Revista Electrónica Bilingüe Nº 12 Febrero 1997 |
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Libros Paralelos
Eduardo Casanova Hace unos unos meses saludé con alborozo y admiración un poemario de Luis Alberto Machado, Canto a la mujer, que califiqué y califico de excelente por muchísimas razones. Dije entonces que en él se combinan amor y mística, y que culmina con un verso: Juntos enterremos a la muerte, del Poema 47, que es, hoy lo reitero, la cúspide del poemario, aunque después haya otros dos poemas en los que no hay descenso alguno. También me referí a su tono, en el que está presente el aliento de la Biblia, mezclado con un erotismo sublimado y una búsqueda deliberada de la belleza a través de la palabra. Hoy saludo con el mismo alborozo y la misma emoción un libro que es el perfecto paralelo del Canto a la mujer. Se trata del Canto al hombre, de Carmen Cristina Wolf, poeta de nombre consagrado y voz presente en la lírica venezolana desde ya tiempo suficiente. No es este el momento de decir nada específico sobre el nuevo poemario en el que hay un ritmo y un manejo certero de la palabra que bien merecen un estudio detallado, una disquisición que se haga en busca de elementos técnicos en la forma, por una parte, y de elementos espirituales en el contenido. Lo que quiero señalar hoy es otra cosa: es que se trata de un caso muy curioso de libros paralelos, y hasta complementarios, como difícilmente puede haber habido en el pasado en un mismo momento y en un mismo espacio geográfico y espiritual. Casos de poemas paralelos hay muchos, como uno del alemán Matthias Claudius:
Oh, es tan oscura la alcoba de la muerte, y otro del español Francisco de Quevedo:
Ya formidable y espantoso suena Son paralelos por el tema, que en ambos casos es la muerte, y porque en ambos hay la intención manifiesta de que el lector participe en la emoción que llevó al poeta a escribir sus versos. Pero se hacen aún más paralelos si escuchamos el poema de Claudius en su idioma original:
Ach, es ist so dunkel in des Todes Kammer que es cuando se entiende que hay un ritmo distinto a la cadencia que da la métrica poética, y que se expresa mediante el tono de los sonidos, más que con la simple forma. Hay también ritmo en la obra de Carmen Cristina Wolf, cuando dice:
Y me nombraste por mi nombre Textos éstos precedidos por una clara alusión bíblica:
Porque salí de ti Lo que es, sin duda, una respuesta en paralelo a los versos del Poema 1 del Canto a la mujer:
Tú estabas allí Así como el tono del Cantar de los Cantares, tan presente en el Canto a la mujer, aparece nítidamente en el Canto al hombre:
Me refugiaré en tu corazón desnudo Y podríamos seguir desgranando paralelismos hasta el infinito, como el mecánico de que ambos libros están compuestos por cuarenta y nueve poemas. Eso se hará a su debido tiempo. Por ahora, basta con señalar que entre ambos libros se establece un diálogo que nunca se termina, y que se puede demostrar con los versos finales del Canto a la mujer:
Y mi carne
Carne y verbo Y del Canto al hombre:
Si tú mueres primero, ¡habita en mí! 1.- Citado por Johannes Pfeiffer, La Poesía, Fondo de Cultura Económica, México, 1954. p. 16. 2.- Francisco de Quevedo y Villegas, Obras Completas en verso, Aguilar S. A. de Ediciones, Madrid, Españo, 1952, p. 487. 3.- Canto al hombre, Poema 4. 4.- Ibidem. 5.- Canto a la mujer, Poema 1. 6.- Canto al hombre, Poema 5. 7.- Canto a la mujer, Poema 49.
8.- Canto al hombre, Poema 49. |
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