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Revista Electrónica Bilingüe       Nº 10    Diciembre 1996

Esta semana
Privatización
Ramón Guillermo Aveledo

Estoy por la privatización por razones de justicia. Ella no es para mí dogma ni panacea, sino consecuencia de la lógica de un razonamiento que parte de la necesidad de establecer prioridades de desarrollo humano.

Estoy por la privatización por razones de justicia social. Los recursos no son infinitos, tampoco la capacidad del Estado. Hay, por lo tanto, que escoger para dedicar la atención política y financiera del sector público. Y mi escogencia es la de un Estado especializado en desarrollar las potencialidades de las personas y en cuidarlas, porque ellas serán el único capital valioso del país en el mundo de mañana, pues en un planeta sin fronteras cada vez los recursos naturales y el dinero pueden estar disponibles aquí o allá.

Encuentro injustificable que invirtamos tiempos, atención y plata en empresas estatales mientras la mitad de nuestros niños carecen de preescolar y los hospitales son una vergüenza y no hay oferta de vivienda para las clases media y trabajadora y la delincuencia hace literalmente lo que le da la gana en todas partes y los tribunales funcionan en condiciones deplorables.

La industria petrolera, y ella no debería estar eximida de competencia privada por ejemplo en el mercado interno, y la generación eléctrica ya son más que suficientes para fortalecer nuestra posición. El resto lo hará un sector público eficiente que haga bien aquello que le está encomendado y sea competente y honesto a la hora de regular y fiscalizar el cumplimiento de las normas.

En esa filosofía presentó la fracción parlamentaria socialcristiana en el Congreso, con apoyo de diversos entes entre los cuales destaca la Fundación Konrad Adenauer, un muy interesante seminario internacional sobre la privatización en Venezuela. Mi primera palabra será para felicitar a Chitty y a su directiva: Castro, Flórez, Moros, Benarroch y el dedicado José Luis González, por la impresionante muestra de organización.

Se analizaron las experiencias argentina, británica, peruana, mexicana, boliviana y alemana posreunificación y, en el tema financiero, se cotejó lo que se está haciendo en Venezuela con lo realizado en México y España. Se hicieron balances y adelantaron perspectivas del proceso privatizador venezolano con énfasis en Cantv, se revisó la apertura petrolera y el caso de CVG y se brindó atención detenida a problemas como el marco legal, los pasivos laborales, la industria siderúrgica, el papel de los bancos de inversión. En los almuerzos, mesas de trabajo a partir de los videos Venezuela y Competitividad.

Como expositores y panelistas participaron el ex ministro argentino Domingo Cavallo, Alberto Poletto, Alberto Quirós Corradi, Hugh Burns, Ernesto Montes, el jefe de la Comisión para la Promoción de la Inversión Privada peruana, Juan Assereto; Luis Peredo Rojas, Eike Bracklo, Ramón José Medina, Cecilia Amero, Guillermo Ortega, Héctor Zabala, Gonzalo Terreros, Esther de Margulis, Tobías Nóbrega, Lucas Matheus, Carlos Navarro, Elías Nadim Inaty, Luis Enrique Oberto, Miguel Enrique Otero, Ronald Pantin y Henry Ramos Allup. Moderadores fuimos Gustavo García, Orlando Ochoa, Ramón Guillermo Aveledo, Agustín Berríos y José Rodríguez Iturbe. Instaló Nelson Chitty La Roche y clausuró Gustavo Tarre Briceño, del primero oí estupendo discurso y me han hablado muy bien del pronunciado por el segundo, el cual no pude escuchar.

Hubo seriedad en la preparación y en la realización, mucha amplitud en la concepción, en la idea de promover el debate esclarecedor, motivar una búsqueda sana y desprejuiciada de lo que objetivamente conviene a Venezuela, con la vista puesta en el mañana de los venezolanos y no sólo en el hoy de sus cuentas fiscales.

Un número importante de personas de la política, la empresa privada, el Gobierno y la empresa estatal, el movimiento sindical y la inteligencia, atendió la convocatoria a un evento cuya intención era fundamentalmente venezolana.

Es hora de sacar los prejuicios del debate y ventilar los temas que nos interesan con el rigor que reclaman. Pensar más en el interés de Venezuela que en el particular podrá sonar como un lugar común naive, y probablemente lo sea, pero es una necesidad que grita cuando, por la descomposición propia de la crisis, cada quien trata de arrimar la brasa a su sardina y de salvarse como puede.

Los venezolanos deberíamos aprender a ser más exigentes con los actores del debate. Escuchar detenidamente sus razonamientos. Mirar lo más adentro posible de sus intenciones. Evaluar lo que cada uno representa. Vivimos tiempos decisivos y es bueno entender en las manos de quien estamos y en las de quien podríamos caer.

La privatización ha de obedecer a un objetivo nacional, responder a una política de justicia social del Estado democrático, ejecutarse con transparencia y explicarse muy bien al ciudadano, que tiene derecho a saber.

P.D. Bien por la nueva diagramación del DEU. La información se hace gratamente accesible, sin traicionar la sobriedad tradicional de este periódico.


El Universal, viernes 06 de diciembre, 1996

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