Encuentro con una imagen
Vilma E. Petrásh
En ocasión de un acto de reciente data tuve la oportunidad
de toparme con esa extraña mezcla de imagen mesianizada,
show-farándula, gerencia, "mujer ideal", y "nueva
política" que es Irene Sáez. Confieso que experimenté
una cierta incomodidad, pero ante todo un profundo asombro ante
el revuelo que causó su llegada a ese evento; revuelo que
prácticamente congeló por espacio de varios minutos
el ambiente festivo que en ese momento se disfrutaba. Pero no
fue menos incómodo para mi notar los rostros embelesados
y los cuasi-reverenciales saludos con los cuales muchos de los
que se encontraban allí --algunos de ellos connotados representantes
de ese mundo político "obsoleto" si no "decadente"
que tanto fustiga la Señorita Sáez-- recibieron
a la recién llegada alcaldesa y aspirante a la Presidencia.
No obstante, y recordando lo que apenas un día antes había
oído de labios de una extraordinaria dama de la política
venezolana respecto a lo difícil que era tratar de evaluar
críticamente dentro de cualquier ambiente social o profesional
las cualidades, posibilidades y limitaciones de la "misteriosa",
"cándida" y "beatificada" Irene en
su ya inocultable carrera electoral --so riesgo de ser tildado
de "machista" si se es hombre y de "envidiosa"
si se es mujer-- decidí deponer mi incomodidad y mis supuestos
prejuicios (posiblemente derivados, pensé yo, de mi aprisionamiento
conceptual al "viejo paradigma") y cruzar unas pocas
palabras con la mitificada Irene.
La irrealidad de una imagen
Debo confesar, sin embargo, que ese breve contacto me dejó
una intensa sensación de "irrealidad", dada lo
abismalmente distante que me pareció esa imagen-persona.
De hecho, continuó (y continúa) resultándome
extremadamente difícil ver tras su impecable apariencia
--mitad heroína de telenovela y mitad eternizado maniquí,
minuciosamente peinado y maquillado, siempre listo para ser fotografiado--
a una líder de carne y hueso...Es decir, a una líder
que, más allá del efectivo trabajo de expertos en
opinión pública (abocados con sus reiterativas encuestas
a formar o de-formar, con calculada antelación, las preferencias
y opciones políticas de la población votante de
nuestro país), posea las aptitudes y destrezas dirigenciales
requeridas para gobernar a una sociedad tan flagrantemente escindida
como la venezolana. Sensación ésta que veo agudizada
a medida que se acrecienta de manera invasiva la presencia de
Irene en mi cotidianidad, en vista de la casi diaria aparición
de su imagen, susurrante voz, nombre o noticias sobre sus numerosas
actuaciones y "realizaciones" públicas en medios
impresos y audiovisuales, y en eventos tan desordenadamente variados
como ofrendas florales, actos oficiales, inaguraciones, concursos,
ferias, festivales, juegos de pelota, cumbres latinoamericanas,
y aún en sensacionalistas programas hispano-estadounidenses
de noticias, discusión y planteamiento de temas como "Cristina"
y "Ocurrió Así".
Ello sin contar las veces que me he cruzado con su muñeca
en jugueterías, con su foto en las dependencias de su reino-alcaldía,
o con su nombre ya sea en la casa prefabricada que se encuentra
entre Chacao y las Mercedes, en números telefónicos,
o en esos anuncios luminosos que le recuerdan a uno constantemente
que se está en esa suerte de territorio (o enclave) "libre
de marginalidad, delincuencia e ineficiencia" que pretende
ser Chacao.
Debo agregar que mis dudas en torno a la genuina capacidad de
liderazgo de la Señorita Sáez se han visto magnificadas
por las claras evidencias de desesperación política
que han emanado de prestigiosos dirigentes de la tolda verde como
Luis Herrera, Donald Ramírez o Pepe Rodríguez Iturbe,
quienes parecen apoyar la "opción pancalista"
no por sus intrínsecas cualidades y virtudes dirigenciales,
sino por considerarla la "única tabla de salvación
política" de Copei en los comicios de 1998 (denotando
aparentemente con ello una suicida negación a su propia
reserva de liderazgo y su irracional oposición a la entidad
que pudiera constituirse en su aliado histórico en estos
tiempos de crisis política y de la política: AD,
el único partido que, para bien o para mal, ha logrado
mantener cierta coherencia, capacidad y voluntad ductora en el
anarquizado ambiente político nacional).
