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Revista Electrónica Bilingüe       Nº 10    Diciembre 1996

Titular Sociedad
Diálogos para la Integración:
Políticas, Educación y Medios
Simón Alberto Consalvi*

(Cartagena de Indias, Octubre 31 / Noviembre 2, 1996).

Bajo los auspicios de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura se llevaron a cabo en Cartagena de Indias los "Diálogos para la Integración: Políticas, Educación y Medios" entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre de 1996. El encuentro fue organizado por el Director General de la OEI, Dr. Carlos H. Gómez y por el Coordinador Académico del Diálogo, el Dr. Augusto Ramírez Ocampo, ex-Canciller de Colombia. Fue, en verdad, un encuentro sin precedentes por la calidad y condición de los participantes: educadores, dirigentes de los organismos de integración como el Acuerdo de Cartagena y el Sistema de Integración de América Central, y representantes de medios de comunicación.

El diálogo fue inaugurado por la Dra. Olga Duque de Ospina, Ministra de Educación de Colombia, quien pronunció un discurso verdaderamente significativo por la contemporaneidad y agudeza de enfoque de los problemas educacionales y por la Dra. Rosalía Arteaga Serrano, Vice-presidenta constitucional del Ecuador; el Coordinador de la Junta del Acuerdo de Cartagena, Dr. Jaime Córdoba Zuloaga, ofreció un panorama de lo que ahora significa la integración y de sus avances esenciales entre los países andinos. Simón Alberto Consalvi, Presidente y miembro del Consejo Editorial de VENEZUELA ANALITICA, fue invitado a presentar una ponencia sobre educación, integración e informática. Aun cuando se produjeron textos de gran importancia en este encuentro de Cartagena, nuestra revista ofrece los textos de la Dra. Duque de Ospina, de la Dra. Rosalía Arteaga Serrano, del Coordinador de la Junta del Acuerdo de Cartagena y del Presidente de VENEZUELA ANALITICA. Los presentamos en ese orden.

I. Los problemas contemporáneos

de la Educación

(Intervención de la Dra. Olga Duque de Ospina, Ministra de Educación de Colombia)

I. Los problemas contemporáneos

En nombre del Gobierno de Colombia, del Señor Presidente de la República Doctor Ernesto Samper Pizano- y en el mio propio, les presento nuestro efusivo saludo de bienvenida al país, a la grata y acogedora Cartagena de Indias, marco espléndido para este encuentro que en buena hora ha convocado la Organización de Estados iberoamericanos.

Saludamos muy especialmente la presencia de representantes de la UNION EUROPEA, de MERCOSUR, de SICA, del PACTO ANDINO, de los Viceministros de Educación y de los Coordinadores iberoamericanos de las Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno de los países Bolivarianos, y de Directores de prestigiosos medios de comunicación de toda Iberoamérica.

Tan selecta y experimentada concurrencia es prenda de garantía de la importante contribución a los avances de la integración que harán los diálogos que sostendremos durante estos tres días sobre políticas integracionistas, educación y medios de comunicación.

El tema suscita nuestro interés, el de analistas y académicos, de gremios económicos y dirigentes políticos, de las instituciones educativas y de organizaciones públicas y privadas que anhelan afianzar los nexos entre los países de la región a fin de construir alternativas viables que se fundamenten, en nuestra identidad histórica y patrimonio cultural común.

Pues, en efecto, esta temática alienta nuevas opciones para el desarrollo educativo, científico y cultural de nuestros pueblos y perspectivas mayores para la cooperación internacional y la integración.

La Educación, la revolución de las comunicaciones, los sorprendentes logros de la ciencia y la tecnología, la internacionalización de la economía y el multiculturalismo, conforman el núcleo fundamental de la orientación moderna del desarrollo que nutre la agenda de las principales acciones y decisiones en los distintos campos de la actividad pública y privada, en nuestros países.

Esa misma visión moderna del desarrollo debe alimentar todos nuestros empeños por encontrar desde la visión compartida de futuro en la cual deberá jugar un rol decisivo el propósito común de construir un gran espacio de relaciones económicas, científicas y culturales entre nuestros países, que promueva el progreso y el bienestar en nuestros pueblos; visión compartida de futuro que fortalezca nuestra decisión para cooperar mutuamente y enfrentar con éxito el triple desafío que tenemos como Comunidad iberoamericana:

La promoción y consolidación de un desarrollo humano sostenible,-

La profundización y ampliación de los procesos de integración en un marco de regionalismo abierto; y la inserción en un mundo en profunda transformación a causa de la revolución científica, tecnológica y productiva.

Desde esta perspectiva quiero compartir con ustedes algunas reflexiones acerca de dos grandes movimientos que han de ser tomados en cuenta por nosotros pero que además incitan a la realización de un proyecto histórico iberoamericano que tenga como eje fundamental la educación, tal como ha sido reconocida por las Cumbres de nuestros Jefes de Estado y de Gobierno.

Estos dos movimientos son en torno al Conocimiento y en torno al Multiculturalismo.

En el mundo moderno, como ustedes lo saben, se señala que existe un cuarto factor de crecimiento económico, adicional al trabajo, al capital y a los recursos naturales: es el conocimiento, entendido como las grandes y pequeñas ideas que explican qué son las cosas y cómo hacerlas mejor en el puesto de trabajo, en la profesión, en la gerencia y en el laboratorio; en la cotidianidad, en los momentos de toma de decisiones y en los grandes episodios de la creación intelectual.

Pero esto exige que emerja una Nueva Educación con la extensión de los contenidos científicos y técnicos a todos los niveles de la educación desde la enseñanza básica con el acercamiento de los centros educativos a la planta productiva para equiparar la oferta de conocimientos, habilidades y nuevos desarrollos técnicos con las necesidades de los sectores industriales, de comercio y de servicios; para integrar en, una palabra, el conocimiento a la cadena productiva.

igualmente, demanda una Educación más Abierta, más Universal y mas Democrática que haga posible la incorporación de toda la población al conocimiento, que desarrolle sus competencias para el trabajo productivo, que forme personas capaces de aprender en el puesto de trabajo, de innovar y de liderar los cambios técnicos en las empresas, que ayuden a crear nuestras ventajas competitivas y un uso más eficiente y sostenible de nuestros recursos naturales disponibles.

Pero esa nueva Educación deberá también nutrirse del humanismo. Al concluir este segundo milenio la humanidad busca un nuevo rumbo, pareciera como si en las postrimerías de este siglo quisiera trazarse un nuevo derrotero para el próximo milenio, sin dogmatismo, sin destrucción y muerte, y reconociendo que una estrategia de desarrollo es exitosa cuando consulta a la comunidad sus necesidades pero también sus valores; cuando se funda en el carácter multidimensional e integrador de la cultura y en la revalorización de la persona.

Una Nueva Educación que cumpla el papel fundamental que le corresponde en la formación y búsqueda de los valores, actitudes y comportamientos que gratifican la condición humana: Los del respeto a la vida; los de la autonomía y autoestima personal; los de la tolerancia, la comprensión y 12 solidaridad ciudadana; los de la superación y la disciplina individual y social; los del reconocimiento y aprecio por la diversidad cultural; los que garantizan la convivencia con la naturaleza; y los que exaltan la belleza y la armonía.

Sólo así iniciaremos un cambio profundo hacia nuevas realidades en donde las "utopías", la imaginación de nuevos modelos de sociedad, estimulen entre nosotros un hombre nuevo con una actitud mental nueva.

consciente de que no hay realidades por imitar sino futuros por construir y en los cuales las mejores condiciones de vida que se vayan alcanzando exigirán no tanto tener más sino ser más, pues esta es la verdadera condición del progreso humano.

El otro movimiento es el que tiene que ver con los procesos culturales, precisamente con el multiculturalismo y la nueva fuerza de proyección con que este obliga a visualizar las relaciones en el mundo moderno.

La transformación de la economía global, la globalización, resulta de la tendencia a un crecimiento mayor de la demanda internacional sobre las demandas internas de los países, con lo cual ha traído una cambiante y cada vez mas compleja red de relaciones industriales, comerciales, financieras, y tecnológicas que hacen de la interdependencia una realidad extraordinaria.

Esta real y creciente interdependencia está, por una parte, demandando un gran esfuerzo de conocimiento y comprensión intelectual y, por la otra promoviendo la afirmación de las culturas locales, de la étnia, de las concepciones religiosas, de los procesos de descentralización.

No podemos equivocarnos, la apertura económica conducirá inexorablemente a una internacionalización creciente de la vida de nuestros pueblos, también en lo cultural, en lo social, en lo político e incluso en lo institucional.

La interdependencia mundial será cada vez mayor y no podemos continuar como países encerrados en sus fronteras, temerosos del exterior, con una educación casi exclusivamente local, doméstica y parroquial. Las crecientes migraciones humanas de hoy anticipan que el siglo XXI será sin duda el siglo de las migraciones internacionales así como la segunda mitad de este siglo que termina vio nacer las multinacionales, las migraciones del capital y de la técnica, la formación de bloques económico-políticos, y la internacionalización de la economía.

En la moderna formación de bloques económicos regionales, inspirados en las ventajas de las naciones en el comercio, la convergencia cultural entre los miembros, como elemento común, resulta un requisito indispensable. A tal punto que es creciente el número de quienes afirman que el factor cultural y no las diferencias ideológicas o las motivaciones económicas, será el factor determinante de las relaciones internacionales en el milenio que está por comenzar.

