Revista Electrónica Bilingüe Nº 10 Diciembre 1996 |
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Ponencia del acto sobre la democracia
Eduardo Fernández* Venezuela y la promociÛn de la democracia, hotel tamanaco. (21-10-96)
1. Introducción Los venezolanos estamos comprometidos con los ideales y la práctica democráticos. Tras décadas de autoritarismo y regímenes despóticos y personalistas, y con escasos interregnos civiles, hubo un compromiso en 1958 para sentar las bases de un sistema político basado en la convivencia, en el respeto por la ley y en el apoyo a la alternabilidad. Los gobiernos del período democrático también hicieron esfuerzos y tuvieron logros importantes en todos los ámbitos de la política nacional. En lo social, en lo cultural, en lo militar, en lo judicial y en lo electoral, se ha hecho un gran esfuerzo que se plasma en la democratización de la educación y de las Fuerzas Armadas y en la estabilidad institucional. Quienes ayudaron a fortalecer esas bases firmes, no se limitaron a construir un modelo democrático para Venezuela. Conscientes de la necesidad de asegurar un ambiente propicio para el desarrollo político en nuestro país y en países hermanos, llevaron un mensaje de paz y colaboración firmemente para que la democracia no fuera un lujo sino algo digno y cotidiano en toda América Latina y el Caribe. ¡Como podemos obviar el aporte de Rómulo Betancourt, de Rafael Caldera, de Carlos Andrés Pérez, de Luis Herrera Campíns al fortalecimiento de la democracia en nuestras regiones!. ¡ Como olvidar el sacrificio de nuestros políticos en aras de la libertad, como lo fue Arístides Calvani, como lo fue Manuel Pérez Guerrero, como lo son Pedro y Pablo Aguilar y Simón Alberto Consalvi! ¿Cuántos diplomáticos, funcionarios y políticos venezolanos colaboraron en la defensa de la democracia en todo el continente? Imaginémonos por tan solo un minuto que sería de nosotros sino se hubiera tenido una posición firme y responsable a la hora de responder a las pretensiones autoritarias de cualquier signo, que aspiraban a enterrara nuestro pueblos en las cavernas de la represión, de la violación de los derechos humanos y del ejercicio espurio del poder. Por ello, y por muchas cosas más, me permito honrar el trabajo de estos compatriotas y de muchos héroes anónimos que en muchas ocasiones levantaron la voz de la dignidad en horas aciagas para la libertad. Lo hicieron por convicción, por lealtad al país y a sus gobiernos, y por tener fe en el mejor sistema de vida conocido por los seres humanos. Ellos nos dejaron su testimonio que hacemos nuestro, hoy, aquí.
2. Ante el siglo XXI Por otra parte la agenda de problemas internacionales se ha ampliado al punto que varios analistas recomiendan que, al referirse a los cambios mundiales, no se hable de la internacionalización sino de la globalización, la cual abarca algo más que el Estado y a la política entendida ésta como los asuntos relacionados con lo público. Una de las consecuencias felices de estos cambios globales es el auge de los regímenes democráticos en todo el mundo. Pero, la política no vive su mejor momento, a pesar del auge de la práctica democrática. Ciertamente, pasada la euforia de los primeros años de la post-guerra fría, cuando se creía que la caída del comunismo garantizaba el triunfo de la democracia en todo el hemisferio, la realidad de un nuevo orden internacional más complejo y con mayor incertidumbre que el mundo bipolar nos impulsa hacia un mayor reclamo de la población sobre los logros de la democracia. Sea ya desde el ángulo que ocupan aquellos que reclaman una mayor participación en el marco de la sociedad civil, o viéndose desde el punto de vista del mundo de los especialistas que evalúan críticamente los modelos democráticos, surge una reflexión interesante sobre los alcances en nuestros días, no sólo de la democracia sino también de la política misma. Vivimos el tiempo de la antipolítica. En la actualidad se están cuestionando no solo los procedimientos democráticos, sino la esencia de los principios racionales. Los nacionalismos extremos, el discurso anti-partido, los populismos de cualquier signo, los tradicionalismos irracionales, la pérdida de fe en las instituciones, estos fenómenos apuntan evaluar negativamente a la política de partidos. A partir de los años ochenta, Venezuela comenzó a experimentar una gran crisis de su modelo democrático. La caída de los precios del barril de petróleo, la adquisición alegre de deuda externa y la insatisfacción por un sistema político que lucía y la insatisfacción del ciudadano por un sistema político que lucía estancado y cerrado permitieron que la crítica a la democracia encontrara eco en la población. La democracia venezolana es vulnerable. La Corrupción administrativa, la falta de eficacia y eficiencia, la mala administración de la justicia, la violación de los derechos humanos, y sobre todo, la pérdida de la fe del venezolano nos coloca en una situación difícil en la arena internacional.
