Revista Electrónica Bilingüe Nº 13 Marzo 1997 |
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Cultura, determinismo económico y la confusión
del mapa con el territorio
Luis Emilio Bruni Mondolfi Siempre que hay un pensamiento, percepción, ó comunicación sobre la percepción de algo, se produce una transformación y/o codificación entre la cosa comunicada y su comunicación. Este principio ha sido ejemplificado eficazmente con la famosa metáfora del filósofo Alfred Korzybski que simplemente dice "el mapa no es el territorio". (1) En muchas ramas del saber se puede caer en una confusión del mapa con el territorio por considerar que las reglas para trazar el mapa son inmanentes a la naturaleza de lo que viene representado. Las ciencias económicas no están exceptuadas de esta vulnerabilidad. Esto podría intuirse a través de la pregunta que nos formula el economista italiano Giorgio Fuá: "¿Hasta que punto está justificado el uso común de referirse al nivel del producto interno bruto (PIB) como indicador del nivel de bienestar del que disfruta la población?. Aparte de la dificultad de ponerse de acuerdo sobre una definición de bienestar - concepto seductor pero elusivo - surgen inmediatamente muchas razones para excluir que a cada diferencia del PIB tenga que corresponder siempre y necesariamente una diferencia de igual magnitud de bienestar." (2) Los instrumentos financieros son instrumentos simbólicos que representan relaciones de intercambio en un universo llamado mercado, constituido por seres humanos, productos y servicios. Algunos indicadores financieros se alejan de la realidad del territorio que representan por ser vulnerables a aspectos psicológicos que son alterables por rumores, datos, contrainformación, campañas, encuestas y en fin, por el manejo de información privilegiada. Por esto es posible que en las economías tecnológicamente interconectadas podría suceder que un movimiento especulativo en la bolsa de Hong Kong genere la caída de una divisa en Europa o una ola de desempleo en Burundi. La economía como ciencia debería enfocar un poco más en profundidad el concepto de "bienestar". No limitarse a tratarlo solo como una variable numérica. Para abordar esta tarea en un ámbito interdisciplinario sería recomendable que la economía se relacionara también con ciencias de tipo biológico y no sólo exclusivamente con aquellas de tipo físico. De no hacerso esto, en economía la palabra "bienestar" podría ser sustituible por cualquier unidad monetaria. Cuando tendemos a representar las variables del desarrollo y de la riqueza en unidades monetarias, ignoramos las causas primarias del subdesarrollo y de la pobreza: deficiencias de educación, organización y disciplina cívica. (3) Los números de la macroeconomía y de la finanzas poco pueden hacer para mejorar la educación, la organización y la disciplina en el carácter nacional de un país. Estos indicadores macroeconómicos se pueden hacer crecer "sostenidamente" mientras la tasa de educación y organización cívica nacional decrece, a veces incluso insosteniblemente. No podemos hacernos ilusiones de que podemos adquirir nuestro desarrollo exclusivamente con auxilios financieros. Tendemos a pensar en el desarrollo en términos de adquisición cuando deberíamos pensar más bien en términos de evolución. Puede ser muy útil mejorar las estadísticas disponibles introduciendo nuevas variables y haciéndolas siempre más analíticas. Así como puede ser útil el empleo de estadísticas no monetarias, particularmente si se trata de servicios que no tienen un precio efectivo en el mercado, como por ejemplo la producción de servicios educativos. Pero no podemos olvidar que los números no son el territorio, como tampoco podemos ignorar los aspectos cualitativos, cayendo en la tentación de combinar las medidas de cada uno de los aspectos individuales en un pretendido indicador sintético, como sería la "cantidad de producto educativo obtenido". El Banco Mundial está desarrollando un nuevo sistema de medición para calcular y jerarquizar la riqueza de los países. Dicho sistema contempla la ponderación de tres variables: Capital Natural (recursos naturales del país, tierra, agua, madera, minerales, hidrocarburos), Capital Productivo (sus inversiones de capital, bienes producidos, maquinaria, fabricas, infraestructura) y Recursos Humanos (la productividad de sus ciudadanos, la enseñanza, la atención a la salud, la organización) en lugar de considerar únicamente el PIB y sus derivados. Este sistema, aún en experimentación, categoriza a los países del mundo de la siguiente manera:
