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Revista Electrónica Bilingüe       Nº 12     Febrero 1997

Titular Política Interna
Encuentro con una imagen
Vilma E. Petrásh

En ocasión de un acto de reciente data tuve la oportunidad de toparme con esa extraña mezcla de imagen mesianizada, show-farándula, gerencia, "mujer ideal", y "nueva política" que es Irene Sáez. Confieso que experimenté una cierta incomodidad, pero ante todo un profundo asombro ante el revuelo que causó su llegada a ese evento; revuelo que prácticamente congeló por espacio de varios minutos el ambiente festivo que en ese momento se disfrutaba. Pero no fue menos incómodo para mi notar los rostros embelesados y los cuasi-reverenciales saludos con los cuales muchos de los que se encontraban allí --algunos de ellos connotados representantes de ese mundo político "obsoleto" si no "decadente" que tanto fustiga la Señorita Sáez-- recibieron a la recién llegada alcaldesa y aspirante a la Presidencia.

No obstante, y recordando lo que apenas un día antes había oído de labios de una extraordinaria dama de la política venezolana respecto a lo difícil que era tratar de evaluar críticamente dentro de cualquier ambiente social o profesional las cualidades, posibilidades y limitaciones de la "misteriosa", "cándida" y "beatificada" Irene en su ya inocultable carrera electoral --so riesgo de ser tildado de "machista" si se es hombre y de "envidiosa" si se es mujer-- decidí deponer mi incomodidad y mis supuestos prejuicios (posiblemente derivados, pensé yo, de mi aprisionamiento conceptual al "viejo paradigma") y cruzar unas pocas palabras con la mitificada Irene.

La irrealidad de una imagen
Debo confesar, sin embargo, que ese breve contacto me dejó una intensa sensación de "irrealidad", dada lo abismalmente distante que me pareció esa imagen-persona. De hecho, continuó (y continúa) resultándome extremadamente difícil ver tras su impecable apariencia --mitad heroína de telenovela y mitad eternizado maniquí, minuciosamente peinado y maquillado, siempre listo para ser fotografiado-- a una líder de carne y hueso...Es decir, a una líder que, más allá del efectivo trabajo de expertos en opinión pública (abocados con sus reiterativas encuestas a formar o de-formar, con calculada antelación, las preferencias y opciones políticas de la población votante de nuestro país), posea las aptitudes y destrezas dirigenciales requeridas para gobernar a una sociedad tan flagrantemente escindida como la venezolana. Sensación ésta que veo agudizada a medida que se acrecienta de manera invasiva la presencia de Irene en mi cotidianidad, en vista de la casi diaria aparición de su imagen, susurrante voz, nombre o noticias sobre sus numerosas actuaciones y "realizaciones" públicas en medios impresos y audiovisuales, y en eventos tan desordenadamente variados como ofrendas florales, actos oficiales, inaguraciones, concursos, ferias, festivales, juegos de pelota, cumbres latinoamericanas, y aún en sensacionalistas programas hispano-estadounidenses de noticias, discusión y planteamiento de temas como "Cristina" y "Ocurrió Así".

Ello sin contar las veces que me he cruzado con su muñeca en jugueterías, con su foto en las dependencias de su reino-alcaldía, o con su nombre ya sea en la casa prefabricada que se encuentra entre Chacao y las Mercedes, en números telefónicos, o en esos anuncios luminosos que le recuerdan a uno constantemente que se está en esa suerte de territorio (o enclave) "libre de marginalidad, delincuencia e ineficiencia" que pretende ser Chacao.