¡Ya no somos el ejemplo que Caracas dio!
Entre las fallas de la democracia, el caso de la Administración de la Justicia es paradigmático. Esta crisis ha planteado problemas de corrupción, ignorancia, incompetencia, carencia de mecanismos eficientes de selección de jueces y de sus ascensos respectivos, retardo e injerencia político-partidista lo cual contribuye al deterioro de la legitimidad democrática. La gente quiere vivir en libertad pero también aspira a la justicia. Es cierto que, el apego a la política, la creencia en la utilidad de las organizaciones políticas, y el respeto a los políticos profesionales viven su mala hora. Pero también es cierto que el discurso de la antipolítica contribuye a que los políticos y los partidos produzcan tanta desconfianza. Aunque esto es así, ¿sería justo pensar que la culpa de todos nuestros males la tiene la política?. Particularmente me siento orgulloso de ser político, y me he formado en esta profesión, no para lucrarme, ni para ejercer la lujuria del poder. Al igual que muchos venezolanos y latinoamericanos nos hemos dedicado a servir, en el marco de una responsabilidad moral y un compromiso. Este compromiso nos obliga, no a desdeñar de la política ni de los partidos, sino por el contrario a buscar nuevas alternativas dentro de la democracia y dentro del ejercicio del poder. Para ello, como punto esencial de nuestra lucha está la de rescatar la fe del pueblo. La gente siente que hemos fallado, pero no podemos dejarla a la deriva ni a merced de cualquier iluminado que pretenda con base al carisma, ilusionar y emocionar sin más al colectivo. La gente aspira a ver resultados concretos de la gestión gubernamental. En este marco, el personalismo pretende reemplazar a las instituciones, a la gobernabilidad por una supuesta sencillez de la gerencia pública, en fin, a la actividad política por una especie de coreografía administrativa. ¡Esto no lo queremos para Venezuela ni para los países hermanos! La respuesta a este reto que tienen la política y los partidos no puede basarse en un mero desdén por esta nueva forma de hacer política que es la antipolítica. Mucho menos se pueda basar la defensa de la libertad en una crítica estéril. La mejor defensa que tenemos es lo que se ha acumulado a favor de la gente, la historia de los se ha hecho a favor del pueblo a pesar de los errores cometidos. Es en esta dirección que un grupo de venezolanos nos comprometimos a realizar este seminario. Partimos de la base que era posible discutir seriamente sobre los alcances del camino recorrido y la proyección de la democracia a nivel nacional continental. Para ello, debemos comenzar, como lo estamos haciendo en la mañana de hoy, a ubicar el problema que nos ocupa desde una perspectiva internacional. Ciertamente no vivimos en la época en la cual los simplismos ideológicos nos situaba entre los extremismos de derecha e izquierda. Según algunos autores vivimos al fin de la historia, el momento del pragmatismo, de los objetos nómadas, del desinterés por lo público. Según otros, nos estamos sumergiendo en un caos sin sentido. El resto se preocupa, como queremos hacerlo nosotros, de crear un orden político tanto externo como interno que de respuesta a los cambios globales, que prepare a los jóvenes del siglo XXI y que se enfrente a la complejidad que experimentan las relaciones internacionales.
