Revista Electrónica Bilingüe Nº 10 Diciembre 1996 |
|
|
El Imaginario
Gonzalo Himiob En psicología analítica y en psicoanálisis se plantean dos tipos fundamentales en el pensar: el proceso primario y el proceso secundario del pensamiento. El proceso primario del pensamiento es infantil, primitivo, orientado hacia la satisfacción inmediata del deseo, no tolera las frustraciones y los fracasos, es incapaz de postergar la satisfacción de los instintos, no planifica, no tiene consciencia de límites, su acción es impulsiva, no es constante en sus intereses y afectos, se mueve incesantemente, ante la menor contrariedad reacciona en forma incontrolada y su expresión ideativa es simbólica y circular. Es este, en suma, el proceso propio de los niños y de las personas cuya vida se ha quedado fijada en estructuras infantiles; esta forma ideativa la encontramos en los psicópatas y en los psicóticos. El pensamiento primario permanece inconsciente, más no abolido, en el adulto. En el "Jardín de las Delicias," del Bosco encontramos una de las más elaboradas expresiones artísticas de esta forma de pensar. El proceso secundario del pensamiento es aquel que se guía por el principio de la realidad, es capaz de postergar la satisfacción de sus deseos, tolera las frustraciones, se mantiene constante en las relaciones objetales, reacciona en forma controlada ante las limitaciones que le impone el vivir; su accionar es mesurado, capaz de planificar y orientar su vida hacia una meta; su curso es longitudinal y su expresión ideativa es por medio del pensamiento lógico y racional de la palabra. Este pensamiento propio de las llamadas "personalidades adultas y maduras," de los neuróticos, y de aquellos personajes hieráticos y adustos de los cuadros de la Edad de Oro Española. Si exploramos estas formas de pensamiento polares, nos encontramos que el primero es una especie de caos, en el cual no existe orden ni concierto y donde la vida fluye rica, pero llena de incertidumbres, temores y anarquía. Se vive en una especie de materia primordial donde la confusión y la indefinición reinan. Es este, a pesar de todo, un mundo idílico, lleno de riqueza y pasión, al cual regresamos cada noche en el soñar; a él acudimos en los momentos de frustración por medio de nuestra fantasía. Es el "Paraíso Perdido," el mundo idílico que añoramos. Los niños, los locos, los pueblos primitivos, los intoxicados y muchos artistas, viven en este mundo ilusorio, fascinante y alucinante. Para ellos el encuentro con la realidad es algo tan duro y seco, que se convierte en una experiencia intolerable. El refugio en la locura, el aislamiento, la rebeldía estéril, el alcoholismo, la drogadicción, etc. , son salidas fáciles y carentes de sentido. En la metáfora de los alquimistas se habla de la "Prima Materia," de la cual toda vida nace. En todos los mitos de creación aprendemos que la vida nace del caos, que los seres humanos fueron formados de la putrefacción, del "Humus primigenio," del barro --al cual Dios otorga aliento de vida-- de la Nebula, del "Big-Bang," etc. Ellas son imágenes de la masa confusa, de ese mundo caótico primordial del cual venimos y al cual, en nuestros laberintos inconscientes, deseamos regresar. Otto Rank, un conocido analista de las primeras generaciones freudianas, terapeuta de Anais Nin y de Henry Miller, hablaba del "Trauma del Nacimiento." El mayor daño estaba condicionado por el hecho de nacer, de ese salir al mundo desde el paradisíaco vientre materno, y enfrentarnos a un mundo de estímulos, luz, frialdad y hambre. Viviremos el resto de nuestra existencia añorando el retorno. La muerte, y este es una de las razones del suicidio, nos tienta con su vientre seco y maternal. Por su parte el proceso secundario se ofrece como guiado por el principio de la realidad, realidad que se nos impone sacándonos de ese mundo primordial y edénico. En el proceso aprendemos que la vida nos impone fracasos que debemos asumir, que la satisfacción de nuestras necesidades debe ser postergada, que el mundo de los adultos es un mundo verdadero, que da seguridad, continuidad, posibilidades y es, al mismo tiempo, seco, crudo y poco emocionante. La realidad nos apabulla, nos aturde, nos atrapa. Es