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Revista Electrónica Bilingüe       Nº 10    Diciembre 1996

Titular Política Interna
Urgencias de la Reforma Electoral
Claudio Fermín

Esta es la hora del debate electoral. Ya no hay más plazo para ofertas novedosas, ni tampoco para fingir. La controversia de hoy nos dirá quiénes estuvieron al servicio de un cambio de normas que impulsen la participación de todos los venezolanos en las decisiones vinculadas con la designación de los funcionarios públicos más importantes y quiénes se esforzaron por mantener odiosos privilegios e impedir el acceso de las nuevas generaciones a la conducción de los asuntos públicos. No será fácil abrir otra disputa cívica sobre el tema electoral después que el Congreso de la República concluya las discusiones en curso ya que son la mentalidad jurídica de "cosa juzgada" se nos dirá que el tema fue suficientemente debatido y que, es consecuencia, los venezolanos debemos ocuparnos de otros temas más importantes para el desarrollo del país. Por eso insisto en llamar la atención sobre algunos aspectos que deben ser impugnados por la opinión pública a fin de evitar que el proceso de reforma, en este momento domiciliado en el Congreso, se convierta en una nueva frustración:

La Separación de las Elecciones

Es posible que las nuevas generaciones de votantes ignoren o no recuerden que por muchos años en Venezuela se votó con tarjetas. Tarjetas grandes para elegir al Presidente de la República y tarjetas pequeñas que se colocaban en urnas aparte para elegir Senadores, Diputados al Congreso, Diputados a las Asambleas Legislativas y Consejales. Todo ello se hacía el mismo día. Los resultados eran obvios, al votarse en el mismo momento y por tarjetas del mismo color, la grande y la pequeña, lo que realmente evaluábamos y sobre lo que decidíamos era sobre la escogencia del Presidente de la República, lo cual, de suyo, era sumamente importante en un país que sólo una vez había elegido un Presidente, a Rómulo Gallegos, con los votos del pueblo antes de 1958. Al pasar los años ya esa sola elección fue insuficiente por que la ciudadanía se percataba de que los múltiples centros de decisiones públicas, distintas del Presidente y que en muchas formas condicionan y/o interfieren su trabajo, no eran electos por un voto dirigido a es e fin sino que la elección era una consecuencia de haber escogido el mismo "color" de tarjeta pequeña que la tarjeta grande que elegía al Presidente. El Presidente arrastraba a todo el mundo: al funcionario público electivo y a los partidos políticos, que han obtenido siempre menor cantidad de votos que esas bombas de oxígeno con las cuales han contado: los candidatos presidenciales.

El ciudadano se hizo más exigente en materia electoral y el fracaso de muchas administraciones locales llevó a reformas importantes en el área municipal. La primera de ellas fue en 1978. Las elecciones municipales se separaron de las demás y se convocaron después de las elecciones de diciembre de 1973. Ese fue un momento de fiesta para la democracia ya que el tener el elector mayor oportunidad de discernimiento en relación a quien debía ser concejal, su poder se estaba ampliando, ahora elegía a alguien más, influía de otra manera en otros centros de toma de decisiones que afectan directamente su vida. El proceso continuó perfeccionándose en 1984, hasta que en 1989, después de extendidas presiones del mundo menos cercano a los directorios de los partidos y en un momento cumbre de la cultura de apertura democrática, la cual llegó a permear apartados ángulos del debate cotidiano, se alcanzó la elección directa, por nombre y apellido, de los Gobernadores y los Presidentes de los Consejos Municipales convertidos ahora en Alcaldes por la dimensión acentuada de administradores de recursos, antes ceñidos sólo a la labor de legisladores, impulsores de ordenanzas.

El proceso continuó y se introdujo un porcentaje de uninominalidad como criterio para elegir a parte del Congreso, de las Asambleas Legislativas y de los Consejos Municipales. Aquí pareciera haberse detenido la marcha del conjunto de modificaciones legales para abrir al público, a las gentes sin investidura alguna, al ciudadano, la provisión de los titulares de oficinas y cargos públicos cuyas decisiones les afectarán para siempre.

