Revista Electrónica Bilingüe Nº 10 Diciembre 1996 |
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Hacia un plan de inserción socio-económico de la
Biotecnología en el país
Rafael Rangel Aldao Por qué el Gobierno nacional nombra una comisión de Biotecnología como organismo asesor del Presidente de la República, en esta época tan difícil, con necesidades mucho más urgentes? De alguna manera, tal vez sólo semiótica, hay que buscar soluciones no convencionales al decaimiento de la industria nacional, a la separación entre el conocimiento científico y el desarrollo del país, a la escasez de soluciones que partan de nuestra propia creatividad y del uso inteligente de la tecnología ya existente dentro y fuera de Venezuela. El Gobierno no puede errar cuando busca el concierto de gente educada y con experiencia para salir del "estamos mal". Los miembros de esa comisión por cierto, no son biotecnólogos, pero sí gente de experiencia y poder de decisión que transita por todas esas vías de la economía y la ciencia, que al cruzarse pueden señalar nuevos rumbos y formar inéditas encrucijadas tecnológicas que en alguna medida podrían acelerar la solución de muchos de nuestros problemas. Esa coalición gerencial daría un nuevo ejemplo de colaboración pública y privada para el fortalecimiento del liderazgo nacional. La asesoría que prestará la comisión, según el Decreto 1.475 de la Presidencia de la República, está dirigida a promover una estrategia nacional de desarrollo de la Biotecnología en el país, es decir, que se hará un ejercicio conjunto de planificación estratégica para insertar un poco de ciencia y tecnología en ciertas áreas del sector público y del privado de la sociedad venezolana. Es por ello que el decreto establece en uno de sus Considerandos, "Que se debe apoyar la conformación de estrategias compartidas entre las distintas organizaciones que intervienen en el desarrollo de la Biotecnología, a fin de estimular nuevas inversiones y el desarrollo industrial y agrícola". Para facilitar el logro de tales objetivos se consideran dos etapas preparatorias paralelas que luego producirían un plan nacional de apoyo biotecnológico a la industria nacional. Una de ellas, llamémosla así, educativa, supone la familiarización de los miembros de la comisión con los principales aspectos del mundo biotecnológico industrial. Estos, implican aquellos temas relativos a la transferencia tecnológica, financiación, relaciones universidad-industria, mercados emergentes, propiedad intelectual, bioseguridad y bioética, entre otros. Para tales fines, vendrán especialistas de otros países a compartir experiencias temáticas con la comisión. La otra etapa paralela diagnóstica, pretendrá recopilar una valiosa información a través de estudios sobre la demanda potencial nacional de Biotecnología en los sectores biofarmacéutico, agrícola, agroindustrial, energético y ambiental, representados en la comisión. También se estudiará la infraestructura nacional existente, en sus aspectos físicos de laboratorios, de empresas con inclinación innovadora, inversiones del sector público y privado en ciencia y tecnología, los mecanismos actuales de financiación nacional e internacional, y la cooperación técnica-bi-y multilateral. Concluidas esas dos etapas, la comisión se abocaría al análisis de políticas para la preparación de una capacidad de respuesta nacional que nos aproxime al uso inteligente de las biotecnologías ya disponibles en los mercados internacionales, o al desarrollo de nuevas para satisfacer necesidades locales muy específicas. Para ello, se contratarán diversos estudios sobre la financiación de riesgo; casos exitosos o no de inserción biotecnológica en la industria; las prioridades de la demanda social e industrial; y la creación de infraestructuras de apoyo (insumos e información); hasta desembocar en un plan que facilite la formación de asociaciones empresariales mixtas de biotecnología avanzada. Estas, serían sociedades tripartitas con la participación de socios institucionales del sector académico, de los investigadores mismos, y de socios corporativos privados o públicos que establecerían la demanda de servicios o productos derivados de la aplicación de biotecnologías modernas. Esto supondría la obtención de financiamiento externo de bancos de desarrollo regional o internacional. Ya hubo, recordamos algunos, una Comisión de Ingeniería Genética y Biotecnología, originada en el año 1984 mediante un decreto presidencial, y con un mandato no muy disimilar al presente. En gran medida, esa comisión cumplió sus objetivos, sólo que en ese entonces fue difícil concebir y llevar a cabo un plan de ciencia y tecnología, que llegara más allá de la oferta de los laboratorios científicos, y donde la mayoría de los participantes proviniera de la demanda potencial biotecnológica, como ocurre en los países desarrollados. Esta nueva comisión revisará y aprenderá de lo que otros hicieron en su momento, para realizar este difícil pero muy interesante ejercicio de hacer