Barra Política Externa

Revista Electrónica Bilingüe       Nº 10    Diciembre 1996

Titular Política Interna
Venezuela en Cuatro Tiempos.
Elsa Cardozo de Da Silva*

Los sobresaltos y contramarchas ocurridos en Latinoamérica desde comienzos de esta década, cuando todo parecía resuelto y bien encaminado, ha generado una enorme curiosidad así como mucha reflexión, revisión de viejas fórmulas y, sin duda, el agotamiento de la simplista y empobrecedora polarización populismo-neoliberalismo.

Un rasgo interesante de este debate es que buena parte de él está ocurriendo en un nuevo terreno; uno que no está ni en la torre de marfil de la conceptualización académica, ni en el de las decisiones políticas tan fuertemente presionadas por consideraciones de urgencia y apoyos. El nuevo espacio es un área de solapamiento en la que agencias multilaterales, organismos gubernamentales nacionales y locales, y asociaciones no gubernamentales están trabajando mundialmente en la búsqueda de interpretaciones que mejoren la comprensión y la capacidad para enfrentar los obstáculos y posibilidades de nuestras muy accidentadas transiciones.

Pensando en escenarios.

En ese terreno, la Fundación Canadiense para las Américas produjo hace algunos meses un documento titulado ¿Cuál futuro para las Américas? en el que son trazados cuatro escenarios que, a mi modo de ver, nos ayudan a delinear los prospectos de Venezuela más allá del día a día o, dicho de otro modo, nos ayudan a ver nuestro proceso en medio de una profusión de eventos que considerados por sí solos nos dan señales contradictorias. El papel caracteriza cuatro escenarios: el vuelo del cóndor, el delfín herido, el jaguar cautivo y el fénix renaciente, cuya sucesión nos da una visión de conjunto, de proceso, de lo que ha estado ocurriendo en Venezuela desde 1989.

Cada uno de los escenarios está construido sobre una consideración básica que, por cierto, solemos olvidar con frecuencia, y que resume en términos muy hermosos una oración con la que Fray Junípero Serra pedía a Dios coraje para cambiar lo que está a nuestro alcance cambiar, fortaleza para aceptar lo que no podemos cambiar, y sabiduría para distinguir entre las dos situaciones. Veamos la sucesión de los cuatro escenarios escenarios.

El vuelo del cóndor.

Es este un escenario en el que hay gobernabilidad adecuada en un ambiente internacional favorable. La metáfora —la del cóndor como máquina de vuelo muy eficiente, sensible y previsora, moviéndose en un cielo claro y sin riesgo de tormenta— se corresponde bien con un primer momento de esta década en Venezuela: el del "Gran viraje", cuidadosamente concebido en circunstancias domésticas difíciles en lo económico, pero políticamente gobernables. Regionalmente era el momento de las aperturas económicas, de reactivación de la integración, de la estabilización democrática, y del fortalecimiento de las iniciativas de coordinación. Era una circunstancia marcada por las oportunidades para los proyectos de modernización, en el sentido específico que esta idea proyecta desde 1989: necesidad de reforma económica y reforma política. Fue el momento de una política exterior muy activa y comprometida, bilateral y multilateralmente con las oportunidades regionales. De esa política exterior forman parte iniciativas como la nueva relación con Colombia, el impulso a viejos y nuevos esquemas de integración, y la propuesta de un más eficiente mecanismo para la defensa de la democracia en la OEA.

El delfín herido.

En este segundo escenario la gobernabilidad es deficiente a pesar de que el ambiente internacional sigue siendo favorable, a lo que corresponde la metáfora de un delfin desorientado, sin su sonar.