3. El Compromiso Democrático: La ayuda política, educativa y económica prestada a gobiernos y partidos políticos de inspiración democrática, a dirigentes y militantes y simpatizantes social-cristianos, social-demócratas, liberales y progresistas constituía como un todo, como constituye ahora, un fin enmarcado dentro de la defensa de la libertad. Esa ayuda contempló dos niveles. Por una parte, estaba presente el decidido apoyo a los gobiernos de transición hacia la democracia o en pleno ejercicio de las libertades. Ayuda política, conjuntamente con otros países en favor de iniciativas propias, bilaterales o regionales, en donde estuviera contemplado un compromiso de respaldo hemisférico, y en algunos casos regional o subregional. Ayuda económica para fortalecer los desequilibrios en los planos fiscal, comercial y social. Por la otra, estaba presente el apoyo directo que se le prestó a dirigentes y militantes de organizaciones políticas, sindicales y empresariales de inspiración democrática. En este marco cabe recordar el papel ejercido por los países latinoamericanos y caribeños a favor de la democracia en el seno de las Naciones Unidas , en la Organización de Estados Americanos, OEA, a través de mecanismos de concertación política e integración económica, como el Pacto Andino, ahora conocido como Grupo Andino, el Grupo Contadora, el Grupo de Río, los Grupos de Países Amigos que tanto ayudaron a la causa de la paz en Centroamérica y los diferentes diálogos con Washington para impulsar las de opinión en los gobiernos norteaméricanos favorables a respaldar las iniciativas democráticas. En este sentido, vale la pena incluir en nuestro análisis, organizaciones no gubernamentales como la Organización Demócrata-Cristiana Mundial, la Organización Demócrata-Cristiana de América, ODCA, la Internacional Socialista, las fundaciones de cooperación política como la Fundación Adenauer y la Fundación Friederich Ehbert, el Instituto de Formación Demócrata-Cristiana de América, IFEDEC, el cual lleva el nombre del apóstol de la democracia latinoamericana, Arístedes Calvani, el Instituto Latinoamericano de Investigaciones sociales, el ILDIS, y los centros de docencia e investigación en América Latina y el Caribe y en los Estados Unidos y Europa, que de manera sostenida apoyaron y apoyan el desarrollo político de nuestro continente. Todas estas fundaciones e institutos, conforman una red de compromiso democrático, que es muy útil cuando América Latina se ha visto amenazada por el autoritarismo. Los venezolanos hemos impulsado y apoyado esas iniciativas , tanto las de carácter gubernamental como las de carácter trans-gubernamental. Debemos recordar le esfuerzo que se hizo durante el gobierno presidido por el Presidente Rómulo Betancourt al detenerse la ola de golpes de estado en la región que pretendía, a nombre de una eficacia represiva , promover a los regímenes de facto. al mismo tiempo, los venezolanos defendimos lo nuestro frente a la arremetida revolucionaria que quería emular en nuestro territorio experiencias guerrilleras. Con la llamada Doctrinas Betancourt y con la firmeza anti-marxista, el gobierno de entonces pudo sobrevivir, a pesar de un clima internacional y regional hostíl a la democracia. Al gobierno del Presidente Leoni le tocó,en sus dos últimos años de ejercicio, mejores momentos, lo que permitió desarrollar los aspectos económicos de nuestra política exterior, especialmente los relacionados con el proceso de integración, y alejarse discretamente de los paradigmas bipolares. Durante la presidencia de Rafael caldera, el mundo comenzó a transitar por un a distención que permitió iniciar y complementar una serie de iniciativas tendientes a descongelar nuestras relaciones exteriores. La puesta en práctica de la tesis del Pluralismo Ideológico permitió ampliar nuestras relaciones. se trataba entonces de reconocer una realidad que estaba cambiando y que permitía una mejor soltura a la hora del ejercicio diplomático. Ese fue el momento de la ampliación de nuestra política exterior, tanto desde el punto de vista doctrinario como desde el punto de vista práctico. En lo doctrinario, concebimos a la democracia dentro de un movimiento mundial de reindivicación del papel de los países en vías de desarrollo. En la práctica , establecimos o restablecimos relaciones con la mayoría de los países del mundo. ¡Ya Venezuela estaba participando con firmeza en el escenario internacional!. Durante la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez, Venezuela amplió sus compromisos internacionales a tal grado que muchos especialistas nos recuerdan que hubo un momento en que la política exterior se sobregiró, siendo esta más extensiva que intensiva, perdiéndose muchos esfuerzos de cooperación política y económica. Durante la presidencia de nuestro compañero de Partido Luis Herrera Campíns, la diplomacia venezolana volvió a tener un perfil predominantemente latinoamericano y caribeño. En la región se vivían tiempos difíciles por el retorno del extremismo ideológico. El