¿Un estilo escurridizo y beato para un país en
crisis?
Por otra parte, y pese al implacable bombardeo subliminal
al que estamos siendo sometidos los venezolanos como potenciales
electores de la persona que conducirá los destinos de nuestro
país hacia el próximo siglo-milenio, me resulta
además en extremo cuesta arriba dar mi voto de confianza
a una persona que prácticamente se rehusa a discutir públicamente
sus ideas y proyectos post-Chacao. Y más aún porque
incluso en esas limitadísimas oportunidades en que la alcaldesa-candidata
ha concedido entrevistas o emitido declaraciones, ella no ha hecho
más que evidenciar un estilo escurridizo y evasivo que
poco --o en nada-- despeja las interrogantes "duras"
que se le han planteado.
A título de ejemplo cabe aludir a la entrevista que el
pasado domingo 8 de diciembre le hiciera en una tónica
suave y condescendiente el normalmente acusioso e incisivo Marcel
Granier. Entrevista durante la cual, aparte de evitar (¿o
no poder?) responder frontalmente a cualquier pregunta que pudiera
comprometerla, Irene no cesó de repetir un monótono
discurso resumible en cuatro frases: que el "pueblo"(o
la "sociedad civil") está cansado de "retórica"
y sediento de que lo "escuchen" y le respondan con "hechos";
la necesidad de trabajar en equipo; la importancia de inspirar
a ese equipo humano con una impoluta y "firme voluntad de
servicio" y con "sacrificada dedicación"
(de allí la "causa central" de su resiliente
soltería); y su "carácter" y "mano
firme" para "cortarle la cabeza" (expresión
de dudoso credencial democrático) a los que contaminen
su obra-proyecto. En esa muy reciente ocasión en la cual
la alcaldesa nos concedió la gracia ya no de "escucharnos"
sino de que nosotros la "escucharamos", ella también
se esmeró en reiterar a una opinión pública
en su mayoría convencida ab initio y en forma casi
refleja de su candorosa inocencia, que cualquier acusación
o denuncia en su contra sería parte de una conspirativa
campaña de difamación (presuntamente orquestada
por los "villanos"de la vieja política con el
fin de liquidarla políticamente). Pero en ningún
momento intentó (ni tampoco quiso) asumir posiciones frente
a los grandes temas y problemas que hoy por hoy sacuden a este
políticamente atormentado y socialmente fracturado país
nuestro de cada día.
Explicando un fenómeno político y socio-cultural
No obstante, cuesta creer que una pueda estar en lo cierto
cuando se está rodeado de una mayoría de personas
que insisten en ver a Irene Sáez como la más imbatible
y "realista"opción de poder para los comicios
presidenciales de 1998. Yo misma he comentado en privado que la
ex-Miss Universo y hoy "exitosa" alcaldesa es, en mi
opinión, un fenómeno político y socio-cultural.
