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Revista Electrónica Bilingüe       Nº 13     Marzo 1997

Titular Política Externa
Se busca un enemigo:
visión introspectiva de una relación bilateral
Eira Ramos Martinó*

Resulta molesto, y en ocasiones hasta irritante, escuchar y leer declaraciones de políticos, funcionarios gubernamentales y representantes de ciertos sectores de la sociedad que recurren a un lenguaje con marcado tinte proselitista, y demostrativo de una forma en decadencia de hacer política, para referirse a los últimos acontecimientos que han tenido lugar en algunos puntos de los 2.000 kilómetros de línea fronteriza, propiciando la creación de un ambiente tenso, cargado y enrarecido que dificulta la percepción real e integral de los hechos, invocando la dignidad simbólica de unos cuantos y un concepto de soberanía trasnochado de otros tantos, generando con ello una distorsionada matriz de opinión que puede eventualmente influir a la hora de escoger entre una variada gama de alternativas de política exterior.

Ese lenguaje utilizado, así como el tratamiento que pretende dársele a la eclosión coyuntural de un problema de tipo estructural, evidencian un casi total desconocimiento de la complejidad y turbulencia del mundo finisecular que se desenvuelve dialécticamente entre relaciones de globalización y exclusión, de recomposición y fragmentación y de mundialización y localización, y en cuyo aún incierto desarrollo están llegando a formularse conceptos como "tendencias fragmegrativas" y "cuestiones intermésticas". También acusa ese tipo de lenguaje una aguda ausencia de conocimiento de la realidad política, económica social e internacional del respectivo interlocutor, sea Colombia o Venezuela.

Ambas Cancillerías, pero sobre todo la venezolana, parecieran aguardar inermes la llegada del siglo XXI sin procurar adaptarse eficaz y eficientemente a los cambios que se han producido ya y a los que aún restan por producirse. Los fenómenos de "transnacionalización" e "interdependencia" y las transformaciones suscitadas en el concepto de Seguridad Mundial, así como el enfoque que está prevaleciendo en el abordaje de las nuevas amenazas que se presentan a dicha Seguridad -sólo por citar algunas de las mutaciones que está experimentando el Sistema Internacional- , parecen estar reservadas al debate académico y a las discusiones entre estudiosos de las relaciones internacionales.

La hiper-politización burocrática y la excesiva clientelización administrativa son fenómenos disfuncionales de ambos Ministerios de Relaciones Exteriores que impiden la ejecución de una política exterior más audaz, consistente y proactiva. Además de exhortar a estos políticos, funcionarios de gobierno y representantes de sectores sociales a -lugar común- manejarse con un lenguaje mucho más moderado, particularmente les recomendaría la lectura del libro Enfrentando el futuro de Yehezkel Dror (F.C.E., México, 1990). El autor señala allí, por ejemplo, que el contenido de las decisiones que se tomen en política exterior está necesariamente cambiando así como el contexto dentro del cual se asumen tales decisiones; para hacer frente a este fundamental cambio Dror plantea la necesidad de transformar la manera como son formuladas las distintas alternativas de acción, abandonando la modalidad que él denomina diplomática por una modalidad administradora o manejadora de la complejidad. Todo ello implicaría dejar a un lado una larga lista de atavismos que han acompañado desde años atrás a la formulación de la política exterior en ambos países, y que en el caso particular de Venezuela llegan a convertirse en característicos de la misma. Algunos de esos elementos son:

  • el "inminentismo" (lo inmediato y urgente sustituye siempre a lo importante y de largo plazo);
  • la "visión de túnel" (los asuntos son vistos de manera aislada y no de manera integral);
  • el "incrementalismo conservador" (la permanente resistencia a la innovación y la lentitud en los cambios);
  • el "separatismo" (ausencia de una concepción de política exterior como política pública y, por lo tanto, su desarticulación con otras políticas públicas como la económica, la social, la etnológica, la ecológica y la de defensa);
  • la "represión de la incertidumbre" (lo cual tiende a la generación permanente de irracionalidad, improvisación y arbitrariedad);
  • la "fijación en instrumentos diplomáticos" (el mismo temor a la innovación conduce a un apego casi obsesivo a la utilización de instrumentos tradicionales);
  • la "intuición como ideología" (lo intuitivo se convierte en el modelo para el conocimiento y la acción); y
  • las "suposiciones simplificadas en exceso" ( los graves y delicados problemas de percepción del otro);

Dror sugiere la sustitución de esos elementos característicos por : "Innovación, creación y aprendizaje"; "visión de sistema"; "capacidad refinada para tratar la incertidumbre"; "enfoque a más largo plazo"; "amplia gama de instrumentos"; "integración"; "suposiciones múltiples"; "amplia gama de instrumentos"; y "conocimiento e intensidad metodológica" (Dror, 1990: 244-251).

