Barra Esta Semana

Revista Electrónica Bilingüe       Nº 13     Marzo 1997

Esta semana
Los intangibles de la investigación y del desarrollo industrial
Rafael Rangel Aldao

Muchas empresas se dan cuenta de las ventajas de la nvestigación y desarrollo (I+D) cuando ya es tarde. Así ocurrió con la industria farmacéutica brasileña de los años cincuenta que no creyó en la sustitución tecnológica de la extradicción de medicamentos por la síntesis química. El resultado fue la pérdida total del mercado que una vez dominó. Igual sucedió con las grandes empresas multinacionales de la industria química y farmacéutica, que durante veinte años no creyeron en las bondades de la biotecnología moderna; y luego ante la amenaza de perder el monopolio por el vencimiento de sus principales patentes correspondientes a 25 megaproductos con ventas totales de 5.000 millones de dólares, tuvieron que adquirir empresas biotenológicas a precios astronómicos.

En esa lista figuran prácticamente el who is who de la industria, entre ellas Hoffmann-La Roche, Ciba-Geigy, Monsato y Hoechst, con sus adquisiciones multimillonarias de Genentech, Chiron, Calgene, y Plant Genetic Systems, respectivamente.

Esas empresas biotenológicas que se formaron hace apenas veinte o quince años con limitadas inversiones iniciales de capitales de riesgo, durante mucho tiempo no eran más que promesas pero representan hoy la respuesta moderna a los medicamentos y los alimentos del futuro, que evidentemente reemplazan a las drogas y cultivos convencionales. de acuerdo al más reciente informe de Ernst & Young, la industria biotecnológica que a principios de los noventa tenía menos de una decena de productos, sólo el año pasado produjo ventas consolidadas de 10.800 millones de dólares con 80 biofarmacéuticos en el mercado y otros trescientos más en su fase final de aprobación.

Pero el ritmo de los cambios es cada vez más acelerado, y lo que le tomó a los dinosaurios farmacéuticos veinte años para visualizar, ahora se acorta a un lustro con el advenimiento de la genómica (no cometen el mismo error dos veces...)

La genómica, rama científica-tecnológica a la que poca gente dio crédito a comienzos de los noventa, se ocupa de estudiar o modificar los caracteres genéticos de un individuo para dar origen a una nueva medicina molecular que será capaz de no solo curar sino de prevenir enfermedades que podrían aparecer mucho tiempo después en la vida de cada quien. Bueno, esta vez las grandes empresas farmacéuticas apartaron su miopía de los años setenta y ochenta, y solo el año pasado manifestaron su visión de lo intangible con el desembolso de casi mil millones de dólares en asociaciones estratégicas con las ìboutiquesî genómicas que hay en el mercado (Ernst & Young, Biotech 97). En forma paralela a la genómica ha salido la Bioinformática, otra ìhijaî de la biotecnología, que usa supercomputadoras para ordenar los datos genómicos y así crear este revolucionario tipo de conocimientos sobre enfermedades futuras. Aquí también se produjeron en 1996 fuertes inversiones del orden de los setecientos millones de dólares en empresas con nombres tales como Incyte Pharmaceuticals, Millenium Pharmaceuticals, y Human Genome Sciences, entre otras. ¿Quiénes fueron los inversionistas? Naturalmente, Abbot, Lilly, Takeda, Pfizer, Schering, y BASF; o sea, Estados Unidos, Japón y Alemania.

Este panorama no se limita a las empresas fuertemente tecnológicas como las químico-farmacéuticas de los países desarrollados, sino a las más conservadoras como las del sector de alimentos y de países en desarrollo. Por ejemplo, en enero del año pasado una compañía mexicana de la agroindustria. Empresas La Moderna, S.A., compró el 70% de DNA Plant Technology para asegurarse un espacio en la explotación agrícola biotecnológica. A esta adquisición siguieron otras del sector alimentario donde los grandes compradores fueron DowElanco, y Monsanto. Aquí en Venezuela, nuestra gran industria petrolera dedicó millones de dólares y años de I+D en el logro de alternativas energéticas como la orímulsión, y es ahora cuando lo que antes fue intangible se transforma en una nueva fuente de riquezas y empleos. ¿Porqué se invierte tanto en tecnologías cuyos resultados en gran parte no se ven? Porque, como dicen por ahí, ìel futuro no es como antesî.

Las empresas ancladas al presente solo ven la realidad como algo inmutable, y totalmente predecible por su historia reciente. Es decir, creen que si son importantes o dominantes es para siempre, bien sea por el conocimiento que tienen del mercado, la calidad actual de sus productos o el poder financiero que poseen o tienen acceso. La realidad es otra, como hemos visto con gigantes de la talla de IBM, Apple, NCR, la industria de la televisión y la automotriz estadounidense, la relojería suiza, y la óptica alemana, entre otras.

Sin ir muy lejos, la historia reciente de nuestro propio continente denota la desaparición de todo tipo de empresas, pequeñas, medianas, y hasta muy grandes que no se actualizaron tecnológicamente, o modernizaron sus productos para hacerlos competitivos. Para ellos la importancia ìintangibleî de la I+D fue demasiado tarde para comprenderla.

En esta etapa de apertura económica que se abre a Venezuela, el nuevo Estado promotor que tímidamente se asoma al horizonte debe tomar en cuenta esas realidades para crear un entorno propicio, legal, fiscal, tecnológico, y financiero, que facilite a las empresas nacionales la oportunidad de tomar oportunamente el tren de la I+D en su adaptación a mercados cada vez más competitivos y exigentes. Ojalá que la mayoría de nuestros empresarios también sí lo entiendan.

Espacio dispoible


Barra Inferior

[Editorial] [Contenido] [Esta Semana] [English] [Política Exterior] [Política Interna] [Economía y Petróleo]
[Siglo XXI] [Sociedad] [Ciencia y Tecnología] [Artes y Placeres]


Copyright Venezuela Analitica