Debo agregar que mis dudas en torno a la genuina capacidad de liderazgo de la Señorita Sáez se han visto magnificadas por las claras evidencias de desesperación política que han emanado de prestigiosos dirigentes de la tolda verde como Luis Herrera, Donald Ramírez o Pepe Rodríguez Iturbe, quienes parecen apoyar la "opción pancalista" no por sus intrínsecas cualidades y virtudes dirigenciales, sino por considerarla la "única tabla de salvación política" de Copei en los comicios de 1998 (denotando aparentemente con ello una suicida negación a su propia reserva de liderazgo y su irracional oposición a la entidad que pudiera constituirse en su aliado histórico en estos tiempos de crisis política y de la política: AD, el único partido que, para bien o para mal, ha logrado mantener cierta coherencia, capacidad y voluntad ductora en el anarquizado ambiente político nacional).

¿Un estilo escurridizo y beato para un país en crisis?
Por otra parte, y pese al implacable bombardeo subliminal al que estamos siendo sometidos los venezolanos como potenciales electores de la persona que conducirá los destinos de nuestro país hacia el próximo siglo-milenio, me resulta además en extremo cuesta arriba dar mi voto de confianza a una persona que prácticamente se rehusa a discutir públicamente sus ideas y proyectos post-Chacao. Y más aún porque incluso en esas limitadísimas oportunidades en que la alcaldesa-candidata ha concedido entrevistas o emitido declaraciones, ella no ha hecho más que evidenciar un estilo escurridizo y evasivo que poco --o en nada-- despeja las interrogantes "duras" que se le han planteado.

A título de ejemplo cabe aludir a la entrevista que el pasado domingo 8 de diciembre le hiciera en una tónica suave y condescendiente el normalmente acusioso e incisivo Marcel Granier. Entrevista durante la cual, aparte de evitar (¿o no poder?) responder frontalmente a cualquier pregunta que pudiera comprometerla, Irene no cesó de repetir un monótono discurso resumible en cuatro frases: que el "pueblo"(o la "sociedad civil") está cansado de "retórica" y sediento de que lo "escuchen" y le respondan con "hechos"; la necesidad de trabajar en equipo; la importancia de inspirar a ese equipo humano con una impoluta y "firme voluntad de servicio" y con "sacrificada dedicación" (de allí la "causa central" de su resiliente soltería); y su "carácter" y "mano firme" para "cortarle la cabeza" (expresión de dudoso credencial democrático) a los que contaminen su obra-proyecto. En esa muy reciente ocasión en la cual la alcaldesa nos concedió la gracia ya no de "escucharnos" sino de que nosotros la "escucharamos", ella también se esmeró en reiterar a una opinión pública en su mayoría convencida ab initio y en forma casi refleja de su candorosa inocencia, que cualquier acusación o denuncia en su contra sería parte de una conspirativa campaña de difamación (presuntamente orquestada por los "villanos"de la vieja política con el fin de liquidarla políticamente). Pero en ningún momento intentó (ni tampoco quiso) asumir posiciones frente a los grandes temas y problemas que hoy por hoy sacuden a este políticamente atormentado y socialmente fracturado país nuestro de cada día.