una inserción científico-tecnológica que apoye a Venezuela en su momento más crítico. El Universal, martes 19 de noviembre, 1996 Por qué el Gobierno nacional nombra una comisión de Biotecnología como organismo asesor del Presidente de la República, en esta época tan difícil, con necesidades mucho más urgentes? De alguna manera, tal vez sólo semiótica, hay que buscar soluciones no convencionales al decaimiento de la industria nacional, a la separación entre el conocimiento científico y el desarrollo del país, a la escasez de soluciones que partan de nuestra propia creatividad y del uso inteligente de la tecnología ya existente dentro y fuera de Venezuela. El Gobierno no puede errar cuando busca el concierto de gente educada y con experiencia para salir del "estamos mal". Los miembros de esa comisión por cierto, no son biotecnólogos, pero sí gente de experiencia y poder de decisión que transita por todas esas vías de la economía y la ciencia, que al cruzarse pueden señalar nuevos rumbos y formar inéditas encrucijadas tecnológicas que en alguna medida podrían acelerar la solución de muchos de nuestros problemas. Esa coalición gerencial daría un nuevo ejemplo de colaboración pública y privada para el fortalecimiento del liderazgo nacional. La asesoría que prestará la comisión, según el Decreto 1.475 de la Presidencia de la República, está dirigida a promover una estrategia nacional de desarrollo de la Biotecnología en el país, es decir, que se hará un ejercicio conjunto de planificación estratégica para insertar un poco de ciencia y tecnología en ciertas áreas del sector público y del privado de la sociedad venezolana. Es por ello que el decreto establece en uno de sus Considerandos, "Que se debe apoyar la conformación de estrategias compartidas entre las distintas organizaciones que intervienen en el desarrollo de la Biotecnología, a fin de estimular nuevas inversiones y el desarrollo industrial y agrícola". Para facilitar el logro de tales objetivos se consideran dos etapas preparatorias paralelas que luego producirían un plan nacional de apoyo biotecnológico a la industria nacional. Una de ellas, llamémosla así, educativa, supone la familiarización de los miembros de la comisión con los principales aspectos del mundo biotecnológico industrial. Estos, implican aquellos temas relativos a la transferencia tecnológica, financiación, relaciones universidad-industria, mercados emergentes, propiedad intelectual, bioseguridad y bioética, entre otros. Para tales fines, vendrán especialistas de otros países a compartir experiencias temáticas con la comisión. La otra etapa paralela diagnóstica, pretendrá recopilar una valiosa información a través de estudios sobre la demanda potencial nacional de Biotecnología en los sectores biofarmacéutico, agrícola, agroindustrial, energético y ambiental, representados en la comisión. También se estudiará la infraestructura nacional existente, en sus aspectos físicos de laboratorios, de empresas con inclinación innovadora, inversiones del sector público y privado en ciencia y tecnología, los mecanismos actuales de financiación nacional e internacional, y la cooperación técnica-bi-y multilateral. Concluidas esas dos etapas, la comisión se abocaría al análisis de políticas para la preparación de una capacidad de respuesta nacional que nos aproxime al uso inteligente de las biotecnologías ya disponibles en los mercados internacionales, o al desarrollo de nuevas para satisfacer necesidades locales muy específicas. Para ello, se contratarán diversos estudios sobre la financiación de riesgo; casos exitosos o no de inserción biotecnológica en la industria; las prioridades de la demanda social e industrial; y la creación de infraestructuras de apoyo (insumos e información); hasta desembocar en un plan que facilite la formación de asociaciones empresariales mixtas de biotecnología avanzada. Estas, serían sociedades tripartitas con la participación de socios institucionales del sector académico, de los investigadores mismos, y de socios corporativos privados o públicos que establecerían la demanda de servicios o productos derivados de la aplicación de biotecnologías modernas. Esto supondría la obtención de financiamiento externo de bancos de desarrollo regional o internacional. Ya hubo, recordamos algunos, una Comisión de Ingeniería Genética y Biotecnología, originada en el año 1984 mediante un decreto presidencial, y con un mandato no muy disimilar al presente. En gran medida, esa comisión cumplió sus objetivos, sólo que en ese entonces fue difícil concebir y llevar a cabo un plan de ciencia y tecnología, que llegara más allá de la oferta de los laboratorios científicos, y donde la mayoría de los participantes proviniera de la demanda potencial biotecnológica, como ocurre en los países desarrollados. Esta nueva comisión revisará y aprenderá de lo que otros hicieron en su momento, para realizar este difícil pero muy interesante ejercicio de hacer una inserción científico-tecnológica que apoye a Venezuela en su momento