Esto subraya la enorme importancia de una Educación más internacional. Sin duda, cada uno tendrá que fortalecer su unidad e identidad como nación, y este es uno de los grandes desafíos de la educación, pero igualmente es imperiosa la formación de las nuevas generaciones en una cultura más abierta al exterior, con una mentalidad más universal y con más

capacidad de entendimiento y contacto con otros pueblos, con otras culturas, para que comprendan mejor ese mundo tan diverso y cambiante en que tenemos que orientar y conducir a nuestros países. Para tender ese puente que reduzca la enorme desventaja en nuestro desarrollo científico y técnico; para encontrar nuevas oportunidades de mercado que nos permitan generar más puestos de trabajo; para aprender a negociar adecuadamente nuestros intereses y a establecer acuerdos y vínculos con empresarios y gobiernos de otras latitudes; para asegurar así que nuestros jóvenes tengan amplitud de miras y sean cabales exponentes de su tiempo y de su generación.

Estas formidables realidades del mundo contemporáneo: La Revalorización del Conocimiento y de la Educación, la internacionalización y Globalización de los procesos económicos y sociales, y el Multiculturalismo constituyen el marco de referencia para que los medios de comunicación converjan en un nuevo direccionamiento hacia el desarrollo y la integración de nuestros países que maximice las ventajas en el aprovechamiento educativo, cultural y científico de la revolución en las Comunicaciones y en la información.

Pueden contribuir a la esperanza de un gran cambio en nuestro sistemas educativos; a la divulgación de la ciencia y la tecnología en nuestras sociedades; más aun, a la apropiación social de la ciencia y la tecnología al propiciar su vinculación a las instituciones sociales básicas y a la vida cotidiana de todo ciudadano; a la apertura a nuevos grupos sociales tradicionalmente marginados de las oportunidades de la cultura; a impulsar profundos cambios en nuestros valores y comportamientos, naturalmente fundados en nuestras propias realidades, con los cuales pretendemos construir sociedades mas humanas en las que los derechos de cada ciudadano sean realmente respetados en un concepto renovado de equidad y bienestar.

Yo me atrevería a pensar que a pesar del enorme esfuerzo que se adelanta en todos los puntos cardinales de Iberoamérica en el campo de la educación y de la cultura, por mucho tiempo más el papel de los medios va a ser determinante de buena parte del comportamiento de nuestros conciudadanos de América.

Podríamos decir que, de cierta manera, los medios serían el instrumento más idóneo para completar la tarea que los maestros adelantan en las aulas escolares o universitarias y que por lo tanto su labor no puede limitarse simplemente a la información veraz sino que siempre deben tener presente su influencia formativa y su descomunal poder educativo.

Iberoamérica merece, en el contexto de la globalización, una presencia mas consecuente con su carácter de comunidad. Nuestro afán de vincularnos como protagonistas a los grandes procesos contemporáneos debe traducirse en acciones vigorosas, es decir, conjuntamente diseñadas y conjuntamente aplicadas, sin perder el perfil propio de cada una de nuestras naciones, pero sin pretender seguir desconociendo vínculos que no por intangibles dejan de ser realmente existentes.

Los sistemas educativos de nuestros países han adoptado formulaciones sensatas sobre este factor cultural de máxima prioridad, el de la integración. Ha llegado el momento de convertir esas formulaciones en proyectos, programas y acciones integracionistas de largo aliento.

El papel de los medios masivos de información y de comunicación es, en este aspecto quizás más que en muchos otros, definitivo. En aras de su participación en los procesos globales de la información, los medios tienen la obligación perentoria de contribuir a afianzar la comunidad iberoamericana.

De hacerlo, estarán interpretando y expresando una necesidad profunda y muy sentida de nuestras sociedades y merecen, por tanto el beneficio de la credibilidad y el respaldo de su influencia.

En caso, contrario, aquellos medios que abandonen la vocación integracionista que corresponde a esta época y a esta parte del mundo tendrán el efímero brillo que antecede la oscuridad de lo inauténtico.

Autenticidad es, en últimas, el concepto que resume mis reflexiones en torno al tema de esta Conferencia felizmente organizada con los auspicios de la Organización de Estados Iberoamericanos.

Autenticidad. Ser como somos. Intensos y cálidos en las querencias como decía Quevedo. Justicieros y aventureros en los ideales, como lo reclamaba Cervantes. Prudentes y avizores como lo pedía el Inca Garcilazo.

Autenticidad en la formulación de nuestras políticas de integración. Entusiasmo en su desarrollo concreto. Generosidad y solidaridad en sus expresiones educativas. Creatividad y amplitud en los medios que harán cada día más posible el sueño de una Sociedad iberoamericana de Naciones.

II. La Cultura y los Medios de Comunicación

(Intervención de la Dra. Rosalía Arteaga Serrano, Vicepresidenta Constitucional del Ecuador)

Aldous Huxley y Orwell son dos de los principales escritores de habla inglesa de nuestro siglo, cuyas visiones difieren sustancialmente en sus orígenes, pero que cual profetas del futuro, sus similares conclusiones, nos legaron un mundo dominado por la tecnología y la información.

Orwell, en su ya casi mítico "1984" anticipó un escenario mundial sombrío y esclavizante. Huxley en su "Nueva visita a un mundo feliz" arriba a esa misma visión escalofriante, en que los seres humanos pierden la capacidad de creer en una verdad y luchar por ella.

Ambos autores temen el futuro, pero, mientras el miedo de Orwell se basa en la existencia de un "hermano mayor" que impone desde el exterior esa dominación, el de Huxley se basa en que la razón para dicho comportamiento está en el interior de cada uno.

Orwell cree que llegará el día en que el ser humano estaría privado de la información Huxley temía el día, en que ese ser humano tendría a su alcance tanta información que acabaría ahogado en ella. En ambos casos, la verdad o las verdades quedarían escondidas e inaccesibles al interés por descubrirlas.

En 'l984' la especie humana es controlada por una figura de "hermano mayor' tras la cual, se ocultan intereses mezquinos y malsanos, que terminaran imponiendo su voluntad sobre todo el conglomerado social, causando un profundo dolor en cada hombre y en cada mujer. En cambio, en "Un mundo feliz" ese mismo dominio y esclavitud nace de un auto-control, de un autocomportamiento, que le provocaría un inmenso placer.

Orwell vislumbró que lo que odiamos sería lo que nos destruiría, y en cambio, Huxley tuvo miedo de que lo que amáramos sería la causa de nuestra ruina.

Ambos coincidieron en que, bien sea el "hermano mayor', o la propia comodidad y placer, el ser humano tendría en la información y en máquina, las herramientas fundamentales para el dominio de las mentes y las voluntades.

En la última década del siglo XX, vivimos inmersos en un mundo de indefiniciones. Todos los valores, sean estos individuales o sociales, sufren serios cuestionamientos que ponen en riesgo, al menos su estabilidad, cuando no su propia existencia. La forma como estuvo organizado el mundo hasta ahora, está agonizante, mientras que otra, diferente, está naciendo.

El ser humano con su limitada capacidad, no ha sido capaz de definir con claridad las formas de ese nuevo mundo y, claro, siente miedo por el porvenir. Vuelve a sentir la misma sensación que, seguramente, debió haber sentido nuestro antepasado prehistórico frente a la oscuridad o frente al fuego, es decir, frente a lo desconocido.

Hace pocos años, fuimos testigos presenciales de profundas transformaciones en el mapa geopolítico. Las "Viejas" ideologías y estructuras que dominaron el escenario, y que servían de base a formas de gobierno divergentes y hasta antagónicas, ha desaparecido.

El mundo bipolar que separaba los países entre "buenos y malos", en un maniqueísmo de blanco y negro, otorgaba a los habitantes de este planeta una sensación malsana de seguridad. La actual conformación de grandes bloques comerciales, en cambio, al abrirnos la cortina de lo desconocido, nos produce una sensación de inseguridad que paraliza el accionar.

Tras la confusión del cambio, el futuro está tomando forma.

Una Nueva Sociedad Y Los Medios De Comunicación

La nueva sociedad que está naciendo, contiene en su interior nuevos y muy diversos actores sociales que vienen modificando las reglas del comportamiento personal, familiar y social.

Entre esos nuevos sectores debemos reconocer el papel de la nueva tecnología mucho más diferenciada y profunda que la actual, multidisciplinaria, interrelacionada, derivada de la biología, la genética y la electrónica, y con los elementos sorpresivos que nos depare el espacio interior y las profundidades del mar; y toda esa información nos vendrá en los medios de comunicación.

Entonces, justo es reconocer que serán los medios de comunicación, los que jugaran el papel más importante en la conformación de ese futuro.

Desde su aparecimiento, los Medios de Comunicación han ampliado las limitaciones del conocimiento humano, a través de la transportación de otras culturas, otras formas de vida y de pensar, lo que obviamente, en el plano personal y colectivo logra modificar las estructuras tradicionales.

La materia prima de todas las transformaciones por surgir, y que en la actualidad, seguramente, se están gestando, será la información. Por medio de ella se encontrarán sustitutos de los actuales esquemas y procesos que rigen las relaciones entre los seres humanos y del hombre y la mujer con la naturaleza.

