Barra Economía

Revista Electrónica Bilingüe       Nº 10    Diciembre 1996

Titular Economía y Petróleo
Venezuela no avanza
Alejandro J. Sucre

Una democracia de pobres

Nuestra democracia ha generado grandes frustraciones en los ciudadanos venezolanos. Las enormes expectativas que en los años sesenta tenía nuestra población con la recién creada democracia ya se desvanecieron. De acuerdo a los estudios realizados por la Fundación Pensamiento y Acción "Cultura Democrática en Venezuela" nuestra democracia mantiene niveles de insatisfacción demasiados grandes: "sólo 1 de 4 de los entrevistados para ese estudio manifestó estar lago o muy satisfecho con la democracia tal y como está en el país". Este mismo estudio arrojó que 3 de cada 4 están muy o algo insatisfechos con la actual democracia. Analizando estos estudios más detenidamente, los resultados son mucho más preocupantes aún, ya que demuestran que la insatisfacción ciudadana llega a niveles muy altos cuando observamos el contraste que hay entre los extremos: esto es, 4% de nuestro pueblo está muy satisfecho con nuestra actual democracia, mientras el 30% se encuentra muy insatisfecho. Igualmente, 20% de los encuestados expresó estar algo satisfechos, mientras el 41% expuso estar algo insatisfechos. Incluso la gravedad institucional en que se halla nuestra democracia se manifiesta cuando, a través de nuestros análisis, 3 de cada 1 ciudadano insatisfecho con nuestra democracia admite que "otro tipo de gobierno" distinto a la democracia podría ser preferible.

Adicionalmente, las encuestas de esta fundación manifiesta que el origen de la insatisfacción del venezolano con esta democracia está principalmente en el desbordamiento de la corrupción y en la mala administración de los recursos del país que ha permitido. De esta manera, vemos que el desempleo y la pobreza ahogan al venezolano (51% de los encuestados) y la inmensa mayoría (76% de los encuestados) percibe que la corrupción - amparada por nuestro sistema democrático - es la gran bombona generadora de pobreza … y esta inmensa mayoría de ciudadanos insatisfechos con nuestra democracia tal cual la hemos vivido tiene razón! Según los últimos estudios de la ONU, recientemente publicados por El Universal, el venezolano promedio de 1996 presenta niveles de calidad de vida inferior al que tenía antes de comenzar esta democracia. Y este deterioro en nuestra calidad de vida resulta imperdonable para nuestros ciudadanos si tomamos en cuenta que durante esos años de democracia nuestro país recibió cientos de decenas de millones de dólares (o lo que es equivalente a 18 veces el Plan Marshall que se implantó para reconstruir Europa luego de la segunda guerra mundial que, por cierto fue la guerra más destructiva que ha vivido la humanidad).

Venezuela: un país con historia de transformación políticas pero no económicas

Podríamos aseverar que desde el punto de vista económico, Venezuela es un país pasmado cuyos ciudadanos casi no han evolucionado económicamente a través de la historia.

Según los estudios más serios en la materia, 80% de la población venezolana se encuentra sumida en niveles de pobreza crítica. ¿Luego de recibir durante el período democrático venezolano más de US$ 300.000 millones, cómo es posible que hoy nuestros ciudadanos apenas logran obtener sueldos de subsistencia mínima que apenas alcanzan para comprar algunas comidas básicas, utilizar un precario sistema de transporte público y cubrir en forma intermitente algunos de los más necesarios gastos del hogar? Luego de tanta riquezas naturales administradas en democracia, el venezolano de hoy prácticamente está sometido a lo que podríamos denominar: a una vida económica vegetativa, esto es sin esperanzas.

Desde hace ya 500 años que nuestro territorio fue conquistado, nuestras grandes mayorías han visto ir y venir líderes, diversos sistemas de gobierno, nuevas instituciones políticas y económicas, diferentes ideologías y programas económicos (hoy llamados paquetes), y sobretodo muchas promesas. Muy pocos de estos proyectos o de líderes históricos que han impulsado dichos proyectos de nuestra nación han logrado cumplir una agenda de transformación o de mejora sostenible de la realidad cotidiana y material en que vive nuestro ciudadano común. Esta tendencia de aislar a nuestros ciudadanos del progreso material y social de la humanidad, como hemos visto, se ha repetido en democracia.

Desde el punto de vista económico - y aislando el efecto tecnológico proveniente de otros países del mundo - es muy poco el beneficio que nuestra grandes mayorías han logrado en estos 500 años de historia de Venezuela. Si bien es cierto, que la independencia de Venezuela fue un paso crucial, increíblemente valeroso e indispensable como plataforma par lograr posteriores cambios institucionales que permitieran mejoras en la calidad de vida de los ciudadanos del país, fue poco el avance económico que las élites criollas forjaron desde entonces. Adicionalmente, y de una manera casi genética, las instituciones políticas y económicas que nacieron luego de la lucha de independencia casi mantuvieron las mismas características anticiudadanas que las de los colonizadores. De esta manera, los criollos que acabaron durante el siglo XIX con el opresivo régimen colonial, poco hicieron por poner en marcha un nuevo régimen económico que ofreciera más empleo, mejor remuneración a los trabajadores y mayores oportunidades para las grandes mayorías que los que ofrecían el régimen feudal de las colonias.