No obstante los logros en la estabilización de la economía y la reorientación global de la agenda gubernamental venezolana, a partir de 1992 —con los dos intentos de golpe— se manifestaron abiertamente serios desafíos a la gobernabilidad democrática; desafíos que, por cierto, no eran nuevos, ni tampoco el mero resultado de la aplicación de las políticas de ajuste. Económicamente era el momento del "ajuste del ajuste", el de las propuestas del Consejo Consultivo, el de las más severas expresiones de descontento, incluidas posiciones ostensiblemente antidemocráticas. Desde afuera, sin embargo, continuaba habiendo un ambiente que impulsaba las reformas y apoyaba decididamente la continuidad democrática. Durante este segundo momento, entre 1992 y 1994, hay una situación de gran ambigüedad, signada por el temor a nuevos desbordamientos políticos, por el empobrecimiento del debate público en medio de la polarización populista—neoliberal y del nefando discurso antipaquete que, efectivamente, hizo perder el sentido de la orientación y promovió posturas desencantadas y "desencantantes" sobre el futuro de la democracia. En este ambiente, la política exterior perdió impulso y se movió por la inercia propia de frentes y problemas específicos.

El jaguar cautivo.

A los obstáculos domésticos a la gobernabilidad, se sumaron en este escenario nuevas dificultades y trabas en el ambiente regional. La metáfora presenta a un animal acorralado, triste y resentido, esperando a un eventual liberador. Muy buena imagen del momento que vive Venezuela entre 1994 y el segundo semestre de 1995, tiempo de desencanto manifiesto con las instituciones de la democracia, especialmente con los partidos políticos y todo (lo mucho) que ellos "tocan", y de búsqueda de un líder que desde el gobierno, devolviese en muy corto plazo la certidumbre y la confianza. Fue el momento de la crisis financiera, de la adopción de políticas de control y protección, de la suspensión de garantías constitucionales, de presentación —pero no adopción consistente— de múltiples planes económicos. Además, circunstancias hemisféricas particulares debilitaron la agenda del libre comercio, y hicieron menos "estimulante" al ambiente externo. La política exterior es entonces reorientada, redefinida y concentrada en ámbitos muy específicos (Brasil, Colombia y la lucha contra la corrupción), con un sesgo predominantemente defensivo.

Hacia el cuarto tiempo: El fénix renaciente.

Desde el segundo semestre de 1995 han comenzado a aparecer señales dentro y fuera de Venezuela que parecen apuntar a la recuperación de nuestra sindéresis y al tránsito de una situación de pesimismo, acorralamiento, resentimiento y de espera de alguien que nos "libere" desde arriba. La metáfora del "jaguar cautivo" representa muy bien la situación que estamos en el trance de superar.

Interpretar "señales" es, sin embargo, complicado. No en vano advertía Max Weber en su famoso ensayo La ciencia como vocación, que pretender que los hechos hablen por sí mismos es la forma más desleal de ejercer presión sobre un auditorio. Y la verdad es que no hay manera de interpretar abierta y honestamente una enorme cantidad de señales "cruzadas" en el sentido que lo pretendo aquí, a menos que se acepte lo que propongo: que todos esos eventos forman parte de un traumático proceso de transición desde una vieja fórmula de gobernabilidad (pactada entre élites y subvencionada por el ingreso petrolero) a una nueva fórmula (con nuevos mecanismos de participación y decisión socioplolítica y económica) que estamos en camino de definir.

Esta visión no es fácil de aceptar por los venezolanos, en la medida en que nuestra percepción del tiempo se parece a la descrita por el personaje de una famosa novela de Ernesto Sábato (Sobre héroes y tumbas): la de un tiempo que no se mide por meses, ni años, sino por la sucesión de catástrofes espirituales a lo largo de interminables días de soledad y tristeza. En esa perspectiva parece difícil aceptar que resta por recorrer casi la mitad de este período constitucional y que es necesario reforzar —desde el gobierno y desde la sociedad— aquellos procesos que nos impulsan hacia un "cuarto tiempo", siguiendo la sucesión de escenarios ya trazados.

Renacer de las cenizas. La metáfora del ave Fénix es una expresión elegante de lo que se ha dado en llamar "tocar fondo". El umbral varía, desde luego, de país a país; por tanto no es comparable la situación de Venezuela con la que —aún sólo medida por el indicador de la tasa de inflación— atravesaron Nicaragua, Bolivia o Perú en distintos momentos.