Es por demás conocido que cada ser humano crea en su cerebro un modelo de la realidad, reflejándola en un mundo conceptual con el que reacciona ante los estímulos circundantes. Algunas de estas imágenes son visuales, otras auditivas, incluso táctiles. Unas son, apenas detalles de los objetos, es decir rastros de información sobre nuestro entorno. Otras son más complejas, definen relaciones, son conceptos. Unas son sencillas, otras complicadas. Todas estas imágenes componen nuestra representación del mundo, situándonos en un tiempo determinado en un espacio definido y como integrantes de una red de relaciones.

Antes del aparecimiento de los medios de comunicación, un niño solo podía construir su modelo de realidad con imágenes provenientes de un pequeño número de fuentes : el cacique, el Shamán, los adultos y sobre todo la familia. Sus posibilidades de imitación se veían más reducidas aún, por el hecho de que las personas a las que podía imitar, poseían a su vez, muy limitadas experiencias. Por lo tanto, el mundo creado en la mente de este niño era extraordinariamente angosto y reducido.

Más tarde, con el aparecimiento de los medios de comunicación social, se multiplicó el número de canales a través de los cuales el individuo obtenía imágenes de la realidad. Ya no recibía exclusivamente de otras personas, sino también de los periódicos, los libros, las revistas, la radio, el cine y la televisión.

Especialmente, la radio y la televisión dieron a ese niño la oportunidad de conocer otras personas, otras culturas, países diferentes en resumen, muchas nuevas y diferentes formas de vida. De pronto, tuvo a su alcance múltiples modelos a imitar.

A los hijos de esta época nos llega diariamente una cantidad inconmensurable de información referente a todos los temas y acontecimientos, cambiando constantemente la forma en que cada uno de nosotros percibe el mundo.

A medida que los cambios se aceleran en la sociedad, se forja dentro de nosotros una aceleración paralela. Esa nueva información que nos llega, nos obliga a revisar continuamente y, a un ritmo cada vez mayor, nuestro archivo de imágenes, nos obliga a reemplazarlas, pues, a menos que las actualicemos, nuestros actos quedarán divorciados de la realidad y seremos, progresivamente, menos competentes.

Nuevas ideas, creencias y actitudes ascienden velozmente a la consciencia para ser impugnadas y desafiadas, para muchas veces, desvanecerse en la nada. Teorías científicas son derribadas y sustituidas a diario.

Nuestro mundo esta poblado de ídolos y héroes transitorios, que no alcanzan, a ser debidamente clasificados, ya que de la misma forma en que aparecen, sin apenas lograr cimentarse, quedan en el olvido, o al menos, en el pasado. Son gráficas, que apenas usadas, son arrojadas al tacho de basura.

Los Medios y La Cultura

Los medios de comunicación social están cambiando la cultura de nuestra época.

Sin pretender afirmar con Mc Luhan, que: "El medio es el mensaje", debemos aceptar que a cada época ha correspondido una ciencia y una tecnología, una forma de comprender y adaptarse al mundo, una cultura. Y si aceptamos que la cultura se define como la suma de todas las formas posibles que el ser humano, en un instante particular del tiempo, utiliza para intercambiar ideas y mensajes, entonces, cada época podrá ser definida de acuerdo a sus particulares medios de comunicación. En este sentido, es una constante conversación, o más precisamente, un conjunto de conversaciones realizadas a través de una variedad de modelos simbólicos.

Tomemos un ejemplo simple para explicar este axioma: consideremos la primitiva tecnología de las señales de humo. Es difícil aceptar que con ella se hubiera podido mantener un diálogo filosófico sobre la trascendencia del hombre en este mundo, o sobre la existencia o no, de Dios. Imaginémonos a un escribano de la tribu de los Pieles Rojas expresando sus ideas sobre estos temas con diversas formas de bolitas de humo.

Otro ejemplo, pero esta vez, actual. Toda campaña política en todos los países, no puede prescindir de la televisión.

Y es que, los Medios de Comunicación, especialmente, la televisión han logrado que el mundo exista en la medida que pasa por ellos.

Una emoción existe si es definida por la televisión. Una idea es conocida si encuentra cabida en la pantalla brillante.

Hasta hace unas dos décadas nos preocupaba a todas los estamentos sociales, la cuestión de que si la televisión moldeaba la cultural o simplemente la reflejaba. A medida de que la televisión se ha convertido en la cultura esta cuestión a perdido interés. Esto significa que ya no hablamos de la televisión sino solamente sobre lo que ella nos entrega.

El dominio sobre una producción que recicla todas una cultura crea o deshace ídolos en cuestión de segundos, transforma tramas de ficción en problemas nacionales, o por el contrario un tema de importancia mundial lo banaliza hasta el extremo de juntar la Guerra del Golfo con los ejercicios aerobicos de moda le da el poder de crear un ambiente propicio para la formación de consciencias.

En la actualidad podemos decir que nos encontramos dentro de una generación de niños, para quienes la segunda maestra, y quizás, su más fiable compañera y amiga es la pantalla de cristal. No hay audiencia que pueda ser excluida de la televisión.

No hay segmento poblacional por más pobre que sea, que se vea privado de la televisión. No hay educación tan elevada que no pueda ser modificada. Y lo más importante de todo, es que no hay temas de interés público -política noticias, educación, religión, ciencias, deportes, etc.- que no sean temas de televisión. Eso significa que todas la compresión pública de estos temas está influida por ella.

De lectores atrasados hemos pasado hacer espectadores privilegiados.

En estos procesos de cambio surgen conflictos y contradicciones. Por un lado, la ampliación de los medios de comunicación y de sus sistema de distribución promueve una evidente democratización y una abaratamiento de la acceso de grandes masas de la población a los medios de comunicación, los que deberían reflejar en sus formas y en su producción esas nuevas realidades sociales, para su análisis y discusión.

La integración, como una de esas nuevas realidades no es, ni puede ser, exclusivamente, asumida como un problema económico. No puede limitar su existencia a la discusión de los aranceles e intercambios comerciales. La integración es esencialmente un problema cultural, en el cual, dos o más pueblos deben conocerse y respetarse, a fin de construir un objetivo común.

La integración no es una imposición o una dádiva generosa de los gobernantes. La integración es producto de la decisión soberana de los pueblos, que basados en un mútuo conocimiento deciden emprender el camino del desarrollo de manera conjunta y apoyándose unos a los otros.

Si aceptamos este criterio, entonces los diálogos políticos no harán otra cosa sino reflejar el convencimiento de los pueblos.

Pero, ¿como arribar a ese conocimiento mútuo? No existe otra forma que la presencia permanente, consciente, sistemática y valedera de los pueblos en los medios de comunicación del país vecino. Si los medios, no cumplen a cabalidad este objetivo seguiremos trabajando en las mesas de negociaciones por muchas décadas más. Pero los resultados a obtenerse serán los mismos que hasta ahora se han dado.

La presencia activa de los medios en estos procesos juega el papel, de vehículo insustituible de la cultura popular. De intermediario insustituible y consciente de los diálogos políticos que puedan emprender los gobiernos y validarlos en el convencimiento popular.

Ese es el reto actual de los medios de comunicación. Ese es el desafío. Si somos capaces de responderlo adecuadamente, la integración se producirá, caso contrario, nuestros países seguirán, cada vez más, alejados de la historia.

Por eso saludamos y compartimos textos como el de Fernando Chamorro que considera de enorme transcendencia que la Organización de Estados Iberoamericanos, a través de su Oficina Regional de Bogotá, oriente sus esfuerzos hacia la promoción de una nueva perspectiva de las relaciones internacionales que aproxime personas e instituciones de ámbitos culturales con identidades comunes.

En este marco, hoy damos inicio a este encuentro, en que a no dudarlo, y conociendo la calidad de los asistentes, tenemos la esperanza de que daremos un paso más en la dirección correcta.

Aceptemos el desafío y trabajemos sin desmayo en esta línea.

III. La comunidad andina: el nuevo desafío del proceso andino de integración

(Intervención del Dr. Jaime Córdoba Zuloaga, Coordinador de la Junta del Acuerdo de Cartagena)

La Comunidad Andina: El Nuevo Desafío Del Proceso Andino De Integración

Introducción

Los Países Andinos (Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela),unidos desde 1969 en un elaborado proceso de integración a través del Acuerdo de Cartagena, han decidido encarar los desafíos que presenta el nuevo milenio planteando una transformación profunda en los mecanismos que tradicional mente han servido para hacer funcionar este esquema de integración. Luego de una serie de debates y negociaciones conjuntas, los Presidentes Andinos suscribieron en marzo de este año el Protocolo de Trujillo que, próximo a culminarse el proceso de su ratificación por parte de todos los Países Miembros, dará nacimiento a la Comunidad Andina, la nueva entidad encargada de conducir el proceso de integración.

La Primera Etapa Del Proceso Andino De Integración: El Acuerdo De Cartagena

Como sabemos, desde 1969 los cinco países andinos iniciaron un vigoroso proceso de integración económica dentro del marco general de la entonces Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC). El Tratado Constitutivo del proceso, el Acuerdo de Cartagena, subrayó que la integración de los pueblos andinos constituía un mandato histórico, político, económico, social y cultural a fin de preservar su soberanía e independencia en el contexto internacional. En tal sentido, los Gobiernos declararon solemnemente la conformación de un sistema de integración y cooperación que propenda al desarrollo económico, equilibrado, armónico y compartido entre sus naciones, con la finalidad principal de procurar el mejoramiento persistente en el nivel de vida de los habitantes de la Subregión.