un mundo cada vez más apartado de lo primordial, donde el "que-hacer" es desalmado, sin alma. El dinero se convierte en el rasero por el cual medimos el éxito y nuestra función de realidad. El proceso del pensamiento serio y adulto es equivalente a la capacidad que tenemos de manejar nuestras finanzas. Dinero y realidad son términos que se intercambian en nuestra conversación diaria. En estas condiciones se ha producido un divorcio entre valores fundamentales de los seres humanos, entre la llamada realidad económica y las artes del espíritu. La poesía, la pintura, la educación, la medicina, etc. , pasan a ser esclavas de las finanzas. Se llega incluso a establecer criterios como: "Terapia que no se paga no cura" Igual podríamos afirmar: "Poesía que no es remunerativa no es poesía," "Cuadro que no se vende no es bueno," ó "música que no enriquece no vale la pena." El pensamiento adulto, el guiado por el principio de lo real, nos obliga a cuestionarnos ¿qué es lo real? Es real aquello que nos gobierna y que en sí mismo no tiene ningún valor? Vivir con la fantasía de que el valor moneda es lo real, siendo que es un valor que otorgamos convencional y metafóricamente? Hace falta una enorme dosis de imaginación para concebir al dinero como algo fáctico, como algo real. Pareciera entonces que el dinero tiene una dimensión simbólica de la cual se hace poca mención. En los seres humanos debe existir una función que nos permita unir lo real con lo simbólico. Una función que permita la conciliación de los opuestos, la integración del pensamiento primario con el proceso secundario. A esta función conciliatoria la llamó Jung, La Función Trascendente. Ella va a ser definida como la función que trasciende el mundo objetivo y al subjetivo. Ella nos permite la creación de símbolos conciliatorios e integradores. Ella amalgama en símbolos lo consciente y lo inconsciente. La capacidad humana de crear un espacio psíquico imaginario es lo que nos separa de la locura. En la Epifanía de imágenes e ideas todos llevamos la demencia implícita. No es el tener pensamientos delirantes lo que nos hace psicóticos. Es el no tener la contención del espacio imaginario lo que nos lleva a la insanía. Ya San Agustín agradecía a Dios: "no ser responsable de mis sueños." En resumen, la diferencia entre un estar loco y no estarlo no reside en las ideas e imágenes que nos asaltan, sino en la reflexión que hagamos sobre ellas y en el posterior actuar de las mismas. Cuando en la televisión, en el cine, en la prensa, en las jugueterías, etc., nos atropellan con ilusiones. Cuando nos llenan la mente con paraísos sexuales, de riqueza, de belleza y bienestar, de logros y éxitos. Cuando las modernas terapias nos ofrecen la solución fácil e inmediata de nuestros problemas. Cuando los paradigmas a ser imitados están representados por el facilismo, el triunfalismo y el dinero sin trabajo ni Eros. Cuando hay varios tipos de ciudadanos, a saber: aquellos que están sometidos a la moral y las leyes, los que están por encima de ellas, y los que las hacen para que los demás las cumplan. Hay una anécdota de un célebre experto en costumbres y comportamientos, el cual al ser criticado por su forma de comer dijo: "Para eso escribí un libro, para que todos supieran que me se comportar!!!" Qué nos cabe esperar de esta filosofía? Qué esperanza hay para un niño cuya realidad se presenta tan inasible, ambivalente y contradictoria? Retomando la linea de pensamiento esbozada, podríamos decir que si el pensamiento primario es simbólico, inconsciente, gobernado por el principio del placer, circular y dirigido a la satisfacción inmediata de los deseos. Y si el proceso secundario es racional, consciente, guiado por el principio de la realidad, longitudinal y orientado por la consecución de metas. El pensamiento imaginario sería aquel que integra ambas formas del aprehender, vivenciar, sentir y actuar. Es una forma espiral en la cual los objetivos se logran por indireccionalidades inspirativas y no por movimientos calculados ni por repeticiones, circumbulantes y estériles "ad infinitum." Es en el espacio psíquico del imaginario donde las fantasías permiten la satisfacción anticipada de la acción. Un mundo carente