El gran vacío o insatisfacción ciudadana que dejaron las élites criollas durante la independencia en el siglo XIX ha sido el gran caldo de cultivo que ha permanecido desde siempre y que ha permitido que germinaran sucesivas guerras federales y luego interpersonales entre caudillos, dictaduras y posteriores líderes democráticos. Todos estos regímenes han basado sus ofertas en satisfacer ese gran vacío y creciente pobreza ciudadana y casi todos han terminado controlando y gerenciando las grandes riquezas del país en sustitución de los ciudadanos, con la promesa de restablecerles la calidad de vida perdida en los años precedentes. La imposibilidad de crear riquezas desde el Estado o partiendo del funcionario público como empresario postizo a sido el origen de la pobreza en Venezuela. Desde nuestra independencia, irrespeto a la propiedad privada, los exagerados impuestos, un pueblo alimentado por la vía de dádivas del estado, la utilización del Estado para completar revanchas personales, el endeudamiento externo y el despilfarro de las riquezas y recursos naturales del país, ha sido la conducta que más se ha perfilado por parte de los dirigentes de este país.

Sin temor a sobresimplificar, incluso podríamos decir que los distintos regímenes políticos y los dirigentes que los han forjado a través de los años, lo han hecho apoyados en esa gran insatisfacción ese mal sabor que los líderes del sector privado venezolano del siglo XIX han dejado sobre el pueblo venezolano.

A pesar de que nuestras instituciones políticas han avanzado notablemente a partir del movimiento independentista, desde el punto de vista económico el tiempo no parece haber movido ni una sola hoja. Ciertamente, desde el punto de vista político la democracia sí representa un gran avance de las dictaduras y los caudillos. Sin embargo, la democracia no ha podido traducirse en una transformación y mejora sostenible en la calidad de vida del venezolano común. Aunque podríamos decir que sin democracia resulta imposible hacer que cualquier mejora en los niveles de bienestar del ciudadano común sea sostenible, también hay que reconocer que con democracia hasta ahora poco o nada ha avanzado en este sentido.

El reto pendiente para nuestra democracia: mejorar la calidad de vida del ciudadano común.

Muchos han sido los ensayos económicos que se han realizado durante estos 37 años de democracia: controles de cambio, de precio y de tasas de interés, subsidios, protecciones y préstamos a los productores consumidores; estatización de empresas; también lo contrario se ha intentado privatizaciones, liberación de precios y de los mercados cambiarios y crediticios, descentralización estatal (sin privatización ciudadana ), etc…nada ha funcionado (ver cuadro #1 y #2).

Lamina1

Cuadro 1

Lamina 2

Cuadro 2

A excepción del período constitucional del Presidente Betancourt (donde hubo menos intervención del estado en la economía y mayor control del gasto público), casi todos los demás períodos constitucionales desde entonces nos han empobrecido (si contamos el endeudamiento engendrado y las estatificaciones efectuadas).

La Agenda Venezuela hoy no se escapa de esa tendencia regresiva y perjudicial para el ciudadano común: hay mayor endeudamiento por parte del Estado, más impuestos en una economía ya estatificada, de reparto de limosna y no empleos a la población, préstamos y ventajas para un grupo de empresarios por encima del resto y las reformas del estado se posponen (ver cuadro #3 y #4). Se pospone - como se hizo durante el Gran Viraje del ex-presidente Pérez - el pasar las empresas del estado a manos de los ciudadanos de nuestro país no de grupos privilegiados del sector privado sino a los ciudadanos. Todos estos ensayos económicos del país democrático han sido sin la participación ciudadana y en poco se diferencia de los programas de gobierno de Monagas, Guzmán Blanco y muchos otros líderes del pasado que más bien iban dirigidos a beneficiar a unos pocos a expensas de las grandes mayorías de nuestra nación. El común denominador de casi todos estos programas económicos ha sido el de repartir beneficios para crear una clientela política y no el de crear riquezas a través de las mayorías. La evolución económica de nuestro país - a lo largo de nuestra historia - nunca ha tomado en cuenta a nuestros ciudadanos.

Cuadro 3

Cuadro 3

Cuadro 4

Cuadro 4

Algo ha faltado en nuestra historia económica y es el imperio de la propiedad privada y el respeto al mérito del individuo como semilla de progreso. Y algo ha sobrado en nuestra historia económica: y es el exceso de igualitarismo entre los ciudadanos lo que ha llevado a la usurpación de las funciones ciudadanas por parte del estado y sus funcionarios públicos. La Agenda Venezuela no ataca estas faltas históricas sino que profundiza. Parte de premisas equivocadas y llega a soluciones también equivocadas (ver cuadro #5) La gente lo que quiere es oportunidades de empleo y no limosnas. El estado no puede ser alcabala de la iniciativa privada. Basta de empresas del estado. Necesitamos otra Agenda Venezuela.