Lo cierto es que en este nuevo tiempo, a pesar de que se mantienen ciertos obstáculos en el ambiente internacional, comienzan a delinearse de nuevo políticas de apertura acompañadas de algunos ingredientes no convencionales. Para empezar, ha ido emergiendo el "consenso negativo", es decir, el reconocimiento generalizado del fracaso de los controles y del fortalecimiento de un sector público altamente ineficiente y nada confiable. Además, se han ido mezclando rápidamente las etapas del ajuste macroeconómico con la de las reformas institucionales. Así, aún cuando nuestra sociedad, economía y política continúan siendo fuente de gran incertidumbre, hay algunos procesos específicos que pueden ser interpretados como "buenas" señales.

Algunas (buenas) señales. Una lista muy conservadora de señales recientes emitidas desde el gobierno debe comenzar por el registro del movimiento "en cámara lenta" desde orientaciones económicas heterodoxas hacia lo propuesto en la "Agenda Venezuela", en el marco general del " X Plan de la Nación". En este aspecto, no cabe duda que el regreso al Fondo Monetario Internacional ha sido una manera de "anclar" la agenda y de comenzar a reconstruir la muy resentida credibilidad del gobierno, dentro y fuera de Venezuela. La reestructuración del gabinete económico ha sido una señal complementaria, en cuanto finalmente, casi a la mitad del período constitucional se logró coherencia entre los titulares de Hacienda, Fomento—ICE, Cordiplán y el FIV, en un esfuerzo intensivo para promover la nueva agenda, fuera y dentro del propio gobierno.

La apertura petrolera es otra señal importante, así como podrá serlo la reactivación final del proceso de privatizaciones y el cumplimiento de un cronograma ya muchas veces aplazado.

En el Congreso, el pacto tripartito y el programa legislativo emprendido no han significado mejora en la situación de descrédito de los partidos y el Congreso mismo; sin embargo no es posible ignorar iniciativas muy importantes en materia de procedimientos y disciplina judicial. En el Poder Judicial, el triste episodio de la cárcel de La Planta y el lamentable espectáculo que ha rodeado la reforma el Consejo de la Judicatura muestran cuan en "el fondo" estamos en ese terreno, lo que —visto desde otro ángulo— ha estado generando posiciones y propuestas desde el gobierno y desde la sociedad para enfrentar decididamente un problema muy grave de gobernabilidad que ahora encuentra circunstancias propicias para ser abordado sin más demoras.

Algunas tentaciones. El aumento del ingreso petrolero constituye, sin duda, una tentación mayor para dejar de lado un programa que apenas se ha iniciado. Mientras se resuelve el debate gubernamental acerca de cómo usar los recursos extraordinarios (represados hasta ahora en una cuenta de tesorería) cada grupo, agencia o sector ha comenzado a clamar por la parte del pastel que supone le corresponde.

Otra tentación es la de no asumir las reformas institucionales de fondo, indispensables para promover desarrollo social, político y económico en democracia. Ésta se manifiesta de diversas maneras: desde las obstrucciones a las reformas del poder judicial, hasta las salidas fáciles —como apoyarse en alguna candidatura "portaaviones"— para eludir la transformación esencial que requieren los partidos políticos.

Hay un desafío que podemos estar tentados a desatender: el de modificar desde adentro la relación individual y colectiva con la política y la economía. En este ámbito hay buenas señales. La preocupación y las actividades de un creciente número de agrupaciones de la sociedad civil están, poco a poco, promoviendo un cambio en nuestra percepción del tiempo —como oportunidad por aprovechar, y no como sucesión de catástrofes por padecer— y con ella la de cada uno de nosotros como agentes de cambio.

El hecho es que nuestras posibilidades de crecimiento económico sostenible y de estabilidad socioeconómica en democracia dependen de que logremos, dentro y fuera de Venezuela, apoyo para una profunda reforma institucional y cultural. Allí están las amenazas y oportunidades para comprometernos irreversiblemente con el tránsito a un cuarto momento.


* Internacionalista.


Barra Inferior

[Editorial] [Contenido] [Esta Semana] [English] [Política Exterior] [Política Interna] [Economía y Petróleo]
[Siglo XXI] [Sociedad] [Ciencia y Tecnología] [Artes y Placeres]


Copyright Venezuela Analitica