más crítico. Por qué el Gobierno nacional nombra una comisión de Biotecnología como organismo asesor del Presidente de la República, en esta época tan difícil, con necesidades mucho más urgentes? De alguna manera, tal vez sólo semiótica, hay que buscar soluciones no convencionales al decaimiento de la industria nacional, a la separación entre el conocimiento científico y el desarrollo del país, a la escasez de soluciones que partan de nuestra propia creatividad y del uso inteligente de la tecnología ya existente dentro y fuera de Venezuela. El Gobierno no puede errar cuando busca el concierto de gente educada y con experiencia para salir del "estamos mal". Los miembros de esa comisión por cierto, no son biotecnólogos, pero sí gente de experiencia y poder de decisión que transita por todas esas vías de la economía y la ciencia, que al cruzarse pueden señalar nuevos rumbos y formar inéditas encrucijadas tecnológicas que en alguna medida podrían acelerar la solución de muchos de nuestros problemas. Esa coalición gerencial daría un nuevo ejemplo de colaboración pública y privada para el fortalecimiento del liderazgo nacional. La asesoría que prestará la comisión, según el Decreto 1.475 de la Presidencia de la República, está dirigida a promover una estrategia nacional de desarrollo de la Biotecnología en el país, es decir, que se hará un ejercicio conjunto de planificación estratégica para insertar un poco de ciencia y tecnología en ciertas áreas del sector público y del privado de la sociedad venezolana. Es por ello que el decreto establece en uno de sus Considerandos, "Que se debe apoyar la conformación de estrategias compartidas entre las distintas organizaciones que intervienen en el desarrollo de la Biotecnología, a fin de estimular nuevas inversiones y el desarrollo industrial y agrícola". Para facilitar el logro de tales objetivos se consideran dos etapas preparatorias paralelas que luego producirían un plan nacional de apoyo biotecnológico a la industria nacional. Una de ellas, llamémosla así, educativa, supone la familiarización de los miembros de la comisión con los principales aspectos del mundo biotecnológico industrial. Estos, implican aquellos temas relativos a la transferencia tecnológica, financiación, relaciones universidad-industria, mercados emergentes, propiedad intelectual, bioseguridad y bioética, entre otros. Para tales fines, vendrán especialistas de otros países a compartir experiencias temáticas con la comisión. La otra etapa paralela diagnóstica, pretendrá recopilar una valiosa información a través de estudios sobre la demanda potencial nacional de Biotecnología en los sectores biofarmacéutico, agrícola, agroindustrial, energético y ambiental, representados en la comisión. También se estudiará la infraestructura nacional existente, en sus aspectos físicos de laboratorios, de empresas con inclinación innovadora, inversiones del sector público y privado en ciencia y tecnología, los mecanismos actuales de financiación nacional e internacional, y la cooperación técnica-bi-y multilateral. Concluidas esas dos etapas, la comisión se abocaría al análisis de políticas para la preparación de una capacidad de respuesta nacional que nos aproxime al uso inteligente de las biotecnologías ya disponibles en los mercados internacionales, o al desarrollo de nuevas para satisfacer necesidades locales muy específicas. Para ello, se contratarán diversos estudios sobre la financiación de riesgo; casos exitosos o no de inserción biotecnológica en la industria; las prioridades de la demanda social e industrial; y la creación de infraestructuras de apoyo (insumos e información); hasta desembocar en un plan que facilite la formación de asociaciones empresariales mixtas de biotecnología avanzada. Estas, serían sociedades tripartitas con la participación de socios institucionales del sector académico, de los investigadores mismos, y de socios corporativos privados o públicos que establecerían la demanda de servicios o productos derivados de la aplicación de biotecnologías modernas. Esto supondría la obtención de financiamiento externo de bancos de desarrollo regional o internacional. Ya hubo, recordamos algunos, una Comisión de Ingeniería Genética y Biotecnología, originada en el año 1984 mediante un decreto presidencial, y con un mandato no muy disimilar al presente. En gran medida, esa comisión cumplió sus objetivos, sólo que en ese entonces fue difícil concebir y llevar a cabo un plan de ciencia y tecnología, que llegara más allá de la oferta de los laboratorios científicos, y donde la mayoría de los participantes proviniera de la demanda potencial biotecnológica, como ocurre en los países desarrollados. Esta nueva comisión revisará y aprenderá de lo que otros hicieron en su momento, para realizar este difícil pero muy interesante ejercicio de hacer una inserción científico-tecnológica que apoye a Venezuela en su momento más crítico. El Universal, martes 19 de noviembre, 1996 |
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