Un fenómeno a mi modo de ver explicable por factores como
los siguientes: Primero, por ser y encarnar "éxito"
a todo lo largo de su carrera como figura pública --originada
e impulsada por su inolvidable triunfo como producto de la "otra
gran industria de exportación" venezolana-- en un
país cuyo gentilicio ha manifestado tener una muy baja
autoestima colectiva que, según algunos expertos, llega
incluso a identificar a Venezuela con la imagen de una mujer vejada
y ultrajada (ultraje perpetrado, claro está, por los miembros
de la clase política y sus "cómplices"del
ámbito empresarial y financiero). Segundo, por su condición
de mujer y además de "mujer-bella", quien mediante
sus dotes y/o estudiadas poses gerenciales y el uso inteligente
de sus innegables atributos físicos ha desafiado con un
estilo en parte frívolo, en parte serio, al tradicionalmente
masculino y masculinizado mundo de la política. Tercero,
y relacionado con el punto anterior, porque nuestra flamante alcaldesa
se cuida de, y esfuerza en, transmitir un mensaje calculadamente
antipolítico, si no despolizante, de naturaleza positiva
y moralizantemente "transparente" a un público
intoxicado por mensajes políticos centrados en la descalificación
del otro, en ataques y denuncias irresponsables, y en la promoción
de causas particulares por encima de, o en contraposición
a, intereses comunes (independientemente de que ello implique
--o, a veces, actuando conscientemente para-- degradar públicamente
a personas e instituciones cruciales para la permanencia y el
fortalecimiento de cualquier orden democrático). De ese
modo Irene y quienes la emulan y/o siguen, aseguran estar respondiendo
a sectores de opinión cada vez más amplios que prefieren
mensajes y actos positivos/constructivos (e.g., que después
de todo si podemos tener un "comportamiento cívico"
similar al que despliegan los habitantes de países desarrollados).
Pero mensajes y actos cuya credibilidad luce estrechamente ligada
a la fuente que los transmite, razón por la cual son casi
siempre rechazados cuando los mismos provienen de dirigentes que
con su diario decir y quehacer no hacen más que hundirse
en sus propias inconsistencias y contradicciones; y que tienden,
en cambio, a ser aceptados cuando son articulados por "nuevos
líderes", así percibidos y legitimados por
su empeño público en distanciarse de la política
(pese a estarla practicando de manera incesante tras bastidores),
aun cuando para lograrlo deban incurrir en conductas que banalicen,
parodien o ridiculicen las tradicionales cuestiones, roles e instituciones
del "arte de la política".
La "nueva política": un claro desafío
regional
Cabe advertir aquí que en América Latina ya
han logrado triunfar opciones de la "nueva política".
Opciones que van desde la elección y re-elección
presidencial de sus más "moderados" elementos
(v.g., Menen, un aspirante a playboy, quien optó en un
principio por disfrazarse pragmáticamente de pasado para
encumbrarse políticamente; Fujimori, un representante latinoamericano
del autoritarismo blando asiático cuyo neo-despótico
y ya legitimado estilo político parece estar haciendo justicia
al refrán que reza "después de mi el diluvio";
y Cardoso, un ex-ideológo y ex-crítico de la "dependencia
latinoamericana" y hoy flagrante terrateniente en un país
con millones de "hambrientos por tierra" quien, a ritmo
"gradual" --léase proteccionista-- y de cauteloso
desafío al hegemón hemisférico, dice estar
conduciendo a su país por una "mejor y más
justa" ruta hacia el capitalismo democrático), hasta
la elección del ultra-excéntrico Bucaram, por ahora
su más "radical" exponente quien ha farandulizado
a extremos verdaderamente asombrosos la otrora magna imagen de
la presidencia. En lista de espera para ingresar al variado "club"
de líderes de la antipolítica que hoy aspiran a
dominar las altas esferas del poder en nuestra región están,
por supuesto, Mouskos, el cuasi-lunático alcalde de Bogotá
y nuestra más moderada y elegantemente plastificada alcaldesa
de Chacao. Liderazgo, por demás, que pese a predicar hasta
la saciedad su devoción a una desclientelizada sociedad
civil, es simultáneamente promotor y producto de un peligroso
proceso de despolitización. Sobre todo por cuanto con su
permanente discurso fustigante contra los llamados "políticos
tradicionales" no hacen más que reforzar el rechazo
público a los individuos que por una intrincada mezcla
de motivos se dedican al demandante oficio de "hacer política"
en el marco de una división del trabajo entre quienes desean
gobernar y quienes ni queremos, ni tenemos tiempo para hacerlo
(aunque participemos políticamente cuando nos conviene
o apetece), pero continuamos requiriendo de personas que realicen
el riesgoso y en ocasiones ingrato trabajo de mantener la gobernabilidad
a fin de que podamos día a día realizar nuestros
fines e intereses particulares, grupales y/o societales.
|

|