Con miras a concretar lo anterior, se establecieron tres objetivos específicos:

  1. Un Programa de Liberación del intercambio comercial entre los Países Miembros, tendiente a la formación de una Zona de Libre Comercio.
  2. El establecimiento posterior de un Arancel Externo Común frente a terceros países, consolidándose así una etapa más avanzada del proceso de integración: el nacimiento de la Unión Aduanera Andina.
  3. Conjuntamente, se previó la armonización gradual de políticas económicas y sociales, así como la aproximación de las legislaciones nacionales en las materias pertinentes. Se dio especial énfasis al proceso de industrialización subregional, al desarrollo de los sectores agropecuario y agroindustrial, la integración física, así como a la canalización de recursos internos y externos para financiar las inversiones que fuesen necesarias.

La Teoría De La Integración

Conviene recordar en esta parte, y a fin de entender mejor lo señalado en el punto anterior, lo que dice la teoría clásica de la integración económica, y en cuyos lineamientos conceptuales generales está inscrito el proceso andino de integración. Se han logrado identificar hasta cinco grados o etapas en un proceso de esta naturaleza: la zona de libre comercio, la unión aduanera, el mercado común, la unión económica y la integración total.

La Zona de Libre Comercio se constituye cuando dos o mas países eliminan los aranceles y restricciones a su comercio recíproco. La Unión Aduanera. en cambio, se conforma cuando además de liberar su comercio interno los países adoptan un arancel externo común para las importaciones de terceros países. El Mercado Común se forma cuando en la Unión Aduanera existe también la libre circulación de los factores de la producción, es decir, de capital y de los trabajadores, además de los servicios. La Unión Económica se constituye cuando adicionalmente a todo esto, se armonizan las políticas económicas. El siguiente paso, el más avanzado, sería la integración total.

Estas etapas no siempre se dan una tras otra. Por eso, algunos teóricos, en lugar de hablar de etapas, prefieren hablar de grado o intensidad de la integración, entendida esta última como el nivel o profundidad del compromiso asumido por las partes. El compromiso asumido por países que quieren formar una Zona de Libre Comercio es menor que el de los que desean construir un Mercado Común, debido a que mientras los primeros sólo están comprometidos a liberar el comercio recíproco de bienes, los segundos buscan la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas o, en otras palabras, buscan conseguir lo que se conoce con el nombre de las "cuatro libertades" que ya es una realidad en el caso de la Unión Europea.

En el ámbito continental, existen grupos de integración que persiguen como fin último la formación de una zona de libre comercio. Ellos son, entre otros, el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLC) conformado por Estados Unidos, Canadá y México; y el Grupo de los Tres (G-3) integrado por Colombia, México y Venezuela. Junto a éstos, existen grupos subregionales que buscan ir más allá, formando un Mercado Común. Tal es el caso del Caricom en el Caribe, el Mercado Común Centroamericano, el Mercosur y el Grupo Andino.

Situación Actual Del Grupo Andino

Es importante subrayar que en casi tres décadas de acción continuada y persistente para el logro de sus objetivos, el Grupo Andino ha tenido que afrontar difíciles etapas generadas, principalmente, por la crisis de la deuda externa y una serie de problemas conexos que en general, configuraron lo que se ha dado en llamar la "década perdida" en los años 80. El trastorno económico que ello generó en América Latina en general y en los Países Andinos en particular, determinó que gran parte de las políticas diseñadas en el Acuerdo de Cartagena también sufrieran los inevitables efectos de la adversa situación.

No obstante lo anterior, la década de los 90 ha empezado a mostrar la aparición de indicios persistentes de reactivación en las economías de los Países Miembros, tras el costoso ajuste económico emprendido para responder a la prolongada crisis de la década pasada.

Se pueden mencionar algunas cifras que reflejan la actual situación de la Subregión en comparación con los inicios del proceso de integración, de manera que podamos entender mejor la magnitud de los cambios y evoluciones que se han producido en el contexto andino. Así, las principales variables económicas de los últimos años muestran que la población andina ha venido creciendo a un ritmo de 2,5 por ciento promedio anual (pasando de aproximadamente 55 millones de habitantes en 1970 a más de 100 millones de habitantes en la mitad de la presente década).

Una característica importante de esta evolución de la población, ha sido su creciente migración del campo a la ciudad. Las cifras de población del Grupo Andino muestran que, en 1970, la población urbana (31 millones 608 mil habitantes) representaba el 57 por ciento del total de habitantes, en tanto que en la actualidad representa alrededor del 70 por ciento de la población subregional (más de 70 millones de habitantes)

La fuerza laboral, igualmente, es cada vez más numerosa en el Grupo Andino (de aproximadamente 17 millones de personas en 1970 pasa a más de 36 millones a mediados de la presente década), observándose que la tasa de crecimiento de la Población Económicamente Activa es superior a la registrada para el total de la población (así, entre 1970 y 1995 la PEA aumentó 2,1 veces, en tanto que la población total lo hizo sólo en 1,8 veces).

La PEA por sexo muestra una tendencia a una mayor participación de la mujer en todos los sectores de la producción, por lo que es posible prever que en el futuro exista una mayor presión femenina por puestos de trabajo remunerados.

Por su parte, el desempeño de las economías andinas registra, en los últimos años, una tendencia sostenida de crecimiento del Producto Interno Bruto. En términos generales, el PIB del Grupo Andino, pasa de sumar 70 mil millones de dólares (constantes, al tipo de cambio de paridad de 1980) en 1970 a casi 206 mil millones de dólares en 1995. Ello permite decir que el PIB real creció entre 1970 y 1995 a un nivel mayor que la población (3,2% promedio anual, frente al 2,5% registrado como crecimiento de la población, en el mismo período), lo cual implica que el Grupo Andino, en dicho período, mejoró su dotación de bienes y servicios disponibles. Asimismo, el PIB por habitante a nivel subregional se ha multiplicado en casi cuatro veces entre 1970 y 1995, al pasar de 515 a más de 2,000 dólares.

En cuanto a la composición sectorial del PIB, en el Grupo Andino tradicionalmente es el sector servicios el que más aporta (alrededor del 50 por ciento), seguido de los sectores manufacturero y agropecuario, que representan entre el 19 y 15 por ciento, respectivamente.

Comparativamente con otros procesos de integración, el crecimiento del PBI en el Grupo Andino en 1995 fue de 3,9 por ciento, superior al crecimiento del Mercosur (1,2%), al suramericano (2,9%) y al latinoamericano (0,6%). En cuanto al tipo de cambio, el promedio de depreciación en los países del GRAN fue de 13,2% mientras que en el Mercosur fue de 16,8%. En lo que respecta al desempleo urbano, la tasa promedio de desocupación fue de 8,4%, ligeramente superior a la de Mercosur (7,1%). El GRAN tuvo igualmente una mejor perfomance exportadora que su vecino del sur en 1995. Sus ventas intrasubregionales crecieron en 1995 en un 38%, en tanto que las transacciones intra-Mercosur lo hicieron en un 27%.

A partir de 1989, las transacciones comerciales entre los países andinos aumentaron en forma constante. Entre 1990 y 1994, la tasa de crecimiento fue de 27 por ciento, y en 1995 fue de 38 por ciento. Es importante destacar también el aumento del componente manufacturero en esas transacciones. Actualmente bordean ya el 90 por ciento del comercio intra-andino.

También se puede observar el incremento de las llamadas telefónicas que pasaron de 14 mil en 1970 a 800 mil en 1994; del turismo receptivo intrasubregional que aumentó de 133 mil turistas en 1970 a más de un millón 210 en 1994; de las frecuencias de vuelos semanales que subieron de 128 en 1970 a cerca de 500 en 1994.

En este panorama general, y a pesar de los evidentes síntomas de reactivación que vivía el proceso desde comienzos de la presente década, fue quedando claro que el modelo de integración puesto en marcha por el Acuerdo de Cartagena de 1969 representaba un esquema que necesitaba replantearse profundamente para hacer frente a los nuevos desafíos regionales y mundiales. Así, de un modelo cerrado, que buscaba un mayor relacionamiento entre las economías de sus Países Miembros con base a un esquema de sustitución de importaciones, de planificación de las inversiones, de limitaciones a la inversión extranjera y de modestos e insuficientes márgenes de preferencia, se planteó la necesidad de pasar a un modelo abierto, de mecanismos comunitarios automáticos, donde rigiese un mercado transparente a partir de ventajas competitivas genuinas, y de acercamiento de las normas comunitarias a los estándares internacionales, con identidad propia y realismo. En esta percepción se funda la actual transformación del Proceso Andino de Integración, para dar nacimiento a la Comunidad Andina.

Logros Del Grupo Andino

No debe olvidarse, sin embargo, que el nacimiento de la Comunidad Andina, como una nueva etapa en el proceso de integración subregional, se fortalece ante la constatación irrefutable que los tres grandes objetivos planteados por el Acuerdo de Cartagena de 1969 ya han sido cumplidos:

  1. Se ha configurado una Zona de Libre Comercio (ZLC) entre los cinco Países Miembros. en donde las mercancías circulan libremente sin restricciones ni aranceles de ningún tipo. Este hecho se concretó en febrero de 1993, por lo que el espacio andino constituye desde esa fecha la primera zona comercial de estas características en el continente.
  2. Se ha adoptado, desde febrero de 1995, un Arancel Externo Común para las importaciones procedentes de terceros países, conformándose una Unión Aduanera (a la que probablemente el Perú, que goza temporalmente de un régimen especial, se termine de sumar muy pronto).
  3. Rige en los cinco países un ordenamiento jurídico supranacional: el Derecho Comunitario Andino (compuesto de decisiones comunitarias que se aplican directamente en cada una de las legislaciones nacionales), que configura un marco normativo extenso y dinámico. Cabe resaltar que junto con la reconocida trayectoria de la Unión Europea al respecto, son los dos únicos ejemplos en la materia a nivel mundial.

