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Revista Electrónica Bilingüe       Nº 10    Diciembre 1996

Titular Economía y Petróleo
!Venezuela tiene que cambiar!
Alejandro J. Sucre*

La apertura petrolera es un espejismo
Gracias a la Agenda Venezuela, nuestro país entrara en el próximo milenio cosechando la misma miseria social que se sembró en la década de los años setenta. Sin el aumento en octubre de los precios del petróleo la Agenda Venezuela -que cubre todas las ineficiencias del estado con aumentos en los precios de la gasolina, deuda externa e impuestos- ya hubiese colapsado.

Y como siempre, para el año 2.000 nuestros gobernantes piensan seguir el mismo modelo de "estado petrolero" como impulsor del resto de la economía. Nuestras autoridades gubernamentales, muchos políticos en el Congreso y demasiados líderes del sector privado se conforman con pensar que aplicando ciertos remiendos y parches a las profundas fallas de política económica de las décadas pasadas (esto es, evitar los servicios públicos y la gasolina a precios inferiores a los internacionales, tasas de interés negativas, prestamos blandos, protecciones arancelarias, privatizando empresas estatales que causan perdidas, y aumentando los impuestos -en lugar de emitir dinero inorgánico- para financiar déficits fiscales) y con los grandes ingresos petroleros que se prevén en los próximos años, el futuro económico de Venezuela será promisor y sin inflación.

Tan seguros se sienten nuestros políticos de su nuevo modelo económico que desean garantizarse perpetuidad en el poder haciendo retroceder las reformas electorales de 1989 y volver a la votación por planchas diseñadas e impuestas desde los partidos del status.

La política de cerebros apagados
No se dan cuenta nuestros dirigentes que si la apertura petrolera incrementa el ingreso anual per capita de los venezolaños lo hará por tan solo US$ 500 por año, llevándonos a US$ 3.000/ años de los US$ 2.500 que se estima para hoy. Que el reto de Venezuela es ir de US$ 2.500 de ingreso por año per capita a US$ 25.000 como las potencias desarrolladas. Que los nuevos ingresos petroleros permanecerán sin llegarle a los ciudadaños venezolaños - ya que el estado controla a PDVSA y no los venezolaños como se lograría a través de los fondos de capitalización ciudadana - y que se van a despilfarrar en las mismas instituciones publicas corruptas - IVSS, Ministerio de Educación, entre otras - que ni conceden salud ni la educación necesaria para que la población pueda ser productiva en los otros sectores de la economía.

Tampoco se dan cuenta muchos de nuestros dirigentes que los ingresos petroleros junto a mayores tasas impositivas - para el próximo milenio -solo y tal vez podrán mantener la paridad del dólar sin fluctuación ( a Bs. 470 en lugar de los Bs. 4.30 por US$ de los años setenta) y una baja inflación por un tiempo. Que el desestímulo que generan las trabas burocráticas y los nuevos monopolios privados, los crecientes costos de mantener sindicaleros - sustento de los partidos políticos- que atrofian y corrompen la salud, la educación y la justicia, y los monopolios que incrementan las tarifas de los servicios públicos (que ya sobrepasan las tarifas internacionales), crearan una improductividad general junto a una inflación interna que -al igual que durante los años setenta- no se vera reflejada en el tipo de cambio y que como consecuencia mantendrá :

  1. en estado de colapso a la pequeña y mediana industria,
  2. una población malnutrida, y
  3. cerebros apagados para una población que no puede educarse y que por lo tanto no tendrá capacidad para desarrollar las nuevas industrias basadas en tecnología y que son las comprenderán -en lugar de las materias primas- la mayor porción del comercio internacional.

Para completar el cínico juego político y terminar de imponer el nuevo modelo de desarrollo económico -que atornille a los partidos del estatus y sus dirigentes en el poder- las autoridades gubernamentales ahora aparentan tomar en cuenta y/o complacer las recomendaciones hechas por voces que se oponen a la Agenda Venezuela -como la mía- y ponen en marcha un simulacro de fondos de capitalización popular para hacer creer que el ciudadaño común puede invertir en telecomunicaciones, petróleo, aluminio, entre otros sectores reservados históricamente para el estado.

La política del cinismo empaquetada como "la Agenda Venezuela", entonces, consiste en gobernar y complacer a unos pocos ciudadaños que tienen voz -especialmente en la opinión publica- y marginar o esclavizar al resto de los millones de habitantes del país que no tienen acceso a una mejor educación, salud, y mucho menos a un aumento en su patrimonio (que se lograría a través de los fondos de capitalización ciudadana aplicados con sinceridad para que alcance a los venezolaños menos privilegiados y no como se hizo con las acciones de la CANTV que solo beneficiaron al estado).

La política de cerebros apagados
La política del cinismo jamas ha tenido resultado en país alguno. Si los dirigentes no se preocupan por proveer mas oportunidades de desarrollo a la gente de un país y no incorporan a toda la población en actividades económicas productivas, el país perece en pobreza. El liderazgo de un país tiene que ser consecuente con estimular todo el potencial humaño que hay en su territorio.

Venezuela se ha convertido en una fabrica de buhoneros y la Agenda Venezuela acentúa esta tendencia. Para demostrar lo retrasado que es nuestro nuevo modelo de desarrollo económico no podemos mas que comparar los resultados económicos de todo nuestro país con el de simples empresas que operan en el mundo desarrollado:

CompañíaFacturación (millones de US$) Empleados
Misubishi Co.184.365 36.000
General Motors168.828 36.000
General Electric70.028 222.000
Venezuela65.000 9.000.000 (población económica activa)

El cuadro de arriba demuestra que la dirigencia empresarial y política sana de Venezuela debe renovarse y escuchar la voz de los líderes intelectuales y espirituales del mundo que han advertido incesantemente que las materias primas -como el petróleo- no podrán ser la base del sustento económico para millones de habitantes de un país como Venezuela. Que el sector petrolero y minero de Venezuela -cuánto más- podrán crear 200 o 300 mil nuevos puestos. Que simples compañías privadas -con estímulos apropiados para sus empleados- hacen que 36.000 personas se eduquen y trabajen tanto como para producir y facturar hasta 3 veces mas que 9 millones de venezolaños económicamente activa.

El reto de las nuevas generaciones de venezolaños es no dejarse engañar ni por la Agenda Venezuela, ni por los simulacros de fondos de capitalización ciudadana, ni por la apertura del sector petrolero que solo servirán como garrote para mantener el control de las corruptas instituciones políticas del país. Los venezolaños debemos hacer un benchmark -entendimiento profundo y sin fariseismo- de las políticas de estimulo que emplean las sociedades mas desarrolladas del mundo, tanto desde sus empresas privadas mas exitosas, como las que proporcionan sus organizaciones que promueven el talento artístico, periodístico, empresarial, deportista, político y profesional. Estas verdaderas reformas que espera Venezuela deben ser liderizadas por individuos auténticos y no por aquellos involucrados en tantos casos de corrupción de quienes solo podemos esperar simulacros de reformas que hunden al 64% de la población en la buhonería.


* Economista
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