de imaginación es un mundo de actuaciones incontroladas, búsquedas impulsivas y atropellos. En el espacio imaginario se ensaya la acción, es el teatro psíquico donde nuestra función reflexiva y trascendente, crea y practica. Los hijos del siglo XX y sus hijos del XXI, se enfrentan a una realidad cuyas técnica y metodología supera cualquier elucubración. Es el mundo que nos ofreciera Prometéo en su desmesura, fueron necesarias la Fuerza y la Violencia para encadenar al Titán. La imagen nos muestra como una polaridad excesiva requiere de grandes esfuerzos de la imaginación y de la acción para contener y hacer productiva a la tecnología. Un Titán suelto es una fuerza destructora, traidora y terrible. Uno de los conceptos más trajinados, y menos comprendidos dentro la psicología analítica, es el de la Sombra. La Sombra es lo oculto, lo escondido, aquello que no queremos ver de nosotros mismos y que en última instancia, constituye la esencia de nuestro inconsciente. En él guardamos todos nuestros secretos, nuestras más terribles inclinaciones. La Sombra es, para la psicología, la metáfora de lo que en las creencias religiosas, especialmente entre los maniqueos, se personificó como el Mal. Lo malvado en el mundo y en nosotros. Para los Cristianos, fue necesaria la espada de San Pablo para contener los desenfrenos de la Iglesia original. Un ser humano sin espacio psíquico imaginario se convierte en un agente de sus propias tendencias sombrías. El deseo y la acción se hacen sinónimos. En su defecto la castración del instinto, la desconexión con el cuerpo, generan una sociedad mediocre y neurótica. La imagen de "Forest Gump," el exitoso oligofrénico caracterizado por Tom Hanks, habla más y mejor que cualquier retórica intelectual sobre el tema. La amputación de la emoción, la ablación del instinto, la represión brutal del deseo, originan una suerte de caldera inconsciente presta a la explosión en cualquier momento. Otra imagen nos la brinda Buñuel en la película "Ese obscuro objeto del deseo." En ella somos testigos del drama del "Hombre Serio," desbordado por las pasiones reprimidas. Otras imágenes son las de Ordaz, Reverón, y tantos otros a quienes el mundo primitivo e indiferenciado del Self invadió en forma total, ahogándolos en sus profundidades. Ni en los primeros ni en los otros se desarrolló el espacio de "El Imaginario" . A unos los hizo refugiarse en el mundo formal, estructurándose rigidamente en una "Máscara" ó apariencia consciente y objetiva, de cara al mundo. En esta actitud creyeron sentirse seguros y a salvo de las fuerzas del instinto. Cayeron en su propia trampa, basta cualquier disminución en el nivel de consciencia, el más mínimo descuido, para que las pulsiones reprimidas asalten con violencia, en forma cruda y sin elaboración al alma. Sabemos que lo reprimido permanece en condición de inferioridad, es decir no progresa ni se elabora, por lo tanto cuando aflora a la consciencia lo hace en forma explosiva y primitiva. Para los otros la inmersión en lo inconsciente representó un hundirse en el Caos primordial. Son ahogados por esta condición inespecífica, en ella los opuestos danzan a un son contradictorio y macabro. Es en la esperanza del desarrollo de "El Imaginario" donde se pueden metabolizar e integrar estas condiciones conflictivas del Self. En él podemos tener la posibilidad de integrar lo imaginativo y lo real. Sin capacidad para resolver la conflictiva psíquica en el espacio de la fantasía, la vida se vuelve una mera sucesión de frustraciones y satisfacciones bizarras. Es, en este colchón amortiguante de "El Imaginario," donde podemos tener la certeza de la reflexión que precede a la acción, sin que por ello tengamos que renunciar a la plenitud y la pasión de la vida. Vida nutrida por la riqueza de lo primigenio del Self y discurrida en la reflexión del Yo. Vida, en suma, que nos permite la realización del paradigma existencial de cada uno de nosotros, como individuo, y en relación mutual, responsable y energeticamente vital, con nuestros congéneres y con nuestro ambiente. |
![]() |
[Editorial] [Contenido]
[Esta Semana] [English]
[Política Exterior] [Política
Interna] [Economía y Petróleo]
Copyright Venezuela Analitica |
|