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Revista Electrónica Bilingüe       Nº 12     Febrero 1997

Esta semana
Venezuela: modelo de caos
Carlos Ball*

MIAMI (AIPE).- En Venezuela pasa lo inconcebible: el presidente Rafael Caldera en apenas tres años ha conseguido que los venezolanos echen de menos los tiempos de Carlos Andrés Pérez, el primer presidente de nuestra historia judicialmente depuesto por corrupción.

Cuando Caldera regresó por segunda vez al Palacio de Miraflores no lo hizo al frente del partido socialcristiano por él fundado sino como líder de una coalición de micro partidos de extrema izquierda, que vieron en el octogenario la manera de alcanzar el tan deseado poder, en lo cual habían fracasado una y otra vez tanto por la vía guerrillera durante los años 60 como electoralmente. Siempre fueron derrotados porque sus consignas populistas, socialistas y estatistas eran rápidamente asumidas por las administraciones socialdemócratas de Acción Democrática (Betancourt, Leoni, Pérez y Lusinchi), igual que por las socialcristianas de Copei (Caldera y Herrera Campins).

El creciente estatismo venezolano fue financiado con tan inmensos recursos petroleros que nuestros políticos se llegaron a convencer que podían violar impunemente todos los principios económicos. Venezuela, de haber sido en los años 50 y 60 un mayor exportador que Hong Kong, Taiwan o Singapur, con una lista de inversionistas extranjeros que incluía a la mayoría de las 100 empresas más grandes de la revista Fortune, procedió a aplicar el "Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano" bajo los auspicios de la Cepal, el Pacto Andino y demás genios de la burocracia supranacional, lo cual culminó el 1° de enero de 1976 con un Carlos Andrés Pérez disfrazado de Simón Bolívar con largas patillas, expropiando a las empresas petroleras internacionales, las que no sólo habían puesto a Venezuela en el mapa económico sino que habían servido de escuela y de modelo a los empresarios nacionales.

Desde entonces todo ha ido cuesta abajo. No porque los venezolanos seamos incapaces de funcionar eficientemente sin gringos bombeando petróleo, ingleses haciendo que los teléfonos y ferrocarriles funcionen, alemanes exportando café y cacao o franceses produciendo medicinas y enseñando a los médicos. La razón fue el radical cambio cultural impuesto políticamente: lo bueno, lo patriota, lo que beneficia al pueblo es la labor gubernamental. Los venezolanos ya no serían explotados por el vil extranjero que se lleva nuestras riquezas, por lo que entonces habría suficiente para todos, sin mayor esfuerzo personal, bajo una más justa distribución, siempre y cuando votáramos por AD o Copei.

Lo más triste es que no hubo oposición seria a la socialización de Venezuela. En 1963, recién graduado de la universidad, escribí en el desaparecido diario La Esfera de Caracas que apoyaba la candidatura presidencial de Arturo Uslar Pietri porque era el único candidato que creía en un gobierno limitado, en el principio jeffersoniano de que "el mejor gobierno es el menor gobierno". Al día siguiente, el Dr. Uslar, ese icono venezolano, firmante de la Constitución socialista de 1961, me desmintió públicamente.

Tres años más tarde, un pequeño grupo de liberales fundábamos el diario La Verdad para combatir las ideas difundidas por periodistas egresados de escuelas marxistas. Entonces, los radicales que luchaban contra la sabiduría convencional éramos los que creíamos fervientemente en el mercado, la libertad individual, la propiedad privada y el imperio de la ley.

Recuerdo que a la mayoría de los grandes empresarios venezolanos les daba miedo anunciar en nuestro periódico. Las excepciones eran la Electricidad de Caracas y el Grupo Diego Cisneros. Los ejecutivos extranjeros estaban más conscientes de lo que se nos venía encima y empresas como National City Bank y Sears nos apoyaban con publicidad.

En realidad, el sector empresarial ha sido cómplice de los políticos en la destrucción de Venezuela, empeñados en vender la soga con que los ahorcarían. Cuando Caldera, en su primer gobierno, redujo a 20% la inversión extranjera en la banca y expropió las empresas extranjeras de energía eléctrica, contó con el apoyo masivo del empresariado que aplaudía una menor competencia. Luego, cuando Pérez expropió a US Steel, Bethlehem Steel y a las petroleras, los líderes empresariales de entonces cantaron a su lado, a viva voz, el himno nacional. Con razón los políticos le perdieron el respeto a esos empresarios sin ideología capitalista, quienes se dejaban comprar con las pocas migajas que caían de la mesa de los nuevos dueños de Venezuela. El resultado es el actual modelo socialista/corporativista/mercantilista que ahora llega al filo del precipicio, tras 30 años de populismo barato, criminal derroche y obscena corrupción.

Hoy, los bárbaros abatiendo las murallas del empobrecido imperio no son ningunos neoliberales sino los gremios médicos y de maestros que han sufrido la destrucción de sus ingresos por una inflación anual de 103%, avivada por un presidente del Banco Central que es el "yes-man" de Caldera. Los huelguistas, 21.000 médicos que trabajan para el gobierno y 40.000 profesores de las 17 universidades públicas, ganan menos de $200 al mes. Qué ironía; se trata de gremios y sindicatos que siempre habían sido los consentidos. Es que hoy, la clase media venezolana se ha contraído a menos del 10% de la población. Esa clase media que se había acostumbrado a llevar a sus hijos todos los años a Disney World, ahora no tiene suficiente para comer completo, mientras el gobierno prohibe la importación de leche porque esos bandidos extranjeros nos la venden demasiado barata.

La otra gran ironía es que el ex guerrillero ministro de Planificación, Teodoro Petkoff, contesta las críticas a las ventas de empresas estatales a grupos extranjeros diciendo que el capitalismo de estado ha sido un árbol tan frondoso en Venezuela que bajo su sombra no pudo crecer la empresa privada, por lo cual los venezolanos- a lo contrario de chilenos, argentinos y mexicanos- no tienen con qué comprarlas. Petkoff, candidato presidencial aparente del Partido Movimiento al Socialismo (MAS), de esa manera señala el origen del caos y acepta implícitamente el fracaso del sistema socialista venezolano.


* Periodista venezolano, director de la agencia de prensa AIPE.
E-mail: Ball.AIPE@worldnet.att.net
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