Las elecciones a realizarse en 1998 para elegir al Presidente y al Congreso de la República, coincidirán con las elecciones que cada tres años se convocan para elegir Gobernadores, Diputados Regionales, Alcaldes y Consejales, y, también coincidirán las elecciones para elegir a los miembros de las Juntas Parroquiales. Este agrupamiento de elecciones constituyen un retroceso notable para el proceso de descentralización político-administrativo del país y para la elevación del elector como fuente primera de decisión pública. Elegir 6.500 personas el mismo día, desde miembros de Juntas Parroquiales hasta el Presidente de Venezuela, significará un magno esfuerzo para el elector. magno desde el punto de vista mecánico ya que tendrá que encerrarse detrás de la cortina, presionado por la cola de votantes, por su propia premura y, al final, no todos tendrán la tranquilidad como para seleccionar con calma los miembros de las Juntas Parroquiales, lo s Consejales, el Alcalde, los Diputados a la Asamblea Legislativa, los Diputados al Congreso, los Senadores, el Gobernador y el Presidente de Venezuela. Optará por votar por el Presidente y prescindir de evaluaciones apropiadas para los demás cargos. Quizá no vote por nadie más, a menos que observe a alguien particularmente conocido, produciéndose de esta manera una gigantesca abstención para elegir a quienes están más cerca de él como ciudadano. O, es posible, para no perder su voto, optará por votar por alguien cercano al candidato a Presidente por quien vota, con lo cual simplificando, votará por el Partido que apoye al candidato presidencial. Corremos el riesgo, al hacer todas las elecciones a la vez, de hacer realmente una sola elección y fingir ante el mundo y ante nosotros que estamos escogiendo a 6.500 personas diferentes.

El esfuerzo mayor no estará, sin embargo, en el acto de votación ya descrito, estará en los meses previos, en la campaña, cuando el ciudadano interesado en los asuntos de su vecindario observe que discusiones atinentes a ese, su mundo, son desestimadas por los medios de comunicación y por los postulantes de líderes locales en aras del debate "mayor", más inclusivo y global, de la Presidencia de la República. No tengo duda alguna que la campaña presidencial se tragaría, literalmente hablando, los debates regionales y locales, fortaleciendo la cultura centralista que parte de la premisa según la cual "hay que resolver los grandes temas, ya habrá tiempo para los pequeños", pero, además, quedarán anulados los liderazgos locales ante la avalancha de las giras de candidatos nacionales debido a la importancia de los mismos, o al control que ellos tienen de los partidos políticos que pondrían los temas "nacionales" por encima de los locales y, qué duda cabe, "promoverían" y centrarían el debate en quienes consideran sus atractivos principales . ¡Cuánto terreno retrocederá la descentralización! A esto pernicioso mecanismo hay que agregar que, por una razón u otra (que siempre sobran a la mano) no encontrarán tiempo y hallarán muy peligroso seleccionar en cada pueblo y región los candidatos para esas instancias y lo harían entonces a nivel central como una contribución a evitar conflictos locales innecesarios para a buena marcha del proceso…¿Cuál?

Celebrar conjuntamente todas estas elecciones es un atentado contra el elector y las regiones. Curiosamente algunos administradores de partidos no lo piensan así. Creen, por lo contrario, que lo más conveniente para las organizaciones que administran es impedir la separación ya que ello es un mecanismo que no permite aprovechar el efecto "portaviones" que un candidato presidencial atractivo/a ejercería y de ese modo no habría que preocuparse por selecciones locales y estadales ya que los candidatos serían escogidos desde arriba y todos contentos porque aunque no haya buenos candidatos todos serían electos por el efecto aspiradora de la "buena" estrategia nacional. Este es el tono de sarcasmo en que se mueven estrategias supuestamente diseñadas por "amigos" de la descentralización.

Lo curioso es que a esta tesis de los hombres-maquinaria, quienes están pendientes no de que cada pueblo, ciudad y estado tengan los representantes que se merecen sino de que "el partido" no pierda en ningún pueblo y para ello afrecen a la dirigencia local el atractivo de un portaviones nacional, que se le agrega una tesis contraria en el ángulo de observación pero coincidente en el resultado: como algunos hombres-maquinarias pretenden que lo importante es "la organización" y no los individuos quienes más bien son vistos como peligrosos para el colectivo, estos pretenden imponer candidatos presidenciales sin arraigo ni liderazgo pero con algún chance de ganar porque serían arrastrados por el liderazgo de los candidatos a Alcaldes, Gobernadores, Consejales y Diputados Regionales. Algo así como un "portaviones al revés".