A los recursos humanos de un país vendría dado el mayor peso específico en el cálculo de la riqueza. De esta manera países que tienen su más alto valor asignado a las materias primas son considerados los más pobres, mientras que los que tienen su más alto valor asignado a la forma en que se utiliza la riqueza natural serían los mas ricos. Pero si se utilizan unidades monetarias para homologar las variables sugeridas por el nuevo método del Banco Mundial, por lo menos las inversiones de capital y la productividad de los ciudadanos seguirían siendo derivadas tautológicas del PIB. Puede parecer paradójico que la riqueza esté constituida por la forma en que se manejan los recursos y no por los recursos en si, pudiendo darse el caso de países que son considerados ricos sin contar con grandes recursos naturales y viceversa. Pero esto se evidencia en un país como Venezuela. La poca riqueza que nos viene atribuida no es por la componente "recursos humanos" sino por nuestra majestuosa riqueza natural. Esa "forma" de manejar los recursos, ese "know how" del recurso humano depende de la educación, de la atención a la salud, de la organización, de la conciencia cívica, de la auto estima, es decir depende de la cultura. ¿Como vamos a utilizar las materias primas y la infraestructura que tenemos?. ¿Como vamos a proteger y optimizar nuestros recursos naturales para transformarlos en verdadero bienestar para el futuro? ¿Que valor monetario se le puede asignar al agua o a la biodiversidad? ¿Como vamos a concebir la sustentabilidad de nuestro desarrollo? He aquí la rentabilidad de la cultura como recurso estratégico y su importancia como locomotora de la educación. Solo expandiendo nuestros horizontes culturales podremos enfrentar nuestros problemas con creatividad y originalidad, liberarnos de prisiones tautológicas y proponer nuevos paradigmas que partan de nuestra especificidad. No hay solo cultura de masas y cultura elitesca. Entre la base de la pirámide y el vértice hay toda una gama de niveles de cultura diferentes que deben ser considerados. Todos deben existir. No todos podemos ni debemos ser un Confucio pero tampoco no todos podemos ni debemos ser un "couch-potato". Es un problema de proporciones. Creo que la educación deba ser el instrumento para mejorar la cultura de masas, y al mismo tiempo se debe invertir en la sofisticación y refinación de la cultura elitesca en todas sus manifestaciones (científica, artística y académica) para constituir el corazón de la locomotora que arrastre a nuestra educación, en el sentido más amplio de la palabra y no solo como entrenamiento para una determinada habilidad laboral. Hay que decir también que la inversión en cultura no la debe hacer solo el estado. La debemos hacer todos y cada uno de nosotros. Los que trabajan directamente en cultura (ciencia, arte, mundo académico y editorial) aportando desinteresadamente el máximo de su vocación; los estudiantes universitarios soportando las conocidas carencias de infraestructura y acatando el dicho de que no es solo la universidad la que hace al estudiante sino el estudiante mismo el que hace a la universidad; el sector privado preocupándose de invertir en la educación y en la cultura del entorno en el cual existe, los padres y representantes y en general todos los sectores e individuos de todos los niveles sociales que deben pensar siempre en su mejoramiento cultural y en estimular el de los que están a su alrededor. Solo así podrá evolucionar un sentido cívico colectivo. Tenemos que estar muy atentos al porcentaje de los recursos asignados a los programas sociales en los futuros prestamos e ingresos del país. Pero debemos estar mucho más atentos a como vamos a utilizarlos. Por ejemplo desde 1995 contamos con una cartera de prestamos para programas sociales financiados por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo que sumarán 3300 millones de dólares en un plazo de 4 años. ¿Qué vamos a hacer con la ayuda destinada a los barrios repartida, me imagino, en infraestructura, educación y sanidad? ¿Cómo están interconectados estos tres aspectos? ¿Cómo afrontar el problema ecológico e ingenieril que es la proliferación de barrios en condiciones de hacinamiento e insalubridad alrededor de las ciudades e incluso en ciertas zonas rurales? ¿Qué programas de