Esto se complementa con la vigencia de una serie de instrumentos

y mecanismos que facilitan el intercambio, que promueven la competencia y contrarrestan los obstáculos técnicos, tales como la Nomenclatura Común, el Sistema de Valoración del GATT, normas que corrigen y previenen las distorsiones de la competencia, las normas técnicas, etc. Asimismo, se han adoptado regímenes comunes para la inversión extranjera, para la propiedad industrial, para la protección de variedades vegetales, para proteger los Derechos de Autor, para acceder a los recursos genéticos, entre otras importantes medidas.

En consecuencia, el Grupo Andino, según la teoría clásica de la integración económica, ya es una Unión Aduanera (aunque todavía imperfecta por la existencia de tratamientos especiales y excepciones), en camino a alcanzar su próxima etapa: el Mercado Común.

La Comunidad Andina: Una Nueva Etapa

Así, con la intención de crear las condiciones necesarias para que este vigente proceso de integración pueda responder con éxito a los grandes desafíos del siglo XXI, los Jefes de Estado de los cinco países, reunidos en las últimas Cumbres Presidenciales Andinas, decidieron discutir y aprobar, al más alto nivel, la nueva marcha del proceso subregional. En la VIII Reunión del Consejo Presidencial realizada en Trujillo, Perú, en marzo de 1996, se aprobó la Reforma Institucional consagrada por el Protocolo Modificatorio del Acuerdo de Cartagena, y que dará pronto nacimiento a la Comunidad Andina, una vez culminados los procesos de ratificación en cada uno de los Países Miembros.

El Protocolo De Trujillo Y La Reforma Institucional

Debe recalcarse que en casi tres décadas de existencia, el Grupo Andino ha logrado configurar una estructura institucional muy desarrollada, conformada por trece organismos, cada uno de los cuales cumple funciones específicas dentro del delicado engranaje del ordenamiento jurídico supranacional andino, único en América.

La Reforma Institucional, aprobada por los Presidentes Andinos a través del Protocolo Modificatorio del Acuerdo de Cartagena o Protocolo de Trujillo, introduce una serie de cambios al proceso andino de integración, cuyo punto central lo constituye el nacimiento de la Comunidad Andina en reemplazo del Acuerdo de Cartagena o Pacto Andino, definida como "una organización subregional con personería jurídica internacional", integrada por los Estados soberanos de los Países Andinos y por los órganos e instituciones del Sistema Andino de Integración. No se trata de un simple cambio de denominación, sino de la consolidación la integración comercial así como su ampliación a otros Campos, como lo social y las relaciones externas.

De manera esquemática podemos mencionar los principales cambios introducidos por esta Reforma Institucional:

PRIMERO: La conducción del proceso, que desde un inicio estuvo a cargo de la Comisión del Acuerdo de Cartagena, pasa ahora a manos de las instancias políticas, concretamente al Consejo Presidencial Andino y el Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores. Así, el Consejo Presidencial Andino se transforma en el órgano máximo del Sistema Andino de Integración, al cual le corresponde definir la política de integración subregional. Por su parte, el Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores es el encargado de formular la política exterior de la Comunidad Andina y de velar por el cumplimiento de las directrices presidenciales por parte de los demás órganos. Tiene, asimismo, facultades normativas.

SEGUNDO: Se instituye el Sistema Andino de Integración (SAI), que apunta a establecer una coordinación efectiva de los órganos e instituciones que la conforman: la Comisión, la Junta (que se transforma en Secretaria General), el Tribunal, el Parlamento Andino, los Consejos Laboral y Empresarial, la CAF, el FLAR. los Convenios Sociales, así como los Consejos de Presidentes y de Cancilleres que recientemente se incorporan a ellos.

TERCERO: La Comisión del Acuerdo de Cartagena, que en el futuro se denominará Comisión de la Comunidad Andina, ha sido objeto de reformas fundamentales y precisas, con el fin de fortalecerla y ampliar la base jurídica que la sustenta. La más significativa de esas reformas es, indudablemente, la de poder constituirse en Comisión Ampliada para tratar y adoptar normas sobre asuntos de carácter sectorial. Esto significa que los Representantes Titulares ante la Comisión, que por lo general son los Ministros de Comercio Exterior de los Países Andinos, y los Ministros de otros sectores -Transporte, Energía, Agricultura, Educación, etc.- ahora podrán aprobar juntos normas comunitarias relacionadas con sus ámbitos de competencia. De esta manera, el ejercicio normativo de la Comisión se verá enriquecido con la participación de los Ministros sectoriales.

CUARTO: La Junta del Acuerdo de Cartagena, próxima a convertirse en la Secretaría General de la Comunidad Andina una vez que entre en vigencia el Protocolo de Trujillo, también ha sido objeto de reformas fundamentales. Así, este órgano comunitario ya no será dirigido por un cuerpo colegiado (como en el caso de la Junta, compuesta por tres Miembros), sino por una personalidad, que será el Secretario General, de alta representatividad y reconocido prestigio, cuya elección estará a cargo del Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores. El Protocolo de Trujillo amplía y mejora su capacidad de contacto y coordinación con los Países Miembros y con los máximos órganos de dirección y lo convierte en el órgano ejecutivo del proceso. En virtud de ello, puede mantener vínculos directos con los sectores público y privado de los Países Miembros, formular propuestas de decisión al Consejo y a la Comisión, así como velar por el cumplimiento del ordenamiento jurídico. La Secretaría General mantendrá su competencia normativa, que se expresa en la aprobación de Resoluciones.

QUINTO: En cumplimiento de directrices presidenciales precisas, los Ministros de Relaciones Exteriores de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela aprobaron, en mayo de este año, el Protocolo Modificatorio del Tratado de Creación del Tribunal de Justicia del Acuerdo de Cartagena. Por medio de este instrumento jurídico, se introducen una serie de reformas en el Tratado original, dirigidas a fortalecer y modernizar la instancia jurisdiccional andina. Entre dichas reformas, destaca la ampliación de las competencias del Tribunal, al añadirse a las tradicionales Acción de Nulidad, Acción de Incumplimiento e Interpretación Prejudicial, otras competencias nuevas: el Recurso por Omisión o Inactividad, la Función Arbitral y la Jurisdicción Laboral.

SEXTO: Los Consejos Consultivos Empresarial y Laboral Andino han sido elevados a la categoría de instituciones consultivas del Sistema

Andino de Integración por el Protocolo de Trujillo, correspondiéndoles emitir opinión ante el Consejo Andino de Ministros de Relaciones Exteriores, la Comisión o la Secretaría General, a solicitud de éstos o por propia iniciativa, sobre los programas o actividades del proceso de integración subregional andina que fueran de interés para sus respectivos sectores.

LOS GRANDES DESAFIOS DE LA INTEGRACION COMERCIAL

El Nuevo Diseño Estratégico del Grupo Andino establece como una de sus acciones prioritarias, la profundización de la integración con América Latina, en particular con Panamá y Mercosur. En lo que respecta a Mercosur, y como lo veremos en detalle luego, se ha decidido suscribir un Acuerdo Marco para la formación de una Zona de Libre Comercio Grupo Andino-Mercosur en diciembre de este año. Y en lo que se refiere a Panamá, se acordó iniciar la búsqueda de mejores formas de relacionamiento.

Este panorama general en materia comercial se complementa con la mayor y mejor proyección externa de la Subregión.

Esto significa, por un lado, lograr una inserción óptima y eficiente en la economía internacional a través de la mayor competitividad de los bienes y servicios de los Países Miembros y de la negociación coordinada frente a terceros. Implica, también, proyectarse a otros procesos de integración, bloques-comerciales y grupos de países no sólo de la región, sino del hemisferio e incluso del mundo. Al respecto, desarrollaremos a continuación el tema de las vinculaciones con el Mercosur, hecho que puede considerarse de la mayor importancia.

La Importancia Continental De Las

Negociaciones Grupo Andino-Mercosur

Debe recordarse, previamente, que las dos economías mas grandes de América del Sur: Brasil y Argentina, decidieron unirse, junto con Paraguay y Uruguay para formar el denominado Mercado Común del Sur (MERCOSUR) en 1991. En cinco años de existencia, este bloque de integración subregional ha asumido una vigorosa presencia internacional, vinculándose estratégicamente con la Unión Europea y habiendo suscrito este año un acuerdo de libre comercio con Chile, la economía más sólida y pujante de América Latina.

En este contexto, es importante resaltar que del lado del Grupo Andino, estas negociaciones con el Mercosur están constituyendo una innegable prueba de cohesión interna. Así, frente a una indecisa posición inicial, que más parecía apuntar a la preferencia por una negociación individual de cada País Andino con el Mercosur, finalmente ha primado la mejor opción de las negociaciones bloque a bloque. Inclusive ya se ha perfilado claramente una postura comunitaria andina, la cual se está discutiendo en las negociaciones con el Mercosur.

