Revista Electrónica Bilingüe Nº 10 Diciembre 1996 |
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Albricias aeropuerto
Armando Scannone Para mí, ciudadano común y corriente, que he adquirido el compromiso de expresar en estas páginas lo que puede ser la voz de muchos, la referencia casi obligada y permanente a los desaciertos, a los fracasos, a la indiferencia de la Administración Pública para solucionar los problemas de los venezolanos, que a fin de cuentas son los del país, conduce a sentirse con frecuencia frustrado, pesimista, llegando a creer que se ve sólo lo malo, que nuestra majadería nos condena a sentirnos insatisfechos en nuestra propia tierra. Por eso, cuando apenas atisbo un indicio positivo, aún apenas iniciado, y sin saber si va a ser algo permanente, veo en ello como una tabla de salvación en el mar de desilusiones en el cual el ciudadano común debe vivir, desasistido, inerme, resignado. Son destellos de esperanza que nos permiten tomar fuerzas para seguir viviendo, sin que llegue el stress a picos que conduzcan a la depresión. Eso sentí en días pasados con motivo de viajar por avión desde Maiquetía al interior. Encontré un terminal limpio, ordenado, bien atendido, con algunos baños remodelados, no muchos, pero algo es algo, donde hay agua, jabón, papel y hasta empleados para atenderlos, y lo más importante, los que ya funcionan están limpios. Además, hay algunos ascensores y escaleras mecánicas que funcionan o está siendo reparados. Tiendas atractivas. Muebles en perfecto estado, sin roturas ni desvalijados. Las gestiones de embarque y la salida con maletas se ha facilitado. Se ha habilitado un pequeño pero suficiente estacionamiento a nivel, y a corta distancia de las entradas en la planta baja, antes destinado a los autos privilegiados, muy conveniente para estacionar por corto tiempo, y que ojalá algo similar se pudiese hacer para el terminal internacional, a precios quizás todavía baratos para que ese fin se cumpla primordialmente. También el terminal internacional muestra algunas mejoras. Las que corresponden a lo que está bajo la administración del aeropuerto: algunos baños limpios y bien equipados, sillas más confortables y en buen estado, mejores servicios de ayuda y de información al pasajero. Las tiendas más atractivas. No hay muebles rotos en los restaurantes. El pasajero en tránsito está mejor atendido. Hay nuevas áreas, aunque pequeñas, dedicadas a la alimentación y ¡albricias! algunos ascensores y escaleras mecánicas que funcionan. No sé a quién se deben estas mejoras, que espero no se hayan paralizado a mitad del camino, así como las muy urgentes y ya ofrecidas para conectar ambos terminales, lo que sería muy fácil hacerlo por autobuses de servicio regular y permanente, pero en todo caso, felicitaciones a quien le corresponda. Pero no todo es color de rosa en los terminales del aeropuerto y quizás nunca nos vamos a dar el gusto de verlos funcionar eficientemente. Primero, porque adolecen de muy graves defectos de diseño, quizás insalvables a estas alturas, pero que valdría la pena intentar corregir a cualquier costo. Por otra parte, está sometido a una multiadministración donde muchos organismos concurren con directrices diferentes y autoridades y policías diferentes, sobre áreas que se mezclan y a veces se confunden, en donde todavía se ven cosas inauditas como, por ejemplo, varias taquillas de revisión de pasaportes a la salida de pasajeros (Ministerio del Interior) en las que no se puede prestar servicio porque las computadoras no pueden tener operadores, ya que se han roto las sillas para ellos, sin que hayan sido repuestas y, como consecuencia, las colas son largas. Servicios como el tax-free shop, que dependen de la Fundación del Niño, que no prestan servicio permanente, así como otras concesiones privadas que cierran de noche, cuando todavía hay vuelos en operación y cuando por la soledad, el sueño, el cansancio, las necesidades del pasajero son mayores y más difíciles de complacer. Ojalá que las mejoras llevadas a cabo por la dirección del Aeropuerto se continúen, sean duraderas y se conviertan en un servicio permanente. Ojalá también que el despacho al que corresponda se empeñe en estudiar un posible rediseño del terminal, que corrija sus graves defectos y también que se pueda lograr una reglamentación o se hagan las correcciones, para que los diferentes organismos puedan llegar a acuerdos que minimicen las molestias, colas y pasos innecesarios que a través de taquillas diferentes deben hacer los pasajeros. De paso, nada excepcional, pues en todas partes el pasajero con su pasaje se dirige a la taquilla de la aerolínea y luego a la puerta de salida y nada más. El Universal; martes 19 de noviembre de 1996 |
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