Los enemigos de la descentralización, del poder en manos de los electores y de la profundización de la democracia son muchos, y todos parecieran agruparse con diversas justificaciones alrededor de la tesis de concentrar en un sólo día las elecciones arriba comentadas. Propongo concretamente que en diciembre de 1998 se elijan los poderes nacionales: Presidente de al República, Senadores y Diputados al Congreso y que seis meses después, tiempo suficiente para debatir los temas de cada localidad y estado y para seleccionar democráticamente los aspirantes, se elija a los Gobernadores, Diputados a las Asambleas Legislativas, Alcaldes, y a miembros de las Juntas Parroquiales

La uninominalidad

Por muchos años funcionó en nuestro país un sistema de elecciones indirecto, de segundo, tercero y cuarto grados, mediante el cual el ciudadano (sin que nunca se le hubiera consultado al respecto)delegaba en otros supuestamente líderes calificados, la elección del Presidente de la República y del Congreso. Una de las conquistas alcanzadas en 1947 fue la de poder elegir directamente al Presidente de Venezuela. Sin embargo, ese voto "directo" no ha sido trasladado a otras oficinas públicas y pareciera cada día tener más resistencias en la élite política un cambio de esta naturaleza que implicaría acabar con el sistema de planchas mediante el cual unos escogen por nosotros el elenco del cual debemos votar los Senadores, Diputados al Congreso, Diputados a las Asambleas Legislativas y Consejales. Tenemos en Venezuela ciudadanos menos derechos políticos que otros: unos, la mayoría, deciden una voz, de una lista no confeccionada por ellos, quienes serán sus "representantes" y otros, la estrecha y conocida minoría, deciden varias veces: se incluyen ellos mismos en las listas, excluyen a sus competidores internos (compañeros de partido), y, en tercera decisión, imponen la estrecha faja de territorio en la que el votante debe moverse si es que quiere participar, de lo contrario que se abstenga y así no molesta ya que las leyes no permiten el voto negativo según el cual debía validarse la opinión de quienes no están acordes con ningún postulado.

El voto indirecto, de segundo y tercer grado, sigue existiendo en Venezuela y es un inmenso morro frente a los ojos de quienes obedientemente repiten que en el país a hay una intensa democracia. La solución para que el ciudadano escoja directamente a sus representantes, sin intermediarios, es la uninominalidad. El sistema de planchas es la negación de la movilidad política, de la renovación del liderazgo nacional, regional y local y, además, ejerce un efecto ancla sobe los partidos al impedirles la búsqueda de nuevos interlocutores y voceros.

Las mismas presiones, de afuera hacia adentro, que han llevado al estamento político a aceptar la elección directa de Gobernadores y Alcaldes, los condujo regañadientes a admitir cierta cuota de representantes electos por nombre y apellido, es decir, uninominalmente, y no dentro de la égida de las planchas, donde algunos se esconden , y pasan desapercibidos, para ser electos y luego fingen ante el país un liderazgo que nadie les dió. Esa admisión parcial ha impedido la renovación del sistema electoral ya que ha servido de dormidera a las presiones de la calle manteniendo incólumes las "cuotas" del estamento político y ha creado, además, una grosera situación de cuerpos de representación pública integrados por gentes postuladas "a dedo" y electas por la resaca de la corriente electoral y, de otros, electos por nombre y apellido, representantes de circuítos legítimos, representantes, quienes para reelegirse, saldrán de nuevo a medirse cara a cara, dando cuenta de sus actos, mientras otros volverán a escondidas a postularse detrás de algún portaviones, siempre cuidando haber negociado algún puesto salidor.

Todo esto debe cambiar. El tiempo se agota. Esto debe cambiar.