Es necesario llamar la atención sobre el hecho que el Grupo Andino está llevando a estas reuniones una propuesta muy detallada de lo que podría ser en el futuro el Acuerdo Marco que inicie la Zona de Libre Comercio entre ambos bloques de integración. Se ha previsto que la suscripción del documento final podría tener lugar en diciembre en la ciudad brasileña de Fortaleza.

La propuesta andina sobre el contenido del futuro Acuerdo Marco se concentra fundamentalmente en el comercio de bienes y contiene las reglas fundamentales para este tipo de relación comercial, como salvaguardia, solución de controversias, normas de origen, normas técnicas y normas de competencia comercial. Paralelamente, y con una necesaria visión de futuro, también se ha incluido un esquema que permite el desarrollo posterior de las negociaciones en materia de servicios.

De esta manera, la aproximación de ambos bloques subregionales, para la conformación de una Zona de Libre Comercio entre ellos adquiere, pues, una mayúscula significación, en cuanto a lograr la desgravación, como mínimo, de 80% del comercio y 90% del universo arancelario en un plazo de 10 años, con el objetivo final de alcanzar un margen de preferencia de 100% para el universo arancelario. Sobre el particular, las cifras empiezan a hablar por sí solas, en cuanto al nacimiento, por ejemplo, de una zona comercial de más de 300 millones de consumidores, con un PIB superior a los 900 mil millones de dólares.

Los Nuevos Temas Del Proceso De Integración

De lo desarrollado hasta aquí, queda claro que en estos 27 años de vida del Grupo Andino, se ha dado especial énfasis a la dimensión comercial y económica del proceso de integración. Esto se ha debido, sin duda, a que entre las motivaciones fundamentales que impulsaron la integración se encontraba lo económico.

Esto no quiere decir que no se haya reconocido la existencia de otras dimensiones importantes que inciden en el proceso de integración. Desde un principio hubo dicho reconocimiento a través de las Declaraciones Presidenciales y se desplegaron esfuerzos importantes en los campos de la educación, la cultura y la salud, a través de los Convenios Andrés Bello e Hipólito Unanue, por ejemplo.

Sin embargo, nuevos temas han adquirido un lugar estratégico en el interés comunitario en la Cumbre Presidencial de Quito de septiembre de 1995, cuando los Mandatarios Andinos aprobaron el Nuevo Diseño Estratégico del Proceso de Integración y fijaron, como uno de los lineamientos principales de acción, el desarrollo de una agenda social que incluya temas como educación, participación popular, salud, seguridad social, entre otros.

En los últimos meses se han adoptado una serie de medidas tendientes a facilitar el cumplimiento de ese lineamiento de acción. Así, se ha aprobado el marco regulatorio para el establecimiento y puesta en operación del Sistema Satelital Andino "Simón Bolívar" que, sin duda, impulsará el desarrollo de las telecomunicaciones en la Subregión; se ha aprobado un régimen común que regula el acceso a los recursos genéticos y que reconoce el derecho de las poblaciones indígenas a los mismos. Se ha dotado a la estructura institucional del Grupo Andino de los mecanismos e instrumentos necesarios para que atienda ya no solamente temas comerciales sino los llamados "nuevos temas".

Sin embargo, cabe aclarar que si bien los nuevos temas que deberán recibir atención ya están identificados, todavía falta trabajar mucho para precisar sus reales ámbitos de acción. Así, habrá que definir qué tipos de programas, características o aspectos deben desarrollarse en forma comunitaria en el campo de la educación, la cultura, la comunicación, el medio ambiente, la salud, etc.

A MANERA DE CONCLUSIÓN

Con el nacimiento de la Comunidad Andina a puertas del siglo XXI, los inversionistas subregionales y extranjeros tienen ante sí las enormes posibilidades que les ofrece un enorme mercado ampliado de más de 100 millones de personas, donde no sólo circulan libremente los bienes y mercaderías, sino donde también se prevé una próxima inclusión de los servicios. Esto se complementa con la efectiva protección que otorga la vigencia de un Arancel Externo Común frente a los productos provenientes de terceros países.

Debe recalcarse que esta situación se ve potenciada con la vigencia de un estable ordenamiento jurídico supranacional, con normas comunitarias de directa aplicación en cada uno de los Países Miembros y con una sólida estructura institucional de respaldo, compuesta por trece órganos especializados en casi tres décadas de trabajo intenso e ininterrumpido.

La concreción de estos tres grandes objetivos en la base del nacimiento de la Comunidad Andina, ha dado gran seriedad al rumbo seguido por la integración subregional en estos años y está generando una confianza sin precedentes en los agentes económicos, tanto a nivel interno como externo. A esto debe sumarse el hecho que el territorio andino concentra un rico potencial de recursos naturales: cuenta con más del 50 por ciento de las reservas seguras y probables de petróleo y gas natural de América Latina; contiene alrededor del 10 por ciento de la reserva mundial de cobre y el 53 por ciento de las de carbón de Latinoamérica y el 40 por ciento del potencial hidroeléctrico de la región.

Estas enormes ventajas se acrecientan todavía mucho más con el próximo nacimiento de la Zona de Libre Comercio Grupo Andino-Mercosur que, como ya hemos dicho, generará un gigantesco mercado de más de 300 millones de consumidores, y que constituirá un seguro polo de atracción para numerosas empresas multinacionales. También debe tenerse en cuenta que se van a ver multiplicadas las posibilidades de desarrollar proyectos de complementación productiva entre los gobiernos y empresarios de los dos grupos de integración, donde se pueden encontrar desde países con tradición ganadera y agrícola hasta aquellos con acabada expresión industrial y altísimo dinamismo energético.

Pero además hay que tener en cuenta que la aproximación de ambos bloques subregionales de integración significa prácticamente la unión de toda la América del Sur en un gran espacio económico integrado (sin olvidar que Chile está incorporado al proceso a través del Acuerdo de Libre Comercio que suscribió con el Mercosur en junio de este año). La concreción de este Acuerdo GRAN-MERCOSUR, evidentemente, cambiará el estatus global de la región suramericana, transformándola en el eje principal de convergencia de otros países y grupos subregionales en la meta de la integración económica continental fijada para el año 2005, a través del compromiso para constituir el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), asumido por los Jefes de Estado del Hemisferio en la Cumbre de Miami de 1994.

Así, la Comunidad Andina está a punto de asumir uno de los roles principales en este ambicioso compromiso continental, conjuntamente con su gran desafío latinoamericano de seguir consolidando la integración subregional y regional de nuestros pueblos. Y ahora mas que nunca, será la participación decidida de los principales actores sociales, económicos, políticos y culturales de los países andinos los que cumplirán, indudablemente, el necesario papel protagónico para proyectar a la Subregión con fuerza renovada en el atractivo espacio integrado de las Américas.

JAIME CORDOBA ZULOAGA, es Abogado- Economista graduado en la Pontificia Universidad Javeriana (Santafé de Bogotá, Colombia, 1973)con especialización en Desarrollo Rural Integrado (Rehovot, Israel, 1985) y Gerencia Agroindustrial en el INCAE (Miami, Usa, 1988). Ha ocupado la presidencia en distintas instituciones colombianas, como la Asociación Nacional de Instituciones Financieras ANIF (en 1980) y la Sociedad de Agricultores de Colombia SAC (entre 1991-1993). Fue Fundador y Primer Rector del Politécnico Grancolombiano (1981-1985). Fue Representante por Colombia ante la UNESCO y en 1995 fue elegido Miembro de la Junta del Acuerdo de Cartagena, en Lima , Perú.

Autor de numerosas publicaciones y artículos periodísticos, ha recibido varias distinciones de reconocimiento a su labor profesional, destacando la Orden Nacional de la Democracia, otorgada por el Congreso de la República de Colombia, en 1990.

IV. La Integración iberoamericana

en la era de la Informática

Ponencia de Simón Alberto Consalvi (Venezuela).

Un diálogo sobre la comunidad iberoamericana de naciones constituye uno de los temas más atractivos y contemporáneos en este final de siglo, dominado por el concepto de la integración y de la cooperación. "La historia moderna de la América española y portuguesa, dijo D. Federico de Onís en su ensayo La eternidad de España en América, ha quedado más en la sombra aun que la de la América inglesa porque fue envuelta en el mismo prejuicio europeo que excluía a los dos pueblos de la Península Ibérica del concepto normal de Europa". Para el gran escritor esto explica los sostenidos esfuerzos de los hispanoamericanos por entenderse a sí mismos y ser entendidos. En ese ensayo sobre las relaciones y percepciones intelectuales entre España y América, escrito hace 50 años, el profesor de Onís explica lo que nos diferencia y nos identifica. Así, lo que llama "permanencia de España en América" debe buscarse no en el peso muerto del pasado sino en las creaciones nuevas y originales americanas. Con gran espíritu de comprensión, el ensayista pensaba que "será más patente y valiosa la tradición española en América si la encontramos en las creaciones americanas que más se diferencian de las españolas". Medio siglo transcurrió para que lo postulado por el viejo profesor de Columbia University fuera reconocido como una página de la Biblia: ¿No son diferentes Gabriel García-Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas-Llosa, Octavio Paz, Guillermo Cabrera- Infante, José Donoso, Juan Rulfo? Diferentes, y sin embargo, profundamente españoles, tanto que España se funde en ellos, se confunde con ellos, renace en ellos. "No hablemos más por separado de literatura latinoamericana y de literatura española, sino simplemente de literatura en lengua castellana" recordó en su ensayo Lengua literaria y lengua popular en América el gran Angel Rosenblat que había dicho Gabriel García-Márquez porque "se sentía dentro de la gran tradición de los libros de caballería y del Quijote". El autor de Cien años de soledad añadió: ..."no sólo estamos escribiendo el mismo idioma, sino prolongando la misma tradición".

