Barra Esta Semana

Revista Electrónica Bilingüe       Nº 10    Diciembre 1996

Esta semana
Venezuela petrolera siglo XXI
Antonio Francés*

Venezuela se perfila como la gran potencia petrolera del hemisferio occidental en las primeras décadas del siglo XXI. Existe el peligro de cometer viejos y nuevos errores, en una escala mayor que la de los anteriores.

También existe la oportunidad para hacerlo bien esta vez, aprendiendo del pasado. No va a ser fácil pues aquello de "administrar la abundancia con criterio de escasez" es contra corriente. Es más probable que se haga con escasez de criterio.

La apertura petrolera tiene sentido si queremos aprovechar al máximo un período de oportunidad. El petróleo será cada vez más valioso en las próximas décadas, pero algún día llegará a volverse obsoleto como combustible. La estrategia de apertura posiblemente lleva a maximizar el ingreso que se recibirá por concepto de la explotación de los hidrocarburos en el próximo siglo. Maximizar el ingreso petrolero no maximiza automáticamente el desarrollo del país o el bienestar de sus habitantes.

El bienestar depende de muchas cosas tales como la conservación del medio ambiente, las oportunidades culturales, la seguridad personal y el clima de convivencia ciudadana. Una condición necesaria, aunque no suficiente, para el bienestar es disponer de empleos bien remunerados y de las oportunidades educativas que preparen a la gente para desempeñarlos bien. La industria petrolera, con sus multimillonarias inversiones, crea pocos empleos. Puede llegar a producir los seis millones de barriles diarios, que se han planteado, con no más del doble de la plantilla actual, que no pasa de 60 mil empleados. Para generar empleos es imperativo diversificar la economía. Los empleos pueden crearse en la agricultura y ganadería, la manufactura, el turismo y los servicios. El empleo en el sector público debe reducirse. Se ha dicho repetidamente que Venezuela tiene más empleados públicos en su gobierno central que Japón o Brasil, países más grandes y más desarrollados.

Para crear empleo, más allá de lo que permita la utilización de la capacidad ociosa existente se requiere inversión. Esta busca la rentabilidad y hay dos maneras de ofrecerla: en una economía cerrada o en una economía abierta. La primera es relativamente fácil de implementar y tenemos bastante experiencia. Podemos proteger la producción nacional y hacerla rentable subiendo los aranceles o imponiendo restricciones como las famosas Nota 1 y Nota 2 de la década de los ochenta. Ello significaría incumplir los compromisos adquiridos con la adhesión al GATT y exponernos a medidas retaliatorias. Si aceptamos que lo único que vamos a exportar son los hidrocarburos, que el mundo necesita y le interesa comprarnos, esas medidas no nos preocuparían mucho. Además, importaremos todo aquello que no estemos en capacidad de producir. Si no nos atrevemos a ser tan crudos, podemos utilizar las restricciones paraarancelarias. Crear empleo haciendo uso del proteccionismo puede funcionar, pero los empleos creados van a ser menos productivos que lo que serían en una economía abierta y competitiva, y estarán peor remunerados. Los precios de los bienes producidos en una economía protegida son más elevados y la calidad menor. El nivel de bienestar alcanzado será inferior al que es posible con una economía abierta.

Venezuela posee recursos no petroleros suficientes para desarrollar una economía próspera y diversificada. Se cuenta con yacimientos de hierro, bauxita, níquel y oro para sustentar un sector minero considerable. Tierras agrícolas para desarrollar una agricultura de exportación en ciertos rubros como frutas tropicales, cacao, flores, tabaco y camarones; también para abastecer el mercado nacional en muchos otros. Potencial para profundizar en cadenas industriales para la exportación como las de siderúrgica y metalmecánica, petroquímica y pulpa y papel, y en otras para abastecer el mercado interno. Amplias oportunidades para desarrollar el turismo receptivo y una diversidad de servicios. Estos sectores serán capaces de atraer la inversión en la medida en que ésta resulte rentable. En una economía abierta para ser rentable es necesario ser competitivo.

Lamentablemente, no es posible ser competitivo con una moneda que tienda a la sobrevaluación.

Desarrollar una economía no petrolera competitiva en un país petrolero es un problema difícil de resolver. Parece inevitable caer en el famoso "mal holandés", causado en Holanda por la explotación de sus yacimientos de gas. Los ingresos por exportación de petróleo hacen que la moneda nacional tienda a la sobrevaluación y eso le resta competitividad a sus otros productos. Se abaratan las importaciones y se encarecen las exportaciones. Las actividades productivas se desincentivan y se puede caer en la desindustrialización y la destrucción de empleos.

Deberemos hacer todos los esfuerzos posibles para que nuestra política monetaria combata la sobrevaluación. Es probable que no la pueda eliminar del todo. Los subsidios a la exportacion, una solución clásica al problema, son inaceptables en la actualidad para nuestros socios comerciales, e incompatibles, por lo tanto, con una economía abierta. El ingreso petrolero bien invertido en infraestructura, educación, salud y servicios públicos podría permitirnos crear un entorno tan atractivo para la inversión que compense los efectos de una sobrevaluación moderada. De esa manera podríamos abaratar nuestras exportaciones sin subsidiarlas y defender el empleo.


*Profesor IESA
El Universal, martes 19 de noviembre, 1996

Espacio dispoible


Barra Inferior

[Editorial] [Contenido] [Esta Semana] [English] [Política Exterior] [Política Interna] [Economía y Petróleo]
[Siglo XXI] [Sociedad] [Ciencia y Tecnología] [Artes y Placeres]


Copyright Venezuela Analitica