En contra de la uninominalidad absoluta, según la cual todo el mundo debe ser electo por nombre y apellido, no por lista ni colores, se han erigido dos falsos argumentos, cuales son la defensa del sistema electoral de las grandes fuerzas económicas. Ambos argumentos llenos de galimatías. Los defensores de la representación proporcional de las minorías exponen un absurdo amparados en la tradición venezolana de las últimas décadas. La verdad es que las consultas electorales se hacen para atender el criterio de las mayorías y organizar el servicio público conforme a la voluntad de esas mayorías, quienes serán, a su vez, beneficiadas o efectadas por ciertos o errores de electos. La democracia es el régimen de las mayorías, no de las minorías. El régimen de las minorías es la aristocracia, las Cortes, o el partidismo cerrado e impermeable que obstruye el acceso de muchos a las decisiones que condicionan a vida del colectivo. Sólo en Venezuela ha podido perdurar con éxito este disparate según el cual alguien se postula a un cargo y después de ser rechazado por la colectividad que eligió a otro, de todas maneras ese perdedor queda electo en el Congreso, la Legislatura o el Consejo por un arreglo legislativo de conciliación entre las élites políticas según el cual usted perdiendo gana…¿Y para qué fue entonces la consulta si de todas maneras un grupo de gentes en "puestos salidores" va a quedar electa de todas maneras?

No es cierto que el régimen uninominal absoluto, que yo respaldo, no el de esta caricatura de "cuotas", constituya una dictadura de las mayorías que impide el disentimiento. En primer lugar, las mayorías no dan veredictos perpetuos, los mandatos no son eternos. Cada tres años los electos regional y localmente y cada cinco los electos nacionalmente, deben presentarse a *rendir cuentas a través de una nueva postulación, de ellos o de partidos y grupos de electores, y los ciudadanos aguardan esa oportunidad para sancionar o para recompensar. Lo que fue respaldo mayoritario hace tres años puede ahora convertirse en escuálida votación y pasa a ser minoría, La alternabilidad democrática es el verdadero espacio de las minorías, es el horizonte dentro del cual demuestran sus razones y/o exponen las limitaciones y fallas de elecciones previas del electorado o de los electos. En el caso de Venezuela, además del régimen alternativo que tenemos, también hemos de destacar que las realidades regionales y locales son diversas, de tal manera que quien es mayoría en un lugar puede ser minoría en otro. No hay mayorías ni minorías absolutas, ni en el tiempo ni en el espacio. Para 1990, cuando comenzaron a ejercer sus mandatos los primeros Gobernadores y Alcaldes electos, todos los partidos alcanzaron escenarios de Gobierno: el PCV conquistó la Alcaldía de Acarigua, el MEP la Gobernación de Anzoátegui, Causa R la Gobernación de Bolívar, sectores sin partido lograron la Gobernación de Carabobo, AD logró para sus candidatos numerosas Gobernaciones y Alcaldías, al igual que COPEI. El MAS consolidó posiciones regionales importantes. Ningún partido atropelló a otro "nacionalmente" porque los sentimientos regionales se expresaron, pero imperfectamente a través del sistema de planchas.

La llamada representación proporcional de las minorías fue un dispositivo que ya cumplió su misión histórica cuando a raíz del derrocamiento de la dictadura de Pérez Jiménez sirvió para reconciliar a la élites de la entonces oposición a través del sistema de cuociente que delineó una representación de todas las organizaciones ganadoras y perdedoras, pero la exigencia histórica de 1996 es otra: el ciudadano aspira una mejor y más cabal representación, independientemente del partido o grupo electoral postulante. Mediante la uninominalidad se respeta realmente a las mayorías, se elige sin previa intermediación y se aísla al postulado para decidir su reelección o la negación a su solicitud, lo que dificulta cuando nos esconde los candidatos en un lista o detrás de un color.

El argumento según el cual la uninominalidad daría cabida a los grandes intereses económicos de país parte de premisas falsas a cuya discusión vale la pena dedicar trabajo aparte. La primera de ellas es el axioma según el cual quienes poseen o liderizan el capital, la tecnología y la organización empresarial han de ser vetados como servidores públicos y/o como representantes de otros venezolanos. la sanción a su éxito económico es convertirlos en ciudadanos de segunda en cuanto a sus derechos políticos se refiere. Este inmenso complejo forma parte de la tragedia nacional y es uno de los condicionantes de una cultura cuyos resultados padecemos: como el factor del capital no puede o no "debe" participar en lo público entonces lo hace a escondidas a través de líderes políticos profesionales a quienes si se les supone capaces de administrar lo público porque no tendríamos ningún interés económico torcido. La experiencia nos demuestra cuan distantes de la realidad está este dogma al que algunos suponen higiénico y preservador de la moralidad pública.