Explicando un fenómeno político y socio-cultural
No obstante, cuesta creer que una pueda estar en lo cierto cuando se está rodeado de una mayoría de personas que insisten en ver a Irene Sáez como la más imbatible y "realista"opción de poder para los comicios presidenciales de 1998. Yo misma he comentado en privado que la ex-Miss Universo y hoy "exitosa" alcaldesa es, en mi opinión, un fenómeno político y socio-cultural. Un fenómeno a mi modo de ver explicable por factores como los siguientes: Primero, por ser y encarnar "éxito" a todo lo largo de su carrera como figura pública --originada e impulsada por su inolvidable triunfo como producto de la "otra gran industria de exportación" venezolana-- en un país cuyo gentilicio ha manifestado tener una muy baja autoestima colectiva que, según algunos expertos, llega incluso a identificar a Venezuela con la imagen de una mujer vejada y ultrajada (ultraje perpetrado, claro está, por los miembros de la clase política y sus "cómplices"del ámbito empresarial y financiero). Segundo, por su condición de mujer y además de "mujer-bella", quien mediante sus dotes y/o estudiadas poses gerenciales y el uso inteligente de sus innegables atributos físicos ha desafiado con un estilo en parte frívolo, en parte serio, al tradicionalmente masculino y masculinizado mundo de la política. Tercero, y relacionado con el punto anterior, porque nuestra flamante alcaldesa se cuida de, y esfuerza en, transmitir un mensaje calculadamente antipolítico, si no despolizante, de naturaleza positiva y moralizantemente "transparente" a un público intoxicado por mensajes políticos centrados en la descalificación del otro, en ataques y denuncias irresponsables, y en la promoción de causas particulares por encima de, o en contraposición a, intereses comunes (independientemente de que ello implique --o, a veces, actuando conscientemente para-- degradar públicamente a personas e instituciones cruciales para la permanencia y el fortalecimiento de cualquier orden democrático). De ese modo Irene y quienes la emulan y/o siguen, aseguran estar respondiendo a sectores de opinión cada vez más amplios que prefieren mensajes y actos positivos/constructivos (e.g., que después de todo si podemos tener un "comportamiento cívico" similar al que despliegan los habitantes de países desarrollados). Pero mensajes y actos cuya credibilidad luce estrechamente ligada a la fuente que los transmite, razón por la cual son casi siempre rechazados cuando los mismos provienen de dirigentes que con su diario decir y quehacer no hacen más que hundirse en sus propias inconsistencias y contradicciones; y que tienden, en cambio, a ser aceptados cuando son articulados por "nuevos líderes", así percibidos y legitimados por su empeño público en distanciarse de la política (pese a estarla practicando de manera incesante tras bastidores), aun cuando para lograrlo deban incurrir en conductas que banalicen, parodien o ridiculicen las tradicionales cuestiones, roles e instituciones del "arte de la política".

La "nueva política": un claro desafío regional
Cabe advertir aquí que en América Latina ya han logrado triunfar opciones de la "nueva política". Opciones que van desde la elección y re-elección presidencial de sus más "moderados" elementos (v.g., Menen, un aspirante a playboy, quien optó en un principio por disfrazarse pragmáticamente de pasado para encumbrarse políticamente; Fujimori, un representante latinoamericano del autoritarismo blando asiático cuyo neo-despótico y ya legitimado estilo político parece estar haciendo justicia al refrán que reza "después de mi el diluvio"; y Cardoso, un ex-ideológo y ex-crítico de la "dependencia latinoamericana" y hoy flagrante terrateniente en un país con millones de "hambrientos por tierra" quien, a ritmo "gradual" --léase proteccionista-- y de cauteloso desafío al hegemón hemisférico, dice estar conduciendo a su país por una "mejor y más justa" ruta hacia el capitalismo democrático), hasta la elección del ultra-excéntrico Bucaram, por ahora su más "radical" exponente quien ha farandulizado a extremos verdaderamente asombrosos la otrora magna imagen de la presidencia. En lista de espera para ingresar al variado "club" de líderes de la antipolítica que hoy aspiran a dominar las altas esferas del poder en nuestra región están, por supuesto, Mouskos, el cuasi-lunático alcalde de Bogotá y nuestra más moderada y elegantemente plastificada alcaldesa de Chacao. Liderazgo, por demás, que pese a predicar hasta la saciedad su devoción a una desclientelizada sociedad civil, es simultáneamente promotor y producto de un peligroso proceso de despolitización. Sobre todo por cuanto con su permanente discurso fustigante contra los llamados "políticos tradicionales" no hacen más que reforzar el rechazo público a los individuos que por una intrincada mezcla de motivos se dedican al demandante oficio de "hacer política" en el marco de una división del trabajo entre quienes desean gobernar y quienes ni queremos, ni tenemos tiempo para hacerlo (aunque participemos políticamente cuando nos conviene o apetece), pero continuamos requiriendo de personas que realicen el riesgoso y en ocasiones ingrato trabajo de mantener la gobernabilidad a fin de que podamos día a día realizar nuestros fines e intereses particulares, grupales y/o societales.


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