Para el autor de España en América esa diferenciación se inició con el primer documento de la literatura hispanoamericana: el diario y la carta que escribe Colón dando cuenta de su primer viaje, y por todos los papeles que se escribieron a partir de entonces y que llevaron el denominador común de lo que un antiguo historiador español llamó "extrañeza americana", como lo relata el escritor venezolano Mariano Picón-Salas en su ensayo De la Conquista a la Independencia / Tres siglos de historia cultural hispanoamericana.

Esa búsqueda, ese equilibrio entre lo que nos identifica y nos diferencia confluye en una gran cultura y en una forma común de armonización entre lo que llamamos comunidad iberoamericana de naciones. Bien están, por consiguiente, estos Diálogos para la Integración: Políticas, Educación y Medios y su propósito esencial de explorar alternativas. Vivimos, ciertamente, en lo que podríamos llamar vísperas de grandes cambios históricos. Uno de ellos es la globalización de la economía, la integración de grupos regionales como el Acuerdo de Cartagena, el Sistema de Integración de América Central, los países del Norte del hemisferio o los del Sur, o la promesa de integración de las Américas para el 2005. Ocurre en Europa, ocurre en Asia. Desde mediados de los ochenta, la situación se ha ido perfilando de manera fundamental: primero fue la experiencia de los países de la región en el Grupo de Río: de este Mecanismo para la consulta y la concertación pasamos a las cumbres de jefes de Estado y de gobierno con la presencia de España y Portugal. Mirar hacia atrás y comprobar el alejamiento de cinco siglos parece simplemente inconcebible; este alejamiento no ocurrió sólo entre España y Portugal y los países de nuestra región. También ocurrió entre nosotros. Nadie mejor que Augusto Ramírez-Ocampo, protagonista de este proceso en sus primeros tiempos, conoce mejor la historia.

Durante las décadas de los setenta y los ochenta la comunidad internacional debatió los problemas de la información y de la comunicación, bajo los auspicios de la Unesco. Se habló entonces, quizás con exceso de optimismo y cortejando la utopía de un Nuevo Orden Mundial de la Información y de la Comunicación. De esos propósitos, como de infinidad de otros, dio cuenta la Guerra Fría. En un mundo de antagonismos tan irreconciliables, donde no escaseaban los Estados que asumían el control absolutista de los medios y generaban, al mismo tiempo, la reacción consiguiente, era imposible un intercambio con probabilidades de consenso. Con el ocaso de la Guerra Fría se despejó en gran medida el camino, sin que esto signifique el fin de las complejidades que la cuestión plantea. Pero el intercambio de ideas sobre la sociedad democrática y su relación con los medios se lleva a cabo ahora sin las implicaciones de confrontación de aquellas décadas.

La tecnología de las comunicaciones, por otra parte, comienza a dar muestras de que el debate en cierta medida es irrelevante, trascendido por una nueva realidad, llamada la realidad virtual: no se hasta dónde sea temerario o equívoco suponer que los avances tecnológicos en sí van a encargarse de resolver los problemas. Quizás no, quizás puedan generar, como por lo común sucede, otros imprevistos. Cada día tiene su afán y cada noche su desvelo. La cuestión de las comunicaciones, en todo caso, sigue constituyendo motivo de reflexión por una razón esencial: la sociedad global es la sociedad de la información.

En la era de la información es preciso, por consiguiente, explorar sus inmensas posibilidades y sus incontables desafíos. Con espíritu más reflexivo y persiguiendo metas de comprensión, la Asociación Internacional para la investigación de la comunicación de masas viene reuniéndose desde 1989 en Harare, en 1990 en Praga, en 1991 en Estambul, en 1992 en Sao Paulo, en 1993 en Dublín, en 1994 en Honolulu. Es probable que sus aportes contribuyan a despejar incógnitas y a preparar las modalidades comunicacionales del siglo XXI. En el ambiente post- Guerra Fría subsisten diversas concepciones en torno a la información y al derecho de la comunicación, pero creo que no en nuestra parte del mundo, ajena a fundamentalismos y otras calamidades. Imagino esta circunstancia auspiciosa. No se trata, en la comunidad iberoamericana, de confrontaciones sino de alternativas reales de y para sociedades democráticas, puesto que en democracia no hay asunto que no pueda ni deba analizarse a través de la tolerancia y de la comprensión. Despojados los asuntos de la comunicación de los antagonismos de la Guerra Fría las sociedades democráticas están en condiciones de abordarlos y de analizar sus problemas; problemas tales como la utilización de los medios masivos en la educación, en la difusión del conocimiento y en la formación democrática están en la agenda, y entiendo que el tema será uno de los más resaltantes de la Cumbre iberoamericana de 1997, con lo cual se reconoce que la información se ha convertido en el fenómeno más extraordinario del mundo contemporáneo, y sin duda, dominará el siglo XXI, y le conferirá características de tal naturaleza que las sociedades, sus creencias, sus costumbres, sus relaciones, su estructura, pueden adoptar modalidades no imaginadas; la inserción o la participación, por tanto, de nuestros países iberoamericanos en esa revolución tecnológica es claramente una prioridad.

¿Habrá más democracia o menos democracia en el siglo XXI, o mayor dominio sobre la gente, su manera de ser, de pensar, de relacionarse? La pregunta parece resumir la ansiedad y la incertidumbre del fin de siglo. Si información es poder, la tentación de dominio será incesante. En efecto, la información es poder, pero puede alguien, potencia o capitales, manipularla, y al mismo tiempo, no afectar la esencia de la democracia? La información en sí es democrática, porque es la primera condición de la sociedad abierta. La experiencia de estos primeros tiempos demuestra que el World Wide Web o WWW permite un acceso que no se tuvo antes y una libertad de expresión sin cortapisas, diferente a la concedida (la palabra no es banal), por otros medios ya tradicionales, impresos o eléctricos. Baste comprobar que en materia de tecnología comunicacional, Estados Unidos ha "conquistado" el mundo y lleva una ventaja sin paralelo. El mismo Presidente Clinton en su libro Between Hope and History / Meeting America's challenges for the 21st century, no es ajeno a este pensamiento. El Presidente afirma que cuando un niño nacido ahora tenga la edad de leer, más de 100 millones de personas estarán interconectadas a través de la red de Internet.

Si pensamos que democracia es sinónimo de educación, nunca antes el ser humano había estado a las puertas de un mundo tan imprevisible y tan prometedor. Todo lo que en este fin de siglo ofrece el Internet, nunca nadie había estado en capacidad de ofrecer. La transformación del conocimiento y de los medios para adquirirlo es una realidad, sin duda avasallante. Pero es una realidad, y de la capacidad para insertarse en ella, disfrutar de sus incontables posibilidades, asumir el desafío de la contemporaneidad, depende que nuestras sociedades den el salto necesario. Por primera vez en la historia un privilegio de esta naturaleza está a la disposición del mayor número de gentes. Si el conocimiento resulta inútil, como lo escribió con sumo pesimismo un escritor francés, la cuestión será, en tal caso, de otra naturaleza: el abismo entre los que tienen y entre los que no tienen, la brecha hasta ahora fatal que atemoriza otra vez.

Democracia, así, es sinónimo de libertad de expresión, y por tanto, de medios de comunicación. Democracia es también sinónimo de educación. No se puede ser un país democrático sin una educación adecuada y sin una educación política basada en la historia de nuestros países y de su proceso, de sus avatares y de sus posibilidades, y sin una conciencia apta para comprender y situarse frente a los desafíos y las posibilidades que plantea y planteará la era de la información. La informática vendrá (o viene) en auxilio de la democracia: la hará más transparente y más participativa. Quizás transformará la democracia y la política, otorgándole mayor confiabilidad. Quizás transformará también los propios medios de comunicación, sean del orden que fueren, porque de una manera o de otra, todos confluirán en la red de redes del Internet, plaza pública de la aldea global. Quizás transformará también al hombre y a la mujer, y pocos podrán ser ajenos a su propia suerte o a la suerte de los demás. Si con estos recursos aprendemos a pensar y a decidir, rectificaremos (para su complacencia) a uno de los más inteligentes viajeros de la historia: al autor de La Democracia en América, quien no ocultó su desazón por algunos síntomas de esa relación. La humanidad tendrá en sus manos la posibilidad de comprobar hasta dónde el autor de El Contrato Social imaginó un epitafio cuando escribió que "no había habido ni habría nunca una democracia perfecta". Como en otras muchas ocasiones, Juan Jacobo Rousseau escribió sobre lo que apenas imaginó porque en su tiempo la democracia no sólo estaba lejos de ser perfecta, sino también lejos de existir, de ser democracia o de ser inventada en el Nuevo Mundo. Postular una democracia perfecta es casi como negarla. No tengo conocimiento de que alguien haya abogado por una dictadura perfecta.

