) que se requiere para entrar con pie firme en el siglo XXI.

Uno de los problemas que aquejan a la comunidad es el deterioro de las condiciones para llevar a cabo la investigación. Las dificultades para adquirir insumos, reactivos equipos e información, conspiran en contra del proceso creativo. Ello aunado a otros problemas conexos como son el mantenimiento y servicio de la infraestructura existente, determinan la necesidad de implementar políticas que tiendan a facilitar la labor de investigación. En éste contexto, se hace necesario agilizar los mecanismos de entrega de recursos a los centros de investigación, fomentar la presencia de grupos de mantenimiento de instrumental científico especializado y ampliar los programas de intercambio de recursos humanos dentro del Sector, tanto con el exterior como en el interior del país. Merece especial atención el fortalecimiento de los centros e institutos existentes, donde se hace necesario iniciar un proceso de actualización de equipos científicos así como asegurar su efectiva interconexión mediante eficientes sistemas de transferencia de información y datos, a través de la llamada 'autopista de la información'.

Se debe fortalecer la infraestructura científica y tecnológica, pero dicha acción debe estar orientado a las soluciones de los grandes problemas del país, bajo el criterio de eficiencia social. Entre las necesidades básicas de nuestra población, resaltan la salud, la alimentación y la educación. En lo económico, ésta la atención a las empresas con miras a que aumenten su capacidad y productividad. Ello, aunado a la necesidad primordial del pueblo de tener y poseer conocimiento justifican el que se impulse la ciencia y la tecnología con vigor dentro de nuestra sociedad.

Se hace, entonces, impostergable el que se imponga un nuevo estilo en el manejo de la ciencia y la tecnología, el cual nos asegure alcanzar un mejoramiento de la calidad de vida. Un determinante en todo esto lo constituye el factor infraestructura. En Venezuela existe hoy una importante infraestructura en ciencia y tecnología y una masa apreciable de recursos humanos -investigadores y profesionales- a los cuales hay que garantizar las mejores condiciones operacionales para que desarrollen su actividad creadora. Ellos deber ser proveídos, los científicos de ahora y del futuro, con información actualizada a través del fortalecimiento de las bibliotecas y la proliferación de modernos y eficientes sistema informáticos. En lo que al trabajo diario se refiere, se hace necesario garantizarles el oportuno ingreso de los insumos como libros, revistas especializadas, reactivos y equipos. Finalmente, la captación de los recursos humanos calificados que han sido formados a través de programas como los de FUNDAYACUCHO y que no estén ejercitando a cabalidad su capacidad profesional, debe ser prioritario para nuestra sociedad. Esto último con miras a la formación de la generación de relevo para asegurar la continuidad del proceso creador.

La situación económica que atraviesa Venezuela en los actuales momentos, constituye un importante incentivo para resolver, localmente, muchas de nuestras dificultades. Dentro de éste contexto es importantes propiciar la regionalización del Sector Ciencia y Tecnología, dándole a los Estados capacidad de decisión y recursos financieros adecuados para sumir su propia problemática científico-tecnológica. Esto exige cambios en la concepción, conducción, criterios gerenciales y modelos de desarrollo institucional del Sector Ciencia y Tecnología. Estas acciones llevan implícita la voluntad política de convertir a la ciencia y a la tecnología en prioridad nacional, introduciendo los cambios deseados e insertando en dicho proceso, a los verdaderos actores del fenómeno científico-tecnológico, estos es, los científicos, en los cuadros ejecutivos y legislativos del país.

En conclusión, podemos decir que a pesar de inmensas dificultades, existen voluntades y capacidades para garantizar el despegue definitivo en lo científico y tecnológico en nuestro país. Lo que nos falta, es simplemente enraizar dentro de nuestro contexto social y comunitario, las condiciones que favorezcan la generación del mejor conocimiento y la mayor autodeterminación tecnológica, Estos valores deben ser implantados desde las esferas del Poder Nacional como auténticos y perennes valores culturales de nuestra sociedad.

REFERENCIAS

  • Avila-Bello, J.L. (1983). El Investigador Clínico Venezolano y su productividad Científica. Interciencia 8(N°2), 79-88.
  • Arnao de Uzcátegui, D., Abouhamad de Hobaica, J., Rodríguez Ortiz, R., Antonorsi-Blanco, M., Avalos Gutiérrez, I. y Villanueva Brandt, M. (1973): Diagnóstico de la actividad de investigación y desarrollo experimental que se realiza en el país. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT). Caracas.
  • CONICIT (1985): Directorio de investigadores en ciencia y tecnología en Venezuela, 2 volúmenes, Ediciones CONICIT. Caracas.
  • CONICIT (1993): Indicadores Nacionales en Ciencia y Tecnología en Venezuela, (1983-1992), Ediciones CONICIT. Caracas.
  • Gasparini, O. (1969): La investigación en Venezuela. Condiciones y su desarrollo. Publicación del IVIC. Caracas.
  • Lemoine, W. (1992). Productivity patterns of men and women scientists in Venezuela. Scientometrics, 24, 281-295.
  • Lemoine, W., Morán, O., Valencia, A. y Requena, J. (1988). La Comunidad Científica de Venezuela para 1983: Una descripción preliminar de su productividad. Interciencia. 13,252-255.
  • Roche, M. y Freites, Y. (1982): Producción y flujo de información científica en un país periférico americano (Venezuela), Interciencia, 7 (5), 279-290.
  • Roche, M. y Freites, Y. (1992): Rise and twilight of the Venezuelan scientific community, Scientometrics, 23 (2): 267-289.


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