Barra Esta Semana

Revista Electrónica Bilingüe       Nº 13     Marzo1997

Esta semana
Magia y cárcel
Arturo Uslar Prietri

Se podría hacer un interesante estudio sobre las motivaciones mágicas en las decisiones gubernamentales en un país como Venezuela. No tengo yo las calificaciones científicas necesarias para entrar en un estudio de esa clase, que podría ser de mucha importancia y ayudar a prevenir y evitar errores futuros. Ya, desde Freud, sabemos ampliamente toda la inmensa parte de irracionalidad que hay en el pensamiento y, sobre todo, en las decisiones de los seres humanos.

Digo esto porque en este momento parece haberse tomado en Venezuela una decisión gubernamental, absurda desde muchos puntos de vista, que sólo resultaría explicable si se ocurre a los oscuros vericuetos de la mentalidad mágica.

Venezuela está ante un muy grave problema en relación con las cárceles. La población penitenciaria ha aumentado por muchas razones sociales y políticas, y ello ha producido, como efecto inevitable y trágico, el aumento de presos y su infrahumano hacinamiento en cárceles, totalmente incapaces de alojarlos en las más elementales condiciones de mera humanidad. No se han construido nuevas cárceles desde hace muchos años, a pesar del aumento constante de la delincuencia, y ello ha producido el que se haya sobrepasado la capacidad de alojamiento en las prisiones existentes. De esta manera, las cárceles venezolanas han llegado a ser infrahumanas y lejos de constituir centros eficientes de reclusión en los que pudiera hacerse algo por rehabilitar y reeducar a los reclusos se han convertido en espantosas acumulaciones de miseria, de maltrato, de dolor y de abandono, en las que no hay ninguna posibilidad de rehabilitación para el criminal y en las que se violan continuamente todos los más fundamentales derechos humanos que nuestra civilización ha proclamado tan inútilmente.

Son muchos los males de las cárceles venezolanas pero seguramente el peor de todos, que es al mismo tiempo la causa de todos los horrores, es el hacinamiento. Cárceles que fueron construidas para un millar de presos se han convertido en espantosos antros de hacinamiento, donde seres humanos, jóvenes y viejos, criminales empedernidos y aprendices del crimen, conviven en el más abyecto hacinamiento, del que no puede salir sino más crimen, más corrupción y más descomposición social.

Ante este problema de tanta gravedad, que es uno de los peores que afectan la vida venezolana actual, los gobiernos sucesivos no han sido capaces, a pesar de todos los recursos de que ha dispuesto el país, de llevar adelante, con eficacia, un plan de modernización de los recintos penales. Nadie parece ocuparse de ellos, nadie parece dolerse de lo que allí ocurre, nadie parece entender que esos infiernos de dolor e infrahumanidad son absolutamente incompatibles con la más elemental idea de civilización.

Sin embargo, con todo eso, lejos de anunciar un plan de construcciones carcelarias bien concebido, el Gobierno decide, con imperdonable ligereza y superficialidad, la demolición de una cárcel, la del famoso Retén de Catia, que llegó a representar, por las condiciones de su horrible hacinamiento y por la ausencia de toda posibilidad de normas de trato civilizado, el ejemplo más patente de la tragedia de las cárceles venezolanas y de la inaceptable condición a que están sometidos los penados. No hay que olvidar que muchos de ellos no han sido sentenciados y que sus respectivas causas languidecen sin término, por falta de quien lo pueda activar en las instancias de la justicia criminal.

De una manera absurda y difícil de comprender, como no sea por motivaciones particularmente demagógicas y llenas de sentido mágico, el Gobierno, en lugar de anunciar medidas para reducir hasta límites aceptables la situación actual de hacinamiento por medio de una redistribución de la población criminal y la construcción de nuevos edificios, decide destruir el Retén de Catia.

Acaso se piensa, mágicamente, que por haber sido el Retén de Catia, por la exclusiva razón del hacinamiento, un espantoso antro de dolor el destruirlo físicamente significa, en alguna forma, que se destruye el mal. La verdad es que se aumenta el mal porque, con su desaparición, lejos de disminuir, va aumentar el hacinamiento en las demás cárceles del país.

Entre otras muchas cosas es un ejemplo patético de mentalidad irracional, que tiende a confudir el efecto con la causa. No se atiende el problema del hacinamiento sino que, por mecanismos propios de la mentalidad mágica, se piensa que la destrucción de la cárcel, que fue ejemplo trágico de horrores, va a ser percibida por la mayoría de la gente como un remedio al mal.

Todos conocemos la gran parte de concepción mágica de la vida y del destino que hay en el lenguaje y en los actos de los políticos pero este caso, que hoy se presenta en Venezuela, reviste proporciones escandalosas y manifiesta cómo se recurre a medios mágicos que puedan llevar a la mayoría de las gentes a aplaudir la destrucción de aquella prisión, lo que, desde cualquier punto de vista que se le vea, no va a servir para otra cosa que para agravar el problema carcelario en Venezuela.


El Nacional On-Line
Barra Inferior

[Editorial] [Contenido] [Esta Semana] [English] [Política Exterior] [Política Interna] [Economía y Petróleo]
[Siglo XXI] [Sociedad] [Ciencia y Tecnología] [Artes y Placeres]


Copyright Venezuela Analitica