Cuadro 5

Cuadro 5

El gran reto nacional:

Esperamos durante los próximos meses colaborar con el país para proveer un mejor entendimiento y proponer acciones concretas de cómo hacer que le ciudadano común venezolano -empobrecido luego de tantos años de desaciertos económicos- participe más activamente en la creación de riquezas, como empresario, como gerente profesional y como trabajador, para alejarnos del régimen colectivista y burocrático en que nos encontramos.

El gran reto que tiene Venezuela es cómo transferir los inmensos recursos en manos del estado directamente a la población venezolana (una población que no tiene suficiente espíritu empresarial, ni una formación profesional adecuada para competir con otros países) para que esta sea la gran promotora de su desarrollo. Inspirados en que los ciudadanos de este país son únicos que deben y pueden directamente decidir cuales son las mejores alternativas para captar las tecnologías y el capital que requieren las moribundas empresas del estado y que los ingresos sean para cubrir el gasto público -en Venezuela tenemos que avanzar hacia la privatización directamente hacia los ciudadanos quienes a su vez serán los que se asocien con capital y tecnologías extranjeras requeridas para catapultar el desarrollo de nuestras empresas estatales. Necesitamos otro diagnóstico de nuestros problemas y, por lo tanto, otra Agenda Venezuela (ver cuadros #6, #7 y #8).

Cuadro 6

Cuadro 6

Cuadro 7

Cuadro 7

Al igual que en los países desarrollados los ciudadanos venezolanos no debemos sufrir más el atropello que significa dejar en manos de funcionarios públicos de turno negociar las grandes riquezas de nuestro país con inversionistas extranjeros. Las empresas del estado, las escuelas y hospitales deben pasar a manos de los ciudadanos privados de nuestro país (cuadro #8) de manera que seamos los ciudadanos venezolanos los que negociemos la incorporación de socios extranjeros que nos hagan un país más competitivo. A título de ejemplo, el gobierno venezolano no tuvo que visitar el presidente de EE.UU. ni a ningún funcionario público de ese país para adquirir la CITGO, ni los inversionistas japoneses tuvieron que reunirse con el presidente Clinton para comprar el Rockefeller Center de Nueva York (un icono de la sociedad norteamericana). como en otros países desarrollados, los venezolanos no tenemos por que sufrir más el atropello de ver pasivamente que los inversionistas extranjeros tienen que pasar por la alcabala de Miraflores para negociar prebendas especiales - que no reciben los inversionistas locales - de manera que los negocios se sigan cocinando desde el poder ejecutivo y la riqueza generada sirva para financiar al estado, quitándole oportunidades de desarrollo a los ciudadanos de este país.

Cuadro 8

Cuadro 8

Debemos aprovechar la experiencia de la República Checa, Bolivia, Perú y muchas otras naciones ex-comunistas, e intentar crear los fondos de participación ciudadana -transferencia de la propiedad de las empresas del estado a los ciudadanos- corrigiendo las experiencias menos provechosas de esas sociedades. La autoprivatización y el sistema de entrega de acciones de las empresas del estado a los ciudadanos son los únicos mecanismos que nos ayudarán a superar las excusas que le gobierno del presidente Caldera utiliza para entrabar el proceso de privatizaciones que hoy vive el país . Si el gobierno del Presidente Caldera repite el delito ciudadano que cometió el presidente Pérez - a través del programa del Gran Viraje - de privatizar y transferir recursos directamente desde los funcionarios públicos a las empresas transnacionales, manteniéndoles además la estructura monopólica de la industria y utilizando los recursos provenientes de esas privatizaciones para beneficio de los funcionarios públicos y no de los ciudadanos - Venezuela mantendrá un ritmo histórico de estar entre las naciones de peor distribución de riquezas, donde su ciudadanos siempre serán su segunda categoría. En estas sociedades donde los ciudadanos no son permitidos participación con igualdad de oportunidades en la creación de riquezas, siempre será imposible crear un estado de derecho, evitar la corrupción, e incorporar la creatividad humana en los procesos de creación de riqueza nacional. Y como en las Olimpiadas de 1996, Venezuela seguirá siendo un país que nada tiene que ofrecer al resto de los ciudadanos del mundo. Un país devorado por su élites egoístas.

Espacio Disponible
Barra Inferior

[Editorial] [Contenido] [Esta Semana] [English] [Política Exterior] [Política Interna] [Economía y Petróleo]
[Siglo XXI] [Sociedad] [Ciencia y Tecnología] [Artes y Placeres]


Copyright Venezuela Analitica