En esta perspectiva, la inseguridad en la frontera, uno de los variados aspectos que comprenden la relación bilateral, por ejemplo, no puede ser atendida exclusivamente mediante el reforzamiento de los puestos militares ya existentes o creando nuevos grupos antisecuestros. Este problema, que no se ha generado propiamente a raíz de los últimos incidentes fronterizos que tuvieron lugar durante este pasado mes de febrero, pero se ha exacerbado, tiene necesariamente que ser abordado con una política integral que comprenda lo económico, lo social, lo étnico y además, sin que por ello sea más o menos importante , lo militar. El tratamiento que hasta ahora se le ha dado está estrechamente vinculado con los fenómenos que Dror denomina "ïnminentismo" y "separatismo". El gobierno venezolano no puede seguir ocultando su cuota de responsabilidad en todo lo que tiene que ver con inseguridad fronteriza al amparo de la frase : ese problema es de Colombia.

Hoy en día las amenazas a la inseguridad no conocen fronteras. Por otro lado deben evaluarse y analizarse los factores que inciden en la inseguridad fronteriza, pues no pueden reducirse a ataques guerrilleros. Ambos gobiernos tiene su cuota de responsabilidad en el asunto, tanto el colombiano como el venezolano. Colombia por su parte es acusada de no cumplir los acuerdos recientemente firmados, haciéndose referencia al Manual de Procedimientos Operativo Vigente (POV) que establece el reforzamiento militar a ambos lados de la frontera, es decir, que cada gobierno debe prácticamente militarizar su lado de la frontera y aparentemente no lo ha hecho. Pero habría que preguntarse si el gobierno colombiano está en capacidad de cumplir esos acuerdos cuando el país está permanentemente amenazado por la guerrilla; cómo puede el gobierno central enfocar su atención hacia unos parajes inhóspitos situados a varios miles de kilómetros cuando sólo a una distancia de 50 kilómetros la propia sede geográfica de ese gobierno central (entiéndase Bogotá) se encuentra amenazada; cómo puede el gobierno colombiano reforzar las filas de su ejército cuando a diario mueren varios soldados o simplemente son secuestrados y permenecen en esa condición por casi medio año...¿permitiendo que ingresen menores de edad y exponiéndose a otra descertificación ya no la unilateral y arbitraria que impone Estados Unidos por la lucha contra el narcotráfico (que, por cierto, ha gravitado cual espada de Damocles a lo largo de toda esta crisis siendo para el gobierno colombiano una prioridad) sino la que, en virtud de tratados y acuerdos internacionales (de los cuales Colombia es signataria), podría eventualmente imponer la Unión Europea por violación a los Derechos Humanos?.

Bajo esta óptica, Colombia es, del resto de los países de América Latina, el que más retos enfrenta de cara al nuevo milenio . Para Tokatlian, no hay punto de la agenda global en el cual Colombia no se sienta involucrada, corrupción, narcotráfico, terrorismo, crisis de gobenabilidad democrática... Tal vez en lo único en lo cual Colombia no sería objeto de una descertificación sea en materia de Medio Ambiente, otro de los temas cruciales de la agenda global hoy en día.

Nuevos enfoques al tratamiento de las amenazas a la seguridad buscan soluciones cooperativas al problema. De hecho recientes concepciones apuntan a la necesidad de encontrar vías para una seguridad cooperativa hemisférica. La generación de medidas de confianza mutua, experimento al que ya se han expuesto con inusitado éxito los países del cono sur y de la región centroamericana, puede ser un buen comienzo . Colombia puede que no esté en capacidad de reforzar militarmente la zona fronteriza, pero creo que sí existe voluntad y disposición para proveer y proporcionar al gobierno venezolano, dada su vasta experiencia, información y adiestramiento en la lucha antisecuestros .

La integración y la cooperación parecen ser hasta ahora las únicas herramientas con las que cuenta, no sólo Colombia y Venezuela, sino el resto del mundo para hacer frente a los flagelos y a las amenazas a la seguridad mundial. No busquemos un nuevo enemigo.


*Profesora de la Universidad Central de Venezuela
Postgrado de Relaciones Internacionales y Globales
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