La segunda falsa premisa que sustenta la oposición a la uninominalidad para evitar la interferencia de sectores poderosos económicamente, es creer que entonces los hasta ahora electos por el sistema de planchas han constituido una especie de cordón sanitario que ha impedido que ley alguna o investigaciones asumidas por el Congreso hayan estado jamás salpicadas por aviesas intenciones. Nuestros Congresos, pues, al haber sido electos en listas previamente escogidas por las direcciones políticas de los partidos, son en esencia, según esta tesis, ajenos a intereses creados que no sean el "bien de la Patria". Todo esto es, por supuesto, sencillamente ridículo pero viene como anillo al dedo a la hora de buscar argumentos para impedir que una pequeña élite, como ha sido hasta ahora, pierda el privilegio de poner y sacar a gentes de los supuestos "puestos salidores", el atajo más grande que jamás ha existido para la construcción de falsos liderazgos.

La verdad es otra, un Congreso, una Asamblea Legislativa, o un Consejo Municipal electo uninominalmente sería la barrera más infranqueable para cualquier intención antivenezolanista, bien económica o política, ya que habría que sobornar, comprar, o como lo quieran poner, a cada uno de los integrantes de esos cuerpos. Sería mucho más difícil que hacerlo con "bloques" de electos que obedecen a una sola voz. Ese razonamiento que siembra terror hacia la uninominalidad le ha hecho gran daño al sistema electoral y ha retrasado gravemente la adopción de correctivos que ahora habrá que tomar en condiciones de precariedad económica y política con lo cual cualquier incapacidad o retraso de reacción por parte del país será achacado por sus enemigos a la uninominalidad.

Viejos nuevos grupos políticos se aferran al mecanismo de designar a dedo el liderazgo del país y en ese vicio no sólo se el irá la vida , se borrarán a sí mismos del mapa, sino que, lo que si es grave, compromenten a diario el futuro del país al impedir la elección de las mas aptos.

La automatización

Desde el momento cuando la mesa electoral se instala comienza a hacerse presente el fantasma del fraude: electores que se convierten en tales por virtud de identificarse o por consentimiento de los miembros de las mesas; votos que son contabilizados a favor de candidatos o partidos sin que se hubieran emitido como tales; votos que fueron emitidos a favor de partidos o candidatos y que les son enajenados; sumatorias intereaadas de los votos, lo que convierte las actas de escrutinio en testimonios de maldad y falsedad; totalización interesada de los votos de las diferentes mesas electorales produciendo falsificación de los resultados y levando a la condición de representantes públicos a quienes nunca lograron apoyo real de la ciudadanía. Todo esto ha sido y es muy grave pero peor aún es que no se observe voluntad y empeño para adoptar un sistema de automatización real del proceso electoral que nos ofrezca elecciones transparentes y confiables.

Algunos ha propuesto la automatización de la totalización, es decir, llevar las actas de escrutinio de las 25.000 mesas que sirvieron de asiento a los electores para efectuar una suma de los resultados contenidos en todas ellas. Esta proposición es suficiente y falsa. Insuficiente porque deja fuera del control mecanizado el acto del voto y los escrutinios de cada mesa, fases en las cuales se han cometido sinnúmero de fraudes. En docenas de países se emplean exitosamente máquinas de votación, de diferentes características, razón por la cual nadie podría afirmar que improvisaríamos en la automatización del voto y del escrutinio. la automatización de la totalización es un proceso posterior, también indispensable, que sería de fácil cumplimiento. Lo que procede, pues, es la automatización del voto, del escrutinio y de la totalización y no el de esta última fase solamente ya que ello eludiría importantes fuentes de fraude y dejaría abiertos "momentos últimos de negociación"

entre los miembros de mesa. Si despartidizamos mesas, pero no automatizamos todo el proceso, se engañará al país, con gravísimas consecuencias para la estabilidad de Venezuela.

Es falsa, además, porque crea la sensación de que quien no la apoye (la automatización parecieran creer que no hay fraudes en la votación y en la elaboración de las actas de escrutinio. ¿O es que se trama otra cosa?.

Por todo lo antes señalado apoyo la separación de las elecciones municipales y regionales de las nacionales, apoyo a uninominalidad absoluta no sólo al aumento de cuotas de uninominalidad, y de apoyo la automatización del voto, del escrutinio y de la totalización. Faltan dos años y dos meses para las elecciones nacionales y dos años y ocho meses para las regionales. Tiempo hay de sobra…¿habrá voluntad política?

Claudio
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