Revista Electrónica Bilingüe Nº 10 Diciembre 1996 |
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Vaticinios
Alvaro Rodríguez No le concedo a la astrología la categoría de ciencia y, contrariamente a ello, me parece que los horóscopos forman parte del género literario "relatos breves de ficción"; de manera que cuando los leo es más para conocer la capacidad fabuladora del autor que para saber lo que el futuro me depara. Me llama mucho la atención que una persona como Juan Liscano haya escrito que esos horóscopos son cosa seria y con fundamento y que el pecado del barbudo fue divulgar en público lo que debió permanecer en privado, pues según el escritor los horóscopos, cartas astrales, lecturas de los caracoles, tabacos y borra, la interpretación del Tarot y todas esas zarandajas con que se engaña a los crédulos, tienen el mismo valor que una historia médica, que el galeno debe guardar con el celo de un cancerbero para proteger a sus pacientes de cualquier interpretación maliciosa, de manera que según un señor tan cercano al doctor Caldera como lo es el señor Liscano, la cosa es verdad pero hay que callarla. Vale la pena volver sobre el asunto, porque según entiendo, todo el brollo empezó en un hotel de Puerto La Cruz, donde unos empresarios bastante "fondeados" invitaron al horoscopero para amenizarles el almuerzo. Si usted ha ido a un almuerzo de gente "con real" sabrá que las raciones son carcelarias, de modo que la única manera de llenar una barriga acostumbrada al condenable pecado de la gula es comiéndose el pan propio y el de los vecinos, untado con toda la mantequilla que uno alcance a robarse en los puestos circundantes. En esas circunstancias, lo menos que se puede hacer es buscarse a alguien que nos haga pasar el rato todo lo bien que se pueda y nada mejor que un buen fabulador para llenar ese cometido. En verdad, ya esos vaticinios pavosos acerca del doctor Caldera habían aparecido en algún medio de comunicación, suscritos por el mismo "Feriante" que los repitió en el MareMares, pero la cosa adquirió connotaciones públicas más por la reacción de los "adláteres" del Presidente que por la relevancia del asunto, pues verdaderamente, antes de eso se cuchicheaba que sí habían escrito eso, que ese señor sí era audaz, que había que esperar, que todo era posible y cosas así, pero luego y encima con esa prisión breve y publicitada ya se ha iniciado una especie de cuenta regresiva que, en verdad, da grima. Ya dije hace unos meses que el doctor Caldera es hombre de edad avanzada desde hace unos cuantos años y con ello no creo revelar ningún secreto de Estado, pues con sacar la cuenta de que en el cincuenta y ocho fue candidato y ya por entonces era un hombre maduro y de eso hace casi cuarenta años, basta para enterarse de esa verdad de la vida. Desde luego, si un hombre de treinta años y el doctor Caldera van a comprar una póliza de seguro de vida, el de treinta años pagará menos porque, para decirlo en el frío lenguaje de las aseguradoras, su expectativa de vida es mayor, pero eso de ninguna manera significa que el señor Presidente no tenga ninguna expectativa y, contrariamente a ello, las que tiene superan ampliamente lo que falta de período constitucional, así que ya me dirá usted. Y la verdad es que decidí escribir sobre esta necedad del horóscopo o la carta astral o lo que sea, del doctor Caldera, porque viendo hace poco la televisión española, apareció "El presidente de la República de Venezuela, el doctor Rafael Caldera", como dijo el locutor, en el Centro de Convenciones Casa Piedra de Santiago de Chile, en una reunión de jefes de Estado, y se mandó con un discurso extenso, dicho de memoria, sin leer nada, que ríase de Jóvito Villalba (Q.E.P.D.). Aludió allí a la expulsión del hombre del Paraíso por haber desobedecido al Señor y agregó a las tres conocidas maldiciones la del pan amasado con sudor, la de morir y la de parir con dolor, una que yo no conocía. Afirmó el doctor Caldera que Dios habría dicho: ¡Ya que no quieres que yo te gobierne, gobiérnate tú mismo!, de modo tal que el gobierno del doctor Caldera y todos los otros gobiernos son un castigo de Dios. Pero es que viene al caso hacer esta referencia porque entre lo que dice el barbudo y lo que uno ve, hay una diferencia abismal y desde luego a cualquiera le da un infarto y cae redondo, pero si se asume que las cosas llevan un ritmo y que las personas que están vivas tienden a seguir vivas y las personas que están muertas propenden a seguir en ese estado, lo más natural sería que el doctor Caldera nos acompañase por muchos años, que es por lo demás lo que yo francamente deseo. Sucede de todos modos que el nigromante, futurólogo o augur que lanzó la desconsiderada advertencia que estoy comentando, se está materialmente poniendo las botas y hasta dijo por allí que ha duplicado o triplicado el precio de sus "avances informativos" y así, ya no sólo se trata de un asunto de mirar a Dios por encima del hombro para leerle la agenda, sino de sacarle real a esa mirada al más allá y entenderá usted que si para el año que viene el doctor Caldera sigue, para decirlo con una frase coloquial, "como una chompa", yo, siendo el doctor Andueza, le retiraría el porte de armas al barbudo y pondría a dos "Angelitos Negros" a seguirlo, por si acaso, porque si el oráculo fracasa, la pita será colosal y el desprestigio, absoluto. El Universal, lunes 18 de noviembre, 1996 |
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