gobierno, con la tesis de la Diplomacia de Proyección supo afrontar el peligro de una nueva onda guerrillera en Centroamérica, y al mismo tiempo ayudar al proceso de redemocratización que se iniciaba en América latina. El gobierno del Presidente Lusinchi respetó y desarrolló esta política, lo que fundamentó nuestro papel de país conciliador, pacifista y promotor del respeto a los derechos humanos, la libertad y el liderazgo democrático. En la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez, el apoyo venezolano a la democracia continental se profundizó, pero lamentablemente el sobregiro de los compromisos y la confusión sobre los objetivos a seguir desgastó ante la opinión pública de nuestro país la importante labor que se hacía. En el ejercicio de una presidencia no buscada, Ramón j. Velásquez redujo nuestros compromisos diplomáticos a límites posibles de manejar en medio de una crisis general. En el ejercicio de este gobierno y bajo la conducción del Presidente Caldera, el respaldo a la democracia continental se ha mantenido, conjuntamente con una reactivación de los aspectos económicos pertinentes enfatizando los procesos de integración. A Venezuela se le conoce como un país pacífico que ahora y por los años por venir se inscribe en las nuevas corrientes de pensamiento internacional tendientes a promover la apertura económica, el libre mercado y a fomentar las inversiones extranjeras y la cooperación regional. En el plano de las relaciones transgubernamentales, los venezolanos hemos sido solidarios con muchos hombres y mujeres que han demostrado una fe muy fuerte en la libertad. Nuestros partidos políticos y sus dirigentes han puesto en un lugar de honor el fomento de la fraternidad política. Todo aquel que ha pisado tierra venezolana para pedir una colaboración para iniciar el camino democrático en su país , todo aquél que se ha visto perseguido por los gobiernos de facto, que ha sido víctima de la violencia política, todo aquél que ha buscado promover los derechos humanos, el ejercicio de la libertad, y que ha querido capacitarse en la lucha política, ha encontrado y se encuentra en nuestro país un caluroso recibimiento y el comienzo de una amistad.
4. Conclusiones En este marco, la diplomacia venezolana sea va a nivel bilateral o multilateral, ha tenido como uno de sus principales fines el fortalecimiento de la democracia en la región y en el mundo Nuestros gobiernos y nuestros dirigentes se han convertido en muchas ocasiones en portadores de la paz y de la conciliación nacional, en promotores de movimientos políticos cercanos a la libertad y en defensores de la democracia continental frente al peligro que representan los autoritarismos de cualquier signo. En el pasado, se justificaban los regímenes de fuerza con las tesis del subdesarrollo político y de una patología caudillista incapaz de permitir la modernidad Frente a esa percepción, los venezolanos siempre sostuvimos y reafirmamos que América Latina y el Caribe no estaban, ¡y no están! condenadas al fracaso y que era posible no solo defenderse de esas tesis sino también de prácticas deformantes del ideal democrático, como el populismo, el clientelismo, la corrupción y el personalismo . En la actualidad el autoritarismo se nos presenta bajo el ropaje de la anti-política. En el marco de un discurso anti-ideologizante, el anti-partidismo, la llamada democracia delegada basada en un conductor iluminado, el rechazo a los partidos y a los dirigentes políticos, son datos que no pueden ocultar a la hora de análisis. La población, la cual ha demostrado firmeza a la hora de la defensa de la libertad, se ve tentada a favorecer a quienes encarnan el anti-partidismo. Para quienes tenemos a nuestras espaldas muchos años de lucha política comprometidos con la democracia, este fenómeno no debe alumbrarnos ni permitirnos rendirnos. así como ayer la lucha ante el autoritarismo de cualquier signo fue fuerte y decidida, hoy la lucha frente al discurso anti-político es una obligación. Pero para poder rescatar la fe en la política, para volver a tener el favor del pueblo, se hace necesario reforzar la fraternidad entre partidos, movimientos e individualidades comprometidos con el ejercicio de la libertad. Debemos impulsar más formación, ir hacia los dirigentes que están destacándose en las nuevas formas de participación que nos brinda la sociedad civil en el campo municipal, en el campo gerencial y empresarial, en el área estudiantil. Debemos reconocer como en el mundo de hoy esa fraternidad es clave para el sostenimiento y desarrollo de políticas de integración y de cooperación, en una época donde la diplomacia personal, la cercanía por los medios de comunicación y el avance de relaciones de carácter transnacionales y no gubernamentales generan nuevas interrogantes. Este es el legado que nos dejó gentes como Arístides Calvani y que inspira nuestra lucha y nuestro compromiso con la promoción de la libertad. *Presidente de Pensamiento y Acción |
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