educación, auto mejoramiento y sanidad se podrían diseñar y ejecutar, y por quién? ¿Estamos realmente convencidos de que el problema de los barrios es solucionable? u ¿obraremos por obrar?. Las soluciones deberían ser sumamente creativas para poder ser incisivas, y se debería comenzar inmediatamente por la prevención de la proliferación del fenómeno. Se dice que en los países desarrollados (económicamente) se podrían contar tres categorías de personas: una élite internacionalizada, los marginados del bienestar y los que deben hacer de muro de contención a los marginados (educadores, trabajadores sociales y sanitarios, organismos de seguridad y justicia). En estos países la élite internacionalizada (no necesariamente a nivel cultural, pero si a un nivel de consumo moderno) usufructuarios del "bienestar", podría decirse paradójicamente que es una "élite de masas" ya que constituye la mayoría de los individuos. Los contenedores de la marginalidad es la segunda categoría más numerosa, seguida por los marginados, la categoría menos numerosa. En los países subdesarrollados varían las proporciones así como las modalidades y niveles de bienestar. La élite usufructuaria del "bienestar" internacionalizado es realmente una élite, los marginados son una abrumante mayoría y los contenedores de la marginalidad son una categoría de frontera que tiende a anexarse a la de los marginados. Refiere Eduardo Galeano en un artículo, que la señora Gro Harlem Bruntland, jefe de gobierno de Noruega, afirmó que para que toda la población del mundo alcanzara la modalidad y el nivel de "bienestar" de la mayoría de los habitantes de los países desarrollados se necesitarían por lo menos diez planetas Tierra. Esta es una útil metáfora o "mapización" de la situación para darnos una clara idea de las proporciones. Este tipo de razonamiento nos lleva a reflexionar sobre modelos de desarrollo sustentable como alternativa a los tradicionales enfoques de desarrollo económico sostenido. En otro nivel, utilizando esta categorización aplicada al conjunto de naciones del mundo, observamos que los países que tienen como mayoría la "élite" inserta en el "bienestar" son la categoría minoritaria, mientras que los países que tienen como mayoría a los marginados de esa modalidad y nivel de "bienestar" son la categoría mayoritaria. La tercera categoría, la de los contenedores de la marginalidad no sería una categoría de países si no que podría más bien corresponder a las organizaciones internacionales. Hay quienes piensan que en el mundo hay una tendencia de desnacionalización de los estados. Es presumible que mientras más débil sea un estado y su sociedad, más fácil es desnacionalizarlo y viceversa. Bajo esta visión se estaría configurando un proceso de privatización que teóricamente debería llegar a los mecanismos de redistribución social y de los servicios educativos, sanitarios, sociales y hasta de seguridad y justicia. Las privatizaciones y concesiones indiscriminadas, apresuradas o desventajosas, pueden ser un reconocimiento tácito de la falta de capacidad, productividad, sentido cívico o autoestima de un país. Esta tendencia podría manifestarse al nivel del conjunto de naciones, con la desaparición de muchos organismos internacionales (incluso la ONU o gran parte de sus organismos con crisis financieras) quedando solo algunas organizaciones no gubernamentales para contener el malestar en incubación de los países con mayorías marginadas. La escena internacional tendería a ser gobernada por organismos financieros internacionales que mediarían entre las instituciones financieras públicas y privadas de los diferentes países. También jugarían un papel importante en esta reordenación mundial los acuerdos y tratados regionales de comercio, los carteles, grupos de países asociados en bloques económicos y organizaciones internacionales abocadas a la mediación de conflictos económicos entre bloques y países individuales. Como moverse en este escenario internacional, dominado por las relaciones comerciales y las inversiones de capital, sin dejarse absorber por el determinismo económico en el plano nacional, que es en definitiva lo que puede ayudar a un país a superar el círculo vicioso de la pobreza, es un reto que requiere de una inteligencia y de una astucia muy sutil, y sobre todo de un claro reconocimiento del valor de la cultura como recurso estratégico. Notas:
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