A lo largo de la historia, pero con mayor particularidad en el siglo XX, ha habido momentos de grandes cambios tecnológicos que afectaron de manera sustancial la relación entre democracia y medios de comunicación. Primero la radio y en los últimos 50 años del siglo la televisión, (desde 1941 en los Estados Unidos y desde los 50 en la mayoría de países) esas relaciones han estado signadas por la influencia extraordinaria de los medios eléctricos. No se trata ahora de medir en qué grado esa influencia fue buena o pudo ser mejor, o fue perversa en muchas ocasiones: lo que parece ser innegable es que la televisión se ha desperdiciado en el mundo de la educación y ha sido agente, en muchas ocasiones y en determinados países, del estímulo de la violencia y del erosionamiento de valores esenciales. La riqueza y las posibilidades que ofrece la televisión en el mundo de la educación y la cultura son verdaderamente ilimitadas. La discusión, no obstante, tropieza siempre con las sombras que los defensores más intransigentes del statu quo dispersan sobre los críticos o sobre quienes postulan más elevados fines sociales. La crítica o la discrepancia se asimiló, por lo general, a propósitos absolutistas o totalitarios. Pero ya dijimos que estos eran los signos de la Guerra Fría. Por ese camino, la libertad de expresión se convertía en un rehén de los intereses creados. Quienes estamos lejos de esos propósitos, podemos postular la utilización de la televisión como medio o recurso técnico para la ilustración general de la gente y para su formación ciudadana. La gente tiene derecho a una alternativa más cónsona con sus intereses espirituales.

Dos grandes intelectuales del siglo, insospechables como ninguno de pretensiones injerencistas o de controles, abordaron el tema con claridad: el alemán Karl Popper, autor de La sociedad abierta y sus enemigos, y el mexicano Octavio Paz. "La televisión, dice Paz, informa y divierte a las masas pero estas funciones las comparte con los diarios, las revistas y los libros. Es natural que también comparta los defectos".

En El Pacto Verbal, (Vuelta, 236, 1996), Paz glosa a Popper en estos términos: "En un ensayo escrito un poco antes de morir, el filósofo Karl Popper propuso ciertas medidas para evitar, en lo posible, los males y excesos de la televisión. Aunque Popper era enemigo de controles y reglas que coaccionasen o limitasen la libre iniciativa, no vaciló en proponer un plan de autocontrol de la televisión. Le parecía que se había convertido en una amenaza para la democracia moderna. El remedio de Popper, profesor al fin, consistió en proponer que la televisión -productores, locutores, actores, técnicos, etcétera- se convirtiese en una institución no sin analogías con las universidades y las academias: un cuerpo colegiado, con reglas propias y al que no se podría ingresar sino después de un examen. No sé si sea factible esta idea; en cambio, es indicativa de una opinión más y más generalizada: la necesidad de una reforma de los medios sin, por supuesto, tocar las libertades básicas de opinión y de expresión. Tal vez, me atrevo a pensar, el modelo o inspiración de esa reforma podría ser no la universidad sino el fundamento mismo de las sociedades modernas: el pacto social, la constitución democrática. De ahí que haya llamado a estas reflexiones El pacto verbal.

Este es, apenas, un ejemplo de lo que puede y debe ser la discusión o el intercambio de ideas y alternativas en la sociedad democrática. No se trata, aquí y ahora, del problema de la influencia general de la televisión, sino de cómo utilizar de la mejor manera posible, y paralelamente a las cadenas comerciales, el gran medio masivo para los fines de la educación, la ciencia y la cultura dentro de las metas de la integración iberoamericana. Esto tiene dos vertientes: los programas que puedan generarse en nuestros países y transmitirse a través del sistema satelital; y la utilización de la televisión (y también de la radio) en la producción educacional masiva, sin olvidar desde luego las posibilidades fascinantes del Internet. Debemos partir del hecho de que, en el primer caso, experiencias como las puestas en marcha por la Asociación de Televisión Educativa Iberoamericana han sido particularmente ricas y han generado perspectivas y estímulos indudables. Para referirme a un ejemplo que conozco, diré que la Asociación de Televisión Educativa Venezolana trabaja con ahínco, integrada a la red de la ATEI. Desde que en Badajoz suscribieron el Acta Constitutiva de la ATEI el Ministerio de Educación, varias universidades e institutos superiores se han incrementado notablemente los asociados y constituyen ya un sistema de cooperación entre las instituciones venezolanas y entre estas y sus correspondientes en el ámbito iberoamericano. Tengo razones para imaginar que en muchos otros países de la región la experiencia ha tenido similar acogida. Es la primera experiencia transnacional de la comunidad de países iberoamericanos, como reza en uno de sus documentos, en materia educacional, científica y cultural. Si pensamos que la televisión comercial o privada se ha democratizado y de grandes cadenas se ha ido pasando a las estaciones regionales que tienen mayor sensibilidad frente a los valores comunitarios y menos ferocidad por el rating, las perspectivas son propicias para una cooperación equilibrada. El tiempo y el ritmo de las comunidades regionales es más humano que el que rige para las grandes metrópolis o las grandes cadenas de televisión.

Las técnicas y los recursos del medio audiovisual han contribuido a darle un giro significativo a lo que antes (en mi país, por lo menos) se concibió, tiempo atrás, como "televisión educativa", lo cual no era otra cosa que la grabación de la clase tradicional dictada por un maestro tradicional y nadie debe sorprenderse si el espectador se alejaba de esa ingenua, aunque bien intencionada pedagogía. Cuando se habla de televisión educativa es obvio que se hable de las técnicas y de los recursos y de los innumerables atractivos que ofrece un medio tan versátil, cuyo objetivo es doble: educar mediante la imaginación, educar y cautivar, transmitir el deleite de saber, sembrar la pasión por el conocimiento y la cultura. Parecería inaceptable que en el contexto de la comunidad iberoamericana de naciones no se mencione el libro y la letra impresa. Comparto las ideas de Mario Vargas-Llosa sobre el libro y sobre su resistencia a los asaltos del CD-Rom y de las otras tentaciones tecnológicas; sin embargo, sus costos son cada vez más altos y en muchos países a esto se une el desgano por la lectura, dos caras de un mismo desafío.

Los países que ahora atraviesan una seria crisis en sus sistemas educacionales son diversos. Se privilegió durante décadas la cantidad y se postuló una educación de masas. Pero pocas veces se pensó en los medios masivos. La producción masiva de programas audiovisuales para escuelas, liceos y universidades comienza a ser una alternativa complementaria para la renovación del sistema educacional. En este campo la cooperación iberoamericana tiene un mundo de posibilidades muy vastas no sólo porque hay diversas materias susceptibles de intercambio, sino necesarias de intercambio: la historia, las artes, las letras, como la defensa del lenguaje, tal como lo postuló recientemente en Caracas el Dr. Ignacio Chávez, Director del Instituto Caro y Cuervo.

Son innumerables los pruebas que a los países iberoamericanos nos plantea en este final de siglo el mundo de la cibernética. En la era de la información, como ciudadanos de la aldea global, confrontamos el riesgo de ser otros o de no ser sino resonancias ajenas; pero también disponemos de las más extraordinarias posibilidades de comunicación y de integración como nunca antes estuvieron a nuestra disposición. Entre los cien millones de seres humanos que dentro de cinco, seis o siete años tendrán acceso a la red del Internet, como sugiere el Presidente de los Estados Unidos, ¿cuántos seremos los iberoamericanos? No lo sé. Pero la adhesión sin fin de personas e instituciones al medio presagia muy rápido progreso. En todo caso, más allá de ese problema, está la realidad: la red está a disposición de los países, de sus más variadas instituciones, culturales o económicas, informativas, o de sus individuos. Más de mil diarios y revistas pueden leerse ahora en la red; innumerables bibliotecas pueden consultarse en todos los órdenes y disciplinas del saber humano, desde Galileo hasta Darwin, cuya teoría ha dejado de ser pecado, como lo postulaba el genial jesuita prohibido Teilhard de Chardin, a quien imagino también reivindicado.

La aldea global nos abre las puertas de lo que se ha llamado la Biblioteca Planetaria. Si la realidad no estuviera presente, tal noción podría confundirse con la utopía. Es la estructura virtual que nos permite consultar los más imprevistos documentos, navegar a través de los buscadores y obtener la información más precisa y más diversa. Este vasto fenómeno de la Informática puede interpretarse como la democratización del conocimiento y como el triunfo más insospechado de la libertad de expresión. No han de extrañar las reservas que se puedan tener frente a sus implicaciones y sus consecuencias. La historia es pródiga en antecedentes de la resistencia humana a lo nuevo: los escribas de Florencia rechazaron la tipografía móvil de Gutenberg porque era plebeya comparada con la dignidad de los pergaminos. Pero probablemente ningún historiador de la América Latina rehusará consultar desde su computadora el Archivo de Indias. Quizás no sea mejor que ir a Sevilla, pero sí más económico, más confortable y más inmediato.

Con estos medios a disposición de nuestros países, la integración de la comunidad iberoamericana debe ser más expedita y más comprensiva. Conviene pensar y ver por cuáles características optar y cuáles deben ser los métodos para difundir y recibir información, y las mejores alternativas para estar presentes en la red de redes del Internet. O sea, establecer corrientes comunes de comunicación para difundir nuestros valores y persistir en los vínculos permanentes, antiguos y contemporáneos, de la sociedad iberoamericana de naciones.


*Periodista, Ex ministro de Relaciones Exteriores


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